domingo, 24 de abril de 2011

Puta guerra (1) ¡Puta guerra!

Con frecuencia han comentado los filósofos políticos que, en tiempos de guerra, el ciudadano, el ciudadano varón al menos, pierde uno de sus derechos más elementales, el de vivir, y eso desde los tiempos de la Revolución Francesa y la invención del reclutamiento, que es ahora un principio universalmente admitido o casi. Pero pocas veces han dejado constancia de que ese ciudadano pierde al mismo tiempo otro derecho, no menos elemental y más vital quizá incluso para él en lo tocante a la idea que se hace de sí mismo en tanto en cuanto hombre civilizado: el derecho a no matar. Nadie nos pide opinión. El hombre que está a pie firme junto a la fosa común no ha pedido, en la mayor parte de los casos, estar en ese sitio, de la misma forma que tampoco lo ha pedido el que se halla tendido, muerto o moribundo, dentro de esa misma fosa. Me diréis que matar a otro militar en combate no es lo mismo que matar a un civil desarmado; las leyes de la guerra permiten aquello, pero no esto; y otro tanto sucede con la ética al uso. Un buen argumento en términos abstractos, desde luego, pero que no tiene en cuenta en absoluto las condiciones del conflicto en cuestión. La distinción totalmente arbitraria que se crea, acabada la guerra, entre, por una parte "las operaciones militares", equiparables a las de cualquier otro conflicto, y, por otra, "las atrocidades" al frente de las cuales se halla una minoría de sádicos y de trastornados, es, como espero demostrar, una ilusión que consuela a los vencedores, si los vencedores son occidentales, debería especificar, pues los soviéticos, pese a la retórica que se gastan, siempre entendieron de qué iba la cosa: a Stalin, después de mayo de 1945 y tras los primeros aspavientos para la galería, le importaba un bledo una ilusoria "justicia"; quería cosas firmes y concretas, esclavos y materiales para volver a levantar y a construir, nada de remordimientos ni de lamentaciones, pues sabía tan bien como nosotros que los muertos no se enteran de los llantos y que los remordimientos nunca le han puesto alubias al potaje.

No defiendo la Befehlnotstand, el sometimiento a las órdenes que tanto gusta a nuestros buenos abogados alemanes.
Lo que hice, lo hice con pleno conocimiento de causa, convencido de que era mi deber y de que era necesario hacerlo, por desagradable y triste que fuera. También consiste en eso la guerra total: lo civil ya no existe, y entre el niño judío que muere en la cámara de gas o fusilado y el niño alemán a quien matan las bombas incendiarias no hay sino una diferencia de medios: esas dos muertes eran inútiles por igual, ninguna de las dos abrevió la guerra ni un segundo, pero en ambos casos el hombre o los hombres que los mataron creían que era justo y necesario; si se equivocaron ¿a quién hay que condenar? Esto que digo sigue siendo cierto incluso si se hace una distinción artificial entre la guerra y lo que el abogado judío Lempkin bautizó con el nombre de genocidio, e indico que, al menos en nuestro siglo, nunca ha habido aún un genocidio sin guerra y que, al igual que la guerra, se trata de un fenómeno colectivo: el genocidio moderno es un proceso que las masas hacen padecer a las masas y por las masas. Es también, en el caso que nos ocupa, un proceso segmentado por las exigencias de los procedimientos industriales. De la misma forma que, según Marx, el obrero está alienado en lo referido al producto de su trabajo, en el genocidio o en la guerra total en su forma moderna, el ejecutante está alienado respecto al producto de su acción. Esto es válido incluso para el caso de un hombre que apoye el fusil en la cabeza de otro hombre y apriete el gatillo. Pues a la víctima la trajeron otros hombres y su muerte la decidieron otros diferentes y también el que dispara sabe que no es sino el último eslabón de una cadena larguísima y que no tiene que hacerse más preguntas que las que se hace el miembro de un pelotón que, en la vida civil, ejecuta a un hombre que las leyes han condenado como es debido. Quien dispara sabe que es el azar el que determina que dispare él, que un compañero acordone y otro más conduzca el camión. Como mucho, podrá intentar cambiarles el sitio al guardián o al conductor.

Otro ejemplo, sacado de la abundante literatura histórica más que de mi experiencia personal: el del programa de exterminación de los inválidos y los enfermos mentales, llamado "Eutanasis" o "T-4", que se creó dos años antes que el programa "Solución final". En ese programa, a los enfermos, seleccionados mediante disposiciones legales, los recibían en un edificio unas enfermeras profesionales que registraban la entrada y los desnudaban; unos médicos los examinaban y los llevaban a un cuarto cerrado; un operario abría el gas; otros, limpiaban; un policía extendía el certificado de defunción. Cuando, después de la guerra, interrogaron a esas personas, todas dijeron: "¿Culpable yo?". La enfermera no mató a nadie, se limitó a desnudar y a tranquilizar a unos enfermos, gestos habituales en su profesión. El médico tampoco mató a nadie; sencillamente confirmó un diagnóstico, ateniéndose a criterios fijados por otras instancias. El peón que abre la llave del gas, esa persona que es, pues, la que se halla más próxima en el tiempo y en el espacio al asesinato, realiza una operación técnica bajo el control de sus superiores y de los médicos. Los obreros que vacían el cuarto realizan una indispensable tarea de saneamiento, y muy repugnante además. El policía sigue el procedimiento reglamentario, que es dejar constancia de un fallecimiento y de que ha sucedido sin vulnerar las leyes vigentes. ¿Quién es culpable, pues? ¿Todos o nadie? ¿Por qué iba a ser más culpable el operario encargado del gas que el operario encargado de las calderas, el jardín o los vehículos? Igual sucede con todas las facetas de esa gigantesca empresa. ¿Es culpable, por ejemplo, el guardagujas del ferrocarril de la muerte de los judíos a quienes encarriló hacia un campo? Ese obrero es un funcionario, lleva veinte años haciendo el mismo trabajo. Desvía los trenes ateniéndose a una disposición, no tiene por qué saber qué hay dentro de esos trenes. No tiene culpa de que transporten a los judíos, mediante el cambio de agujas que él hace, de un punto A a un punto B, en donde los matan. Y, sin embargo, ese guardagujas desempeña un papel crucial en el trabajo de exterminio: sin él, el tren de judíos no puede llegar al punto B. Otro tanto sucede con el funcionario a cuyo cargo está requisar pisos para los damnificados por los bombardeos, con el impresor que prepara los avisos de deportación, con el proveedor que vende hormigón o alambre de espino a las SS, con el suboficial de intendencia que provee de gasolina a un Teilkommando de la SP y con Dios, allá en los cielos, que permite todo lo dicho. Por supuesto que pueden establecerse grados de responsabilidad penal relativamente exactos que permiten condenar a unos y dejar a todos los demás que se las arreglen con sus conciencias, en el supuesto de que las tengan; es tanto más fácil cuanto que se redactan las leyes después de ocurridos los hechos, como en Núremberg. Pero incluso ahí se hicieron las cosas un tanto manga por hombro. ¿Por qué ahorcaron a Streicher, ese paleto impotente, y no al macabro Von dem Bach-Zelewski? ¿Por qué ahorcaron a mi superior, Rudolf Brandt, y no al de él, Wolff? ¿Por qué ahorcaron al ministro Frick y no a su subordinado Stuckart, que le hacía todo el trabajo? Un hombre feliz, ese Stuckart, que nunca se manchó las manos más que de tinta, nunca de sangre.

Las benévolas - Jonathan Littell



Primera parte - La guerra en los soldados

Se empeña la actualidad internacional en llevarnos de un lado al otro del planeta mientras la guerra eterna se sucede en nuestros televisores con distintos nombres para las mismas tragedias, Libia, Somalia, Costa de Marfil, Colombia, Congo, Irak, Afganistán... las mismas miserias humanas puestas sobre tu mesa, el hombre deshumanizado por las explosiones, por la metralla, por el metal silbante que busca la carne del soldado (o del civil cogido entre dos fuegos), por la sangre y las tripas reventadas, por un miedo primigenio a la muerte y las mutilaciones que paraliza su mente y sus movimientos. Y eso se mete dentro de sus huesos y le acompaña toda su vida.
La guerra es una de las manifestaciones más antiguas y terribles del alma humana, tan consustancial a nuestra especie como el amor o la compasión y ha esculpido nuestra Historia a golpe de invasiones y degollinas sin cuento. Y sobre ambos aspectos de la guerra nos disponemos a entrar en esta su bitácora de confianza.

Así pues esta es la primera de
una serie de entradas dedicadas a la puta guerra que estamos preparando, con la participación de algunos de los mejores comics, libros y películas que sobre la guerra (y por ello antibelicistas) se han hecho y otra sobre los más decisivos conflictos y batallas de la Historia, con especial incidencia en las grandes y pequeñas guerras del siglo XX, cuyas consecuencias siguen asolando el mundo de hoy.

Películas como Johnny cogió su fusil, Senderos de gloria o La chaqueta metálica,de Stanley Kubrick, Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, La cruz de hierro, de Sam Peckinpah, Lluvia negra, de Shohei Imamura o La gran ilusión, de Jean Renoir, comics como La guerra de las trincheras o Puta guerra (que da nombre a esta serie de posts), de Jacques Tardi, libros como Las benévolas (que nos ha introducido la entrada), Cuentos de guerra, de León Bloy, El incendio, de Jörg Fiedrich, Una temporada de machetes, de Jean Hatzfeld, Los buenos soldados, de David Finkel, Despachos de guerra, de Michael Herr, Stalingrado o Berlín, la caída, de Anthony Beevor... y por la parte histórica, conflictos como las grandes guerras mundiales, la guerra de Vietnam, las guerras coloniales, las guerras descolonizadoras, las napoleónicas, la terrible guerra civil española... en fin, que nos espera trabajo. Y espeluznamientos.
Hoy comenzamos comprobando cómo la guerra puede traumatizar el alma de quienes participan en ella en el magnífico documental “El buen soldado”, (incorporado a nuestra web por los joviales y esforzados chicos de Documentación) producción británica donde cuatro veteranos de guerra estadounidenses que lucharon en diferentes conflictos sostenidos por su país, como la Segunda Guerra Mundial, Vietnam e Irak cuentan algunas de las terribles experiencias vividas en ellas. Esta cinta fue galardonada en la última edición de los prestigiosos premios de la Academia de la Televisión Americana con un Emmy al mejor documental histórico en 2010. De la web del ejemplar programa de La2 Documentos TV donde tuvimos ocasión de verlo recogemos la presentación de este revelador documental de los traumas que sufren muchos de los que no han tenido otra que hacer la guerra y matar y ver morir.
Vendieron su alma hace tiempo y ahora están intentando recuperarla'. Esa es la sensación que muestran los protagonistas de “El buen soldado”, la producción británica que Documentos TV emite el sábado 26 de marzo en La 2 de Televisión Española. En ella, cuatro excombatientes que fueron enviados a las guerras más significativas en las que Estados Unidos ha participado en los últimos setenta años, se confiesan arrepentidos por las atrocidades que un día cometieron en los campos de batalla. “¿A quién he matado, he matado a un niño o era un vietcong?” se pregunta un veterano de la guerra de Vietnam, el mismo que afirma conmocionado, “que la sangre sí se puede oler”. Al Ejército para huir de la pobreza.

Todos se alistaron al Ejército por la misma razón por la que lo siguen haciendo hoy los jóvenes norteamericanos, la pobreza. “La gente que está en lo más bajo de la escala económica es la que combate en estas guerras”, afirma un exsoldado que luchó en Vietnam. Estaban convencidos de que hacían la guerra para servir a su país, sin embargo nunca pensaron que podía salir tan caro. “Si piensas en empuñar un arma y disparar contra alguien, la mayoría no puede hacerlo. A un soldado hay que entrenarlo para que lo haga” relata el oficial que sufrió en Iraq la brutal realidad de masacrar a civiles y asimilarlos como daños colaterales.
Cuentan que sufrieron las secuelas que la guerra deja cuando regresas a tu hogar. Se sintieron deshumanizados y sin capacidad alguna de organización. Muchos se abandonaron al alcohol y a las drogas y otros intentaron borrar todo ese horror recurriendo al suicidio. Estuvieron en Vietnam, en Iraq o en el frente de Francia y por esa razón, hoy todos se han alistado al bando del pacifismo, donde desde ahora luchan contra la abominable idea de la guerra.




Segunda parte - La guerra de los civiles

Hermanos y enemigos muestra cómo la guerra envenena el alma también en retaguardia, también a miles de kilómetros de distancia de donde se sucede. El odio larvado durante décadas entre las comunidades que conformaban la antigua Yugoslavia fue liberado por la caída del comunismo y condujo a las terribles guerras civiles de los Balcanes que se produjeron durante la década de los noventa. El documental muestra cómo este conflicto cruel emponzoñó la relación entre dos de los mejores jugadores europeos de baloncesto de todos los tiempos, Vlade Divac y Drazen Petrovic mientras se encontraban jugando en la NBA. Divac, de origen serbio y Petrovic, croata, que fueron amigos cuando jugaban juntos en la selección de Yugoslavia, dejaron de hablarse cuando se vieron en bandos distintos durante la guerra civil que asoló su país. Nunca hubo oportunidad de que se reconciliaran porque Petrovic murió en un trágico accidente de tráfico en 1993.



Tercera parte - 11 de noviembre de 1918, la masacre final



Para terminar esta belicosa entrada les ofrecemos uno de los más claros ejemplos que refleja el documental El último día de la primera guerra mundial
, que cuenta los ominosos hechos acaecidos entre la hora en que se firmó el armisticio que finalizaba este terrible conflicto, las cinco de la mañana del 11 de noviembre de 1918 y la hora en que hacía efecto, seis horas después, a las 11 horas.El documental revela cómo los lí­deres aliados buscaron las excusas más miserables para enviar 13.000 hombres a su muerte contra un ejército que ya estaba derrotado: algunos deseaban un ascenso, otros reclamaban un justo castigo. A pesar de la pérdida en vidas humanas, no se obtuvo nada, ya que los territorios ganados aquél dí­a fueron finalmente devueltos a Alemania. Esta matanza es más que una curiosidad histórica, ya que capta la totalidad de la Primera Guerra Mundial como una carnicerí­a inútil y sin sentido.


miércoles, 20 de abril de 2011

Cerebro e Inteligencia (1) Resplandores del espíritu, cadenas del entendimiento




La capacidad metafórica es el primer requisito del talento.

Eduardo Punset

La conciencia de la inconsciencia de la vida es el más antiguo impuesto a la inteligencia. Hay inteligencias inconscientes -resplandores del espíritu, cadenas del entendimiento, misterios y filosofías- que tienen el mismo automatismo que los reflejos corpóreos, que la gestión que el hígado y los riñones hacen de sus secreciones.
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa



Primera parte. ¿Qué es la inteligencia?


Parece que el salto definitivo en la evolución de nuestra especie se dio cuando el cerebro humano desarrolló la capacidad para la metáfora y la creatividad, lo que se calcula sucedió hace entre 60.000 y 150.000 años. Este avance evolutivo primordial significó adquirir la capacidad de planear con antelación, de abstraer ideas, de aprender con rapidez, de procesar información y conceptos complejos, de ver e interpretar las relaciones a veces ocultas entre las cosas, las personas y sus actos, de saber mirar dentro de uno mismo, ver más allá de lo evidente para comprender mejor el entorno, de utilizar nuestro cuerpo y cerebro para nuestra expresión hacia los demás, para mejorar nuestros procesos internos, gestionar nuestras emociones, sentimientos e instintos, desarrollar nuestras capacidades multitarea y tratar o aceptar nuestras vulnerabilidades.

La inteligencia no es una cifra inamovible con la que se nazca, los genes nos proporcionan unas
memorias de almacenamiento y procesal básicas, un disco duro y una RAM de serie, pero la inteligencia es mucho más que eso, son una serie de potenciales de abstracción, gestión y memoria, que iremos desarrollando y potenciando más o menos a lo largo de la vida según el entorno cultural en el que crecemos vaya moldeando nuestra personalidad, al final suponemos que la inteligencia se refleja en nuestra capacidad de ser felices, de disfrutar, de amar y resolver problemas según la vida te va dando cartas, las buenas y las malas, para hacer nuestra vida (y la de los que nos importan) mejor y más disfrutable.

Parece claro que los tradicionales métodos de medir la inteligencia han quedado superados sobre todo desde que en 1994 el psicólogo estadounidense Howard Gardner (este señor de al lado de cara tan simpática) desarrolló la Teoría de las Inteligencias Múltiples que superaba las limitaciones de los tradicionales métodos de medición del CI (o cociente intelectual ) que durante años hicieron predominante la inteligencia lógico-matemática en la antigua concepción unitaria de "inteligencia".
Las ocho inteligencias que define esta teoría son la inteligencia lingüística (usar las palabras de manera adecuada para expresarse), inteligencia lógico-matemática, inteligencia musical, inteligencia espacial (capacidad de distinguir aspectos de los objetos como color, línea, forma, figura, espacio y sus relaciones en tres dimensiones), inteligencia corporal-cinestésica (capacidad de controlar y coordinar los movimientos del cuerpo y expresar sentimientos con él), inteligencia intra-personal (capacidad de conocerse a uno mismo, imbricada con las emociones), inteligencia interpersonal (capacidad para entender a los demás seres vivos con empatía, conformando con la intrapersonal la célebre inteligencia emocional) e inteligencia naturalistica (percibir las relaciones que existen entre varias especies o grupos de objetos y personas, así como reconocer las diferencias y semejanzas entre ellos, capacidad característica de científicos y naturalistas).

Todos tenemos una combinación en los desarrollos de estos factores de inteligencia y del equilibrio de esa combinación dependerá nuestra adaptación al mundo y las circunstancias vitales en las que vivimos. Un ejemplo claro lo encontramos repasando la historia de Grigori Pearlman, el mayor genio vivo de las matemáticas, la única persona en solucionar esa cosa indescifrable llamada Conjetura de Poincaré y por tanto epítome de la inteligencia lógica-matemática. Pearlman es un tipo huraño y ensimismado que malvive en un apartamento en las afueras de San Petersburgo con la pensión de su madre y lo que saca dando clases de matemáticas, sin apenas relacionarse con sus colegas de profesión (atorado por los manejos y triquiñuelas del mundo académico), absorto en su cerebro y su ciencia, metódicos y cartesianos.Para entender mejor algo tan abstracto e inaprensible como la inteligencia, como siempre nos hacemos de acompañar de los buenos y dejamos que sean el escritor Alejandro Gándara (que nos habla del libro "El laberinto de la inteligencia" de Hans Magnus Enzensberger, autor del preclaro ensayo El perdedor radical), el filósofo José Antonio Marina y uno de nuestros programas de cabecera, Tres14, quienes den contornos a este esplendor del cerebro humano (y animal), generado en la conexión de miles de millones de neuronas, en un infinito centelleo de sinapsis en el que ocurre casi todo lo que somos.



¿Qué es la inteligencia? - Alejandro Gándara


28 de diciembre de 2009.- Hans Magnus Enzensberger realiza en 'El laberinto de la inteligencia' (Anagrama) un recorrido por la historia de la cuantificación de la inteligencia y los famosos test con sus cocientes y coeficientes, llegando a la conclusión (bastante extendida, por otra parte) de que esas pruebas no miden nada o por lo menos no lo que dicen medir.

La idea de cuantificar la inteligencia apareció en un momento de proliferación de los sistemas métricos, hacia 1912, y en vísperas de la Gran Guerra, como respuesta a la incapacidad para identificarla y definirla: hay tantas acepciones que puede decirse que llamamos inteligencia a cualquier cosa y a ninguna. Lo más aproximado sigue siendo aquello de san Agustín de que si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si me piden que lo explique, ni idea.

En realidad, la inteligencia no es una habilidad, ni una capacidad, sino un sistema complejo de aprehensión y simbolización del medio, muy refractario a ser comprimido en magnitudes lineales. A lo que hay que añadir, en consecuencia, que su denominación e identificación es variable según las culturas. A un inuit nosotros le parecemos lo contrario de inteligentes, créanme.

El caso es que casi siempre que algo se escapa de la comprensión de nuestro modelo psicótico y científico (y sin psicosis no hay ciencia de la nuestra) surge alguien experimentando con artefactos de cuantificación. 'Como no lo entiendo, lo mido' es la divisa de esta enfermedad impotente para describir el comportamiento de un átomo, pero sobrada para construir bombas atómicas.

Cuando el psicofisiólogo Alfred Binet diseñó y llevó a efecto los primeros ejercicios para puntuar la inteligencia en niños llegó a la conclusión de que "la escala no da ninguna medida de la inteligencia, ya que las cualidades no son aditivas y, por tanto, no se pueden medir como superficies lineales". A pesar de que el padre del asunto concluyó de esta manera los esfuerzos que, por otro lado, le dieron fama, sus sucesores se pasaron la evidencia por el forro del portafolios. Así William Stern, quien bautizó al 'coeficiente de inteligencia' en 1912, o el más conocido y reciente Hans Jürgen Eysenck (cuyo test se aplica hoy en día a millones de personas en todo el mundo), se dedicaron a propagar una fe que nadie tenía, cosa muy frecuente entre los apóstoles.

Por resumir lo tonto del negocio, un 'test de inteligencia' presupone conocimientos previos, a menudo de tipo escolar o social; no admite más de una respuesta (cosa que en el mundo real no pasa); ofrece toda la información para resolver el problema (cuando reunir información en la vida forma parte de la solución); y carece por completo de dimensión temporal, ya que el test ignora que cada decisión que tomamos trae consecuencias en el futuro. En fin, no alardeen de su coeficiente (o cociente) no vaya a ser que los tomen por bobos. Y, por supuesto, no se preocupen por el de los niños (excepto si es muy alto).


José Antonio Marina

Mi fascinación por la capacidad creadora de la inteligencia humana me ha llevado a estudiar apasionadamente sus mecanismos, los secretos de esa maravillosa energía que consiste en poder hacer mucho con muy poco. Un artista con un lápiz y un papel puede transfigurar la realidad. Un científico con una tiza y una pizarra desvela sus secretos. En este alegre dinamismo intervienen los conocimientos, las emociones, la voluntad, el lenguaje, la conversación con los demás. Y a todos estos temas he dedicado la atención que he podido. Al hacerlo, me llevé una sorpresa. La inteligencia inventa muchas cosas, resuelve muchos problemas, pero su creación más altanera es la invención de modos nobles de vida. Su meta es hacernos pasar de ser animales listos a ser animales dotados de dignidad. Estamos refiriéndonos como especie. Esta suprema inteligencia no es teórica, sino práctica. No culmina en el conocimiento, sino en la acción. Por eso, me ha interesado cada vez más la inteligencia práctica, la que se adentra en los dominios donde nos jugamos la vida: la convivencia, la educación, la economía, el derecho, la política, la religión…

(...) Al final he llegado a la conclusión de que el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica, que es la bondad. Ya sé que esto suena a ingenuo, pero todo lo que he escrito pretende demostrar científicamente que esa idea encierra la suprema sabiduría. Es decir nuestra salvación.

Tres14 - Inteligencia

En Ciencia se entiende por inteligencia la capacidad de representar y manipular información. No implica un comportamiento determinado, sino el poder comprender el por qué de las cosas. Lo que nos hace inteligentes no es la cantidad de información que tenemos, sino la capacidad de raciocinio. Los genes determinan nuestra inteligencia, pero también influye el entorno en el que crecemos. Si Einstein hubiera nacido en África su cerebro habría sido el mismo, pero las condiciones culturales no le hubieran llevado a desarrollar la teoría de la relatividad. ¿Hay una inteligencia general para todo? ¿Sirven los tests para medirla? Tres14 entrevista a Antoni Castelló, psicólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona, que nos explica todo lo que la Ciencia ha descubierto de la inteligencia.


martes, 19 de abril de 2011

Gorriones (2) Los gorriones de Miguel Hernández



Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega. Se les ve en los rincones más apartados. Se les oye en todas partes. Corren todos los riesgos y peligros con la gracia y la seguridad que su infancia perpetua les ha dado.


Miguel Hernández. "El gorrión y el prisionero"

domingo, 10 de abril de 2011

Planeta Tierra (3) 'Home', de Yann Arthus-Bertrand


En sus 200.000 años de existencia, el hombre ha roto el equilibrio de casi 4.000 millones de años de evolución de la Tierra. El precio a pagar es considerable, pero es demasiado tarde para ser pesimistas. A la humanidad le quedan diez años escasos para invertir la tendencia, concienciarse de la explotación desmesurada de las riquezas de la Tierra y cambiar el modo de consumo. Yann Arthus-Bertrand, con sus imágenes inéditas de más de 50 países vistos desde el cielo, compartiendo con nosotros su capacidad de asombro y también sus preocupaciones, coloca, con esta película, una piedra en el edificio que tenemos que reconstruir, todos juntos. Es un film de distribución libre. Karma Films

Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de agotar los recursos naturales y impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra. Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas que realizé la película HOME. Para que esta película sea difundida lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita. Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial. Me gustaría que esta película se convierta en vuestra pelicula. Compártelo. Y actúa. (Yann Arthus-Bertrand)

martes, 29 de marzo de 2011

Maldad (2) La maldad en nuestro interior

La maldad usa muchas máscaras, la mas peligrosa es la máscara de la virtud
Sleepy Hollow

-No deberías haber contado nada a la policía. No remuevas este asunto.

-¿Has visto a alguna de tus víctimas?
-No me resulta agradable hablar de esto. ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira allí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntos negros si dejaran de moverse? Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que guardase mi dinero, o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? El tercer hombre. Carol Reid


Primera parte - Evil inside

Las guerras (y las posguerras) son entornos fértiles para nuestras depravaciones, en ellas sale lo peor de cada uno y cuando a un taradete le das un fusil automático, un entrenamiento embrutecedor y órdenes deliberadamente ambiguas ocurre lo de Abu Ghraib, lo de Guantánamo o lo último del Kill Team en Afganistán. Esa "banalidad del mal" que definió Hannah Arendt.
El impagable diálogo de "El tercer hombre" entre Harry Lime (Orson Welles) y su amigo Holly Martins (Joseph Cotten) en lo alto de la noria del Prater, en la Viena de la inmediata postguerra, nos introduce nuestra segunda entrada dedicada a ese rasgo tan chungo e inequivocamente humano como es la maldad. Cuando Holly le reprocha sus crímenes, Harry trata de justificarlos intentando mostrar a su amigo lo fácil que en esos tiempos podría ser pasar al lado tenebroso, sabiendo que mucha gente que se considera normal aloja un pequeño hijo de puta dentro esperando a las circunstancias adecuadas para mostrarse.

Para comprobar cómo la guerra y las ideologías dictatoriales pueden corromper el alma de las personas digamos normales, haciéndoles ver facetas de su personalidad que no conocían, hemos escogido algunos párrafos de Las benévolas, la gran (aún con sus imperfecciones) obra del escritor norteamericano Jonathan Littell, donde el narrador, un antiguo oficial de las SS durante la Segunda Guerra Mundial (epítome pues de la perversión de la moral humana), cuenta sus vivencias en el frente ruso y el campo de concentración de Auschwitz donde se hace cargo del "controlling" del los recursos del campo, básicamente calcular cómo poder sacar el máximo beneficio con el trabajo de los prisioneros con el mínimo gasto, antes de gasearlos, en fin, un pieza. En su presentación relata:

Adivino qué estáis pensando: pero qué hombre más malo, os decís, un hombre perverso, un sinvergüenza, vamos, se lo mire por donde se lo mire, que debería estar pudriéndose en la cárcel en vez de soltarnos esa filosofía suya tan confusa de ex fascista a medio arrepentir. En lo del fascismo, no hay que confundir las cosas, y en lo de mi responsabilidad penal, no prejuzguéis, que todavía no os he contado mi historia; en cuanto a lo de mi responsabilidad moral, permitidme unas cuantas consideraciones.
(...) Que quede claro, no intento decir que yo no sea culpable de tal o cual hecho. Soy culpable, y vosotros no, estupendo. Pero, pese a todo, deberíais ser capaces de deciros que lo que yo hice vosotros lo habríais hecho también. A lo mejor con menos celo, aunque quizá también con menos desesperación, pero, en cualquier caso, de una forma o de otra. Creo que puedo afirmar como hecho que ha dejado establecido la historia moderna que todo el mundo, o casi, en un conjunto de circunstancias determinado, hace lo que le dicen; y habréis de perdonarme, pero hay pocas probabilidades de que vosotros fuerais la excepción, como tampoco lo fui yo. Si habéis nacido en un país y en una época en que no sólo nadie viene a mataros a la mujer y a los hijos sino que, además, nadie viene a pediros que matéis a la mujer y a los hijos de otros, dadle gracias a Dios e id en paz. Pero no descartéis nunca el pensamiento de que a lo mejor tuvisteis más suerte que yo, pero que no sois mejores. Pues si tenéis la arrogancia de creer que lo sois, ahí empieza el peligro.
(...) Trastornados los hay en todas partes y en todas las épocas. Nuestros tranquilos barrios periféricos rebosan de pedófilos y de psicópatas; nuestros albergues nocturnos, de megalómanos rabiosos; algunos se convierten en un problema, efectivamente; matan a dos, a tres, a diez, incluso a cincuenta personas, y, a continuación, ese mismo Estado que los utilizaría, sin un parpadeo, en una guerra, los aplasta como a mosquitos atiborrados de sangre. Esos hombres enfermos no tienen importancia. Pero los hombres corrientes que forman el Estado -sobre todo en tiempos de inestabilidad-, ésos son el auténtico peligro. El auténtico peligro para el hombre soy yo, y sois vosotros. Y si no estáis convencidos, para qué seguir leyendo. No entenderéis nada y os irritaréis sin provecho ni para vosotros ni para mí.
Sin embargo, también es obvio que también en las sociedades "civilizadas" actuales lo peor del alma humana se manifiesta todos los días. Todos los días hay maltratos recurrentes en muchos hogares, se producen violaciones y asesinatos, muchas personas abusan de otras, física y emocionalmente, mienten y manipulan premeditadamente en su propio beneficio, en su casa, en su empresa (o emponzoñan de mentiras a millones de personas en alguna tertulia de ultraderecha...), sin mayor problema de conciencia.

Hubo, seguro, muchas mentes psicópatas (malvados stricto sensu de los que nos ocuparemos en la segunda parte de la entrada), manejando desde consejos de administración los hilos del gran fraude financiero que provocó la enorme crisis que nos golpea, pero también personas normales infectadas de codicia hasta el hueso, que anestesiaron su conciencia y se dejaron llevar por la fiebre del dinero fácil.

Suponemos que la cuestión que habría que hacerse es hasta qué punto las circunstancias extremas y una ideología fuerte y "legitimadora" podrían embotar nuestra empatía por otras personas y otros seres vivos, embruteciendo nuestro espíritu hasta hacernos cometer las mayores iniquidades. Obviamente, el punto está en las circunstancias, como veremos en el interesante documental que seguidamente les ofrecemos.

En él, Eduard Punset habla con Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford y autor del famoso y macabro experimento de la prisión de Stanford, realizado en 1971, para estudiar la reacción de unas cuantas personas normales recluidas en un entorno "malvado" y sometidas a duras circunstancias. El resultado de ese experimento y algunas otras consideraciones que nos cuenta Zimbardo nos muestran cómo un entorno hostil puede llevar a muchos a deslizarse por la resbaladiza pendiente que lleva a la maldad.



Segunda parte. Psicópatas, lo puto peor

Sin alucinaciones, sin trastornos psicopatológicos que los alejen de la realidad pero también sin empatía, sin remordimientos, sin alma. Los psicópatas conforman aproximadamente un inquietante 1% de la población y aunque la mayor parte no comete delitos graves (hay distintos grados de psicopatía), sus actos perversos pueden llegar a influir de forma importante en las sociedades en las que viven y a las que parasitan, dependiendo de lo alto que lleguen, o simplemente distorsionarán con sus manipulaciones la vida de los que les rodean, ignorantes de quién es realmente su compañero, su jefe o su pareja.Suelen ser inteligentes, irritables e impulsivos y utilizan su capacidad de engaño y manipulación en su propio beneficio. La política es uno de los terrenos donde les gusta moverse, aunque no todos los políticos nefastos son psicópatas, por ejemplo George W. Bush es un arrogante hijo de puta que puso el mundo patas arriba como desde tiempos de Hitler y Stalin no se había visto pero no era un psicópata, era demasiado estúpido para serlo.

El psicópata es inequívocamente egocentrista, construye y sigue su propia moral al margen de las normas sociales aunque sí las comprenden, por lo que su comportamiento es adaptativo y pasa inadvertido a la mayoría de personas. Para ellos los demás no son más que objetos que pueden ayudar a satisfacer sus necesidades, por lo que el abuso físico y psicológico de seres vulnerables es algo bastante característico de la conducta psicótica. ¿Alguien duda que el ser repugnante que hace poco colgó un video en la web en el que torturaba hasta la muerte un cachorro de perro volcará las perversidades de su mente tarada en las personas que tengan la desgracia de cruzar sus vidas con él? De hecho el maltrato y tortura de animales, los seres más indefensos y más fácilmente accesibles, es uno de los rasgos característicos de estos errores de la naturaleza (aunque no todos los que lo hacen son psicópatas).

Otros sentimientos humanos como la felicidad también les son ajenos por lo que conducirán su vida por la frustración, rabia y deseo sexual, se creen seres superiores, perfectos, no hay terapia para curarles porque no hay nada que curar, no son enfermos mentales, de hecho las terapias de rehabilitación lo único que consiguen es proporcionarles otra forma de aprender a manipular mejor.
Según varios estudios parece que en el cerebro del psicópata existen conexiones defectuosas entre la parte del cerebro que lidia con las emociones (sistema límbico) y la que maneja los impulsos, la empatía y la toma de decisiones (el lóbulo prefrontal). Igualmente se ha apreciado en ellos deficit de neurotransmisores inhibidores de la conducta agresiva como la serotonina.

Para comprender mejor los resortes y las motivaciones de la mente psicópata nos ayudamos de otro estupendo documental de Redes, La mente del psicópata, en el que el ubicuo Punset hablará con Robert Hare, autor del libro “Sin conciencia”, quien ha estudiado a los psicópatas durante años y es el creador del PCL-R, prueba que actualmente se ha estandarizado como método para diagnosticar la psicopatía.



Psicópatas cinematográficos






Cínicos y fantasmales como el anteriormente citado Harry Lime, melómanos como Alex en "La naranja mecánica", esquizoides y parafílicos como Norman Bates, mesiánicos como el John Doe de "Seven" (Kevin Spacey), obtusos y brutales como el Henry de "Henry, retrato de un asesino", sibaritas y connoisseurs como el célebre Hannibal Lecter, sádicos yuppies multimarca como el Patrick Bateman (más chungo el del libro...) de "American Psycho", o el bailongo cortaorejas Mr. Blonde, de "Reservoir Dogs"... son algunos de los más conspicuos psicópatas que nos ha dado el séptimo arte, para quien las andanzas criminales de estos individuos siempre han resultado seductoras. Cada uno en su peculiar estilo, todos estos archivillanos han otorgado un caracter mítico a las películas a las que han dado forma, todos hemos disfrutado (eso sí, desde el cine o el sofá de casa) viendo cómo sus mentes malignas nos estremecían con sus retorcidos crímenes.


Para terminar esta entrada sobre lo peorcito del alma humana, les ofrecemos el corto que dio origen a la más retorcida saga de películas de psicópatas asesinos, "Saw" y sus secuelas, una vuelta de tuerca a este subgénero del terror, en las que el psycho-killer de turno, Jigsaw, plantea a sus victimas un dilema moral extremo si quieren salvarse de la tortura (bueno, de la tortura no se libran) y la muerte.En este corto el protagonista, un limpiador de hospital tras terminar su jornada, es golpeado por sorpresa para despertar en una extraña celda, con la mandíbula encajada en un bizarro artilugio mecánico. De repente, se enciende una pantalla y en ella, una siniestra marioneta le propone un juego macabro. Le cuenta que cuando el temporizador del mecanismo que sujeta su mandíbula ("como una trampa de osos, pero al revés") llegue a cero, éste pulverizará su mandíbula y, ya de paso, su cabeza. Y la única llave que abrirá el mecanismo se encuentra en el estómago de un compañero de celda que yace inconsciente en una esquina, al lado de un afilado bisturi. Con él y su elección les dejamos. Sean buenos.

lunes, 21 de marzo de 2011

Bosque (3) 2011, Año Internacional de los Bosques

Retomamos una de las primeras entradas de este blog cuando realizamos nuestro primer post sobre los bosques, volviendo nuestros ojos sobre un luminoso bosque indio, un lugar privilegiado, un ecosistema único en el mundo al convivir en él tres especies de grandes felinos (el tigre de Bengala, el león asiático y nuestro querido y ubicuo leopardo) y también lo hacíamos regresando a un oscuro bosque germano hace 2000 años en el que se perdió para siempre la ambición imperial romana de colonizar las tierras más allá del Rhin, lo que cambió para siempre la Historia de nuestro continente.

Dos años después, inmersos ya en el 2011, aprovechamos estos primeros días de primavera para presentar nuestra segunda entrada sobre los mismos. Este año ha sido declarado por la Asamblea General de la ONU como el Año Internacional de los Bosques, con el objetivo de concienciar a la opinión pública de que los bosques son esenciales para la sostenibilidad del planeta aunque sólo fuera por los enormes beneficios económicos, socioculturales y ambientales que directa e indirectamente nos proporcionan. Porque la situación actual de los bosques en el mundo es desoladora e inquietante.

A la imparable deforestación directa que se practica en el todo el mundo para urbanizar o dejar lugar a la ganadería y la agricultura extensivas, han de sumarse los devastadores efectos que causan en ellos el cambio climático global acarrea. Verbigracia, la sucesión casi sin precedentes, de dos terribles sequías sufridas por la Amazonia brasileña, santuario ecológico del mundo, en los años 2005 y 2010.

Cuenca amazónica

La coincidencia en apenas cinco años de dos de estos fenómenos de sequía extrema (que normalmente se daban una vez cada cien años), han provocado la emisión de miles de millones de toneladas de CO2 a causa de la muerte y putrefacción de millones de árboles, pérdida que a su vez alimentará el bucle de desequilibrios climáticos por todo el mundo.
Estas sequías masivas y pertinaces dejan los bosques vulnerables y pueden dar paso a tempestades de lluvia como las sufridas en 2005 que arrancaron 663 millones de árboles y que se prevé se sucederán en estos próximos meses. Como escribía el pasado 4 de febrero desde Rio de Janeiro el periodista del El País Juan Arias:
El temor de los expertos es que ambos fenómenos extremos -sequía y lluvias torrenciales- puedan acabar dañando definitivamente el bioma de aquella zona, uno de los más ricos del planeta, lo que supondría una pérdida irreparable. Basta recordar que la Amazonia brasileña concentra 100 billones de toneladas de carbono, la misma cantidad de la emitida por toda la Tierra en diez años.
La pregunta del millón es cuál es el motivo real de esa tragedia de sequía y tormentas sufridas por la Amazonia. Ningún científico ha sido capaz hasta ahora de dar una respuesta definitiva. Se acusa a los efectos del Niño, que actuó el año pasado y que ciertamente produjo sus efectos negativos, así como a una oscilación del Oceano Pacífico. Pero según declaraciones al diario O Globo del climatologista Marcos Heil Costa, harán falta aún muchos estudios para entender lo que está ocurriendo en la Amazonia.
La previsión, sin embargo, compartida esta vez por todos los climatologistas es que en las próximas décadas, la Amazonia, que ya sufre la mayor sequía desde hace cien años, seguirá sufriéndola, especialmente en los Estados de Mato Grosso y Pará, que ya están sufriendo una sequía persistente desde hace seis meses. Más aún, un aumento de la sequía como la que está en curso, llevaría a convertir a la frondosa Amazonia en una triste sabana. Sin vegetación, la Amazonia recibiría menos nubes, mientras que otros fenómenos como el Niño o el calentamiento del Océano Atlántico alejarían las nubes de aquella zona, fundamental para el equilibrio del Planeta.
Bosques mediterráneos. Sur de Europa
Y así por todas partes. Según un estudio del CSIC, en los últimos 20 años en el sur de Europa ha habido un significativo aumento de la frecuencia e intensidad de los periodos de sequía como consecuencia del cambio climático lo que ha duplicado la superficie defoliada en la copa de los árboles de los bosques mediterráneos, restándoles frondosidad (tienen menos hojas porque tienen menos agua), fenómeno que se ha detectado en todas las especies de arboles mediterráneos. Los expertos predicen un aumento de los impactos por sequías y olas de calor en el área mediterránea en esta zona durante las próximas décadas. Agarrense los machos pues.
Bosques tropicales. Borneo y Sumatra
También en los bosques tropicales de Extremo Oriente la situación es alarmante. Los incendios, el negocio de la pasta de papel, el aceite de palma de aceite y la madera están provocando la destrucción de los bosques y turberas de las islas indonesias de Java y Sumatra, causando más emisiones anuales de gases de efecto invernadero que toda Holanda, según alerta WWF/Adena.

Según los expertos, si la deforestación sigue avanzando a esta velocidad, ambas islas indonesias perderán por completo toda su superficie selvática en 2020.

Tanto Borneo como Sumatra cuentan, aún, con dos de las selvas tropicales más importantes del planeta. Sin embargo, en la actualidad (según datos de WWF), de toda la zona forestal que Borneo tenía en origen, queda practicable sólo la mitad; entre 2003 y 2007, la isla perdió una media de 1,15 millones de hectáreas de selva al año. En el caso de Sumatra, las cifras son igual de claras: en el período comprendido entre 1985 y 2007 se deforestaron cerca de 550.000 hectáreas por año.
Por supuesto, quienes primero sufren la traumática pérdida de su ecosistema son las especies animales salvajes que lo habitan y en estas islas es especialmente de lamentar, pues en ellas habitan algunas especies grave en peligro de extinción como son el orangután, la pantera nebulosa o el elefante y el tigre de Sumatra. Estos animales entran en conflicto directo con las comunidades humanas que los arrinconan, habiéndose dado ya varios ataques de elefantes y tigres a algunos poblados que ocupan sus antiguos territorios, lo que lleva indefectiblemente a su persecución y muerte.


Como hemos visto, la depredación humana y los trastornos climáticos que degradan los bosques provocan que estos vean reducida su capacidad y eficiencia en los procesos de fijación de carbono y merman su capacidad de atemperación del clima, lo que retroalimenta a su vez las dinámicas y los desequilibrios del calentamiento global, cuyas consecuencias golpean el mundo cada vez con más virulencia.

Es por ello que los bosques han de ser protegidos y mejor gestionados en todo el mundo, sumándonos a Greenpeace para que en este Año Internacional de los Bosques se cumplan algunas de las esperanzas de recuperación previstas.

Brasil e Indonesia esperan que su lucha contra la deforestación empiece a dar frutos este mismo año. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (CITES) espera que en este año se puedan ver los primeros resultados de los acuerdos adoptados en la reunión de las Partes de la Convención en Doha del 2010 en materia de cooperación para conservar los bosques del mundo.

En España, donde en los últimos años se observa una clara disminución de los incendios, existe una superficie forestal considerable pero marginada en la agenda política y en los presupuestos y donde además de la conservación es necesaria una correcta gestión forestal donde además de plantar se sepa cortar, reduciendo la densidad de muchas zonas con exceso de arbolado (sobre todo del pernicioso eucalipto). Un bosque bien gestionado es una fuente de bienes de consumo como la madera, el corcho, la resina, el papel o la biomasa.

Hay que encontrar el balance adecuado en la conservación de estos menguantes reductos de naturaleza, elementos fundamentales y equilibradores de nuestro mundo que cada vez hacemos más escasos, menos diversos, más domesticados, peores para la vida salvaje que lo habita, peores para la raza humana que tanto se beneficia de ellos.

Entradas relacionadas:
Vocabulario Fundamental. Bosque (II) Bosque de Teutoburg, la tumba de Varo

martes, 15 de marzo de 2011

Periodismo y Periodistas (2) Ana Pastor

Fue en los principios de este blog cuando le dedicamos uno de nuestros primeros (y un poco arcaicos) vocabularios fundamentales al periodista Iñaki Gabilondo, por el momento apartado del periodismo activo. Hoy traemos a nuestro blog a la gran periodista de RTVE Ana Pastor (admirada por el mismísimo Iñaki desde que trabajó con ella en la cadena SER) en impagable duelo dialéctico con el presidente iraní Mahmud Ahmanideyah, respecto a la turbulenta realidad internacional de hoy en día.a

Más allá de las cínicas majaderías del dictadorzuelo persa
y el simbólico momento pañuelo que se cae, hay que resaltar la entereza y profesionalidad de la periodista madrileña para enfrentar e inquietar al archivillano en su propia casa, con sus propias contradicciones. Puro periodismo, del que cada vez queda menos. Menos en Intereconomía, claro.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Gorriones (1) Los gorriones desaparecen de Madrid

Dedicamos esta nueva entrada de nuestro vocabulario emocional básico al humilde gorrión común (Passer domesticus), este gordezuelo y simpático pájarito que aún sobrevive en nuestras cada vez más desnaturalizadas ciudades y lo hacemos dando eco a la alarma que suponen sus cada vez más menguantes poblaciones en las mismas. Las radiaciones electromagnéticas de nuestras antenas, la competencia de la tan vilipendiadas como duras palomas (auténticos marines alados que acaparan los pocos restos de comidas que vamos dejando), la disminución de zonas verdes, la contaminación creciente se configuran como las amenazas que nos van dejando sin el piar alegre y los saltos pizpiretos de estos fragmentitos de naturaleza (y la de otras especies de aves que ya desaparecieron del cielo de esta ciudad) que tanto reconfortan el alma del Juez Roy Bean y sus secuaces.

El gorrión desaparece de Madrid - 20minutos.es

En otros tiempos era habitual escuchar su piar y verles revoloteando en parques y jardines. Pero ya no. El gorrión, el pájaro más abundante de Madrid, se extingue poco a poco. Y lo que es peor, nadie sabe a ciencia cierta por qué. Un estudio de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) asegura que esta población de aves disminuye a un ritmo de 14.000 ejemplares al año en la región. Y, pese a que su número todavía es muy grande (1,4 millones), avisa: el problema es generalizado en todas las grandes urbes de Europa. En Londres o Praga, por ejemplo, ya no queda ninguno.

El coordinador del estudio, Juan Carlos del Moral, manifiesta que aún no se conocen a ciencia cierta las causas de esta extinción. Otros expertos, sin embargo, sí que mencionan algunas posibles causas, como la contaminación y el urbanismo. "Las nuevas edificaciones, planas y sin oquedades, no dejan huecos para que estos animales aniden", dice Eduardo de Juana, profesor de Zoología de la Universidad Complutense. Teo Overhuver, portavoz de Ecologistas en Acción, apunta, sin embargo, en otra dirección: "La contaminación atmosférica es uno de los principales riesgos de salud que tienen los pájaros". Otras razones probables, como este crudo invierno, quedan desechadas: "A las aves no les afecta tanto el frío mientras encuentren alimento, asegura De Juana. "La disminución de zonas verdes sí que es bastante más grave", apostilla.
 
Palomas voraces

Otras de las causas que se barajan es la competencia de las palomas. En efecto, el gorrión se ha convertido en la única ave urbana que ha registrado un descenso de su población. En contra, las palomas, mucho más voraces, no paran de ganar terreno. Crecen anualmente a un ritmo en torno al 3%, hasta el punto de que su población ya debe superar los 300.000 individuos, según otro estudio de SEO.

Especies como el mirlo siguen el mismo camino de expansión.
En la zonas no urbanizadas de la comunidad hay otras muchas aves en peligro. Este mismo martes, Ecologistas en Acción denunció que los futuros desarrollos urbanísticos de Pinto (que incluyen además un circuito de Fórmula 1) conllevarán la desaparición de una veintena de nidos de aguilucho cenizo. El último espacio de nidificación de esta ave en la zona sur y uno de los pocos que quedan en la región.

Pájaros de ciudad


Gorrión común. El ave acorralada. Pese a ser inofensivos y nada perjudiciales, en España desaparecen a marchas forzadas. En los naranjales de Valencia los descensos son superiores al 90%. Es la única ave que nos acompaña desde el Neolítico.
Mirlo común. Símbolo en la antigüedad. Crece a un ritmo del 1% al año, y su población es similar a la de las palomas, pero son menos sociables y no viven en grupo. Su color negro les ha dado un aura de simbolismo desde tiempos remotos.
 
Cernícalo primilla. Un ex vecino de Madrid. El gorrión podría seguir los pasos de este pequeño rapaz. Una especie que antes criaba en la ciudad de Madrid y que ya no lo hace. Ocupaba huecos y cavidades de edificios viejos, tejados y acantilados.

Paloma bravía. La paloma fue domesticada hace mucho tiempo por el hombre, pero en la actualidad muchas viven libres en la ciudad. Son portadoras de múltiples parásitos y un problema de salud pública.


Tórtola turca. Una emigrante de 50 años. Comenzó a anidar a en la Península Ibérica hace más de 50 años desde su zona de origen, en Anatolia. Se encuentra en plena expansión, y en Madrid habrá unas 30.000. Muy confiadas y sociables.


Cigüeña. Alcalá, ciudad de zancudas. Un ave muy protegida, pero también muy frágil, debido a su visibilidad. Alcalá de Henares es el tercer casco urbano del país con mayor número de parejas, más de 100. Suelen anidar en iglesias y monumentos.