lunes, 23 de septiembre de 2013

Infancia (19) Infancia en guerra 3 Aprender del odio, jugar a la guerra


"Los niños que viven en un contexto de violencia son generadores de violencia" (...) Esto no es un juego. Reproducen con naturalidad la inmolación. Interiorizar la violencia tiene un efecto nefasto en el corto, medio y largo plazo"

En nuestra anterior entrada sobre la infancia publicábamos el testimonio de algunos de los niños que sobreviven (esperamos que aún lo hagan) en la ciudad siria de Homs. Pero es difícil que incluso viendo este tipo de vídeos podamos realmente imaginar lo que supone ser un niño en otras zonas del mundo en las que la guerra y los fundamentalismos impregnan de miedo y experiencias traumáticas los permeables cerebros de miles de niños que en ellas viven. Y nos estremecemos con la pasmosa naturalidad con la que los niños incorporan a sus vidas y sus juegos los horrores de la guerra. Hace un par de años apareció un impactante vídeo en el que unos niños probablemente pastunes (no se sabe si paquistaníes o afganos) jugaban a un juego macabro en el que recreaban con escalofriante realismo un atentado suicida contra un check-point. Su visión conmovió las conciencias de miles de personas en el llamado primer mundo, suponemos que la tendrían al menos un día, o dos, más en la mente antes de no volver a pensar en ello.


Un artículo sobre este vídeo reflexiona sobre el enorme impacto psicológico de la guerra sobre los niños y el documental "Infancia talibán" lo contextualiza dentro de la guerra eterna y el radicalismo que se viven en las zonas dominadas por los talibán paquistaníes y afganos (en este caso el valle del Swat) y que infectan el alma de sus nuevas generaciones de ignorancia, odio y fundamentalismo. En la segunda parte del post, un informe de Amnistía Internacional y el documental "Niños soldado" nos recuerdan cómo reclutar niños y niñas soldados sigue siendo una práctica habitual en muchos conflictos que se siguen produciendo lo largo de todo el mundo. La guerra y la violencia se tornan para ellos una situación normal, la única que muchos menores han conocido. Para terminar, un artículo del blog '3500 millones' nos devuelve la esperanza a través de la historia de Radio Wu, una emisora ugandesa que logró con sus mensajes que hasta 1500 niños soldado desertaran del Ejército de Liberación del Señor (LRA) del infame Joseph Kony. 


Primera parte - Aprender del odio, jugar a la guerra



El juego macabro del atentado suicida

El País Internacional / Fernando Navarro - Madrid 01/03/2011

Un niño, vestido de negro y ataviado con un pañuelo que le cubre la cabeza y la cara, empieza a despedirse uno por uno de sus amigos, algunos apenas superan los cinco años. Les da un abrazo y después se encamina hacia otro sitio donde le espera otro chico vestido de blanco que le prohíbe el paso. Parece actuar como un guardia de seguridad. El supuesto atacante de negro se para y, en unos segundos, se lanza hacia el niño de blanco y otros chavales. Un puñado de arena salta por los aires a modo de explosión. Es, sencillamente, la recreación de un atentado suicida. Es el vídeo de un juego macabro. Un minuto y 15 segundos de imágenes que, desde hace una semana, ha estado circulando por Pakistán y ha alarmado a la organización Save The Children, con sede en el país centroasiático, según informa The Guardian. La ONG denuncia la violencia a la que están expuestos los niños en la región fronteriza entre Pakistán y Afganistán, uno de los grandes bastiones de las milicias talibanes. 

"Los niños que viven en un contexto de violencia son generadores de violencia", afirma Yolanda Román, portavoz de Save the Children en España. "Cuanto más fuerte sea la exposición a la violencia, más se interioriza un patrón y un modelo de relaciones humanas equivocado". La grabación, de la que se desconoce la autoría y que parece recoger a niños de etnia pastún aunque no ha sido confirmado, muestra el impacto psicológico de la violencia de los radicales islamistas en los más jóvenes. "Esto no es un juego. Reproducen con naturalidad la inmolación. Interiorizar la violencia tiene un efecto nefasto en el corto, medio y largo plazo", señala Román.

Después de casi una década de conflicto armado, toda una generación de niños afganos sufre las consecuencias de la guerra y el extremismo talibán. Recientemente, Naciones Unidas (ONU) pidió a los líderes talibanes moderados, que forman parte del proceso de reconciliación nacional en Afganistán, que dejen de reclutar niños como futuros terroristas. La representante especial del organismo para los Niños en los Conflictos Armados, Radhika Coomaraswamy, señaló que tienen una idea de la situación de los menores en esa zona a través de los relatos de los niños soldados capturados o que se rinden a las fuerzas gubernamentales y a las tropas internacionales que las apoyan. Durante su estancia en Afganistán, Coomaraswamy firmó un plan de acción con el Gobierno de Karzai para poner fin al reclutamiento de menores en las fuerzas armadas y a proteger a los niños afectados por el conflicto.

Documental - Infancia talibán

La periodista pakistaní Sharmeen Obaid-Chinoy emprende un peligroso y arriesgado viaje a través de su país para investigar cómo la guerra contra el terror está creando una generación de niños terroristas en su tierra. Conoceremos de cerca la creciente y preocupante popularidad de una nueva rama de la insurgencia talibán formada por jóvenes reclutas, apenas niños y niñas que están dispuestos a dar hasta su propia vida llevando a cabo ataques suicidas. En este esclarecedor documental escucharemos las duras declaraciones de estos jóvenes, voces llenas de rencor de una generación brutalizada y radicalizada por la pobreza, la falta de educación y las terribles experiencias de la guerra. Además, la periodista no duda en infiltrarse en las zonas más conflictivas para conseguir declaraciones de miembros del ejército pakistaní y las milicias pro talibanes en una búsqueda por encontrar las razones y consecuencias del preocupante ascenso de los talibanes en Pakistán..



Segunda parte - Los niños soldado en el mundo

Niños y niñas soldados

Millones de niños y niñas se ven envueltos en conflictos de los que no son simplemente testigos, sino el objetivo. Algunos caen víctimas de un ataque indiscriminado contra civiles, otros mueren como parte de un genocidio calculado. Otros sufren los efectos de la violencia sexual o las múltiples privaciones propias de los conflictos armados que los exponen al hambre o a las enfermedades. Igualmente chocante resulta el hecho de que miles de jóvenes son explotados como combatientes.

Definición de niño/a soldado

Se entiende por niño/a soldado toda persona menor de 18 años que forme parte de cualquier fuerza o grupo armado, regular o irregular, con independencia de las labores que desempeñe; y toda persona menor de 18 años que acompañe a esas fuerzas o grupos cuando ello no sea en condición de familiar. Se incluye también en esa categoría a las niñas y a quienes se haya reclutado con fines sexuales o para obligarlas a casarse. (Principios de Ciudad del Cabo, 27 de abril de 1997).


¿Cuántos hay?

No hay cifras fiables del número de menores soldados en el mundo. Según datos de Naciones Unidas, en 2012 al menos se reclutaban niños y niñas soldados en 17 países como Afganistán, Sudán, República Democrática del Congo, Malí o Yemen. 

¿Por qué se reclutan?

Reclutar niños y niñas soldados es una práctica habitual en el seno de muchos conflictos en todo el mundo. La guerra y la violencia se tornan una situación normal, la única que muchos menores han conocido. Estos niños y niñas han sido secuestrados en la calle o sacados de las aulas. Otros muchos son forzados a salir de sus casas a punta de pistola, mientras unos padres angustiados los ven partir sin poder hacer nada. Otros son reclutados mientras juegan cerca de casa o caminan por la carretera. Pero, lamentablemente, los niños y niñas aportan "ventajas adicionales" a las bandas armadas, ya que obedecen sin rebelarse ni organizarse, son fácilmente reemplazables, además de fanáticos en su adhesión al grupo. Son obligados a servir como señuelos, detectores de la posición enemiga o guardaespaldas de sus comandantes. A menudo, también se utiliza a niños y niñas como porteadores de la munición, el agua o los alimentos y como cocineros. Las niñas cumplen una función de objeto sexual para los adultos. Se sabe que algunos menores se han unido a las fuerzas del ejército o la milicia de forma "voluntaria" ante la desintegración de las familias a causa del conflicto, las condiciones de pobreza y el desplome de servicios sociales básicos, como los centros educativos y de salud. 

El reclutamiento y la utilización de menores de 18 años en los conflictos armados constituyen graves violaciones de derechos humanos, cuyos responsables deben comparecer ante la justicia. Los reclutadores suelen enviar a estos menores a campos de entrenamiento junto a los adultos para que reciban formación y adoctrinamiento militar. Algunos ex niños y ex niñas soldados a los que se había desmovilizado dijeron a Amnistía Internacional que temían volver a sus comunidades porque sus vecinos habían presenciado su participación en los crímenes. El coste personal que deben pagar los niños y las niñas soldados es muy elevado: insensibilizados y profundamente traumatizados por la experiencia vivida, a muchos les siguen asediando los recuerdos de los abusos que presenciaron o que les obligaron a cometer. En el caso de las niñas soldados, además de la brutalidad y el trauma derivados de las violaciones en sí, estas agresiones sexuales pueden producirles lesiones físicas graves y embarazos forzados, así como contagio de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. 

Documental - Niños soldado 




Tercera parte - La redención

Radio Wa, la voz que liberó a los niños soldado de Uganda

Blog 3500 millones / Gonzalo Fanjul 14.03.2011

Desde el norte de Uganda, en una de las regiones más pobres y convulsas del planeta, recibimos la primera colaboración de Alberto Eisman, director de Radio Wa y coautor del blog En clave de África.

Es difícil describir la situación que se vivía en la región de Lira, al norte de Uganda, en el año 2006. El llamado Ejército de Liberación del Señor (LRA), después de haber comenzado sus violentas actividades en Acholi, en los confines que separan a Uganda del Sudán, llegó a esta zona y atacó con inusitada virulencia a los Lango, una tribu que tradicionalmente había mantenido una estrecha relación con los Acholi. Los miembros de esta guerrilla –sin otra agenda política que poner en jaque al gobierno y a su ejército sembrando el terror- comenzaron a atacar indiscriminadamente poblados haciendo todo el daño posible: mataban a los viejos y a los niños pequeños, secuestraban, cortaban a sangre fría orejas, labios, narices u otros miembros.


Esta terrible situación causó un éxodo masivo. Los pobladores huyeron de las zonas rurales más aisladas e indefensas y durante años se refugiaron, hacinados, en campos de desplazados. Tan solo alrededor de Lira, la ciudad principal de la zona, había diez campos, lo que duplicó el número de habitantes de la ciudad. De todos los afectadas por esta trágica situación, los que más sufrieron fueron los más jóvenes, niños y niñas que eran sistemáticamente arrancados de sus familias y forzados a convertirse en guerrilleros. A los varones los entrenaban para ser niños soldado; si eran niñas, se convertían en esclavas sexuales de la oficialidad.

Para obrar la maléfica transformación de unos inocentes niños en agentes del terror lo más efectivo era someterles a salvajes pruebas que les hicieran despojarse de cualquier atisbo de humanidad o de compasión: una vez secuestrados, los rebeldes juntaban a los que procedían del mismo pueblo. Elegían a dedo a uno del grupo y obligaban al resto a matar al elegido, si no, serían ellos los que morirían. Así creaban un tremendo estigma en el subconsciente de estos niños para que nunca tuvieran la tentación de regresar a sus comunidades, sintiéndose profundamente avergonzados de haber asesinado con sus propias manos a un amigo o un compañero de juegos. Era un procedimiento diabólicamente sofisticado para cerrar la puerta a una futura reintegración en la sociedad civil.

Ante esta dramática situación, Radio Wa (Nuestra Radio), una emisora comunitaria propiedad de la Iglesia Católica, creó un programa dedicado exclusivamente a los niños soldado. En la emisora sabían que los niños raptados conseguían en sus razzias por los poblados pequeños transistores con los que escuchaban clandestinamente este programa semanal que vino a llamarse “Karibu” ("Bienvenido", en suajili). La señal de esta emisora llegaba incluso a los confines con Sudán y por tanto era fácil para los niños soldado sintonizar el programa, aunque con ello arriesgaban sus vidas si eran descubiertos escuchándolo.

Los contenidos eran simples mensajes de esperanza y de humanidad para personas retenidas contra su voluntad que habían visto y cometido las mayores atrocidades. A veces eran simples mensajes como “Fulano, tus padres te saludan y te echan de menos”, y demás noticias familiares. La intención de estos mensajes no era otra que restablecer los lazos emocionales y afectivos rotos por los rebeldes y sus violentas acciones. Más tarde, jóvenes que habían escapado de sus captores, antiguos niños soldado, se incorporaron al programa y comenzaron a dar testimonio de cómo eran sus vidas después de volver. Les explicaban a los niños todavía en cautiverio que nadie había tomado venganza contra ellos, que habían vuelto a sus estudios y así animaban a sus compañeros si no a escapar por lo menos a mantener viva la esperanza.

Antiguo niño soldado en la radio

Radio Wa nunca supo exactamente la magnitud del impacto de este programa. Una noche de 2002 un comando guerrillero destruyó la radio, lo cuál se interpretó como un claro indicio de que la emisora les estaba haciendo daño a los rebeldes. Posteriormente, cuando empezaron las conversaciones de paz, el líder del LRA Joseph Kony puso como condición para su inicio que se retirara de las ondas el programa Karibu. Otra inequívoca señal.

Fue hace pocos meses cuando, a través de un portavoz del ejército, nos enteramos de que, según los interrogatorios que se llevaban a cabo regularmente a los niños que escapaban de los rebeldes y que incluían en sus preguntas la razón por la que arriesgaron su vida y salieron de la selva, unos 1.500 niños confesaron haber escapado simplemente movidos por el programa Karibu, el cuál les dio la fuerza necesaria para arriesgar sus vidas y atreverse a salir de aquella situación. De esta manera, una simple emisora de radio con apenas medios técnicos, destruida pero no rematada, pudo desbaratar la espiral de odio y violencia que durante años atenazó la vida de unos inocentes. No ha habido distinción ni galardón mejor que comprobar cómo, a pesar de todo, la esperanza y el coraje humano no salieron derrotados en esta guerra.

Hoy, Uganda del Norte está tratando de superar aquel dramático pasado y el programa ha sido reemplazado por otro, centrado en los problemas de la resolución de conflictos y titulado Peacemaker (Pacificador). Es una parte más de una completa programación con la que Radio Wa sigue apoyando a aquellos que más lo necesitan en Uganda.

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