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jueves, 10 de diciembre de 2020

Gorriones (10) El declive de nuestros gorriones, según Jalis de la Serna


En 1958, el dictador chino Mao Tse Tung decretó la movilización popular para acabar con los gorriones, pues se suponía que se apropiaban de la cosecha trabajada por los seres humanos. Por todos los medios imaginables, la población china se lanzó en masa a exterminar a los gorriones y se calcula que fueron eliminados varios millones. El resultado, por supuesto, fue muy distinto del esperado, pues las plagas de insectos se dispararon a partir de ese momento y destruyeron buena parte de las cosechas chinas de los años siguientes.
 

Con esta poco conocida historia que ilustra a la perfección los desastrosos efectos de la intervención humana en la Naturaleza, comienza el reportaje que el periodista Jalis de la Serna dedicó a la delicada situación de esta especie, tan querida por el Juez Roy Bean, en nuestro país.

Desde el pasado mes de septiembre el reportero presenta y dirige en La Sexta "Natural", una serie de ocho didácticos reportajes que se centran en la necesidad de reconectar con la Naturaleza y cambiar el rumbo de nuestro impacto en ella. El primero de ellos ha sido el dramático declive de gorriones que viene dándose en los últimos años: hasta 30 millones de ejemplares de esta ave han desaparecido en los últimos diez años de nuestras ciudades, víctimas de la contaminación, la falta de espacio para sus nidos y una deficiente alimentación, producto de nuestros malos hábitos alimenticios y la competencia con otras aves urbanitas. "El declive de los gorriones, un reflejo de la sociedad", es el elocuente título de este interesante reportaje, con el que les dejamos. 



Jalis de la Serna habla con Quique Marcelo, un fotógrafo animales, que captura gorriones comunes y le explica cómo está siendo el declive de estas aves en Natural. 
El fotógrafo asegura que en la última década, más de un 20% de gorriones han desaparecido, unos 30 millones en nuestro país. Es decir, uno de cada cinco ejemplares han desaparecido en 10 años. Además, Marcelo enseña a De la Serna su equipo de fotografía con el que sigue la evolución de los carboneros comunes. Incluso en una de las cámaras captura una garza real, un ejemplar que es la primera vez que ve en ese lugar.

El fotógrafo señala que cuando los gorriones crían acuden muchos más al comedero porque están alimentando a los pollos. Según Marcelo, los gorriones siempre están asociados al ser humano, a poblaciones a zonas urbanas. Es decir, donde hay personas, hay gorriones "pero el declive ha sido bestial", alerta.

Beatriz Sánchez, ambientóloga de la Sociedad Española de Ornitología, explica en Natural el porqué del declive de los gorriones en nuestro país. Nuestra dieta rica en grasas, en aditivos y pobres en vitaminas y ácidos grasos tiene mucho que ver. "Funcionan como indicador de que algo estamos haciendo mal", asegura. "Hay mucha comida pero no de calidad", asegura mientras un ejemplar come una miga de pan. "Son aves muy cercanas al ser humano y las ciudades se han especializado en comer nuestras sobras", señala la experta.

Beatriz Sánchez cuenta que los gorriones se alimentan sobre todo de restos, "de lo que desperdiciamos los seres humanos de patatas, de migas de pan, restos de hamburguesa, restos de magdalenas, de bollos...". En definitiva, de comida procesada. Comidas ricas en grasas, en aditivos y pobres en vitaminas y ácidos grasos que son tanto malas para nosotros como para los gorriones.

Para ayudar a que las cifras de gorriones en nuestro país no sigan cayendo, Sánchez explica que lo primero que hay que hacer es "integrar la conservación de la biodiversidad en la planificación y diseño de nuestras ciudades" con la plantación de arbustos y árboles en los que se puedan refugiar. Según señala, hay múltiples estudios que dicen que la biodiversidad nos beneficia a nuestra salud física y mental. "Incluso en barrios con más aves las personas son más felices", afirma.

Frente a este declive, se encuentra el caso de Vitoria, una ciudad que ha aumentando la población de gorriones en un 5% gracias a la calidad del aire. Tranvía eléctrico rodeado de zonas verdes, 150 kilómetros de carril bici, aceras amplias, huertos urbanos... estos son algunos de los elementos que han hecho que Vitoria sea un ejemplo de ciudad verde tal y como ha podido comprobar Jalis de la Serna en Natural.

domingo, 26 de marzo de 2017

Agua (17) Ganges, el río de la vida







'Ganges, el río de la vida' es una espectacular serie rodada por la prestigiosa BBC Worldwide sobre uno de los ríos más míticos del mundo. A lo largo de tres capítulos seguimos su recorrido desde las montañas hasta el mar y descubrimos cómo da vida a todo lo que habita en India.

Esta producción embarca al espectador en un viaje épico a través de fuentes, afluentes, pueblos y ciudades y el día a día de los habitantes el país. Empezamos admirando la belleza absoluta del Himalaya y acabamos en los ricos 'sunderbans', los terrenos que ocupa el gran delta, cuyo nombre está compuesto por 'sundri', una planta del manglar, y 'bans', bosque.

Durante el viaje veremos animales icónicos de la India, como los tigres, los elefantes y rinocerontes. Y otros menos conocidos pero igual de sorprendentes, como los pequeños cerdos salvajes.

Además, conocemos maravillas arquitectónicas como el Taj Mahal y la antigua ciudad amurallada que los persas llamaron Shahjahanabad y que es el centro de la actual Delhi. También veremos las antiguas ciudades de Hariwar, Allahabad, Varanasi, Patna, Vikramshilla y Guar... En todas y cada una nos sorprende el increíble color y la riqueza de la cultura india.










Capítulo 1. Hijo de las montañas

En el primer capítulo, asistimos al nacimiento del río. Las aguas del Ganges nacen en los fríos picos del Himalaya. Esa es la fuente sagrada del río. Uno de los más impresionantes y hermosos paisajes de la Tierra.

Cuando comienza el recorrido, el Ganges sigue por exuberantes ramificaciones, donde viven las últimas manadas salvajes de elefantes junto a las orillas. También es el hábitat de tigres, nutrias y pavos reales.




Capítulo 2. La llanura del río de la vida

Las aguas sagradas del Ganges y las llanuras por donde fluyen han nutrido siempre a una extraordinaria abundancia de vida; y la vida de la gente que habita en sus riberas están desde tiempos inmemoriales unido a la Naturaleza. Río abajo, las tierras se vuelven llanas y fértiles. El Ganges y sus afluentes viajan por tierras que han visto 5.000 años de civilización.

Y nos encontramos con una de las ciudades más antiguas y sagradas del mundo, Varanasi. Mientras que las grullas sarus y tropas de macacos prosperan en estas tierras, otros animales, como el delfín del Ganges y el gavial del Ganges luchan por sobrevivir aquí.





3. Tierra acuática

Cuando el Ganges llega a la última etapa de su viaje a través de las llanuras de Bengala forma el delta más grande del mundo. Es el lugar de unos sorprendentes humedales, apenas filmados antes, donde los árboles están llenos de monos, habitan lagartos gigantes, los cocodrilos se comen a las personas y donde el tigre es el rey.

Aquí se encuentra el mayor pantano de manglares, los Sunderbans, que albergan la mayor densidad humana del planeta y un espacio extraordinario para la vida salvaje. Las llanuras, donde el agua encuentra a las gentes Río abajo, las tierras se vuelven llanas y fértiles. El Ganges y sus afluentes viajan por tierras que han visto 5.000 años de civilización. Cuando nos adentramos en el magnífico delta del Ganges, donde el río se abraza al mar, ciudades modernas como Calcuta se unen a los sunderbans.

sábado, 21 de enero de 2017

Cerebro e Inteligencia (26) Mi hermoso cerebro roto



Una nueva incursión en el apasionante universo de las neurociencias nos lleva a 'My Beautiful Broken Brain', un documental sobre el profundo cambio vital que sufrió la inglesa Lotje Sodderland tras sufrir un infarto cerebral a la edad de 34 años. Una búsqueda de los secretos que encerraba su propia mente que comienza después de que Sodderland sobreviva milagrosamente a un derrame cerebro-vascular que cambia todo su mundo. De ahí en adelante, la película recorre fascinantes explicaciones sobre el cerebro humano, el poder de la mente y la lucha de Lotje por adaptarse a su nuevo estado físico y mental.

Las secuelas más notables que dejó el derrame en Sodderland afectaron sus procesos cognitivos, específicamente en la capacidad de leer y de ver la lógica en las palabras, procesos mentales directamente relacionados con nuestra forma de interpretar el mundo. Un día, Lotje era una mujer sumamente inteligente y activa que trabajaba como productora digital en una agencia creativa y al día siguiente su cerebro había perdido años de conocimiento y experiencia.

Pero en accidentes como este no solamente hay pérdidas. El cerebro es tan poderoso que puede desarrollar otras nuevas habilidades y así compensar las fallas. Aunque Lotje perdió ciertas capacidades, adquirió, literalmente, una nueva y única visión del mundo. En el documental (escrito por Sophie Robinson y dirigido en 2014 por ella misma y la propia Lotje Sodderland), dice varias veces que empezó a ver al mundo como una película de David Lynch, por lo que comenzó a mandarle video-cartas al director de cine, ya que el incidente le arrebató la habilidad de escribir. Y ahora, vía Netflix, Lotje Sodderland nos cuenta cómo aprendió a aceptar las limitaciones que su infarto le dejó así como a fortalecer las nuevas habilidades que con ello adquirió.

Los extraordinarios descubrimientos que surgen de su alterada percepción sensorial ilustran un estupendo film que documenta los altibajos de Sodderland en su recuperación, invitando al espectador a sumergirse en un viaje profundamente personal hacia la enorme complejidad, fragilidad y otras maravillas que encierra la obra magna de la evolución, el cerebro humano.



lunes, 9 de enero de 2017

Corrupción y Fraude (31) Yak-42, catorce años de mentiras de Estado

Yak-42, trece años de mentiras de Estado

El periodista aragonés Ramón J. Campo, que siguió durante años junto a las víctimas y sobre el terreno la tragedia del avión fletado por Defensa, reconstruye el relato de los hechos que incriminan a Federico Trillo y al Gobierno del PP


Francisco Cardona y su esposa, Amparo Gil, salieron la tarde del 25 de mayo de 2003 desde Alboraya (Valencia) hacia la Base de Zaragoza para recoger a su hijo, el sargento Francisco Cardona Gil, que venía desde Manás (Kirguizistán), después de haber trabajado dos meses como mecánico de los aviones Hércules que participaban en la operación Libertad Duradera. Cuando estaban a mitad de camino, a las 18.30, recibieron una llamada al móvil. Amparo habló con su hijo, aunque nunca sospechó que sería la última vez: “No sé lo que pasa, pero saldremos con retraso. Embarcamos a las doce de la noche que son las ocho de la tarde en España. Ya nos veremos cuando llegue a Zaragoza. No os llamaré más”. Nunca lo pudo hacer.

Zaragoza era el lugar de destino del avión Yakovlev-42D matrícula UR-42352 que había despegado a las 20.00 del viernes desde Kabul, la capital de Afganistán. A bordo iban 53 militares españoles que habían concluido su misión en la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad de Afganistán (ISAF). El Yak-42 debía hacer escala en Kirguizistán para recoger a nueve integrantes del Ala 31, integrados en el destacamento Géminis, y desde allí volar a Zaragoza tras hacer una parada para repostar combustible en Trabzon (Turquía).

Amparo Gil se despidió de Francisco, y el matrimonio siguió su rumbo hacia la capital aragonesa. Ellos fueron los únicos padres que durmieron esa noche en la instalación militar, donde ya habían estado dos meses antes, el 13 de abril, “Domingo de Ramos”, recuerda el padre, para despedirlo, junto a su novia, al partir a una nueva misión en Afganistán. “Él ya había ido a Manás hacía un año, pero hizo el viaje de ida y vuelta en un Hércules. Esta vez se marchó en uno ruso, pero no sé si fue un Ilyushin, un Yakovlev o un Tupolev”, recuerda Francisco Cardona.

A las 7.00, la pareja se despertó en el segundo piso del pabellón, y después de asearse, bajaron a desayunar a la cafetería porque habían quedado con un amigo de su hijo para ir a buscarlo. Un camarero y un sargento eran las únicas personas que había en el bar. Ambos susurraron un comentario que despertó las sospechas del padre: “Venía el valenciano que hacía paellas”, dijeron. Francisco les interrumpió para inquirirles si sabían cuando llegaba el avión de Afganistán. “Creo que hablan de mi hijo”, les dijo. “No sabemos nada”, le contestaron. Pero el sargento y el camarero ya conocían la tragedia.

Al ir a pagar la consumición, Francisco se giró hacia la televisión encendida, que ya daba la noticia a las 7.20, con un gráfico de situación de la zona del siniestro. “Un avión con 62 militares españoles se ha estrellado en Turquía y no hay supervivientes”. “Lo primero que pensé es que era otro avión porque yo desconocía que hacía escala en Turquía”, explica el padre. “Llamé enseguida a su amigo para ver si él sabía algo y me dijo que iba a buscarnos con el coronel. Entonces, pensé lo peor”. Se encontraron en el vestíbulo del pabellón y allí, sin más preámbulo, el coronel Manuel Mestre, jefe del Ala 31, les dijo de sopetón: “Lo siento mucho. Traigo malas noticias. Su hijo ha fallecido en un accidente”.

Ambos rompieron a llorar y el padre desató su furia y dolor contra todo lo que encontró por medio: “Empecé a dar patadas a los sofás, a gritar desesperado... Sentí rabia, impotencia...”, recuerda. Así pasaron casi dos horas. Solos en la Base, con el único consuelo de los compañeros del sargento Cardona que se acercaban a darles el pésame. Llamaron a su hijo Ignacio, otro militar que trabaja en Madrid, como cocinero del Jefe de Estado Mayor de la Armada, y a varios amigos de Alboraya para darles la mala noticia. Hasta las 9.30 no vieron llegar a otras familias de los militares del Yak, que iniciaron un triste cortejo para confirmar de forma oficial que los suyos estaban en la lista de pasajeros muertos.

Con esta escena empecé mi libro ‘Yak-42, honor y verdad. Crónica de una catástrofe’ (Península, 2004), un intento de describir la peor tragedia de la historia del Ejército español en tiempos de paz, quizá la mayor vergüenza de los 35 años de democracia y uno de los episodios más siniestros de mentiras y manipulaciones cometido por el Gobierno del PP.

La mitad de los 62 militares españoles muertos no fueron identificados por el Gobierno de José Maria Aznar, que se apresuró a entregar los cuerpos por miedo al escándalo a los dos días del accidente, el 28 de mayo, después de un funeral tétrico en la Base de Torrejón, que retransmitió TVE con los micrófonos tapados para que no se escucharan los gritos de protesta de las familias ante los políticos que asistieron. También estuvieron los Reyes Juan Carlos y Sofía, que reconocieron más tarde que fue el acto más duro en sus años de reinado.

Una asociación ejemplar

La mayoría de familiares de las víctimas no eran militares como los fallecidos, y muchos se rebelaron contra la injusticia desde el mismo 26 de mayo de 2003. Intercambiaron sus teléfonos en el mismo funeral, y Alfonso Agulló (hermano de un fallecido) repartió octavillas. Poco después, el 14 de junio, en una reunión celebrada en Zaragoza, decidieron formar una asociación. Desde entonces, han batallado con sus armas (ayudados por un despacho jurídico dirigido por Leopoldo Gay, junto a la letrada turca Belkis Baysal), contra el ministerio de Defensa en busca de la verdad. Y finalmente, vencieron. La asociación ha sido un ejemplo decisivo para evitar que la Administración pueda volver a realizar sin ningún tipo de vigilancia la contratación de aviones baratos --rusos y ucranianos, sobre todo--. El despliegue y transporte de tropas en Afganistán, a 6.000 kilómetros de distancia, se hizo sin controlar previamente la seguridad de los aviones, pese a que aquella fue la operación logística más importante del Ejército español en misiones internacionales.

A los pocos días del accidente, el ministro de Defensa, Federico Trillo, suprimió los contratos de los aviones rusos y ucranianos a través de la agencia Namsa de la OTAN invocando la “alarma social” generada, a pesar de la posición del ministerio, que defendía que eran unas aeronaves muy seguras e insistía en que la causa del siniestro pudo ser meteorológica. Poco más tarde, Trillo tuvo que asumir que el ministerio había recibido doce quejas previas, realizadas por militares españoles, sobre la seguridad de estos aviones; la investigación demostró que los pilotos del aparato de bajo coste no conocían el aeropuerto de Trabzon (Turquía); que tenían restos de alcohol en la sangre, que giraron hacia el monte Pilav --un viraje prohibido en cualquier plan de vuelo: “Precaución. No está autorizado a realizar maniobras de aproximación al sur del aeropuerto”, decía la carta aeronáutica--, y que habían superado las 22 horas de viaje, por encima del tiempo legal.

De los 62 fallecidos, 21 eran componentes de unidades del Ejército del Aire de Zaragoza (nueve del Ala 31 y doce del Escuadrón de Apoyo al despliegue aéreo). Además, otros cinco militares del Ejército de Tierra habían nacido en Aragón. Yo era --todavía soy-- periodista del Heraldo de Aragón. Así que me tocó la mitad de la tragedia en nuestra propia casa. Al llegar a la redacción aquella mañana, un trabajador del departamento de administración me preguntó si conocíamos el listado de los fallecidos porque el marido de una compañera podía estar entre ellos. Así era, el brigada José Manuel Pazos Vidal era uno de los fallecidos. Fue una puñalada. El militar había pasado ocho años en misiones durante la guerra de Bosnia-Herzegovina apoyando a los F-18 que vigilaban el espacio aéreo de la ONU y la OTAN. Su viuda, que tenía dos hijos, me contó la última conversación con su marido, y fue el preludio de la avalancha de información: “Me ha dicho que volvían en un avión ruso, como esos a los que se les abren las puertas. Y le dije que se agarrara bien el cinturón”.

Ese fue nuestro primer titular del día siguiente. Tres semanas antes del accidente, un Ilyushin 76 de fabricación soviética (uno de los modelos elegidos por el Gobierno español junto al Yakovlev-42 y el Tupolev-154 para trasladar a las tropas españolas a Afganistán) sufrió un accidente en el Congo al abrirse en pleno vuelo la puerta trasera y perder a decenas de pasajeros.

Encuentros secretos

Estas denuncias de los militares, y la noticia de que la caja negra estaba averiada, se fueron desvelando en los primeros días entre Heraldo de Aragón y El País. Pero en el ministerio de Defensa sabían que lo peor estaba por llegar. El teniente coronel Javier Marino González, miembro del CISET (Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército del Aire) había advertido un mes antes del accidente mortal del peligro de utilizar estos aviones. “Se están corriendo altos riesgos al transportar personal en aviones de carga fletados en países de la antigua URSS: su mantenimiento es, como mínimo, muy dudoso”.

Los encuentros con los militares se producían a escondidas y en lugares secretos porque teníamos la sensación (que fue real) de que estábamos siendo seguidos. Las citas eran como la película El tercer hombre. Ya en esos primeros días supimos que Defensa había trasladado 30 muertos sin identificar. Pero no podíamos contar la información. Hoy se puede contar que hubo muchos compañeros de los fallecidos que se jugaron su trabajo en esos encuentros cinematográficos, compartiendo la información con nosotros y con las familias de los fallecidos. Una orden remitida por el Jefe de Estado Mayor del Aire, Eduardo González-Gallarza, a todas las unidades, prohibía a los militares no autorizados hacer declaraciones sobre el accidente del Yak-42. “Como descubra al que os está contando todo lo vais a tener que poner de portero en el Heraldo”, me advirtió un día el coronel Mestre, del Ala 31. ¿Pero es verdad o mentira lo que publicamos?, le pregunté. “Lo malo es que casi todo es verdad”, reconoció.

Viaje a Trabzon

Francisco Cardona convenció al equipo de fútbol de Villarreal para que le llevaran a Trabzon (Turquía), donde les había tocado jugar una eliminatoria de la UEFA contra el Trabzonsport, en octubre de 2003. Varios familiares levantinos viajaron en ese mismo vuelo y, pocas horas depués de aterrizar, entendieron que los turcos podían ser su solución. Los periodistas estaban más interesados en los familiares de los militares muertos que en los futbolistas. Un imán de la ciudad turca les entregó varias chapas identificativas de las víctimas, que según Defensa, habían servido para identificar a los 62 militares en un tiempo récord de un día y medio.

Así nació la sospecha sobre la gran mentira urdida por el ministro de Defensa, Federico Trillo con su gabinete, y que acabarían pagando, a finales de 2009, el general Vicente Navarro, jefe del equipo médico español, (la “cabeza de turco”, como lo calificó su familia en la esquela que se publicó al morir después del juicio), condenado por la Audiencia Nacional por falsedad documental, y los comandantes médicos José Ramón Ramírez y Miguel Ángel Sáez, que fueron indultados por el Gobierno del PP en 2012.

La visita de la abogada turca

Seis años antes de llegar a aquella vista oral, las familias recibieron en un hotel de Madrid en diciembre de 2003 a la abogada turca Belkis Baysal, que iba a explicarles la posibilidad de plantear un pleito en Turquía. Baysal se dio cuenta de que las madres de los fallecidos tenían la inquietud de si les habían dado a sus muertos o no. La abogada me contó a la salida de esa reunión que volvía a su país con el corazón en un puño. Su único objetivo era lograr que la Fiscalía le facilitara la información de los trabajos realizados por los forenses turcos y el equipo médico español. El 13 de diciembre de 2003, unos 300 familiares se manifestaron por las calles de Madrid pidiendo que Defensa diera explicaciones. El cartel que portaban decía: “Volvemos en una tartana”. Entonces no tuvieron ni apoyo mediático. Estaban solos, y las velas que encendieron esa noche junto a las verjas del Ministerio de Defensa fueron retiradas por la policía en cinco minutos.

El Gobierno de José María Aznar estaba a punto de lograr su objetivo: que no se supiera nada de la tragedia antes de las elecciones del 14 de marzo. A finales de febrero recibí una llamada de un portavoz de las familias para mantener una reunión de urgencia en Madrid. Había regresado la letrada Belkis Baysal con un acta judicial de la Fiscalía de Macka. Propuse que el encuentro fuera en una cafetería de la estación de Atocha; me dijeron que era un buen lugar para no ser escuchados. Éramos conscientes de que nuestras conversaciones telefónicas estaban pinchadas por los servicios secretos (el ruido era bastante notorio) y hasta los saludábamos al final. Creíamos que estábamos muy cerca del final, aquel 28 de febrero de 2004.

El encuentro en Atocha, vigilado

Nos sentamos en la cafetería de Atocha, al lado del jardín, con tres familiares de la Asociación, Miguel González, un colega de El País, y una traductora turca. Cuando iba a comenzar la lectura del documento judicial de Turquía pude ver cómo un fotógrafo nos inmortalizaba desde las escaleras del AVE. No sabían lo que decíamos, o quizá sí, pero sí quiénes estábamos reunidos.

Uno por uno, la intérprete leyó que dos generales españoles (Vicente Navarro y José Antonio Beltrán) firmaron un documento oficial con los forenses turcos en el que asumían que se llevaban 30 cadáveres que no estaban identificados. Estaban carbonizados o llevaban anillos (cinco de ellos) y ni se detuvieron a reconocerlos. La traductora tuvo que detenerse varias veces por la dureza del documento.

Llegamos a un acuerdo: lo primero, por respeto y dignidad, era comunicárselo a todos los familiares de las víctimas. Al día siguiente, el 2 de marzo, publicaríamos la información junto a la versión del general Vicente Navarro. Empecé a mandar SMS a mi compañera Pilar Estopiñá para decirle que nuestra sospecha, desde el mismo 26 de mayo de 2003, se confirmaba, por desgracia, punto por punto. Lo triste era que el brigada Pazos, el marido de nuestra compañera de administración, estaba entre los no identificados, aunque llevaba su anillo de boda. Tampoco habían reconocido a Francisco Cardona y lo intercambiaron por otro fallecido...

Las cartas de Defensa

La reacción del ministerio de Defensa fue el envío de cinco cartas firmadas por el secretario general de Política de Defensa, Javier Jiménez Ugarte, a las familias. En ellas se nos acusaba de hacer “una campaña sensacionalista” y lo negaban todo. “El Gobierno lamenta profundamente que un asunto tan doloroso y delicado sea objeto de un tratamiento tan escasamente riguroso y tan poco respetuoso con la memoria e intimidad de los afectados”, dijo el Gobierno en una nota de prensa. Acusaron a la abogada turca por haber obtenido el acta, que “formaba parte de un sumario calificado de secreto por la Fiscalía de Macka”. Cuaquier cosa menos asumir los 30 palmarios errores en las identificaciones de los cadáveres, que acabarían siendo confirmadas por los forenses de Turquía gracias a la pruebas de ADN que guardaron de los fallecidos y a las que hicieron a sus familiares en mayo de 2004.

Para entonces, el Gobierno de Aznar --ahora Rajoy-- y Trillo había perdido las elecciones ante el PSOE. España había vivido el peor atentado de su historia, el del 11-M, donde se aplicó la misma política de la mentira oficial; en este caso, sobre la autoría del mismo. Sin embargo, en la identificación de los 192 fallecidos ese día, los forenses civiles advirtieron de que no iban a repetirse los errores cometidos en el accidente del Yak.

El 31 de mayo de 2005, T5 emitió el documental Yak-42, producido por Iberrota Films, en el que colaboré, tras presentar el libro en Madrid. El documental dirigido por Tania Estévez consiguió una audiencia del 30%. Desde entonces nunca más se ha vuelto a ver. Está metido en un cajón. La ministra Dolores Cospedal recibirá el martes 10 de enero a las familias del Yak, después de que un dictamen del Consejo de Estado haya establecido que el ministerio de Defensa no fue diligente en la protección de sus militares, y que el accidente hubiera sido evitable. Es una gran oportunidad para que el Gobierno del PP reconozca, trece años después: “Yak-42, honor y verdad”.

Ramón J. Campo (@RamJCampo) es autor del documental Juego de Espías y de los libros Canfranc. El oro y los nazis (Mira Editores, 2012), La estación espía (Península, 2006), Yak-42, honor y verdad (Península, 2004) y El oro de Canfranc (Biblioteca aragonesa de cultura, 2002).

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Asesinato (16) El asesinato del embajador


Podría haber sido un día cualquiera. Un simple lunes 19 de diciembre en la ciudad de Ankara, Turquía. Incluso podría haber sido una de las tantas exposiciones fotográficas en un céntrico barrio de la capital turca. En escena dos hombres. Uno de ellos pronuncia un discurso. Detrás un segundo personaje. Otro hombre enfundado en traje y corbata. En cuestión de segundos este segundo cobra un mayor protagonismo, saca un arma y efectúa al menos 8 disparos que impactan en el orador. Éste queda tendido en el suelo. Momentos después el asesino es abatido por las fuerzas de seguridad. Podría ser una actuación teatral, pero no lo es. De esta impactante forma el lunes 19 de diciembre Mevlüt Mert Altintas asesinaba a Andrei Karlov, embajador ruso en Turquía, durante la inauguración de una exposición en una conocida galería del barrio de Cankaya, donde se concentran la mayor parte de las embajadas extranjeras.

Nada hizo suponer lo que iba a ocurrir. Allí estaba el agresor, camuflado como un escolta más, solo, oyendo el discurso del embajador ruso. Disparó y como señal inequívoca, alzó el índice de su mano izquierda, mientras aún sostenía la pistola con la derecha, subrayando su profesión de fe islámica.

“¡Allahu Akbar! ¡Allahu Akbar! ¡Nosotros morimos en Aleppo, vosotros morís aquí! ¡Matáis a gente inocente en Aleppo y en Siria!”, gritó el agresor, de 22 años, procedente de Aydin (noroeste de Turquía), que servía desde 2014 en la Policía de Ankara y en la actualidad se hallaba fuera de servicio de la unidad antidisturbios. Un joven que estudió en la escuela superior Anatolia, una de las mejores del país, y posteriormente en la Universidad de Izmir y que ante la sorpresa de los presentes se convertía en el protagonista de otro capítulo negro en la historia del terrorismo, recordando poderosamente al histórico asesinato de Franz Ferdinand por parte de Gavrilo Princip que desencadenaría la I Guerra Mundial.

La impactante escena quedó filmada por una cámara que estaba grabando el discurso en la exposición, pero al oír los disparos el operador solo aumentó el plano antes de abandonar la videocámara. Aunque hubo un fotógrafo presente que no abandonó su puesto de trabajo a pesar de la peligrosidad. Se trata de Burhan Ozbilici, reportero gráfico de la agencia Associated Press (AP) que registró, con enorme sangre fría, cómo sucedió todo. De él son las imágenes que acompañan este artículo.

Pero aquella tarde en el centro de Ankara ocurrió mucho más que un acto terrorista, aquella tarde la reciente recomposición de relaciones entre Rusia y Turquía fueron puestas a prueba.




Siria de trasfondo

Las relaciones de ambos países han pasado por serios baches en los últimos años, sobre todo tras el derribo de un bombardero ruso Su-24 por parte de Turquía en noviembre del año pasado. El presidente Putin cargó contra Turquía, un miembro de la OTAN, calificando lo ocurrido de 'puñalada por la espalda' y castigando a la economía turca restringiendo el turismo y el comercio. Pero tras las disculpas públicas de Erdogan estas relaciones comenzaron a normalizarse. 

Ankara y Moscú han jugado papeles opuestos durante el conflicto sirio. El Kremlin lanzó en septiembre del año pasado una campaña aérea en Siria para "luchar contra el terrorismo" y evitar la caída de su aliado en la zona, el presidente sirio, Bashar al-Assad, mientras que Turquía ha apoyado desde el principio de la guerra a distintas facciones de las milicias anti-gubernamentales y ha servido de paso franco y retaguardia para aprovisionar a estos grupos insurgentes. 
Karlov, de 62 años, ejercía el cargo de embajador ruso desde julio de 2013 y antes había encabezado la delegación en Corea del Norte (2001-2006). Según algunos medios rusos, había jugado un papel importante a la hora de recomponer puentes entre Moscú y Ankara. Turcos y rusos habían vuelto a colaborar en la evacuación de Aleppo, una campaña muy criticada a nivel internacional y según distintas declaraciones no parece que las relaciones bilaterales entre ambos países vayan a verse afectadas por este crimen, con lo que este acto cruel y efectista no parece que vaya a entrar en los libros de Historia como aquel mítico asesinato de Sarajevo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Cerebro e Inteligencia (13) "Nuestro cerebro también piensa sin palabras"

Steven J. Schiff, neurocirujano; dirige el Centro de Ingeniería Neuronal (Univ. de Pensilvania)


Tengo 56 años que me han permitido combinar la neurocirugía y la ingeniería: el conocimiento no tiene departamentos, los pone la burocracia. Nací en Nueva York. Su ordenador y usted evolucionan juntos. Colaboro con la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació.

"Nuestro cerebro también piensa sin palabras"

¿Quién es usted? 

Schiff explica la paradoja del implante total: si usted sustituye poco a poco sus miembros y órganos dañados o simplemente viejos por otros nuevos biomecánicos o de cultivo celular y, al mismo tiempo, su cerebro es rejuvenecido con implantes de neuronas hasta que llega un momento en que no queda nada del cuerpo y el cerebro con los que nació, ¿seguiría siendo usted? El doctor Schiff enriquece la paradoja señalando mi teléfono inteligente y preguntándome cuánto de mi identidad hay en ese ordenador: "Direcciones, vivencias en correos de todo tipo, mensajes, fotos, mapas que usted ha recorrido... Si la identidad es la memoria, usted también está ahí dentro".

Luis Amiguet - La Contra 05/12/2012


Pensamos porque hablamos o hablamos porque pensamos?

Nuestro pensamiento precede al lenguaje. Lo comprobamos en pacientes que quedan en coma tras un accidente: les pedimos que se imaginen jugando al tenis...

...
Y vemos en la resonancia de su cerebro que se activan las áreas del movimiento y, cuando les sugerimos que recorran mentalmente su casa, activan las áreas de orientación.

...
Para decir "sí" les indicamos que jueguen al tenis y para decir "no", que recorran su casa. Y demuestran con sus respuestas que piensan y, sin embargo, ellos no usan el lenguaje. De algún modo, piensan sin palabras.

¿Qué utilidad tiene saberlo?
Así obtenemos valiosos datos para, por ejemplo, diseñar sillas de ruedas que conectan directamente con el cerebro del paciente y pueda conducirlas, literalmente, con el pensamiento, sin llegar a formular la orden.

¿Cómo se puede ordenar sin hablar?
Es posible porque, antes de hablar, nuestro cerebro es una máquina de anticipar el futuro. Genera continuamente mapas de cualquier situación y, con los datos que percibe de los sentidos, los va adaptando a la realidad, para intentar anticiparse -aunque no siempre lo logra- a lo que va a suceder.

Por ejemplo.
Ahora mismo usted está generando mapas mentales sobre mí y la charla para anticipar lo que va a ocurrir y mejorar su conducta.

¿Y cómo consigo predecirle?
Nuestro cerebro lanza una nube de hipótesis de las almacenadas en la memoria a cada instante y las contrasta con las percepciones que obtenemos de los sentidos; después elige la más parecida a lo real; ajusta el mapa y sigue avanzando sobre el nuevo mapa.

¿Cómo me ajusto a usted en la charla?
Componemos una sutil coreografía de gestos casi simultáneos gracias a nuestras neuronas espejo: cuando funcionan bien en una charla, la comunicación es muy fluida.

¿Hay otras maneras de pensar?
Vivir es adaptarse, y esta es la mejor estrategia posible de adaptación. Es la misma de los programas simuladores de vuelo, que, conectados a un avión, son eficaces pilotos automáticos: almacenan los planos de rutas posibles y lanzan una nube de hipótesis en cada momento sobre dónde está el avión...

Da un poquito de miedo pensarlo.
Luego eligen la más parecida a la real según los datos que van recibiendo de sus sensores: altitud, presión, lectura de imágenes...

La máquina pilota el avión.
Pero no sobre la realidad, sino sobre su modelo. También nosotros creamos modelos de predicción mentales similares. Y existen los meteorológicos, que predicen el clima; los econométricos, que anticipan el comportamiento de las economías, y muchísimos otros sobre sistemas complejos.

Los económicos se equivocan más aún que los del tiempo.
En el laboratorio copiamos las estrategias de los programas de vuelo para navegar por las cartografías del cerebro -son como la geografía de la Tierra- y tratar de anticipar así disfunciones como el parkinson para aplicar electroestímulos que las eviten.

¿Cómo logran que una orden del cerebro llegue a realizarse sin lenguaje?
Trabajamos en grabaciones directas de la actividad cerebral con órdenes de movimiento que podrían implantarse después en prótesis robóticas que las obedecerían.

¿La música del cerebro no tiene letra?
No le es imprescindible para pensar.

¿Aplica estos hallazgos en medicina?
La navegación -simulada como la aérea- en cartografía neuronal permite nuevas intervenciones de la epilepsia en niños.

¿Por qué empezó a investigar?
Yo era neurocirujano infantil en el hospital de Washington y me resistía a admitir que, para mejorar algunos síntomas de enfermedades cerebrales, tuviera que aplicar ciertos protocolos de cirugía destructiva.

La cirugía es el fracaso de la medicina.
La investigación es la puerta al éxito en medicina. Por eso me negué a seguir aceptando lo menos malo y comencé a investigar.

¿Espera nuevos avances pronto?
Usted está grabando esta conversación con un smartphone que tiene 22 veces más capacidad de procesar información que el primer superordenador con el que investigué.

¿Tan importante es ese poder?
Hoy esa capacidad procesadora permite a un avión volar, maniobrar y aterrizar sin piloto del mismo modo que nos permite empezar a cartografiar el cerebro de los pacientes: exactamente con la misma estrategia.

¿Esa capacidad no tiene límites?
Lo fundamental es que usted y ese ordenador que lleva en el bolsillo ya están evolucionando juntos: todos evolucionamos con las inteligencias artificiales. Uno de mis colaboradores conectó el cerebro de un primate a un brazo robótico. Y el brazo fallaba.

¿Qué le pasó al pobre mono?
Su cerebro aprendió a corregir el error robótico del brazo. Ya le digo que todas las inteligencias del planeta, artificiales o no, evolucionamos juntas.

jueves, 4 de octubre de 2012

Cerebro e Inteligencia (12) De las inteligencias múltiples a la educación personalizada

Redes 114: De las inteligencias múltiples a la educación personalizada

Hace más de dos décadas, Howard Gardner revolucionó la psicología con su teoría de las inteligencias múltiples. Su trabajo repercutió en la mejora del sistema educativo y le valió un reconocimiento internacional y numerosas distinciones, entre ellas, el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2011. En ocasión de la entrega de este galardón, Punset y Gardner protagonizaron un coloquio en Avilés y conversaron sobre las inteligencias múltiples, las nuevas tecnologías y el surgimiento de una manera nueva y personalizada de educar a los niños.