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miércoles, 2 de julio de 2014

Cerebro e Inteligencia (20) Jesús Mosterín, la inteligencia compasiva

"Que nuestra curiosidad y nuestra simpatía se extiendan por doquier. No reprimamos nuestro afecto por las criaturas. No pongamos límites a nuestra ansia de conocer, ni diques a nuestra ansia de amar. No convirtamos en un infierno la vida de los animales bajo nuestra custodia. No masacremos a los animales salvajes. Fomentemos el conocimiento, la sensibilidad y la compasión. Compadezcámonos de todos los que sufren, sin prejuicios, grupismos ni fronteras. Trabajemos por el triunfo de la compasión.” 
Jesús Mosterín

Recuperamos otro de los capítulos del estupendo programa (ya extinto) de La2 'Pienso, luego existo' sobre algunos de los grandes filósofos, divulgadores científicos y pensadores de nuestro país, y esta vez es Jesús Mosterín, un filósofo de alma inmensa y diletante, quien nos acompaña. Una persona con auténtica ansia por el conocimiento, un intelectual en el mejor y más amplio sentido, un tipo de mente inquieta y multifunción que navega entre disciplinas, neurociencias, metafísica, cosmología, biología, cuya conspicua racionalidad complementa una honestidad brutal que le ha llevado a interesarse especialmente por nuestra relación con los desvalidos de los desvalidos, los animales, los seres más vulnerables a la crueldad humana, seres emocionales, sintientes y sufrientes que nos acompañan, nos aman, nos alimentan y forman parte vital de la biosfera que sustenta la vida -también la nuestra- en el planeta Tierra.

Mosterín propugna la consideración moral de los animales de forma equilibrada y compleja, pues aunque se opone frontalmente a la crueldad con los animales, adopta una postura realista y multidimensional en las controversias sobre el uso de animales en campos como la investigación o la alimentación. Piensa que la tarea moral urgente consiste en acabar con las formas más atroces de esclavismo (como circos, plazas de toros o acuarios) y maltrato, incluyendo la ganadería intensiva que impide una vida conforme a las pautas de conducta naturales de los animales involucrados, así como con las artes más crueles y destructivas de la pesca. Muy recomendable su libro 'El triunfo de la compasión'. En fin, un gran tipo de los que da gusto compartir pasaporte. 

Jesús Mosterín: La enorme pasión por saber

RTVE.ES 09.12.2011

“La filosofía es una dimensión humana. En la medida en que los seres humanos seamos curiosos y reflexivos y críticos, pues en alguna medida todos somos filósofos”. Quien así habla es el Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Jesús Mosterín (Bilbao, 1941), próximo protagonista de “Pienso, Luego Existo”, el programa de La 2 que retrata a los principales pensadores de nuestro país. 

Mosterín, uno de los máximos representantes españoles de la lógica formal y de la filosofía analística, explica durante el programa por qué aunque la gran filosofía tiene que ver con las grandes cuestiones que importan a todos, si uno pretende “hacer gran filosofía” necesita tener el rigor intelectual que pretende tener la ciencia y, por tanto, “uno necesita ser también un científico”. Precisamente, el papel de las ciencias en la comprensión del mundo, la biología y la cultura humana, y, sobre todo, de la relación con los animales y del valor esencial que para él tiene el concepto de libertad serán algunos de los temas que se abordarán durante el programa del próximo domingo.

Enorme pasión por saber

Es definido por sus amigos como un gran intelectual. De hecho, el también filósofo Javier Sádaba, con quien ha compartido viajes y conversaciones, le define en este episodio como “una persona con una gran cabeza, que le interesa todo y aprende rápido de todo”. “Es un hombre con una enorme pasión por saber, enorme. Y sabe de todo. Creo que tiene una cultura filosófica en el sentido amplio de filosofía tremenda. Sin haber perdido nunca, obviamente, es especialista, contacto con la ciencia”, recalca. 

Para el sociólogo Salvador Giner, es “uno de los filósofos de la ciencia españoles más interesantes”. “Tiene una capacidad expositiva extraordinaria, de sencillez envidiable ante problemas complejos. Y tiene una visión del avance de la ciencia, del avance del conocimiento objetivo, que debe de fomentarse”, añade. También Pilar Rahola tiene palabras para Mosterín muy definitorias: “es un bicho rato, es un tipo complicado, difícil, peculiar, de una inteligencia vivaz, muy rápida, de una capacidad de profundizar y reflexionar de muchos niveles, con una cultura amplísima, heterodoxo, un animal salvaje, que no está en ninguna jaula conocida, que no está en ningún territorio definible, que no es políticamente correcto”. Lo resume con un: “es un gran intelectual”.

Vivir con los ojos abiertos

Él no hace más que recalcar que “la vida es muy breve”, y que, precisamente por eso, “una de las cosas más importantes a las que podemos aspirar en esta breve vida es a vivir con los ojos abiertos”, en sintonía con el universo y esa sintonía toma, en gran parte, la forma del “conocimiento”. Su defensa de los animales es uno de los motivos por los que es ampliamente conocido: “los seres vivos son milagros, sin cosas rarísimas, son excepciones totales”. Durante el programa, desarrolla ampliamente ese concepto y esa defensa. Subraya, además, que la aventura intelectual más apasionante de los últimos años ha sido el desciframiento de los genomas y sostiene, durante el programa, que hasta este momento “el cerebro es el sistema del universo que peor entendemos”. Se muestra de acuerdo con Hume en que las dos emociones morales fundamentales son, por un lado, el amor a uno mismo, es decir, el egoísmo, y por otro lado, la compasión”; sostiene que todo el pensamiento filosófico y científico moderno ha consistido en una huida del antropocentrismo y resalta que el valor político fundamental es el valor de la libertad. “El progreso político que tengamos en un futuro próximo se medirá por la capacidad que tengamos de que las cotas de libertad vayan aumentando”, añade. 

Mosterín confiesa en el programa, finalmente, que no tiene mucho interés en que le recuerden, pero que si lo hacen le gustaría que le recordaran como “alguien que trató de vivir bien y de no hacer sufrir a los demás; y que trató de no engañarse a sí mismo ni de engañar a los demás”.

martes, 28 de enero de 2014

Cerebro e Inteligencia (18) Superdotados

Muchos adultos descubren que son superdotados cuando diagnostican a sus hijos

13 ene 2014 RTVE

Muchos adultos descubren que son superdotados cuando se lo diagnostican a sus hijos. Algunos, incluso, dejaron los estudios cuando eran jóvenes. Ser superdotado es mucho más que ser inteligente. Además de tener un cociente intelectual superior a 130, se dan dos características más: una creatividad extraordinaria, tanto verbal como gráfica y unos rasgos de personalidad muy concretos: hipersensibilidad, autocrítica, perfeccionismo, humildad, inseguridad, angustia existencial. Aunque la mayoría tiene gran capacidad de liderazgo, muchos camuflan su talento por miedo a no integrarse.




Tenemos que hablar - Superdotados

RTVE 26.03.2013

lunes, 14 de enero de 2013

Cerebro e Inteligencia (14) Emilio Lledó, pasión por el lenguaje

Incorporamos a nuestro blog otro de los programas de "Pienso, luego existo", dedicado esta vez al filósofo Emilio Lledó. La verdad es que es una gozada escuchar a gente como Lledó, que hace hincapié en seguir aprendiendo, seguir pensando, seguir interrogándonos, a nosotros y al lenguaje, para evitar que nos manipulen, que nos conviertan en ignorantes, porque el pensamiento es, ante todo, libertad. 


Emilio Lledó, la pasión por el lenguaje

RTVE - 29.09.2011

“Lo que yo soy es palabra”. Este pensamiento es uno de los primeros con los que se retrata el sevillano Emilio Lledó, catedrático de Historia de la Filosofía y miembro de la Real Academia de la Lengua, y protagonista de la tercera entrega del programa “Pienso, Luego Existo”, de La 2.

Un apasionado del lenguaje que exclama un “¡qué más quisiera yo!” cuando le presentan como filósofo, porque, confiesa, a él ya le gustaría “saber lo que es la verdad, la justifica, el bien”. Explica también, con absoluto convencimiento, que “una de las misiones más importantes de la filosofía es la reflexión, el pensar en las palabras”.

Para este hermenéutico que, durante los diez años que estudió y vivió en Alemania, conoció otro modelo de enseñanza universitaria que ha querido aplicar en España, la mayor revolución intelectual, “prodigiosa”, según la define, fue convertir al lenguaje en objeto, “desde el sujeto que lo quiere entender”. “Debemos seguir interrogando al lenguaje para evitar que nos manipulen, que nos engañen, que nos ignorantifiquen”, subraya.

Conocimiento deslumbrante de los clásicos

“Locuaz”, “simpático”, alguien “que vive el pensamiento y vive la palabra”, que tiene una memoria deslumbrante para los clásicos hasta el punto de que es capaz de recordar fragmentos completos de Platón en griego…. Así describen a Lledó sus amigos y ex alumnos que han colaborado con este programa de “Pienso Luego Existo”: el periodista y escritor Juan Cruz y el catedrático de Filosofía, Manuel Cruz, entre otros. Ellos explican el método de enseñar de Emilio Lledó (que tiene muy claro que el ser humano, el hombre, “es lo que la educación hace de él”) y sus aportaciones a la filosofía (una “permanente capacidad de interrogarse” y una “permanente capacidad de entusiasmarse”, resume Manuel Cruz). Él tiene claro, además de su pasión por el lenguaje y las palabras, que “el pensamiento es libertad”, que lo que hay que enseñar en las escuelas, en los medios, es “esa liberación de la mente”, al tiempo que defiende la globalización de la cultura, la desfanatización, la libertad, la capacidad de entender, de querer y de amar. Todo para proclamar que “la vida tiene tal fuerza, tal positividad que hay que creer en ella”.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Animales (15) Nuestros primos hermanos los bonobos


"Tanto el chimpancé común como el bonobo evolucionaron del mismo ancestro que dio lugar a los humanos, y sin embargo el bonobo es de las especies más pacíficas y no agresivas de mamíferos que hoy día viven en la tierra. Han desarrollado vías para reducir la violencia que permean toda su sociedad. Nos muestran que la danza evolutiva de la violencia no es inexorable"
Richard Wragham y Dale Peterson - Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence

Los bonobos representan la inteligencia emocional; los chimpancés la inteligencia tecnológica.
Isabel Behncke

Redes 133 - Nuestros primos hermanos los bonobos

¿Sabían que tenemos unos primos que consiguen vivir en paz, en sociedades gobernadas por las alianzas entre hembras, y armonizadas por el juego y la generosa práctica del sexo? Son los bonobos, con los que compartimos más del 98% de nuestro genoma. Eduardo Punset ultima su recuperación de fractura de tibia y peroné, y charla por videoconferencia con la primatóloga Isabel Behncke, que nos introduce en las vidas de los bonobos. Descubramos qué pueden enseñarnos sobre nuestra propia naturaleza. Y Elsa analizará hoy el papel del humor y el sexo en nuestras vidas.Cuenta para ello con la ayuda del cómico Berto Romero.

martes, 21 de febrero de 2012

Cerebro e Inteligencia (6) Aprender a ser geniales

Seguimos recurriendo a nuestros favoritos, esta vez Tres14 y el filósofo José Antonio Marina, para intentar comprender más sobre el pensamiento de los grandes genios, a los que no les basta su talento para desarrollar el enorme potencial de sus mentes conspicuas, sino que lo logran a través el esfuerzo y trabajo diarios, mayores que la media. Como explica Marina, el genio no sólo ha de nacer sino también hacerse, pues para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial, en el campo que sea son necesarias al menos 10.000 horas de práctica o estudio de esa materia. Alcanzar la genialidad en algo es pues un largo camino, en el que se ha de unir una determinación y fe en el trabajo tan imprescindibles como la inteligencia para la génesis del pensamiento genial.


Diez mil horas para ser un genioJosé Antonio Marina - La Vanguardia 29/07/2011

Diez mil es el segundo número mágico de la psicología. El primero en orden de descubrimiento fue “7+(-2)”. Lo descubrió George Miller e indica que el espacio de nuestra conciencia o de nuestra memoria inmediata sólo puede albergar entre cinco y nueve datos. Un número de teléfono está justo en el límite. Luego se descubrió que nuestra inteligencia es muy astuta, y que puede albergar más información chunkineando, palabra que me gustaría lanzar, y que significa “agrupar para simplificar”. Recordar 3 y 8 ocupa dos plazas del garaje de la memoria, pero 38 sólo una. ¿Y el número “diez mil” a qué se refiere?

Al número de horas que hay que dedicar a una actividad para llegar a dominarla. La edad me permite constatar que la psicología está sometida a modas. Hubo una época, heredera del romanticismo, en que la genialidad era un don de los dioses o de la Naturaleza, así, con mayúsculas, o de la locura. Luego, de una manera más prosaica, se atribuyó a la genética. Ahora, la balanza se inclina en dirección contraria. El esfuerzo, la tenacidad, el entrenamiento toman la delantera. La genialidad es una larga paciencia. Tal vez los primeros estudios que intentaron demostrarlo científicamente fueron los de K. Anders Ericsson en la Academia de Música de Berlín. Preguntó a los alumnos de violín excepcionales, a los medianos y a los peores cuántas horas practicaban. Los intérpretes de élite ensayaban muchas más horas. A los 20 años, habían acumulado ya sus diez mil horas. Hicieron después la misma prueba con pianistas profesionales y aficionados. Sucedía lo mismo. No había genios veloces. El neurólogo Daniel Levitin comenta: “La imagen que surge de tales estudios es que se requieren diez mil horas de práctica para alcanzar el nivel de dominio propio de un experto de categoría mundial, en el campo que sea”.

Los estudios sobre los grandes maestros de ajedrez confirman esa duración del aprendizaje. Michael Howe y Harold Schonberg han comprobado, al estudiar la precocidad de Mozart, que también cumple la ley. Durante toda su infancia y adolescencia trabajó como una mula. Bill Gates había conseguido pasar diez mil horas delante de un ordenador –lo que en ese momento era dificilísimo– antes de cumplir los 20 años. Einstein dijo: “No soy tan inteligente. Es que peleo con los problemas mucho más tiempo”. Cuando le preguntaron a Newton el secreto de su creatividad científica, respondió: “Noctedieque incubando”, dándole vueltas de día y de noche. Por su parte, la genética también se bate en retirada. No es un destino tan férreo como se pensaba. Avanza la epigenética, que se basa en el hecho innegable de que la expresión de los genes se da en interrelación con el entorno.

Es fácil comprobar que los grandes creadores tienen una colosal energía. Los antiguos los llamaban enérgoumenoi, hiperenergéticos. Todo esto me interesa mucho, sobre todo ahora que estoy revisando lo que se sabe acerca de la motivación, de la movilización y dirección de nuestra energía mental. Nuestra inteligencia es un prodigioso mecanismo para captar, elaborar y producir información. Pero vale muy poco si no está impulsada por una poderosa energía que mantenga su esfuerzo y la lance hacia metas altas y valiosas. El viejo Spinoza tenía razón: “La esencia del hombre es el deseo”. Y también la tenía el más viejo aún Agustín de Hipona: “Cada uno es lo que ama y cómo lo ama”. Sospecho que aquí está el secreto de la gran pedagogía. Todos los genios son amantes entusiastas de lo suyo... al menos durante diez mil horas.


Tres14 - Aprender a ser geniales

Albert Einstein está considerado el genio por antonomasia del siglo XX y uno de los grandes de todos los tiempos. Hace 100 años revolucionó la Física con sus teorías. Su conocimiento no es el único, pero abrió la puerta a la modernidad, al siglo XX y a la vida tal y como la conocemos hoy. Los avances de la Humanidad se producen a partir de las ideas de estos hombres geniales, o a las ideas geniales de algunos hombres que han invertido mucho tiempo y trabajo para ver más allá de su tiempo.

El genio, ¿nace o se hace? El cerebro de Albert Einstein ha sido a menudo un tema de investigación. Los científicos aún lo conservan esperando encontrar en él algún dato que explique la alta capacidad del padre de la teoría de la relatividad. Ciertamente, hay factores genéticos que determinan la inteligencia del individuo. También es verdad que nuestro cerebro, donde residen nuestras capacidades intelectuales entre otras, es de una plasticidad sorprendente y capaz de ser moldeado según la información y el uso que le demos. Con entrenamiento, un cerebro normal puede desarrollar habilidades propias de un genio. En cambio, sin ese entrenamiento, hasta un cerebro extremadamente inteligente puede atrofiarse. Uno de los retos de la neurociencia es saber más sobre estos procesos neuronales. ¿Cómo es biológicamente nuestra inteligencia? ¿Cómo funciona el aprendizaje o la memoria? ¿Cómo pensamos? Con Mara Diersen hablamos de las bases genéticas de la inteligencia; Javier de Felipe, Juan Lerma y Santiago Canals nos ayudan a comprender mejor el cerebro y cómo es biológicamente la capacidad intelectual; y con Elisa Álvarez analizamos los matices psicológicos de una figura genial.

Y además en este programa hablamos de:

Nikola Tesla es un genio indiscutible; el record Guinness de coeficiente de inteligencia lo tiene el coreano Kim Ung-Yongn; hay investigadores que creen que el cerebro ya ha llegado a sus límites; el último concurso mundial de cálculo mental lo ganó una niña de 11 años; el cociente intelectual varía con los años; de niño, el Nobel de Física William Shockley fue excluido de un estudio sobre genios porque su coeficiente era demasiado bajo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Cerebro e Inteligencia (4) Eduard Punset, el gran interrogador

En nuestra cuarta entrada sobre la inteligencia incorporamos la tercera entrega de la estupenda serie documental "Pienso, luego existo" que La2 realiza sobre algunas de las mentes más brillantes de nuestro país. Tras Marina y Savater, en este caso le toca a otro de nuestros pensadores de referencia desde hace años, Eduard Punset, un individuo muy especial y un fijo de nuestro blog donde tiene hasta etiqueta propia.
Fue abogado, economista y hasta político (desde 1978 hasta 1995), además de otras importantes ocupaciones y desde pequeño, como él cuenta, le gusta hablar con perdices y otros animalitos. Y como casi siempre somos una versión corregida y aumentada del niño que fuimos nunca ha perdido la virtud de la pregunta, la curiosidad por la alteridad y la conversación. Punset lleva años hablando con los mejores científicos y pensadores del planeta divulgando y acercando el lenguaje de las Ciencias en general y las Neurociencias en particular al gran público.

Aparte de haber escrito numerosos libros en los que muestra sus reflexiones sobre el amor, la felicidad, la mente y las emociones, la muerte, la inteligencia y demás ángulos del alma humana (y haber superado un cáncer de pulmón), lleva quince años presentando y dirigiendo el programa de divulgación científica Redes en el que ha ido entrevistando a los científicos y filósofos más preclaros del mundo, configurando todo una obra magna que trasciende las fronteras artificiales entre lo racional y lo emocional, entre las Ciencias y las Humanidades (áreas del conocimiento tradicionalmente estancas), integrando las más variadas ramas del pensamiento y el conocimiento de nuestra especie y nuestro mundo. Un tipo que a sus 74 años sigue dedicando su vida a aprender, a divulgar el conocimiento y a ser feliz. Grande Punset.


El gran interrogador

Texto RTVE.ES
06.10.2011
La biografía de Eduard Punset requeriría por sí misma varios folios, muchos de los cuales se rellenarían tan sólo con enumerar los numerosos premios que ha recibido por su labor como comunicador científico, y los que ha recibido “Redes”, el programa de divulgación científica de La 2 que presenta y dirige. Abogado y economista, Punset (Barcelona, 1936) reflexiona en este programa sobre las emociones, las grandes protagonistas de sus libros.
Precisamente, en el programa hace hincapié en que una de las grandes revoluciones que están empezando es, precisamente, la del aprendizaje social y emocional: “cómo aprender a gestionar, no a apartar o a destruir, sino a gestionar las emociones básicas y universales con las que uno viene al mundo”. Y que “uno de los descubrimientos cotidianos más importantes que la gente pasa por alto es el haber descubierto que hay vida antes de la muerte”.
Especialista también en temas de impacto de las nuevas tecnologías, para él lo más pernicioso es la incapacidad de adaptarse a una realidad nueva, de cambiar de opinión. Lo explica con maestría a sus nietas, a las que menciona en diversas ocasiones durante el programa: “si hasta la estructura de la materia cambia, de sólido a líquido, de líquido a gaseoso, ¿cómo no váis a cambiar vosotras de opinión?"
Un visionario "feliz"
Esa capacidad por preguntar siempre por lo nuevo es lo que lleva a Javier Tejada, catedrático de Física de la Universitat de Barcelona, que colabora en el programa y que ha escrito con Punset “El templo de la ciencia” a definirle como un “gran interrogador”. Y a su hija Elsa Punset, como “un hombre muy visionario”.
Esté en el ámbito en el que esté, comenta Elsa durante el programa, tiene capacidad de ver por dónde van a ir los tiros. Autora junto a su padre de “El viaje a la felicidad”, destaca que en ese libro él escribió “lo que de verdad, lo que a él se le ha dado muy bien durante años, que es la felicidad”. “Ha nacido con esa capacidad para gozar. Desde luego la felicidad es un tema que a él se le da bien”, resalta.
Ramón Perelló, su editor, por su parte, cree que la ciencia y los científicos necesitan a autores como Punset, por el gran esfuerzo de comunicación que hace para contar al mundo su trabajo. La ciencia que es, para Punset, “la utilización de un método que somete cualquier tesis a la comprobación y la prueba” y su gran aportación, “introducir la incertidumbre en un mundo de dogmas”.
Las tres cosas que ha aprendido

La felicidad ha ocupado buena parte de sus reflexiones, una felicidad que está “en la sala de espera de la felicidad”, como la belleza, sostiene, “es la ausencia de dolor”. Tiene claro además que elegiría si tuviera que escoger las tres cosas que ha aprendido a sus 74 años: la primera, “que hay muchas preguntas sin respuesta, y que eso se tiene que aceptar”; la segunda, “que hay vida antes de la muerte”; y la tercera, “que es bueno cambiar de opinión”.

“En contra de lo que cree mucha gente, es más fácil conocer a otro que conocerse a sí mismo”, concluye, y, como buen divulgador científico, le encuentra la explicación: “es lógico: el cerebro está acostumbrado a percibir lo que está fuera y no lo que tiene dentro; lo que tiene dentro no tiene ni idea”.

sábado, 1 de octubre de 2011

Cerebro e Inteligencia (3) Fernando Savater, el 'activista del pensamiento'

Segundo capítulo de la serie documental de RTVE "Pienso, luego existo", esta vez dedicada a uno de nuestros filósofos de cabecera, el gran Fernando Savater.

Fernando Savater, el "activista del pensamiento"

22.09.2011


"Yo creo que el mundo está lleno de genios, pero hacen falta maestros. A mí me gustaría ser más maestro que genio”. Así resume el escritor y catedrático en Filosofía, Fernando Savater, sus aspiraciones en la segunda entrega de Pienso, Luego Existo, el programa de La 2 que nos acerca, desde la reflexión sobre la erudición, a la figura de algunos de los pensadores del panorama español contemporáneo.

Savater, nacido en San Sebastián en 1947, autor de más de 80 obras alguna de las cuales ha sido traducida a más de 20 idiomas ("Ética para Amador”), es calificado en el programa como "un gran divulgador de la filosofía” (Juan Antonio Rivera, catedrático de Filosofía), un pensador que "siempre ha defendido un yo desculpabilizado” (Julián Sauquillo, catedrático de Filosofía del Derecho) y, sobre todo, como "un activista del pensamiento” (Eduardo Arroyo, pintor y amigo del protagonista).

Nietzsche, Cioran y Spinoza, sus influencias


Él, por su parte, cree que es "un señor que enseña solfeo en filosofía, y no uno de los grandes solistas”, con "un sentimiento cómico de la vida”, que defiende luchar por "la vida de antes de la muerte” y que cambia de forma de pensar pero que no deja de hacerlo, ya que se muestra fiel "al pensamiento, no a sus contenidos”, porque lo contrario sería ser fiel a los dogmas. En su pensamiento reconoce la influencia de Nietzsche, Cioran y Spinoza, pero también el entusiasmo vital que le ha proporcionado su infancia, de la que nacen sus dos grandes aficiones: la lectura ("si por leer pagasen, yo no haría otra cosa y además sería ahora multimillonario”) y las carreras de caballos.

Hacer accesible la filosofía


Savater explica, en Pienso, Luego Existo por qué practica lo que llama la "filosofía cívica” y recuerda que la filosofía está hecha de preguntas y no de respuestas. "Me gustaría una filosofía ligada a cosas como la educación, como la política, como la ciudadanía sobre todo. La filosofía nace en el mismo momento y en el mismo lugar que la democracia, y yo creo que es una cosa que conviene recordar y que a veces se olvida”.
Sus opiniones a menudo contra corriente, su vitalidad, su libertad, su estilo agudo, desenfadado incisivo, irónico, la importancia que otorga a la educación, sus reflexiones sobre la política y la Democracia ("que tiene que estar en manos de personas capaces de luchar y de esforzarse por ella”) le han convertido en uno de los pensadores más conocidos, derivado además de su afán de hacer accesible la filosofía a un gran público y por presentarla de modo que todo el mundo pueda entenderla.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Cerebro e Inteligencia (2) José Antonio Marina, la inteligencia bondadosa


Al final he llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. Ya sé que esto suena a ingenuo, pero todo lo que he escrito pretende demostrar científicamente que esa idea encierra la suprema sabiduría. Es decir nuestra salvación.
José Antonio Marina

Publicamos el primero de los capítulos del programa "Pienso, luego existo" de La2 dirigido por Luis Carrizo, que "retrata en primer persona a algunas de las mentes más brillantes los principales filósofos, ensayistas y pensadores del panorama español contemporáneo. A partir de sus propias voces, se realiza un recorrido por su vida y, sobre todo, por sus ideas. ",
como explican en su página web. Así conoceremos las inspiraciones que conforman el sustrato intelectual y las visiones del mundo de los grandes pensadores, filósofos y ensayistas que conforman la "intelligentsia" de nuestro país.

Comenzamos por uno de nuestros filósofos y ensayistas del alma humana de cabecera, José Antonio Marina,
explica los estímulos que le han llevado a embarcarse en sus distintas investigaciones filosóficas y que le han permitido comunicar sus ideas acerca de la inteligencia creadora, la inteligencia social o la inteligencia "bondadosa". En las próximas semanas veremos a otros imprescindibles como Fernando Savater o Eduard Punset, casi nada. Disfrutemos de ellos y sus mentes lúcidas e inquietas.



miércoles, 20 de abril de 2011

Cerebro e Inteligencia (1) Resplandores del espíritu, cadenas del entendimiento




La capacidad metafórica es el primer requisito del talento.

Eduardo Punset

La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto a la inteligencia. Hay inteligencias inconscientes -resplandores del espíritu, cadenas del entendimiento, misterios y filosofías- que tienen el mismo automatismo que los reflejos corpóreos, que la gestión que el hígado y los riñones hacen de sus secreciones.
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa



Primera parte. ¿Qué es la inteligencia?


Parece que el salto definitivo en la evolución de nuestra especie se dio cuando el cerebro humano desarrolló la capacidad para la metáfora y la creatividad, lo que se calcula sucedió hace entre 60.000 y 150.000 años. Este avance evolutivo primordial significó adquirir la capacidad de planear con antelación, de abstraer ideas, de aprender con rapidez, de procesar información y conceptos complejos, de ver e interpretar las relaciones a veces ocultas entre las cosas, las personas y sus actos, de saber mirar dentro de uno mismo, ver más allá de lo evidente para comprender mejor el entorno, de utilizar nuestro cuerpo y cerebro para nuestra expresión hacia los demás, para mejorar nuestros procesos internos, gestionar nuestras emociones, sentimientos e instintos, desarrollar nuestras capacidades multitarea y tratar o aceptar nuestras vulnerabilidades.

La inteligencia no es una cifra inamovible con la que se nazca, los genes nos proporcionan unas
memorias de almacenamiento y procesal básicas, un disco duro y una RAM de serie, pero la inteligencia es mucho más que eso, son una serie de potenciales de abstracción, gestión y memoria, que iremos desarrollando y potenciando más o menos a lo largo de la vida según el entorno cultural en el que crecemos vaya moldeando nuestra personalidad, al final suponemos que la inteligencia se refleja en nuestra capacidad de ser felices, de disfrutar, de amar y resolver problemas según la vida te va dando cartas, las buenas y las malas, para hacer nuestra vida (y la de los que nos importan) mejor y más disfrutable.

Parece claro que los tradicionales métodos de medir la inteligencia han quedado superados sobre todo desde que en 1994 el psicólogo estadounidense Howard Gardner (este señor de al lado de cara tan simpática) desarrolló la Teoría de las Inteligencias Múltiples que superaba las limitaciones de los tradicionales métodos de medición del CI (o cociente intelectual ) que durante años hicieron predominante la inteligencia lógico-matemática en la antigua concepción unitaria de "inteligencia".
Las ocho inteligencias que define esta teoría son la inteligencia lingüística (usar las palabras de manera adecuada para expresarse), inteligencia lógico-matemática, inteligencia musical, inteligencia espacial (capacidad de distinguir aspectos de los objetos como color, línea, forma, figura, espacio y sus relaciones en tres dimensiones), inteligencia corporal-cinestésica (capacidad de controlar y coordinar los movimientos del cuerpo y expresar sentimientos con él), inteligencia intra-personal (capacidad de conocerse a uno mismo, imbricada con las emociones), inteligencia interpersonal (capacidad para entender a los demás seres vivos con empatía, conformando con la intrapersonal la célebre inteligencia emocional) e inteligencia naturalistica (percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer las diferencias y semejanzas entre ellos, capacidad característica de científicos y naturalistas).

Todos tenemos una combinación en los desarrollos de estos factores de inteligencia y del equilibrio de esa combinación dependerá nuestra adaptación al mundo y las circunstancias vitales en las que vivimos. Un ejemplo claro lo encontramos repasando la historia de Grigori Pearlman, el mayor genio vivo de las matemáticas, la única persona en solucionar esa cosa indescifrable llamada Conjetura de Poincaré y por tanto epítome de la inteligencia lógica-matemática. Pearlman es un tipo huraño y ensimismado que malvive en un apartamento en las afueras de San Petersburgo con la pensión de su madre y lo que saca dando clases de matemáticas, sin apenas relacionarse con sus colegas de profesión (atorado por los manejos y triquiñuelas del mundo académico), absorto en su cerebro y su ciencia, metódicos y cartesianos.Para entender mejor algo tan abstracto e inaprensible como la inteligencia, como siempre nos hacemos de acompañar de los buenos y dejamos que sean el escritor Alejandro Gándara (que nos habla del libro "El laberinto de la inteligencia" de Hans Magnus Enzensberger, autor del preclaro ensayo El perdedor radical), el filósofo José Antonio Marina y uno de nuestros programas de cabecera, Tres14, quienes den contornos a este esplendor del cerebro humano (y animal), generado en la conexión de miles de millones de neuronas, en un infinito centelleo de sinapsis en el que ocurre casi todo lo que somos.



¿Qué es la inteligencia? - Alejandro Gándara


28 de diciembre de 2009.- Hans Magnus Enzensberger realiza en 'El laberinto de la inteligencia' (Anagrama) un recorrido por la historia de la cuantificación de la inteligencia y los famosos test con sus cocientes y coeficientes, llegando a la conclusión (bastante extendida, por otra parte) de que esas pruebas no miden nada o por lo menos no lo que dicen medir.

La idea de cuantificar la inteligencia apareció en un momento de proliferación de los sistemas métricos, hacia 1912, y en vísperas de la Gran Guerra, como respuesta a la incapacidad para identificarla y definirla: hay tantas acepciones que puede decirse que llamamos inteligencia a cualquier cosa y a ninguna. Lo más aproximado sigue siendo aquello de san Agustín de que si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si me piden que lo explique, ni idea.

En realidad, la inteligencia no es una habilidad, ni una capacidad, sino un sistema complejo de aprehensión y simbolización del medio, muy refractario a ser comprimido en magnitudes lineales. A lo que hay que añadir, en consecuencia, que su denominación e identificación es variable según las culturas. A un inuit nosotros le parecemos lo contrario de inteligentes, créanme.

El caso es que casi siempre que algo se escapa de la comprensión de nuestro modelo psicótico y científico (y sin psicosis no hay ciencia de la nuestra) surge alguien experimentando con artefactos de cuantificación. 'Como no lo entiendo, lo mido' es la divisa de esta enfermedad impotente para describir el comportamiento de un átomo, pero sobrada para construir bombas atómicas.

Cuando el psicofisiólogo Alfred Binet diseñó y llevó a efecto los primeros ejercicios para puntuar la inteligencia en niños llegó a la conclusión de que "la escala no da ninguna medida de la inteligencia, ya que las cualidades no son aditivas y, por tanto, no se pueden medir como superficies lineales". A pesar de que el padre del asunto concluyó de esta manera los esfuerzos que, por otro lado, le dieron fama, sus sucesores se pasaron la evidencia por el forro del portafolios. Así William Stern, quien bautizó al 'coeficiente de inteligencia' en 1912, o el más conocido y reciente Hans Jürgen Eysenck (cuyo test se aplica hoy en día a millones de personas en todo el mundo), se dedicaron a propagar una fe que nadie tenía, cosa muy frecuente entre los apóstoles.

Por resumir lo tonto del negocio, un 'test de inteligencia' presupone conocimientos previos, a menudo de tipo escolar o social; no admite más de una respuesta (cosa que en el mundo real no pasa); ofrece toda la información para resolver el problema (cuando reunir información en la vida forma parte de la solución); y carece por completo de dimensión temporal, ya que el test ignora que cada decisión que tomamos trae consecuencias en el futuro. En fin, no alardeen de su coeficiente (o cociente) no vaya a ser que los tomen por bobos. Y, por supuesto, no se preocupen por el de los niños (excepto si es muy alto).


José Antonio Marina

Mi fascinación por la capacidad creadora de la inteligencia humana me ha llevado a estudiar apasionadamente sus mecanismos, los secretos de esa maravillosa energía que consiste en poder hacer mucho con muy poco. Un artista con un lápiz y un papel puede transfigurar la realidad. Un científico con una tiza y una pizarra desvela sus secretos. En este alegre dinamismo intervienen los conocimientos, las emociones, la voluntad, el lenguaje, la conversación con los demás. Y a todos estos temas he dedicado la atención que he podido. Al hacerlo, me llevé una sorpresa. La inteligencia inventa muchas cosas, resuelve muchos problemas, pero su creación más altanera es la invención de modos nobles de vida. Su meta es hacernos pasar de ser animales listos a ser animales dotados de dignidad. Estamos refiriéndonos como especie. Esta suprema inteligencia no es teórica, sino práctica. No culmina en el conocimiento, sino en la acción. Por eso, me ha interesado cada vez más la inteligencia práctica, la que se adentra en los dominios donde nos jugamos la vida: la convivencia, la educación, la economía, el derecho, la política, la religión…

(...) Al final he llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. Ya sé que esto suena a ingenuo, pero todo lo que he escrito pretende demostrar científicamente que esa idea encierra la suprema sabiduría. Es decir nuestra salvación.

Tres14 - Inteligencia

En Ciencia se entiende por inteligencia la capacidad de representar y manipular información. No implica un comportamiento determinado, sino el poder comprender el por qué de las cosas. Lo que nos hace inteligentes no es la cantidad de información que tenemos, sino la capacidad de raciocinio. Los genes determinan nuestra inteligencia, pero también influye el entorno en el que crecemos. Si Einstein hubiera nacido en África su cerebro habría sido el mismo, pero las condiciones culturales no le hubieran llevado a desarrollar la teoría de la relatividad. ¿Hay una inteligencia general para todo? ¿Sirven los tests para medirla? Tres14 entrevista a Antoni Castelló, psicólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona, que nos explica todo lo que la Ciencia ha descubierto de la inteligencia.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

Infancia (8) Infancia, educación y creatividad


Publicamos la séptima de nuestras entregas dedicadas a la infancia, etapa seminal en el desarrollo del carácter del individuo. Muchos de los reflejos de nuestra personalidad, muchas de nuestras querencias emocionales, el desarrollo de nuestras capacidades intelectuales y también de nuestros complejos y traumas más íntimos, nuestras orientaciones culturales e incluso sexuales que años después, cuando seamos adultos, disfrutaremos o padeceremos, que asoman y se van conformando de forma indeleble en nuestro carácter están basados en las experiencias y aprendizajes que tenemos en nuestra infancia.


Es por tanto evidente recalcar lo importante que es dotar al niño de un entorno familiar adecuado que despierte la inquietud y curiosidad por el mundo que le rodea e influye, un entorno familiar fértil y a ser posible sin tabúes que prepare al niño para el aprendizaje en la escuela y que no delegue completamente su responsabilidad educativa en un profesorado algunas veces inadecuado y casi siempre desbordado.



Por eso ha de ser el propio entorno familiar el que estimule el talento individual innato de cada niño, sus potenciales intelectuales, la carga genética que todos traemos de serie. En el estupendo blog En buena lógica, del escritor Ignacio García-Valiño éste incide en la importancia del talento y la curiosidad de cada niño:


(...) Estatus, dinero…. ¿Y el talento? Como prueba de que la escuela no determina el futuro, la historia de la ciencia está llena de casos de genios autodidactas que fueron malos estudiantes en el colegio -es conocido el caso de Einstein- o que estudiaron en pésimas escuelas, como Michael Faraday, descubridor de la Ley de Inducción Electromagnética. En sus memorias reconoce que fue un niño arrabalero, de familia pobre y que con trece años, sin saber apenas leer ni escribir, hubo de abandonar la escuela para trabajar como aprendiz encuadernador. Su acceso al libro fue lo que le arrastró a la lectura y marcó su autodidactismo. Los libros lo salvaron de la ignorancia y lo auparon hasta la élite científica, como director de la Royal Society de Londres. Y aquélla Inglaterra victoriana sí que era una sociedad clasista.

En esta competición a ver quién ofrece mayor calidad educativa, a menudo se olvida que la enseñanza no produce aprendizaje, sólo lo facilita. Es obvio que para quien no tiene una disposición a aprender, no hay maestro que valga, y lo contrario: quien tiene curiosidad de verdad, aprende hasta en las letrinas de la cárcel. Así pues, si la educación ayuda, pero no forja, tal vez estamos exagerando la importancia de las escuelas, o concediendo una responsabilidad excesiva al papel del profesor, como si no hubiera otras variables en la ecuación para inferir el resultado. Quien tiene verdadera curiosidad hace de la labor de un docente un auténtico placer. Y la curiosidad no se enseña.

"Venganza tardía (Tres caminos a la escuela)", el último libro de Ernst Jünger habla también de todo esto y narra cómo el camino a la escuela (o lo que se ve por la ventanilla del autobús cada mañana) es tan importante como la escuela en sí misma. Jünger también fue un mal estudiante en la escuela, probablemente sus profesores lo considerarían mal capacitado para menesteres intelectuales, como escribir libros.

Así pues, también es necesario, es vital, que en ambos entornos educativos los niños puedan estimular su imaginación y explorar su incipiente pensamiento abstracto. Y que en casa encuentren videojuegos, claro, pero también libros o comics, porque la literatura te lleva a sitios donde nadie más te lleva. Para profundizar en el apasionante tema de la educación y la creatividad en la infancia, les ofrecemos la célebre charla ¿Matan las escuelas la creatividad?, que en febrero de 2006 dio el experto en creatividad Sir Ken Robinson en las Jornadas TED (Technology, Entertainment, Design) que se celebran anualmente en Monterey, California.

En esta interesante charla, Sir Ken Robinson afirmaba que el sistema educativo vigente en nuestras sociedades fomenta el camino continuo desde la guardería a la Universidad (o la injustamente minusvalorada Formación Profesional) lo que nos prepara para ser buenos trabajadores especialistas, pero no pensadores creativos que tiendan puentes entre distintas disciplinas.Además esto fabrica decenas de miles de nuevos diplomados y licenciados universitarios cada año que al no poder ser absorbidos por el mercado de trabajo generan lo que llama un "proceso académico de inflación" que devalúa la titulación universitaria al requerirse un máster donde antes había sólo era necesaria una licenciatura y un doctorado donde era suficiente con el máster. Y España es la demostración palmaria de ello con miles de titulados universitarios engrosando las listas del paro o volviendo a tomar los libros para estudiar una oposición.
"Todos tenemos talento. El punto de inflexión es cuando amas aquello que haces. El talento tiene que ver con descubrir aptitudes naturales y alentarlas activamente. Tengo el convencimiento de que la mayoría de adultos no tienen ni idea de cuáles son sus talentos, que dedican sus vidas a trabajos que quizás les parecen interesantes, pero no sienten pasión". Sir Ken Robinson
Sir Ken Robinson reivindica la necesidad de una educación centrada en la capacidad creativa de las personas, en el que se de tanta importancia a los conocimientos preestablecidos como a estimular su imaginación y su capacidad de innovación para que empiecen desde pequeños a pensar por sí mismos, sin miedo a equivocarse, miedo que es lo que nos atenaza cuando somos adultos.
"La inteligencia es dinámica. Si nos fijamos en las interacciones de un cerebro humano, la inteligencia es muy interactiva. El cerebro no está dividido en compartimentos. De hecho, la creatividad, que defino como el proceso de tener ideas originales que tienen valor, la mayoría de las veces no se logra sino por medio de la interacción de diferentes formas disciplinarias de ver las cosas."
Se nos educa fuera de nuestra propia creatividad personal y por eso la vamos perdiendo en favor de un aprendizaje convencional que sigue siendo necesario pero que también nos nivela y uniformiza. Es esa inteligencia interactiva y transversal la que ha de fomentarse en la infancia, tanto en la escuela como en el entorno familiar, para poder sacar de nuestros niños lo mejor de ellos mismos. Si es que lo tienen, claro.

Terminamos pues este post sobre la infancia y la creatividad con un texto preclaro de Henri Micheaux que ya utilizamos en nuestra primera y lejana entrada sobre ese periodo de asombros y aprendizajes que es la infancia y que viene al pelo.

"A los ocho años Luis XIII hace un dibujo parecido al que hace el hijo de un caníbal de Nueva Caledonia. A los ocho años, tiene la edad de la humanidad, tiene por lo menos doscientos cincuenta mil años. Algunos años más tarde los ha perdido, no tiene más que treinta y uno, se ha vuelto un individuo, no es más que un rey de Francia, atolladero del que no saldrá nunca"