Mostrando entradas con la etiqueta África en la encrucijada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta África en la encrucijada. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de abril de 2020

Viajes y Migraciones (14) Adónde migran los africanos


Recurrimos a dos de nuestras fuentes de documentación preferidas, El Orden Mundial (con dos artículos, uno en corto y el otro en profundidad) y  la productora audiovisual ARTE (con un documental) para conocer más sobre los patrones migratorios en África, prestando atención tanto a las migraciones intraafricanas (las más comunes), como las que tienen su destino fuera del continente. 

Las migraciones en África


El Orden Mundial 13.01.2019

Cuando hablamos de migraciones en África, suele cristalizar la creencia —errada— de que una enorme proporción de la población allí intenta trasladarse a otras regiones del mundo. Sin embargo, y con la única excepción del norte de África, cuya emigración es hacia otras zonas geográficas del mundo —por facilidades geográficas obvias—, en el resto del continente, es decir, en el África subsahariana, hay un interés limitado en acabar en otra zona del planeta y una realidad en acabar viviendo en un país cercano al natal.

Para millones de africanos, intentar trasladarse a otro país es la única manera de lograr mejores oportunidades económicas o un futuro más seguro. Así, no es casualidad que los grandes motores económicos africanos —Nigeria, Sudáfrica, Etiopía o Costa de Marfil— sean los lugares que más flujos migratorios reciben. En esa misma línea, los países con importantes conflictos o crisis abiertas, caso de Sudán, la República Democrática del Congo o Somalia, tengan flujos de personas que intentan salir de allí.

Tampoco deberían extrañar estas pautas migratorias dentro del continente. Trasladarse a un país vecino es más práctico por muchos motivos: es relativamente probable que la lengua sea la misma, las oportunidades económicas serán acordes a lo que los migrantes pueden ofrecer, es mucho más barato —emigrar a Europa es tremendamente caro, por ejemplo— y la facilidad para la integración es mayor al existir en muchos casos ya allí una diáspora asentada.

Otro factor llamativo es la inexistencia de grandes rutas migratorias que vayan del África subsahariana al norte del continente. El Sáhara actúa como importante barrera geográfica que lleva a buscar otras salidas a aquellas personas que desean emigrar, y solamente es una vía para aquellos que, de forma clandestina, tratan de llegar de países del Sahel a lugares como Libia, Argelia o Marruecos para tratar de llegar a Europa, aunque a nivel proporcional sean pocos.




Adónde migran los africanos



Mujeres en un camino en Nairobi. Fuente: Promise Tangeman

Pese a que pueda existir la percepción popular de que los migrantes africanos tratan de huir desesperadamente hacia el primer mundo, los datos disponibles revelan una realidad mucho más diversa y compleja. ¿Quién migra en África, por qué y adónde?

No es ningún secreto que en el imaginario popular África es a menudo retratada como un continente sumido en la pobreza y el subdesarrollo cuyos emigrantes no tienen más remedio que intentar exiliarse del conflicto y la miseria. Frecuentemente, al hablar de inmigrantes africanos, el significado se suele reducir a un éxodo desesperado de subsaharianos que tienen como objetivo cruzar el Mediterráneo en busca de una mejor vida en Europa. Determinadas retóricas alarmistas, con un importante calado en la sociedad, alimentan esta percepción, así como las imágenes impactantes de tragedias migratorias en los medios de comunicación.

Sería ingenuo afirmar que estas imágenes son irreales o que el drama no es tal, pero los datos disponibles sugieren que no se debe tomar este fenómeno como representativo del conjunto de las migraciones africanas. Los patrones migratorios en África, en general, no difieren sustancialmente de los de otros continentes: la mayoría de los africanos emigran hacia otro país africano, por trabajo, estudios o circunstancias personales. Y, además, lo hacen mediante cauces legales, con visados y pasaportes válidos.

El desarrollo, un incentivo para migrar

Es innegable que el conflicto y los desastres naturales hacen que millones de africanos se vean forzados a emigrar; de hecho, África es el continente con mayor número de refugiados y desplazados internos. Pero la inmensa mayoría de ellos lo hacen o bien dentro de las fronteras estatales o hacia los países aledaños; solo una pequeña parte pone rumbo hacia el norte, en busca de suelo europeo. En 2017 la cifra de refugiados en territorio africano sobrepasaba los 6,5 millones, mientras que la de desplazados internos superaba los 12. No obstante, en el grueso de las migraciones africanas entran en juego múltiples factores que no están asociados ni al conflicto ni a la pobreza extrema. Es más: pese a que pueda ser una percepción extendida, no suelen migrar los que menos tienen, sino aquellos que han conseguido cierto nivel adquisitivo como para poder asumir los costes del desplazamiento. Esta lógica también impera a nivel estatal: no son los países más pobres los que emiten más emigrantes; son aquellos que han adquirido un cierto grado de desarrollo.


El desarrollo de un país está estrechamente relacionado con su cantidad de emigrantes e inmigrantes

El desarrollo resulta un acicate para las migraciones más que un impedimento, dado que suele aumentar los recursos materiales disponibles, las redes sociales, la educación y el conocimiento. África es un continente emergente donde multitud de economías están creciendo a niveles muy esperanzadores, con lo que permiten un nivel de desarrollo que favorece la migración. Así, la mayoría de los africanos solo migra si tiene capacidades y aspiraciones personales para ello. Los que cubren distancias más largas suelen contar con ciertos recursos económicos y estar alfabetizados y cualificados, mientras que los más pobres y menos educados tienden a migrar menos y a destinos más cercanos.

En la decisión de migrar influyen múltiples factores, lo cual añade una extraordinaria complejidad al fenómeno migratorio africano. Entre ellos, indudablemente, figuran los económicos y políticos —búsqueda de empleo y de mejores oportunidades, calidad de la gobernanza, inseguridad, discriminación, desafección política, conflictos…—, pero también aspectos socioculturales, como los sistemas educativos, la etnicidad, el idioma o las redes y contactos en el exterior, aparte de las características personales y familiares del migrante. A ello hay que sumar los condicionantes medioambientales y climáticos, los demográficos —como la densidad y distribución de la población— y factores como el marco legal, el entorno político regional, las normas culturales, la acogida en el país de destino, el coste y la dificultad del viaje, la lejanía del destino o la disponibilidad de nuevas tecnologías.

Un continente en movimiento

En las últimas décadas, los avances en la integración regional africana, los mayores estándares de vida, las mejoras de las infraestructuras y de las tecnologías y el crecimiento demográfico han hecho que África sea, por delante de Asia, el continente que ha experimentado un mayor incremento relativo de emigrantes.

En 2017 había más de 36 millones de inmigrantes africanos en el mundo, tres cuartos más que a comienzos de siglo. Esta cifra, aparentemente elevada, convierte a África, pese a su gran tamaño y población, en el continente que menos migrantes origina —salvo América del Norte y Oceanía—: solo un 14% de los inmigrantes en el mundo son africanos. De hecho, más de la mitad de los africanos que viven fuera de su país de origen lo hacen en otro país de África; si no se contase el Magreb, la cifra ascendería hasta los tres cuartos. En general, los países con litoral mediterráneo guardan patrones de migración muy distintos a los subsaharianos: la amplia mayoría de los emigrantes magrebíes se marchan a otro continente. Europa, donde los vínculos históricos y las redes sociales son muy significativos, es su destino principal, si bien también hay una importante presencia de magrebíes en Oriente Próximo.

En el resto de África se migra mayoritariamente a los países vecinos o del entorno regional. En África occidental, por ejemplo, la zona más dinámica en cuanto a movilidad migratoria, casi todas las migraciones son intrarregionales. Esto es posible gracias a la porosidad de las fronteras, una larga tradición migratoria entre determinados países, la presencia transnacional de determinados grupos étnicos y a que la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) prevé formalmente el libre tránsito de personas. También África oriental ejemplifica la fuerte conexión migratoria intraafricana: dos tercios de los migrantes tienen como destino otro país de la región.


Principales flujos de inmigración intraafricana

Por lo general, el patrón migratorio que prima en África es desde los países del interior hacia la costa o países con mayor nivel de desarrollo o terrenos más fértiles. La migración más prevalente es desde las áreas rurales más marginadas a los centros urbanos, donde suele haber mayores oportunidades, si bien este fenómeno coexiste con otros patrones: migraciones de una zona rural a otra por la posibilidad de acceso a tierras o el desarrollo de nuevas actividades; de una ciudad a otra; de la ciudad al campo —la aglomeración de personas en grandes centros urbanos también puede favorecer la precariedad y la marginalidad—, y migraciones circulares, dependientes fundamentalmente de las campañas agrícolas. El gran peso de la población rural en el fenómeno migratorio en África no resulta sorprendente si se tiene en cuenta que el 60% de la población al sur del Sáhara vive en el campo.

En general, suelen migrar más hombres que mujeres y la edad mediana se sitúa en los 31 años. Además, los africanos se mueven principalmente dentro del territorio nacional: los migrantes internos superan con creces a los internacionales, pero la dificultad de cuantificarlos dificulta conocer una cifra exacta.

De África al mundo

De los más de 17 millones de emigrantes africanos fuera de África, Europa acoge a más de la mitad. Esta población, sin embargo, es ligeramente superior a los inmigrantes europeos que viven en América del Norte. Sin considerar a los inmigrantes magrebíes, la cifra se reduce a poco más de cuatro millones, la mitad de ellos, aproximadamente, de ocho países subsaharianos. No es casualidad que los dos países europeos con mayor número de inmigrantes subsaharianos sean las otrora dos grandes metrópolis: en el Reino Unido viven en torno a 1,2 millones de subsaharianos, mientras que en Francia la cifra es cercana al millón. Estos países, junto con Italia y Portugal —provenientes en su mayoría de antiguas colonias—, acaparaban en 2017 casi tres cuartos de los subsaharianos en Europa.


Las rutas migratorias de África a Italia pasan principalmente por Libia

Pero el Viejo Continente no es el único destino de los africanos. En Estados Unidos viven más de un millón de inmigrantes subsaharianos. Canadá tampoco es un destino inusual y la emigración a Asia va in crescendo, particularmente desde el África oriental a los países del Golfo, como Arabia Saudí. También es remarcable la emigración desde el África austral a Oceanía, particularmente a Australia.

A tenor de los datos, no cabe duda de que, desde comienzos de siglo, las migraciones desde África al resto del mundo han aumentado notablemente en términos absolutos: hay en torno a 9 millones más de africanos fuera de su continente de origen. No obstante, la cifra apenas ha crecido un 5%, en detrimento de las migraciones intraafricanas. Este leve ascenso ha sido propiciado por el mayor porcentaje de africanos que han decidido marcharse a América del Norte y Asia. Por el contrario, el porcentaje de africanos —incluyendo magrebíes— que habían migrado hacia Europa en 2017 seguía siendo el mismo que en 2000.

A pesar de que el grueso de la emigración es intraafricana, la gran mayoría de las remesas —envíos de dinero— que reciben los hogares africanos proviene del exterior —Europa, principalmente—. En ello tiene que ver que el Magreb atesore tres quintos de las remesas que entran en el continente. Si a ello le sumamos que Nigeria acapara más de un tercio del total, el resultado es que el resto del África subsahariana, donde se ubican buena parte de los países más pobres del mundo, apenas recibe el 12% de las remesas a África.

El continente del futuro

Actualmente, la edad mediana de la población en África es de 19 años y medio, cifra que sería más baja si no se considerase el norte del continente. El 60% de la población africana tiene menos de 25 años y la media continental de nacimientos por mujer se sitúa en 4,43 —aunque decrece paulatinamente—. Ello, unido al vigoroso incremento de la esperanza de vida, hará que la población actual —1.256 millones de africanos, casi el 17% de la población mundial—, se duplique en apenas tres décadas. Para 2050 un cuarto de la población mundial habrá nacido en África y en 2100 se espera que la población en el continente alcance los 4.467 millones, lo que hará que cuatro de cada diez personas en el mundo sean africanas.

Este incremento exponencial de la población coincidirá con unas condiciones climáticas que se prevén más hostiles y que pueden tener el doble resultado de erosionar el medioambiente y espolear los conflictos. Solo con estas previsiones no resulta difícil vaticinar un aumento sustancial de las migraciones internacionales desde África. Pero, si además consideramos que en el resto de los continentes —salvo Norteamérica y Oceanía— la tendencia poblacional es el decrecimiento demográfico, particularmente acuciante en Europa, solo cabe esperar que el continente que dio origen a la especie humana sea el motor de rejuvenecimiento de un mundo cada vez más envejecido.

Todo parece indicar que el vigor de las migraciones africanas es irreversible y, además, que aquellas que actualmente son marginales, las extracontinentales, tenderán a incrementar su relevancia con el paso de las décadas. Ante este panorama, tratar de impedir unos flujos migratorios que se presumen inevitables no parece que sea la opción más efectiva a largo plazo. Por ello, en primer lugar, resulta razonable incidir en el fomento de un desarrollo sostenible mediante el que las naciones africanas puedan dar abasto por sí mismas a toda la demanda laboral que se incorporará progresivamente a unos mercados laborales que ya se encuentran en buena medida saturados. Y, en segundo lugar, parece propicio avanzar multilateralmente hacia una gestión más eficiente y responsable del creciente fenómeno migratorio, que sea capaz de aprovechar las oportunidades que este presenta y prevenir sus potenciales secuelas.


La integración en grandes bloques económicos como la Cedeao —más conocida por sus siglas en inglés, ECOWAS— contribuye al desarrollo de los países africanos

En este sentido, se están dando pasos favorables en África, como el protocolo de la Unión Africana sobre libre movimiento de personas y derecho a residencia y establecimiento, firmado en marzo de 2018 como complemento del área de libre comercio a la que se han comprometido 44 países. No obstante, la experiencia de las normas de libre circulación ya existentes en organizaciones como la Cedeao, el Mercado Común de África Oriental y Austral o la Comunidad Africana Oriental invitan a ser cautos, ya que no suelen aplicarse en su totalidad. En África el panorama social, además del legal, de los inmigrantes dista también de ser idílico. El recelo hacia el inmigrante, los abusos a sus derechos, las deportaciones y la xenofobia, presentes alrededor del mundo, también encuentran arraigo en el continente africano desde las propias independencias nacionales.

En cualquier caso, se ha de ver con buenos ojos el lanzamiento de iniciativas africanas —no solo en el ámbito migratorio, sino en el político, del desarrollo o de la seguridad— que cuenten con el apoyo de socios extracontinentales en vez de a la inversa. Los proyectos intervencionistas con tintes mesiánicos ideados desde el exterior suelen resultar insuficientes y anteponer el interés foráneo al africano. Una África para los africanos será una África más próspera, y ello repercutirá a buen seguro en el bienestar del mundo entero.

jueves, 31 de octubre de 2019

Droga (22) La locura del Tramadol en Togo


Este documental de la productora ARTE dirigido por Catherine Monfajon en 2019 nos muestra como el tramadol, un fármaco analgésico clasificado oficialmente como opioide débil, está causando estragos en Togo, al igual que en muchos países africanos. Se utiliza para superar la fatiga y resistir mejor el trabajo duro, pero debido a la falta de información y prevención, sus consumidores descubren demasiado tarde lo adictivo que es.




Desde Costa de Marfil hasta Libia y desde Egipto hasta Gabón, millones de africanos consumen este analgésico, pero no para paliar el dolor, sino como un estimulante capaz de vencer el cansancio. Paradójicamente, la epidemia de los opiáceos en Estados Unidos (y luego en muchos otros países) se originó con las intenciones médicas de prescribir medicamentos contra el dolor, algo que las farmacéuticas aprovecharon rápidamente para inundar el mercado con un analgésico que solía ser héroe y ahora es, para muchos, villano: el Tramadol.

Pocas regiones han escapado de la epidemia, en especial en la última década, y el norte de África no contó con esa suerte. Millones de habitantes están siendo víctimas de este enemigo silencioso, con poderosas propiedades, tan analgésicas como psicoactivas, y que la Organización Mundial de la Salud mantiene en la mira desde hace varios años. "En paralelo al rápido aumento de la utilización médica del Tramadol en todo el mundo, ha habido informes de dependencia y abuso", señaló la entidad.

Togo es uno de los países más pequeños de África. Y también uno de los más afectados por la crisis de los opioides. Zico, un motociclista que vive en la capital Lomé, acudió al Tramadol huyendo de la fatiga y de las intensas jornadas laborales, pero hace tres años no puede prescindir de él. "Desde que tomo Tramadol puedo trabajar mucho más. Me tomo dos al día. Me sienta bien, me da energía para rendir más". Su vida sexual también mejoró considerablemente.

En el mercado negro, la distribución del Tramadol y su potencia está fuera de control

No hay cifras exactas del número de consumidores de este analgésico en África, pero sí es evidente que la historia de Togo se repite en muchos países, en especial en la parte norte. Y aunque su distribución es controlada, no lo es con la misma intensidad en el mercado negro, en donde el Tramadol, a menudo conocido como Paracetamol, está presente con más de cien nombres comerciales distintos.

Uno de los riesgos asociados a su consumo, más allá de su autenticidad, es la dosis. El mercado negro proporciona una más elevada que, a su vez, genera una mayor adicción. Mientras que la dosis permitida en Togo son 50 miligramos, es común encontrar este fármaco en cantidades personales de hasta 250 miligramos.

Según el ministro de Seguridad, Damehame Yark, "esto nos afecta a toda la sociedad. No podemos excluir un grupo y decir que no está afectado porque mañana puede convertirse en un escándalo o en una catástrofe". Por eso, afirma, es necesario tomar medidas preventivas para abordar el problema de raíz: "con la ayuda de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito y otras agencias, se debe establecer un sistema para disuadir a los fabricantes".

"Prohibirlo sería injusto y un crimen. El paracetamol es muy flojo y nos solemos quedar sin morfina"

El uso de fármacos sin prescripción médica se está convirtiendo en una gran amenaza para la salud pública mundial, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). En su más reciente informe publicado este año y con datos de 2017, la entidad aseguró que la escasa información que se dispone sobre la oferta de Tramadol con fines no médicos apunta a que este se fabrica ilícitamente en Asia meridional y desde allí se introduce en los países africanos y algunas zonas del Medio Oriente.

La cantidad de Tramadol incautada en el mundo alcanzó la cifra récord de 125 toneladas en 2017. "La respuesta a su uso indebido pone de manifiesto las dificultades que tienen los países para encontrar un punto de equilibrio entre permitir el necesario acceso a ese fármaco con fines médicos, atajar su uso indebido y al mismo tiempo combatir la delincuencia organizada y el tráfico".

Algunos países como Egipto han pedido la prohibición completa del Tramadol, pero se han encontrado con la oposición de los profesionales de la salud. En el hospital estatal de Lomé, la capital de Togo, este medicamento es indispensable para tratar a los niños con cáncer. "Prohibirlo sería injusto y un crimen. El paracetamol es muy flojo y nos solemos quedar sin morfina", dice uno de sus médicos.

Sin embargo, el Tramadol no deja de ser un derivado del opio, y aunque es clasificado como un opioide débil, una dosis normal puede generar adicción y a veces graves efectos secundarios como alucinaciones, crisis epilépticas y respiratorias, que pueden provocar el coma o la muerte. Esto sucede en especial cuando las dosis son de más de 400 miligramos al día y se complementan con otras sustancias como el alcohol.

La de los opiáceos, una crisis que no es nueva

Opioides u opiáceos son sustancias que actúan en el sistema nervioso para aliviar el dolor, pero que pueden resultar sumamente adictivas si se abusa de su consumo. No solo hacen referencia a drogas ilegales como la heroína, o sintéticas como el fentanilo, sino pastillas usadas en la medicina tradicional como la morfina.


Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró en octubre de 2017 una "emergencia de salud pública", lo hizo motivado por las 64.000 muertes que, un año antes, habían sido causadas por sobredosis de droga, principalmente por el abuso de los opioides.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades calcularon que la llamada "crisis de opioides" mató a 400.000 personas entre 1999 y 2017 en ese país. Muchos se atreven a decir que su influencia es más grande que la de la heroína.

sábado, 20 de julio de 2019

Viajes y Migraciones (13) Las personas del Aquarius, un año después

En junio pudimos ver en El Intermedio, uno de los programas televisivos indispensables del Juez Roy Bean, una entrevista de Gonzo a dos de los más de 600 migrantes y/o refugiados que el año pasado llegaron al puerto de Valencia en tres barcos de rescate, el más conocido el Aquarius siendo incluso recibidos por la vicepresidenta Carmen Calvo, lo que nos daba esperanza de que al fin tuviéramos unos gobernantes sensibles al tema de las migraciones forzadas, uno de los grandes dramas de nuestro tiempo. 


Un año después parece cada vez más claro que fue un acto más de postureo de nuestros políticos nacionales y europeos, que se pasan las responsabilidades los unos a los otros en el tema, mientras personas reales mueren o, las más afortunadas, son recibidos por ONG que poco pueden hacer más por ellos que atenderlos en su llegada e intentar ayudarles en sus procesos de solicitud de asilo. Mientras, sus vidas permanecen en suspenso. Ahora nos las cuentan. 


¿Cómo ha cambiado la situación de los migrantes que viajaron a bordo del Aquarius?: Responden dos refugiados

Mok Kamara y Emilu Sini viajaron como refugiados a bordo del Aquarius. ¿Cómo vivieron desde dentro el momento en el que supieron que ningún país quería acogerles?, ¿ha cambiado su situación desde que viven en España? Gonzo les entrevista en El Intermedio, para conocer a fondo sus historias.

laSexta.com / Madrid 19/06/2019 

Hace un año el Gobierno de Pedro Sánchez permitió desembarcar en puerto español al Aquarius, un barco que acogía a 629 migrantes y que ningún país europeo se prestó a recibir. Gonzo entrevista a dos de las personas que viajaron a bordo del Aquarius. ¿En qué situación se encontraban en las balsas de plástico en las que iban antes de que llegase el Aquarius?

"El agua empezó a entrar, había una mujer embarazada, nos vio un helicóptero y se comunicó con el Aquarius, que vino a rescatarnos", explica Mok Kamara. Después del viaje tan duro que recorrieron desde su país de origen, les tocaba hacer frente a una situación que no se esperaban: no había países europeos que quisieran recibir al Aquarius. ¿Cómo se sintieron en aquel momento?

"No olvidaré ese momento en mi vida. Éramos 600 personas en un solo barco... Italia nos rechazó, Malta y otros países. Cuando nos enteramos de que España nos aceptaría no podíamos estar más felices", relata Kamara.

Emily Sini explica que cuando llegó el bote de Salvamento les dijeron que ningún país se haría cargo de ellos: "Nos dijeron que lo mejor es que nos devolviesen a Libia. Yo le dije que si nos volvíamos a Libia, saltaría al agua, porque allí no tengo vida. El capitán se asustó", recuerda.

La acogida del Aquarius llevó a pensar que España comenzaría un cambio en la manera en la que trataría a los migrantes. Un año después, ¿piensan ellos que España trata bien a los migrantes africanos?

"Pedro Sánchez, cuando nos aceptó, nos prometió que nos iba a dar documentos. Cuando estábamos dentro del barco la gente decía que éramos afortunados, pero estamos decepcionados. Agradecemos a España lo que ha hecho, pero en otros países ya tienen papeles, nosotros no tenemos ningún permiso para estar aquí", critica Kamara.

De cara a un futuro, Sini asegura que no se quiere ir, pero necesita los documentos definitivos para quedarse aquí. Por su parte, Kamara insiste en que necesitan protección: "Vivir aquí es ilegal para nosotros, y eso es malísimo. En cualquier momento nos echan del país".

Y lanza un mensaje final al Gobierno: "Le rogamos, después de un año, que continúe con el proceso de asilo".

miércoles, 12 de junio de 2019

Periodismo y Periodistas (40) '3 cámaras robadas', grabar la represión policial en Sahara Occidental


Cortometraje documental grabado por Equipe Média que ilustra la vida cotidiana de los periodistas saharauis y los riesgos que asumen para mantener sus cámaras documentando la represión que el gobierno marroquí sobre la disidencia saharauí.

Los miembros de Equipo Mediático de Sahara Occidental luchan por mantener sus cámaras. Las usan para documentar las violaciones de derechos humanos del reino de Marruecos en la última colonia africana – Sahara Occidental.

Marruecos no deja que periodistas extranjeros entren en el territorio ocupado y las únicas imágenes que logran salir son las que Equipe Media captan en secreto, escondidos en azoteas tomando grandes riesgos. Graban demostraciones pacíficas que son violentamente reprimidas por la policía y las fuerzas armadas. También graban testimonios de la violencia que los Saharauis enfrentan en su vida cotidiana. Esto es una historia sobre romper la censura absoluta con imágenes únicas de un área donde las autoridades marroquíes logran implementar un bloqueo mediático casi total.



Palabras del director: Este proyecto es el resultado de la colaboración entre dos grupos, Equipo Mediático y RåFILM. Para enfatizar la importancia del trabajo colectivo no nombramos individuos sino vemos los grupos como los creadores de la película.

Equipo Mediático trabaja en Sahara Occidental bajo constante opresión ya que sus actividades son consideradas illegales y hay un riesgo constante de ser encarcelado. Como grupo tienen algunas personas que ocupan roles públicos de representación y otros que trabajan de manera escondida. De tal manera el grupo se vulve menos vulnerable a la represión Marroquí. El objetivo del grupo es distribuir sus películas rápidamente a través de los medios de comunicación social.

RåFILM trabaja en Suecia basados en la idea de que los miembros se apoyen mutuamente y compartan sus conocimientos. Normalmente trabajan en proyectos y procesos largos con mucho tiempo para distribuir las peliculas a un público amplio.

Juntos, los grupos usan el poder del trabajo colectivo para crear cambio social. En 3 Stolen Cameras han usado material único de Sahara Occidental para hacer un documental que puede alcanzar un público amplio. El objetivo es concientizar el público sobre la situación en Sahara Occidental y la ocupación ilegal en el cual los países mas ricos del mundo son cómplices. 

El documental 5 Broken Cameras, sobre la lucha en Palestina hecho por Emad Burnat y Guy Davidi, ha sido una inspiración para el tema de la película. La ocupación de ambos paises son similares con la gran diferencia que la ocupación de Sahara Occidental es mucho menos conocida y casi ausente en los medios de comunicación.

Los creadores de 3 Stolen Cameras exigen que las autoridades marroquís inmediatamente liberen los tres miembros de Equipo Mediático que se encuentran encercelados. Banbari Mohamed sentenciado a seis años de prisión, Bachir Khada sentenciado a 20 años de prisión y Lekhfaouni Abdaiahi sentenciado a cadena perpétua.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mujeres (19) África, en el nombre de las mujeres

África, en el nombre de las mujeres

El programa entrevista a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf

En Portada se pregunta si las mujeres pueden ser el motor del cambio en el continente africano


En enero de 2006, Ellen Johnson-Sirleaf, se convertía en presidenta de Liberia y en la primera mujer jefa de Estado de un país africano. 10 años después nos planteamos que sería interesante comprobar cuál ha sido su papel y ver también si las mujeres son o pueden ser el motor de cambio en el continente africano. Lógicamente, el realizar el reportaje dependía de la entrevista con Ellen Johnson. La ONG “Mujeres por África” que desarrolla el proyecto “Stop Fístula” en Liberia, proyecto apoyado por la presidenta Johnson-Sirleaf, nos echó una mano con las gestiones. Finalmente, a principios de enero, nos llegó el sí a la entrevista.

Llegamos a un país todavía bajo los efectos de la epidemia del ébola. Liberia fue uno de los tres más afectados por el virus y en el que más personas murieron. Además, supuso un parón en seco del desarrollo y la recuperación que venía experimentando desde la llegada al poder de Ellen Johnson tras las elecciones después del final, en 2003, de 14 años de dos sangrientas y devastadoras guerras civiles.

La entrevista con la presidenta se celebró un par de días antes de su discurso anual del estado de la nación ante el parlamento en cuya preparación estaba inmersa. Pero no por eso dejó de ser clara y tajante en sus convicciones sobre el destacado y definitivo papel que las mujeres liberianas desempeñaron en el final de la guerra y en el mantenimiento de la paz. Tampoco ocultó su convencimiento de que si las mujeres gobernasen, el mundo sería mejor y más pacífico. Desde su llegada al poder, Ellen Johnson-Sirleaf se ha ganado la admiración de propios y extraños, aunque tampoco se ha librado de críticas por corrupción entre algunas personas de su gobierno y de nepotismo por colocar en altos cargos a familiares, como a sus propios hijos.


Ellen Johnson recibía en 2011 el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en pos de los derechos de las mujeres y de la paz. Junto a ella lo recibía también Leymah Gbowee, que puso en marcha durante la guerra el movimiento por la paz de las mujeres en Liberia y consiguió con manifestaciones, sentadas e incluso con una huelga de sexo que los señores de la guerra se sentaran a negociar y firmase la paz. Hablamos también con Leymah, una mujer que sigue al pie del cañón y que no tiene pelos en la lengua a la hora de criticar al gobierno o de denunciar el hecho de que a pesar de que la igualdad de derechos está reconocida sobre el papel en Liberia, la violencia de género es todavía el pan de cada día, sobre todo en las zonas más deprimidas, como el barrio de West Point de la capital, Monrovia, en el que también estuvimos hablando con sus mujeres y con jóvenes que se ven enfrentadas a esa violencia y a violaciones y a embarazos adolescentes.

Esa es una de las grandes paradojas de Liberia. A pesar de tener una mujer presidenta y mujeres en importantes cargos y como activistas en sectores diversos, el machismo vigente y profundo en las estructuras sociales impide que la igualdad de derechos sea una realidad y no se consigue acabar con la violencia contra las mujeres, una violencia que ha quedado como remanente de los años de guerra, durante los que, como nos comentaba Leymah, la violación se convirtió en un arma de guerra pero sobre todo era vista por los hombres como un derecho. Y todas las mujeres con las que hablamos coincidieron en asegurar que la educación, y en especial la de las niñas, es el vehículo principal para conseguir el cambio.

martes, 11 de abril de 2017

Extinción (43) The Ivory Game: Elefantes, el ocaso del gigante



"No tengo palabras. Hoy el mundo es peor, más feo, más triste. Me muero de pena."  Fernando González Sitges, tras la muerte de Satao II

Camina lento, pausado, seguro y dueño de cada uno de sus pasos. Lo hace con elegancia, enfundado en su traje gris ante un entorno único. Todo parece idílico en la vida de Satao II, quien recibió su nombre del primer Satao, pero no lo es. A Satao II le espera la crueldad desmedida de los cazadores furtivos que irían detrás de sus joyas: su marfil.

No importa el precio que deban pagar, los cazadores están dispuestos a todo y el Servicio de Fauna de Kenia vuelve a toparse con el peor de los escenarios. La falta de escrúpulos de los cazadores ha dejado como saldo otro elefante muerto. 

Es Satao II, uno de los animales más emblemáticos de Kenia de la especie denominado 'tusker', que reciben este nombre cuando el tamaño de sus colmillos supera los 45,45 kilos por pieza. En el caso de este elefante, su peso era de 51 y 50,5 kilos y habitaba en el Área de Conservación de Tsavo, situada entre Nairobi y Mombasa, las dos ciudades más importantes de Kenia.

Ha muerto, asesinado a sangre fría. Los guardas le encontraron tendido en el suelo agonizando. Una flecha envenenada acababa de herirle de muerte. Le arrebataron la vida por sus colmillos, un botín de marfil que, ironías del destino, no tuvieron tiempo de llevarse.

Una historia tristemente repetida

Como si de una mala jugada del destino se tratase, a los dos Satao no solo los unió su nombre, sino también el triste final de su historia. Hace tres años, Satao, otro elefante de la misma especie corría la misma suerte y se convertía en el primer 'tusker' célebre asesinado en Kenia. Se calcula que tenía entre 45 y 46 años a su muerte, y había conseguido sobrevivir a las masacres de elefantes que se acentuaron durante la década de los ochenta, cuando manadas enteras eran aniquiladas ametrallándolas e incluso conduciéndolas a campos de minas. El Horror. 


Las estimaciones alegan que a principios de 1970 el número de elefantes en Tsavo alcanzaba los 45.000, mientras que en 1989 descendió hasta los 6.000. El último censo aéreo llevado a cabo en 2014 mostró cómo la población de elefantes poco a poco se iba incrementando hasta llegar a los 11.000 elefantes actuales.

Según los trabajadores del Área de Conservación de Tsavo, únicamente quedan 6 ejemplares de estas características en el parque, lo que complica cada vez más las posibilidades de repoblación, teniendo en consideración que el embarazo de un elefante es de cerca de 22 meses. 

"Se trata de un golpe devastador para la conservación de elefantes y para los genes de los supercolmillos", han dicho desde Africa Geographic, por lo que pide financiación para aumentar los recursos de los rangers de cara a propiciar la rápida reacción de sus equipos y la mejor preparación para luchar contra los incidentes furtivos. 

Se calcula que en todo el continente sólo quedan entre 25 y 30 'super-tusker' y otros 15 que podrían transformarse en lo que en su día fueron Satao y Satao II, otro triste pellejo pergaminoso, reseco bajo el sol africano. 

Furtivismo despiadado

La caza furtiva, lejos de desaparecer, está muy presente en cada uno de los parques naturales que se encuentran en el continente africano. Elefantes, rinocerontes, felinos y otras especies menos majestuosas que no están incluidas dentro de los big five -grupo que engloba a leones, elefantes, búfalos, leopardos y rinocerontes-, son piezas codiciadas por las mafias, generalmente asiáticas, que buscan su lucro a través del comercio clandestino de los cuernos de los animales, sus colmillos o de sus pieles.


Las mafias se aprovechan de la miseria de las poblaciones cercanas a los parques para que sean ellos quien se la jueguen contra los rangers aunque para trofeos mayores como los paquidermos o los rinocerontes se suelen servir de equipos profesionales, comandos bien armados y equipados que causan muchas bajas entre los defensores de los parques, aparte de hacer lamentablemente bien su trabajo.

La cifra de elefantes africanos cazados por su marfil es extremadamente alta. Según un estudio publicado a finales de 2016 en la actualidad ya sólo quedan 350.000 elefantes africanos; por lo que, si seguimos a este ritmo, esta especie puede haber desaparecido de la faz de la Tierra en tan sólo 15 años.

Kenia ha demostrado en más de una ocasión su rechazo a los cazadores furtivos realizando quemas de toneladas de marfil incautadas así como armas de fuego. El 30 de abril del año pasado se incineraron 105 toneladas de marfil como mensaje hacia las mafias. Nunca antes se había quemado tal cantidad de 'oro blanco', como se conoce al marfil, que cada año mueve a lo largo del continente cientos de millones de euros. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), más de 20.000 elefantes africanos son sacrificados cada año por su marfil.

Las cifras hablan por sí solas: la caza furtiva es la causa de la desaparición del 80% de la población del elefante de selva de África central; solo en 2013 se abatieron 20.000 ejemplares, y eso que ya se habían puesto en marcha medidas proteccionistas, porque hasta entonces eran muchos más los que caían. En Tsavo, entre 1970 y 1990, 6.000 ejemplares como Satao y Satao II perdieron la vida. Un balance demoledor.


Estos animales (a cuya espantosa 'domesticación' dedicamos una entrada hace tiempo) aparecieron en la Tierra hace 50 millones de años, mucho antes de que los seres humanos surgieran como especie y se distribuyeron por todas las latitudes hasta el límite mismo de los hielos perpetuos. Un éxito evolutivo que se debe, más que ningún otro factor, a sus extraordinarios lazos familiares. Debido su gran inteligencia emocional (que hace que se ayuden los unos a los otros cuando están en peligro, entiendan la muerte y velen los cuerpos de los que han perdido) matar a uno de ellos significa un gran dolor para toda la manada, con el añadido de que normalmente son asesinados los elefantes más adultos, los que poseen el conocimiento ancestral de las rutas hacia los mejores pastos o fuentes de agua.

El infame negocio del marfil

Detrás de este baño interminable de sangre hay una razón muy clara: los miles de dólares que puede llegar a alcanzar el kilo del marfil en el mercado negro. Hay que tener en cuenta que la pareja de colmillos de un ejemplar adulto de elefante africano puede superar los cien kilos. La multiplicación es sencilla. 

Pero esta caza furtiva no se lleva a cabo por principiantes ni al azar, saben muy bien lo que hacen. Alrededor del comercio de marfil se han desarrollado redes criminales altamente especializadas, que cuentan con los últimos avances en tecnología, como equipos de visión nocturna o medios aéreos como drones. El camino que sigue el marfil después de ser arrebatado hasta llegar al sudeste asiático es casi siempre el mismo. Las piezas se transportan a través de países africanos con escasa vigilancia aduanera, hasta que alcanzan algún puerto del Índico, como Mozambique. Allí se camuflan en contenedores de carga para viajar a Vietnam, Laos y Myanmar, donde pueden cruzar sin dificultad la frontera terrestre hacia China continental.

Pero también pueden llegar directamente al puerto de Hong Kong, el epicentro mundial del mercado de esta materia prima. En la antigua colonia británica, el marfil ilegal se confunde fácilmente con el legal, que es el que se obtuvo en bruto antes de 1990, año en el que se prohibió oficialmente.

En los escaparates de sus lujosas tiendas de artesanía, los incisivos aparecen reducidos a minuciosas filigranas por las que se pagarán precios astronómicos. La delicadeza de estas tallas contrasta con la terrible brutalidad que esconden y que ha dejado tras de sí un reguero de cientos de miles de cadáveres.

El documentalista madrileño Fernando González Sitges publicaba en 2010 el premiado documental 'Elefantes, el ocaso de los gigantes' en el que plasmaba el declive poblacional extremo de este inteligentes y sensibles animales.


Prohibición de la comercialización 

Los países y las organizaciones ecologistas han acordado poner fin al comercio interno de marfil, a pesar de que la resolución casi se frustró por las objeciones de naciones como Japón y Sudáfrica. En septiembre de 2016 y tras tres días de movimientos políticos, desacuerdos y ruptura de negociaciones, los delegados en el congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en Hawái acordaron un texto que pedía a los países que acabaran con el comercio interno de marfil "con urgencia".

La moción no tiene capacidad legal, pero los ecologistas esperan que anime a los países a vetar la venta de marfil dentro de sus fronteras para ayudar a frenar la descontrolada caza furtiva de elefantes. El comercio internacional del marfil lleva prohibido desde 1989 pero en muchos países, como Estados Unidos, Reino Unido y China, el comercio interno sigue estando permitido para las antigüedades.



'The Ivory Game', el juego de la extinción

Nuestro segundo documental sobre este tema es tan duro como necesario. Cada año, y como ya hemos ido explicando, miles de elefantes son asesinados a causa del tráfico de marfil y este film está dedicado a entender el panorama actual del tráfico de marfil, sus causas y consecuencias.

Dirigido por Kief Davidson y Richard Ladkani en 2016, 'The Ivory Game' denuncia la situación de esta especie con la tensión típica de un thriller de suspense, siguiendo la línea de 'Virunga' (otra producción de DiCaprio que exponía la matanza de gorilas en el Congo y que ya publicamos en nuestro blog). En el film se expone cómo los cazadores furtivos -y los legales- de elefantes en África están acabando con la especie y cómo desde China el comercio de marfil está impulsando gran parte de su demanda. Es la pescadilla que se muerde la cola: cuantos menos elefantes hay, más sube el precio del marfil y más beneficioso es para los cazadores matar uno. 

En este documental (producido por el siempre comprometido Leonardo diCaprio) la investigación se extiende por varios países, desde los que reciben el marfil ilegal, hasta los que los compran para hacer joyas, adornos o incluso para ingerirlo en remedios caseros. Los autores de este reportaje estuvieron 16 meses investigando para documentar el tráfico de marfil, visitando áreas de conservación donde habitan y son cazados los elefantes y realizando entrevistas encubiertas mientras se infiltran en el comercio ilegal de marfil para después denunciar esta triste realidad.

El valiente elenco de personajes que han hecho posible este film además de mostrar al espectador la realidad que está viviendo esta especie se plantean un interrogante "¿Vamos a permitir que el mamífero más grande de la Tierra se extinga?". La respuesta es clara, NO.


¿Llega una esperanza para los elefantes?

Sin embargo puede estar llegando cambios positivos para el futuro de esta especies y de otras como los rinocerontes. A finales del año pasado China, el mayor mercado mundial de marfil, anunció la prohibición del comercio interno y el procesamiento del llamado 'oro blanco'. De acuerdo con la nueva normativa, una primera hornada de fábricas y tiendas dedicadas al marfil tenían que cerrar y hacer entrega de sus licencias antes del 31 de marzo de 2017, una medida que debe extenderse a todo el sector a finales de año. Con esta decisión se espera poner coto a la caza furtiva de estos amenazados paquidermos en África y Asia.

Grupos conservacionistas y activistas medioambientales de todo el mundo calificaron la decisión de "histórica", ya que supone todo un cambio para el futuro de estos animales. No en vano, el marfil africano es considerado como un símbolo de estatus en el país asiático. La medida adoptada supondrá el cierre de 34 empresas dedicadas a trabajar este producto y de otras 143 especializadas en su comercialización.

La decisión se produce después de años de creciente presión internacional y doméstica para poner fin a este comercio y da esperanzas a los defensores de los animales de que se pueda evitar la extinción de varias de las poblaciones de elefantes amenazadas en África. A principios de 2016 China ya había prohibido la importación de todo el marfil o productos elaborados con marfil adquirido antes de 1975.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, en inglés), que entró en vigor en 1975, prohibió el comercio de marfil en 1989. Al igual que otros países, hasta ahora China permitía la reventa de marfil adquirido antes de esa prohibición, y también posee unas reservas adquiridas en 2008 con la aprobación de CITES, que pudieron salir a la venta con esa certificación.

Tras esta necesaria regulación parecen empezar a llegar las buenas noticias: según un informe publicado por Save the Elephants , el precio del marfil se ha reducido de forma exponencial en los últimos tres años. En 2014 la media del precio de los colmillos era de 2100 dólares, en 2015 alcanzó los 1100 dólares y en este año han caído a poco más de 700 dólares. Esta disminución se atribuye a una combinación de factores incluyendo una recesión económica, una más efectiva lucha contra la corrupción, los compromisos del gobierno para poner fin al comercio del marfil y una mayor conciencia entre los consumidores sobre el impacto que éste está teniendo en los elefantes.

Todavía hay un largo camino por recorrer para poner fin a la matanza de elefantes por el marfil de sus colmillos, pero ahora al menos nace una mayor esperanza para la especie, para la supervivencia de estos animales maravillosos que ocupan su propio espacio, tan grande como ellos, en el corazón del Juez Roy Bean.