miércoles, 15 de abril de 2009

Infancia (4) Los libros de nuestra infancia

Me encantaba ese libro. La lucha entre británicos y franceses en el siglo XVIII por el control de América del Norte, después la guerra de la Independencia de Estados Unidos, la conquista del Oeste, la colonización y sus mitos, incluyendo las matanzas de miles y miles de indios americanos que sufrieron además el desvergonzado y continuo incumplimiento de contratos de cesión de tierras por parte del Ejército estadounidense para conseguir arrinconarlos en reservas miserables, las masivas matanzas de búfalos de las praderas hasta casi su extinción, la sangrienta Guerra Civil americana... Buff, ese libro era cojonudo y me acuerdo de él a menudo. A saber dónde andará.

Recuerdo también los comics de Sandokán, el tigre de Malasia, de Emilio Salgari, la obra entera de Mortadelo y Filemón (hasta que dejó de hacerlos Ibañez) y sus delirantes aventuras largas como las míticas Chapeau el Esmirriau, Magín el Mago, Valor y al toro, El caso del bacalao...bueno, estos los conservo.
También los Don Miki con el Pato Donald, su novia Minnie, Miki, Pluto y el tío Gilito bañándose en montañas de dólares de oro, la edición española de las revistitas de Selecciones del Reader's Digest de mis padres a lo largo de los 70, con artículos como "Papi, estás ya en la menopausia?" que yo no entendía, pero también con extractos condensados de estupendos libros, recuerdo los de la Segunda Guerra Mundial como los de Cornelius Ryan y recuerdo los de Dominique LaPierre y Larry Collins (Arde París?, Esta noche la libertad...) y muchos otros, y también tenía muchos artículos referidos a política y relaciones internacionales -al ser una revista bastante conservadora abundaban los artículos sobre la guerra fría en términos bastante alarmistas, un poco como la COPE ahora-.

Había muchos libros de animales por todas partes, los magníficos Famosas Novelas, -que adaptaban para el público infantil con razonable fidelidad grandes libros y autores clásicos como Verne, Salgari, Tolstoi-, libros de la Segunda Guerra Mundial, enciclopedias de aviones de combate, la colección de libros rojos de Dime, cuéntame, Dime cuándo fue, Dime cómo funciona etc magníficos libros que, de forma breve, te introducían en las grandes biografías de sujetos esenciales de la Historia, en los grandes inventos que han permitido progresar a la Humanidad y los que la han permitido aniquilarse, en los sucesos clave en la Historia etc y que ante mi sorpresa y regocijo reencontré en la Feria del libro antiguo del año pasado.

Recuerdo los días que veníamos a Madrid, yo me quedaba fascinado por los kioscos de Madrid que me parecían imponentes, llenos de colores, de tebeos y libros, un pequeño universo que me hacía percibir todo lo que se me escapaba, acostumbrado a los de Segovia, que vendían poco más que prensa. Y eso que no pillé la época actual, en la que los kioscos se expanden, invaden las aceras, revientan de elefantiasis provocada por montones de dvd, de libros, de comics, de revistas porno y coleccionables de toda clase y condición.

En fin, libros, comics, tebeos que poblaron mi infancia y me dejaron instalado en el cerebro el germen de la lectura y la aventura, libros que empezaban a configurar algunas de mis querencias vitales para siempre
.

Así que intentemos dar a los niños libros que les llamen desde un rincón, que sean distintos a lo que leen normalmente, que les presenten mundos e historias de otros tiempos y otras latitudes, que les remuevan algunas áreas de su maleable cerebro por primera vez y para siempre, algunas áreas de su mente y su corazón que ni sabían tenían dentro.

Lucía Corral y Riki Blanco

¡Damas y caballeros! ¡Niñas y niños! Pasen y lean: podrán admirar las fantásticas actuaciones de la asombrosa trapecista con vértigo al suelo, el increíble domador domado, el espectacular escapista que escapa de sí mismo, la contorsionista introvertida, el payaso muerto de un chiste...¡Pasen y lean, damas y caballeros, niñas y niños! La función está a punto de empezar.

Lucía Corral nos manda Augusto Repentino, el escapista de Riki Blanco, de su libro de cuentos para niños "Cuentos pulga" y que nos recomienda por la calidad de sus textos e ilustraciones, y nosotros se lo agradecemos, y como nos gusta lo que vemos y leemos de este chaval barcelonés, pues ponemos dos cuentitos más y para el resto, en la redacción nos compraremos el librito, para que se sigan escribiendo este tipo de libros infantiles, para que los enanos se empiecen a hacer algunas preguntas, que piensen un poco en abstracto. Juzguen ustedes. Si les gusta, ya saben, regalen a sus hijos o sobrinetes Cuentos pulga, de Riki Blanco.

Augusto Repentino, el escapista

No había necesidad de apretar tan fuerte las cadenas, las esposas o la camisa de fuerza, pero Bambino, el niño que maniataba a don Repentino, lo hacía siempre con tanto ímpetu que, a veces, éste se había puesto lila por la falta de circulación sanguínea. Después, en un santiamén, Augusto Repentino se deshacía con mucha destreza de todo lo que le oprimía. En ese momento el público estallaba en una gran ovación y todo acababa. Hasta la siguiente función.
Pero cada noche, el escapista hundía su cabeza en la almohada y deseaba con todas sus fuerzas que no hubiera una siguiente función. Y cada mañana Augusto se decía a sí mismo que de esa noche no pasaba. Le diría, con mucho tacto, delicadeza y sin que se lo tomara a mal que si sería tan amable de, por favor, no apretar tanto. Y cada tarde se acercaba a él dispuesto a decírselo pero en el último momento bajaba la mirada al suelo y pasaba de largo.

"Mañana, si lo vuelve a hacer, dejo la compañía", pensaba.
Sin embargo aquella noche tuvo un sueño tan revelador que ya nada fue lo mismo para Augusto. Aquella noche soñó como de costumbre con huir. Lejos del circo, lejos de Bambino, lejos de las cadenas. Y por huir soñó que huía de sus huidas. Y por soñar soñó que escapaba de aquello que habitaba en su interior y que le impedía afrontar las cosas.
A la mañana siguiente se lo dijo:

"Bambino, serías tan amable, por favor, de no apretar tanto".
Y a Bambino se le pusieron las orejas calientes de la vergüenza:
"Perdone usted, don Repentino, no volverá a ocurrir, esta noche intentaré medir mis fuerzas".
"No Bambino - replicó Augusto- esta noche no hay número, ni ésta ni ninguna otra noche. Se acabaron los escapismos.

Vartina (la maga)
Extraño el caso de esta señorita que, jugando ensimismida con su péndulo, se hipnotizó a sí misma. Y fue gracias o por culpa de eso que, después de aquel día, sólo a sus propias órdenes obedecía.
Op. cit., pág. 6.

Madame Amulette (la vidente)
Madame Amulette presagió que se quedaría sin poderes. Y así fue. Al igual que siendo niña predijo que iba a ser vidente antes de que lo fuera. Ahora Madame Amulette no puede leer en ninguna mano las líneas del futuro, pero ha aprendido a leer entre líneas el presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario