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martes, 20 de marzo de 2018

Fantasma (10) Como un mensaje en la pared

Vivimos nuestras vidas en un solo sentido, llorando, riendo, amando, reflexionando, construyendo un mundo entre pequeños gestos, encerrando al universo en nuestros anhelos, acompañadamente solos o solitariamente acompañados, aprovechando las horas que se nos han dado y solo deteniendo el tiempo cuando un alma pareja nos ha encontrado. No vemos todo el cuadro... y no nos importa, o por lo menos no debería importarnos.

Porque para eso "creamos" los fantasmas y todo a lo que los hemos asociado: son voces lejanas, sensaciones que se quedan, memorias que permanecen atadas a un enigma, están ahí para avisarnos si pueden, se sienten en el aire cuando no sabemos explicar por qué nos sentimos unidos a un lugar.

Los relacionamos lejanamente a nuestra experiencia, y querría creer que esa eternidad compartida no es una calle de un solo camino: tienen un sentido, y atarse a un lugar para velarnos es su manera de hacer las paces con los vivos.

Así, la próxima vez que notes una presencia en la oscuridad, o una puerta esté cerrándose en otro lugar, quizás dejas de preocuparte, porque habrás comprendido que nada allá te quiere mal: se trata tan solo de un recuerdo, buscando perdurar. Y quizá te merezca la pena observar el reflejo de la luz, deslumbrarte con sus colores y pensar que algo podría estar... o dejar (tras)pasar esa fantasmal sensación, y nada más. 

Porque, al fin y al cabo, un fantasma es como un mensaje en la pared o como el eco de una costumbre que se repite sin que sepamos por qué: únicamente guarda sentido para el que quiere verlo, aunque sólo con eso ya sea más que un simple recuerdo. Una prueba de que importamos en el inmenso cosmos, y de que todo lo que fuimos no va a acabar desapareciendo. 

(Crítica de 'A ghost story' en Cineredux.com) Si no la han visto, háganlo, échense una sábana por encima e impregnen su hogar con la esencia inmortal de su propio ser.  

miércoles, 15 de mayo de 2013

Fantasma (9) Lo peor de ser un fantasma














Lo peor de ser un fantasma no es lo mal que te queda la ropa de los vivos, ni este silencio de televisión estropeada que respiras, ni siquiera que tu amor atraviese tu cuerpo como si ya no pudiera verte parado en mitad del pasillo. Lo peor de ser un fantasma es que aquí también estás solo, fantasma para los otros fantasmas que llegaron primero.
Patricia Esteban Erlés

lunes, 31 de diciembre de 2012

Fantasmas (8) Fin de año, fiesta de espectros




Para terminar el año nada mejor que este cortito estremecimiento de Patricia Esteban Erlés en torno a unas presencias que reaparecen cada año para recordar que siempre han estado ahí. 

Que el 2013 sea mejor de lo que se le espera. 







No nos lo decimos, pero recordamos lo que contaban las abuelas. La última noche del año vendrán a visitarnos los que se fueron. Se asomarán sus almas al cristal de las copas buenas, nos mirarán reír y comer y brindar, discretos espíritus amados, de pie junto a nuestras sillas. Cada fiesta de despedida es un reencuentro de fantasmas queridos que recorren los cuartos y nos ven envejecer, añorando la vida igual que un sabor, sin amargura. No nos atrevemos a decirlo pero todos podemos verlos, aquí mismo. Sí, elegantes y delgados, bellos como radiografías.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Fantasmas (6) Dos fantasmas breves







Fantasma

El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.
Patricia Esteban Erles









El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001)


¿Qué es un fantasma?  Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor, quizá. Algo muerto que parece por momentos vivo aún, un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa, como un insecto atrapado en ámbar. Un fantasma, eso soy yo.


lunes, 12 de septiembre de 2011

Fantasmas (5) Temporada de fantasmas




No vienen a buscar pareja, ni para desovar. No necesitan reproducirse. Tampoco es posible cazarlos. No tienen entidad suficiente para caer en las redes de la lógica, los atraviesan las balas de la razón. Breves, esenciales, despojados de su carne, vienen aquí a mostrarse, vienen para agitar ante los observadores sus húmedos sudarios. Y sin embargo, no se exhiben ante los ojos de cualquiera. El experto observador de fantasmas sabe que debe optar por una mirada indiferencte, nunca directa, aceptar esa precepción imprecisa, de costado, sin tratar de apropiarse de un significado evanescente que se deshace entre los dedos: textos translúcidos, medusas del sentido.
Se abre la Temporada de Fantasmas.

Su viuda y su voz
De las cañerías provenía un ruido fuerte y triste al que ella suponía la voz de su marido muerto. Todas las cañerías hacen ruído, argumentaban sus amigos. En todas las cañerías se manifiesta su espíritu, decía ella. Todas las cañerías hacían ruído cuando él estaba entre nosotros, argumentaban sus amigos. Pero solamente ahora me hablan de amor, decía ella.
Ana María Shua. Temporada de fantasmas (2004)

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Vocabulario Fundamental. Fantasma (IV) Xapiripë y Utupë

lunes, 18 de julio de 2011

Fantasmas (4) Xapiripë y Utupë


"Aprendemos con los grandes espíritus
" Survival
Para los yanomami de la Amazonia brasileña, el mundo de los espíritus es una parte fundamental de la vida. Cada criatura, roca, árbol y montaña tiene su propio espíritu.
A través de los sueños y de los trances, los chamanes yanomami trascienden los confines físicos de sus cuerpos y los límites de la conciencia humana para interactuar con los xapiripë.
Nosotros los yanomami aprendemos con los grandes espíritus, los xapiripë. Aprendemos a conocer a los xapiripë, a verlos y escucharlos. Sólo los chamanes, aquellos que conocen a los xapiripë, los pueden ver, porque parecen humanos pero son tan pequeños como una mota de polvo, y brillantes como la luz. Sus canciones son poderosas, y su pensamiento es muy claro.
Los chamanes yanomami inhalan el polvo de yakoana, que se extrae de la corteza del árbol de la virola, para entrar en un estado onírico. El polvo se administra a través de un largo tubo horoma, tradicionalmente hecho del tallo hueco de una palmera. Así hacemos a los espíritus bailar, dice Davi.
Hay muchos, muchos xapiripë, no sólo unos pocos, sino miles, tantos como estrellas. Algunos viven en el cielo, otros bajo tierra y otros en las altas montañas cubiertas de selva y flores. Llamamos a estos lugares sagrados “hutu pata”. Cuando el sol está en lo alto, los xapiripë duermen.

Comienzan a aparecer al anochecer.


Cuando nosotros dormimos, ellos bailan.
Davi vio a los xapiripë por primera vez cuando era niño, y continuó viéndolos en sueños mientras crecía. Pero no fue hasta que se hizo adulto que pidió iniciarse como chamán.
Cuando inhalas por primera vez el polvo fabricado con el árbol de yakoana, los espiritus xapiripë comienzan a agruparse a tu alrededor. Primero, oyes a lo lejos sus cantos de felicidad, ligeros como el zumbido de los mosquitos. Entonces empiezas a ver chispas de luz temblorosas que se elevan, y que provienen de todas las direcciones del cielo.

Gradualmente los espíritus se van desvelando, avanzando y retirándose en una lenta procesión.

Los xapiripë descienden hacia nosotros con hilos tan finos como los de una telaraña. Son hermosos, pintados con colores brillantes y con urucum (annatto). Sus brazaletes están decorados con plumas de guacamayo y loro. Bailan maravillosamente y cantan de manera distinta. Existen melodías diferentes: el canto del guacamayo, el del loro, el del tapir, el de la tortuga y el del águila.

Los xapiripë han bailado para los chamanes desde el principio de los tiempos, y continúan haciéndolo hoy en día. Sus cabezas están cubiertas con plumones de halcón y llevan cintas negras hechas con rabos de mono y plumas de cotinga color turquesa en sus orejas.

Bailan en círculo, sin prisa.
Para los yanomami, cada persona tiene una “imagen-esencia”, un doble llamado utupë, con la que está unida hasta la muerte. Un utupë puede presentarse a sí mismo en forma de diferentes criaturas vivas, como un pájaro, un mamífero o un insecto. También existen espíritus de árboles, de cascadas y de la miel salvaje.
Uno por uno los espíritus llegaron. Los espíritus tucanes llegaron con sus enormes palos en las orejas y sus taparrabos rojos y brillantes, explica Davi. Las gentes colibríes llegaron y volaron a mi alrededor. Los espíritus de las ranas moka estaban allí y llevaban a sus espaldas aljabas cargadas de flechas. Y luego llegaron los espíritus del pecarí, las gentes de los murciélagos y los espíritus de las cascadas.

Mi alma empezó a brillar. Todos vinieron y colgaron sus hamacas en mi pecho.
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Vocabulario Fundamental. Fantasma (III)

lunes, 25 de abril de 2011

Fantasmas (3) Los fantasmas de Chernobyl


El 26 de abril de 1986 una explosión de hidrógeno reventaba el reactor número 4 de la central nuclear ucraniana de Chernóbil emitiendo 400 veces más radiación que la bomba atómica de Hiroshima, afectando a amplias zonas de Ucrania y Bielorrusia y provocando (sigue haciéndolo) decenas de miles de víctimas. 25 años después en la zona su impacto persiste en la salud del ecosistema y de millones de personas, el gobierno ucraniano intenta retirar los beneficios sociales a los "liquidadores" supervivientes que combatieron la radiación y en la zona de exclusión de 30 km sólo quedan viejitos que no conocen otro lugar para vivir y a los que ya les da igual todo.

Del programa Informe Semanal recogemos el documental El fantasma de Chernóbil que nos muestra cómo el fantasma de la radiactividad sigue recorriendo la zona con su espectral silencio y lo seguirá haciendo durante siglos.





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Vocabulario Fundamental. Fantasma (I)

viernes, 27 de febrero de 2009

Fantasmas (1) Doppelgänger, bilaciones y otros fantasmas íntimos

Intro

"Cuando de un distante pasado nada prevalece, cuando los hombres están muertos, las cosas rotas y destruidas, aún solas, más persistentes, más leales, el olor y sabor de las cosas permanecen suspendidos durante largo tiempo como almas dispuestas a recordarnos, esperando ansiosas el momento, en medio de la ruina y destrucción. Y en la diminuta gota de su esencia, casi sin sustancia, llevan resuelta la vasta estructura de la memoria". Marcel Proust - En busca del tiempo perdido

Recuerdos que se sientan a nuestro lado en la cama y nos miran calmados pero dolientes, emociones vividas y ya perdidas que se impregnan en las paredes, en los libros, en los objetos cotidianos, en los lugares donde un día habitaron el placer y la felicidad, resistiéndose a deshilacharse refugiados en algún desván de nuestra memoria, el pasado materializándose en obsesiones que nuestro cerebro procesa en forma de fantasmagorías, reales o inventadas. De estas cosas va esta entrada.



Primera Parte. Doppelgänger, el que camina a nuestro lado




Doppelgänger es el término alemán utilizado para definir el doble fantasmagórico de una persona viva. Etimológicamente significa doble andante o el que camina al lado. En las mitologías nórdica y germánica se mostraba como augurio de enfermedad u otras calamidades. El concepto tomó relevancia a partir del siglo XVIII como manifestación del conflicto entre el empirismo y la ortodoxia religiosa, en la lucha interna entre el deseo y los instintos primarios contra los convencionalismos y las represiones impuestos al individuo en las sociedades modernas. 

El doppelgänger -que no arroja sombra ni reflejo en los espejos- evocaría así nuestro reverso tenebroso, conectando de esta forma con un concepto esencial del taoísmo, el yin y el yang, la dualidad existente dentro de cada ser viviente y por reducción, dentro de cada uno de nosotros. Y de la misma forma que el yin no puede existir sin el yang, tampoco nosotros existimos sin esas sombras de nuestros espíritus.

De la misma forma, ese espectro que camina con nosotros puede tomar el poder sobre nuestra mente en las formas extremas de los trastornos límite de la personalidad, en enfermedades que alejan a quien las padece de la realidad y la vida social, como la esquizofrenia que, cuya etimología es mente partida. Así, el esquizofrénico severo ve progresivamente escindidas su mente, sus sentimientos, su carácter. Su doppelgänger, tomando el control dentro de su cerebro, dinamitando su personalidad con delirios paranoides y alucinaciones.


El tema del doble fantasmal que tomaría las riendas de nuestra mente para acometer las vilezas que nuestra racionalidad siempre vetó, desbordando nuestras timideces con sus insolencias morales, ha sido ampliamente tratado en la literatura y el cine. Hay numerosos ejemplos en el folclore, el cine y la literatura sobre un tema tan goloso, desde Hugo, el gemelo siamés malvado de Bart Simpson a David Fincher dislocando a Jack en el nihilista Tyler Durden en la testicular  El club de la lucha, desde el mito del hombre-lobo hasta el estupendo libro de Robert Louis Stevenson El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde o la plasmación del abyecto rostro de las tinieblas y la perversidad en un cuadro en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Entre otros.

El vocablo doppelgänger también se utiliza para describir el fenómeno de la bilocación, es decir, estar en más de un sitio a la vez. Existe un caso clásico de bilocación documentado y descrito por el escritor Robert Dale Owen, que narra el curioso caso de la profesora Emilie Sagée quien, entre 1845 y 1846 fue despedida de varios trabajos porque tenía la simpática y poco comprendida costumbre de aparecer en dos sitios de su lugar de trabajo al mismo tiempo:


"En un colegio donde impartía clases para niños de la aristocracia fue vista por más de 40 alumnos a plena luz del día recogiendo flores en el jardín y en su mesa de clase, sentada y en silencio. Además los testigos pudieron observar varias veces una figura a su lado o en otro lugar de la clase mientras Emilie escribía en la pizarra. La misteriosa figura se movía independiente de ella e imitaba algunos de sus gestos al escribir o al comer aunque no tenía nada en las manos. Y aunque si ofrecía una leve resistencia al tacto, dos niños pudieron pasar a través de la inquietante presencia."


Bueno, aunque ante estas cosas de la ubicuidades enarcamos una escéptica ceja, lo cierto es que muchas personas tienen -tenemos- un lado tenebroso, habitado por pensamientos bastante chungos y que, en algunos casos, son sólo las circunstancias favorables las que impiden que esos fantasmas íntimos se manifiesten. Mientras, se quedan ahí, caminando a nuestro lado, sperando su momento.

Para terminar esta segunda parte del post, mostramos cómo hasta Jorge Luis Borges experimentaba ese extrañamiento de uno mismo, esa certeza de la existencia de otro Borges, esa duda de no saber quién era exactamente aquel escritor superlativo que cartografió mundos literarios hasta entonces no explorados. Lean.

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor.



Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición.

Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.



Segunda Parte. Los fantasmas de la Gran Guerra

Las convulsiones de los tiempos y la violencia de la guerra activan desde siempre nuestros resortes más atávicos. En una época con bastantes similitudes a esta que vivimos, finales del s. XIX y primer tercio del siglo XX, ocurrieron hechos extraordinarios y traumáticos que, para bien y para mal, cambiaron el mundo para siempre.

Fueron tiempos de zozobra económica, de guerras terribles, de catastróficas pandemias, de derrumbe de antiguos valores e irrupción de otros nuevos y revolucionarios, de hundimientos económicos (algunos nunca vistos como la hiperinflación alemana de los primeros años 20 y el crack del 29 en Estados Unidos, que terminó afectando a muchos países más), de grandes cambios políticos y geoestratégicos, en fin, díganme a qué les suena.


Sin embargo -o precisamente por ello- fue una época de creatividad desbordante, cuna de expresionistas vanguardias y movimientos artísticos de todo pelo. Y también fue una época de auge de las creencias espiritistas pues cuando más cerca están de sus apocalipsis íntimos las personas más se refugian en la religión y en lo sobrenatural para dar cobijo a sus temores y significado a la destrucción circundante y la desaparición de sus seres queridos.


A pesar de que el auge del movimiento espiritista había sido en el siglo XIX con el Romanticismo, la época victoriana y la gran mortalidad de la Guerra Civil norteamericana (el propio presidente Abraham Lincoln era practicante de estas sesiones), fue el matadero a escala industrial en que se convirtieron los campos de batalla belgas y franceses en la Gran Guerra, en los que toda una generación de europeos fue diezmada, el que dio decenas de miles de adeptos a los campos del ocultismo y la parapsicología en los familiares de los muertos en el frente que intentaban contactar con ellos en el más allá.


Hemos de añadir que por la propia naturaleza de la guerra de trincheras muchos cuerpos nunca fueron encontrados lo que impedía una completa gestión de la pérdida por parte de sus seres queridos, acrecentando su aflicción y su necesidad de buscar cualquier medio que les volviera a conectar con los desaparecidos.

Esto alimentó a toda una legión de farsantes que intentaban, como siempre ocurre, aprovecharse del sufrimiento ajeno. Pero vamos, pongan la tele a partir de las dos de la noche y verán cómo se reproducirse el mismo fenómeno por parte de esos impresentables videntes y brujos televisivos que en directo engañan sin pudor ni castigo a tantos incautos e infelices.


El brutal estrés que soportaban las tropas en la demencial guerra de trincheras reportó varios episodios de histeria colectiva, como el que ocurrió durante la batalla de Mons.
El periodista británico Arthur Machen escribió un artículo contando cómo durante la terrible lucha aparecieron en los cielos los espectros de los arqueros que en 1415 habían masacrado la caballería francesa durante la mítica batalla de Agincourt, lo que habría redoblado la moral en las filas británicas ayudándoles a vencer en la batalla.

Sin embargo, aunque posteriormente reconociera que era una historia inventada, se tejió entre los combatientes de ambos bandos una leyenda respecto de este supuesto hecho sobrenatural y empezaron a surgir numerosos testigos, entre ellos muchos oficiales, que informaron de haber sido ayudados por seres espectrales en circunstancias penosas de esa y otras batallas.

También grandes escritores mundiales como Rudyard Kipling y Arthur Conan Doyle, -ambos perdieron hijos varones durante la guerra- frecuentaron estas prácticas supersticiosas. Especialmente Conan Doyle, el creador de ese personaje epítome de la racionalidad que es Sherlock Holmes, trás la trágica pérdida de su hijo, abandonó casi totalmente su febril producción literaria para entregarse al espiritismo y la parapsicología -parece que llegó a escribir varios libros sobre estos temas-, buscando comunicarse con su añorado hijo perdido. 

Ejemplos de esos centenares de miles de personas que, llevados de la moda reinante por el cuestionamiento de los antiguos valores o de la desesperación por la pérdida de algún ser querido, se entregaron a la causa espiritista había mucha gente culta como el nobel Charles Richet o Erich Ludendorff, uno de los máximos jerarcas militares alemanes -que luego fundó una secta que aún hoy pervive-. 


De la misma forma, como apunta el blog La Gran Guerra 1914-1918 en su entrada Moltke y el espiritismo, el estratega alemán Helmuth von Moltke se vio imbuido en estas prácticas:

"Su mujer, Eliza, lo imbuyó de una profunda veneración por el espiritismo y lo oculto. Organizó, incluso, sesiones espiritistas con el fin de establecer contacto con personajes de histórica relevancia del más allá. Moltke mostró y experimentó un apasionado interés por todo aquello relacionado con el más allá o la existencia después de la muerte terrenal - lo que le llevó a establecer contacto con Rudolph Steiner y la Teosofía. Moltke se autoconstruyó una filosofía en la que el conocimiento intuitivo y el entendimiento de fenómenos ocultos alimentaban las fuerzas que movían los hilos de la historia mundial."






Tercera Parte. Fantasma en la nieve























Y en cuanto a este simpático caballerete, pues qué decir. Que su raza vive salvaje en los bosques boreales noruegos y fue adoptada como mascota nacional en Noruega para impedir su extinción y que tengo la inmensa suerte de que acompaña mi existencia, me considera su mamágato y me ama con todo su ser. Y que se llama Fantom (fantasma, en noruego) y mola mucho.




















Closing

Y para despedir esta entrada, nada mejor que la desmitificadora definición de fantasma de Ambrose Bierce en su genial Diccionario del diablo.

Fantasma, s. Signo exterior e invisible de un temor inferior. Para explicar el comportamiento inusitado de los fantasmas, Heine menciona la ingeniosa teoría según la cual nos temen tanto como nosotros a ellos.

Pero yo diría que no tanto, a juzgar por las tablas de velocidades comparativas que he podido compilar a partir de mi experiencia personal. Para creer en los fantasmas, hay un obstáculo insuperable. El fantasma nunca se presenta desnudo: aparece, ya envuelto en una sábana, ya con las ropas que usaba en vida. Creer en ellos, pues, equivale no sólo a admitir que los muertos se hacen visibles cuando ya no queda nada de ellos, sino que los productos textiles gozan de la misma facultad. Suponiendo que la tuvieran, ¿con qué fin la ejercerían? ¿por qué no se da el caso de que un traje camine solo sin un fantasma adentro? Son preguntas significativas, que calan hondo y se aferran convulsivamente a las raíces mismas de este floreciente credo.