martes, 18 de julio de 2017

Infancia (36) Infancia en guerra 11 'Aquel no era yo', de Esteban Crespo

"Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de hacer lo que has hecho"

Si ayer presentábamos 'Voice Over' y la retahíla de premios y nominaciones que ha cosechado desde su publicación hoy lo hacemos con "Aquel no era yo", otro de los cortos que compiten con éste en la nominación de los premios Goya, además de haber recibido 45 premios en 38 festivales que están en este enlace.

El cortometraje 'Aquel no era yo', escrito y dirigido por Esteban Crespo, cuenta la historia de un cruce en una carretera perdida en un país africano  indefinido en el que dos cooperantes médicos españoles y unos niños soldado africanos se encuentran, bajo los designios irracionales de las putas guerras. 

Kaney es un niño soldado de un país africano. Con él viven muchos otros niños soldado, acatando las órdenes del hombre que se ha convertido en su padre, el General del Ejército Rebelde (Babou Cham). Paula (Alejandra Lorente) es una cooperante española llegada a África siguiendo a su pareja, Juanjo (Gustavo Salmerón) con el objetivo de ayudar y de rescatar a los niños soldado que allí viven. En un puesto fronterizo, Paula y Kaney se encuentran y ése será el punto de partida de esta dramática historia, en un escenario de miedo, violencia, terror y redención. Dos de estos personajes, Paula y Kaney, cuyas vidas en principio no tendrían nada en común, llegarán a unirse irremediablemente tras un disparo. Un disparo que quita una vida pero proporciona otra.

Como dicen sus creadores: "'Aquel no era yo' nació por el deseo de mostrar la dureza de la realidad de los niños y niñas soldado y lo que muy pocas veces vemos, sus secuelas. Y por otro lado, por el deseo de homenajear la labor altruista y llena de ideales de las personas que arriesgan su vida por mejorar la de los demás."

Cómo dice un niño ex-soldado del conflicto de Sierra Leona: “Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de haber hecho las cosas que has hecho”. Un corto claramente Bean-recomendable al que deseamos suerte y el reconocimiento que merece en los Goya. 

Si quieres firmar para pedir que España no venda armas a países en los que se utilizan niños soldado, este es el enlace

Memoria (27) Laurie Anderson y 'Heart of a dog': vida, muerte y memoria en un hocico húmedo


"Conmovedora, dura y desasosegada (...) La directora no sólo compone una bellísima radiografía de la existencia (de cualquier existencia imaginable) sino que acierta a describir con una precisión que asusta el tacto del tiempo" Luis Martínez: Diario El Mundo

Nuestro documental de hoy es de los que honorizan cualquier web en la que se alojen. 'Heart of a dog' es un multipremiado y cautivador trabajo de la artista Laurie Anderson (una de las figuras icónicas del underground en la Nueva York de los años setenta), un intimista diario narrado con su mesmerizante voz mientras va desgranando las memorias de su vida tras la muerte de su marido (Lou Reed, apenas mencionado pero sí presente en su desgarro), de su madre y de la auténtica protagonista junto a ella misma del filme, su perra Lolabelle.

Anderson utiliza, muy a lo Chris Marker, distintas herramientas formales como vídeos caseros, montajes de animación, grabaciones de la New York post-11S o incluso una cámara colocada en la cabeza de Lolabelle para mostrar la perspectiva perruna, además de una excelente soundtrack, medios que utiliza para reflexionar sobre la vida y la muerte, la superación de la pérdida, la soledad, la memoria, el amor y sus fantasmas, el lenguaje y por supuesto sobre su relación con Lolabelle, en otro 'human meets animal' de los que inspiran una de nuestras etiquetas.

Sueños, fantasías de la infancia o teorías filosóficas y políticas se despliegan poéticamente 'en la armonía de una canción constante' para conformar una obra de arte trascendental en el mejor sentido de la palabra, 75 hipnóticos minutos para ser vistos en repetidas ocasiones pues siempre se sale de su visionado impregnado de emoción, lirismo y sabiduría, siendo un poco mejor persona, así en general. Advertidos quedan.



Los fantasmas de Laurie Anderson

El País Milena Fernández - Venecia 11 Sep 2015

Ahí está la artista Laurie Anderson (Glen Ellyn, EE UU, 1947), sentada en la terraza con vista al mar, en el Lido veneciano, bebiendo un té con leche. El viento helado del norte vuelve tímidos los rayos del sol. Toma la taza con la dos manos, como para calentarse. Ahí está Laurie Anderson, en vaqueros y camisa a cuadros de franela, serena y liberada del dolor, tras la muerte de su marido, Lou Reed, ocurrida en 2013. Ahí está Laurie Anderson, compitiendo por el León de Oro con su nueva incursión cinematográfica: Heart of a Dog, dedicada al fallecimiento de su perra, Lolabelle.

Un diario muy íntimo para superar un tema duro de digerir, como suele ser la pérdida de quienes amanos y que cuando ya no están entre los vivos se convierten en fantasmas. La dirección de Anderson es inimitable: abundan las metáforas y evita caer en formulaciones simplistas: mezcla animación, imágenes, efectos visuales y vídeos caseros de la infancia con su voz omnipresente en off y su música, del violín a la electrónica. El material reunido por Anderson fluye en una estructura visual y sonora muy estimulante. La cinta fue muy bien acogida entre quienes madrugaron el miércoles para verla.



La película debió ser el medio para explicar el sentido de la vida. Sin embargo, Anderson quiso cambiar de registro y más bien ha contado la experiencia personal tras el fallecimiento de su querida Lolabelle, su madre y, por último, su marido, Lou Reed. “Finalmente he podido llevar al cine una idea que rondaba en mi cabeza desde hace mucho tiempo: he querido contar por qué la muerte puede ser hermosa, dolorosa y al mismo tiempo espectacular. He llegado a creer que la muerte es la realización del amor”. 

Anderson se inspira en el Libro tibetano de los muertos, según el cual la muerte dura 43 días y después de tal periodo surge la reencarnación. El resultado es el diario más complicado de su vida. “Es un filme íntimo y difícil. Quiero dejar claro que, no hay por qué estar triste si no hay un verdadero motivo para estarlo. Hay gente que sí tiene motivos para estar triste, como los prófugos que están llegando a Europa. Pero si no reconoces la tristeza no puedes superarla. No es bueno estar siempre triste y con la cara larga. Es por eso que también utilizo el humor para hablar de un tema que te toca tan fuerte”.


Laurie Anderson había conocido el rumor de la muerte cuando era una chiquilla de 12 años. En una de las escenas, el filme retrata una adolescente vivaz, que intentaba ser siempre el centro de la atención. En esas estaba, haciendo piruetas en una piscina, cuando algo salió mal. Despertó en el hospital. Los médicos le dijeron que no volvería a caminar nunca más. “De noche, me ponía muy triste al escuchar el llanto de los niños agonizantes. Y las enfermeras no les consolaban”, narra la voz en off de Anderson. La cinta está llena de reflexiones filosóficas y frases lapidarias. “El poder de la palabra es tan importante como el de las imágenes. Trato de crear imágenes através de las palabras y representaciones. Quiero provocar una reacción más que explicar algo”.



Hay mucha poesía visiva en Heart of a Dog, un proyecto muy coherente con la producción artística de Anderson, que inició tocando el violín, para más adelante graduarse en escultura en la Columbia University de Nueva York, la ciudad donde se convirtió en una figura pionera de la escena artística, a partir de los setenta y ochenta.



La cinta inicia con una secuencia de un sueño recreado, en el cual Anderson describe su apego casi maternal con la peluda Lolabelle. Todo aparece ilustrado con dibujos creados por la pionera del performance art. Y conforme avanza la narración, confiesa los extraños conflictos que probó tras la muerte de su madre. “No sabía cómo decirle que la quería. Hay que pensar muy bien lo que decimos antes de que un ser querido nos deje, a pesar de los remordimientos. La despedida de mi madre fue durísima: era una persona muy formal” ¿Y qué le dijo a Reed antes de que falleciera? Por un momento la conversación se ve casi saboteada por el silencio. Luego responde: “Mientras moría, lo tenía entre mis brazos. Logré caminar con él hasta el fin de sus días. Y pensé que la muerte es la realización del amor”.



Anderson y Reed se conocieron cuando ambos eran ya mayores y artistas reconocidos. El flechazo fue instáneo: sucedió en un concierto, en Alemania, en 1992. Desde entonces no se separaron más, hasta la muerte de Reed, 21 años más tarde. Fueron amigos, amantes, colegas… La “liberación del amor” de la que Anderson habla en el filme es un homenaje a su querido Lou. Cuando aparecen los créditos finales se escucha de fondo Time Turing Around, un modo sútil de reafirmar la historia personal y que el fantasma de Lou Reed está más vivo que nunca.