sábado, 1 de noviembre de 2008

Odio (1) ¡Matadlo, matadlo!

Antipatía o aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

La siempre aconsejable última página del diario catalán La Vanguardia, La Contra, entrevista a la consejera demócrata Carol Darr, que dibuja un inquietante panorama sobre algunas vilezas morales que anidan en los ¿cerebros? de muchos de sus compatriotas.



"Al oír ´Obama´, miles de tipos gritan: ´¡Matadlo, matadlo!´"
La edad es una opción y yo soy más joven que usted. Crecí en Memphis:
iglesias, limpieza y Elvis. Mi marido es periodista político: no nos
aburrimos. Soy profesora de Administración Pública en la Escuela
Kennedy de Harvard. No subestime el poder del odio en Estados Unidos
- ¿Teme por la integridad de Obama?
Nos preocupa la posibilidad de un atentado: a los ciudadanos y al
servicio secreto, que, por primera vez en la historia, ha protegido a
un candidato incluso durante las primarias.
- De momento hace bien su trabajo.
Ha habido un par de incidentes que no se han aireado respecto a
algunos fanáticos comprando armas... Pero el peligro está ahí y más
mientras Obama sea un candidato.
Kennedy y Reagan, no hace tanto, fueron tiroteados siendo
presidentes.
Pero el candidato debe trabajar entre multitudes incontrolables, y un
loco cualquiera puede conseguir su objetivo...
Ojalá sea sólo un temor...
... Las consecuencias para Estados Unidos y el mundo serían
devastadoras, pero lo que ya es devastador y muy preocupante es el
linchamiento moral que sufre Obama.
¿Sólo en internet?
En internet, desde luego, donde circula material nauseabundo sobre él,
pero sobre todo en algunos mítines. Yo he visto cómo, cuando se
pronunciaba su nombre, miles de individuos chillaban al unísono: "Kill
him! Kill him!" (¡matadlo!, ¡matadlo!).
Poco edificante, desde luego.
Lo que resulta desmoralizador es pensar que esos miles de personas se
sienten seguros pronunciando amenazas de muerte en público. Tengo un
hermano republicano que me hace llegar el material que circula en
internet incitando al magnicidio.
La red es mar, río y alcantarilla.
Lo que consigue mi hermano es que vea que hay un país ahí afuera que
odia y que sigue viendo a Obama como un marciano.
¿Y el efecto Bradley?
Me preocupa menos que el odio racial que subyace bajo esa capa de
aparente corrección política sobre la que avanza Obama y su gente...
Este país parece haber cambiado mucho en apariencia, pero...
¿Pero el efecto Bradley aún pesa?
Los politólogos han demostrado que cada vez menos. Como sabe, el
efecto Bradley alude a la diferencia entre las encuestas, donde se
tiende a aparecer políticamente correcto ante el encuestador, y el
voto real, secreto, donde sí se manifiesta el prejuicio racial.
Bradley perdió por el color de su piel.
Era afroamericano y aunque iba por delante en las encuestas, perdió
para gobernador de California por ese racismo enmascarado. Existe,
pero en cada elección desde las de Tom Bradley en 1982 ha ido
menguando.
¿No habrá un efecto Obama?
Tal vez hubiera pesado más en otro contexto, porque es cierto que a
Obama - y no sólo por afroamericano-, sus maneras y actitud le hacen
parecer distante, exótico para el norteamericano medio, pero, tal como
está la economía, la mayoría de los ciudadanos que la sufren hubiera
votado a un alienígena con tal de castigar a los republicanos.
¿Qué ha sido nuevo en esta campaña?
Ha sido la más larga que recuerdo: demasiado larga para todos. Y
también ha sido por primera vez una elección abierta de verdad.
¿No lo eran las anteriores?
Mire, yo empecé en las campañas hace 30 años: ya fui consejera de
Carter. Hasta esta campaña, había tres grupos de presión que decidían:
los grandes donantes; los profesionales de las campañas - yo fui una
de ellos- y los grandes grupos de comunicación.
¿Cómo decidían?
Antes de los caucus de Iowa, ya habían apuntado quién tenía y quién no
tenía posibilidades, y le aseguro que, tal como eran de conservadores,
es muy difícil que un candidato como Obama hubiera pasado su filtro.
¿Qué ha cambiado?
Internet ha permitido a los ciudadanos saltarse a esos intermediarios
y decidir con su dinero, con miles de pequeñas donaciones, quién
querían que fuera su candidato. Y le aseguro que Obama sin internet no
hubiera llegado hasta aquí.
¿Ahora las campañas son más abiertas?
Con Carter, por ejemplo, en total trabajamos unas 150.000 personas
desde los candidatos hasta el último pegacarteles. Ahora participan
millones de ciudadanos.
¿Los grandes lobbies ya no deciden?
Influyen, pero ya no deciden. Ya no deciden solos ni los medios, ni
los grandes donantes ni los tecnócratas del voto.
¿Qué hubiera pasado sin internet?
Obama, aun siendo senador y una gran promesa demócrata, con una
trayectoria sólida, por otra parte como la de otros políticos
afroamericanos que lo han precedido, no hubiera superado el escrutinio
de esos grandes grupos que controlaban las donaciones y él mismo no se
hubiera metido en el lío para después quedarse sin dinero y perder.
¿Hay recién llegados a la campaña?
Ya había miles de ciudadanos que detestaban ese círculo de influencias
e intereses que tenía secuestrado el sistema de elección de
candidatos, pero se hubieran limitado a seguir quejándose en la
impotencia si internet no les hubiera dado la posibilidad de
participar y cambiar las cosas.
¿Qué otras cosas han cambiado?
Veremos si internet que ha elegido a Obama modifica su modo de
gobernar. De momento, está claro que jóvenes y minorías que se
autoexcluían votarán como nunca.
Es usted muy optimista.
Soy joven y, la verdad, me gusta más este nuevo modo de hacer política
más abierto y más limpio.

Asimismo, el siguiente artículo nos explica cómo a pesar de compartir piso con el amor romántico en dos áreas cerebrales de bonitos nombres, putamen e ínsula, el odio sigue horadando sus terribles meandros en la corteza frontal para dar el toque analítico a los crímenes reales o imaginarios que todos hemos cometido.

El circuito cerebral del odio
La última novedad en torno a Barack Obama, el candidato a la presidencia de EEUU, es que dos neonazis habían urdido un plan para acabar con su vida. En este caso, las razones del odio hacia el aspirante negro son raciales pero puede haber otras muchas motivaciones. ¿Por qué se odia a alguien? ¿Qué pasa en el cerebro de estas personas? Un equipo de investigadores británicos lo ha descubierto.
El odio es un sentimiento biológico complejo que, a través de la historia, ha llevado a los individuos a cometer tantos actos heroicos como viles. Lo mismo que puede decirse del amor. Y es que lo primero que han descubierto los investigadores del Laboratorio de Neurobiología del University College de Londres es que ambas pasiones comparten dos estructuras cerebrales, una semejanza mayor que la presentada con cualquier otra emoción. Por eso, el dicho popular afirma que 'del amor al odio sólo hay un paso'.
Para descubrir 'el circuito del odio', que es único, los investigadores observaron mediante imágenes de resonancia magnética el cerebro de 17 individuos -10 hombres y siete mujeres- mientras veían fotos de caras de personas por las que sentían una seria animadversión (cedidas por cada participante) alternadas con otros rostros neutrales, que no despertaban en ellos ningún tipo de sentimiento.
De esta forma vieron las áreas neuronales que se activan al odiar. Sus resultados, que se publican en la revista 'PLoS One', muestran que la red que se pone en marcha con esta pasión irracional implica a dos regiones que juegan un papel importante a la hora de generar un comportamiento agresivo y en trasladar posteriormente esta conducta a la práctica. Dichas zonas son el putamen -un núcleo situado en el centro del cerebro-, y la ínsula -en la superficie lateral de dicho órgano-. Los investigadores explican que "estas mismas áreas son las que se activan en el amor romántico".
Varios trabajos han demostrado que entre las funciones en las que participa la ínsula se encuentra la de catalizar las expresiones de disgusto y los estímulos desagradables, mientras que el putamen es el encargado de planificar la respuesta activa, como puede ser agredir a la persona odiada o adoptar una actitud de defensa.
"El hecho de que las zonas del putamen y la ínsula también se activen por el amor romántico no es sorprendente, ya que ambas pasiones pueden conllevar actos irracionales y agresivos", explica a elmundo.es Semir Zeki, coordinador de la investigación.

Los canales propios

Pero junto a estas regiones, el 'circuito del odio' transcurre por vías propias y distintas a la de otros sentimientos. Así, se adentra en la corteza frontal, encargada entre otras cosas de predecir y anticipar las acciones de los otros.
Además, los autores han descubierto que una diferencia fundamental entre el amor y el odio es que "con el primer sentimiento se desactivan partes de la corteza cerebral relacionadas con el juicio y el razonamiento mientras que esto no se produce en el caso del odio, que sólo es capaz de desactivar una pequeña zona localizada en la corteza frontal".
"Mientras el amante es siempre menos imparcial y no atiende al sentido común en lo que respecta a la persona amada, el individuo que odia no suele perder el juicio sino que es muy consciente de los pasos que da y las acciones que emprende contra el individuo odiado", señalan los investigadores.
Asimismo, el trabajo descubre que el odio tampoco comparte un patrón cerebral con otros sentimientos con los que podría tener algo que ver, como la ira, el enfado o el miedo. La amígdala, el cingulado anterior, el hipocampo, las regiones medio temporales y la corteza orbifrontal no tienen ninguna función para odiar pero sí son importantes para los otros sentimientos mencionados. Otro de los hallazgos del equipo británico es que cuanto mayor es el odio que se siente hacia una persona, mayor es la actividad en las áreas cerebrales implicadas.
Para Zeki, además de ayudar a comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano, "el descubrimiento puede tener implicaciones en otros ámbitos, como por ejemplo en los juicios a criminales". "Cada vez sabemos más del cerebro. Si es ético o biológicamente deseable interferir en estas emociones básicas humanas es otra cuestión que la sociedad debatirá a su debido tiempo", concluye.

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