En el noroeste de Siria, tras nueve años de guerra y una cifra estimada
de 500.000 muertos, la provincia de Idleb se enfrenta a una crisis
humanitaria y económica sin precedentes, agravada, además, por la crisis
del COVID-19. Los niños se ven obligados a dejar la escuela para
trabajar y sacar adelante a sus familias.
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domingo, 1 de noviembre de 2020
lunes, 24 de febrero de 2020
Memoria (30) La destrucción de la memoria
"Parte de la guerra y el conflicto siempre ha sido el daño colateral. Muchos edificios han caído al estar en camino de los objetivos militares, pero, [...] en esta guerra, los edificios no se destruyen porque obstaculizan un objetivo. Los edificios son el objetivo". Cómo explica elocuentemente el narrador de The Destruction of Memory, la destrucción de la cultura de los edificios, libros, y con frecuencia, el arte, es una consecuencia accidental de la guerra. Como podemos ver por las acciones de ISIS en Irak y Siria hoy, la destrucción de bienes culturales es parte de una estrategia consciente para atacar y destruir la memoria colectiva, la historia y la identidad de un pueblo. "Una de las maneras de deshacerse de la historia es removiendo todas las huellas físicas de la historia", explica en la cinta Daniel Libeskind, arquitecto del Museo Judío de Berlín. "Hacer creer que nunca nada pasó ahí".
La guerra contra la cultura ha ido creciendo de forma constante en el último siglo. En los albores del siglo XX, las herramientas de guerra y su poder destructivo comenzaron a acelerar su ritmo de crecimiento. La capacidad para destruir un monumento, un edificio o una ciudad aumentó, haciéndolo más fácil. ¿Cómo podemos detener su paso y salvar la historia que configura nuestra identidad? Los ataques intencionados contra bienes culturales de los países en guerra son constantes. En Siria e Irak, la cuna de la civilización, milenios de cultura han sido destruidos por grupos terroristas como el tristemente célebre DAESH o ISIS. Ciudades como Homs, Palmira o Alepo han sido reducidas a paisajes apocalípticos.
martes, 24 de septiembre de 2019
Animales (55) Los animales en la Segunda Guerra Mundial

En este verano en el que se ha conmemorado el 80 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la gran contienda bélica del pasado siglo, un conflicto épico que cambió el mundo en que vivimos, nada se ha dicho de los animales que de forma masiva en ella participaron, en todos los frentes y para todos los contendientes, esclavizados al servicio de los hombres.
A pesar de los avances en la mecanización respecto a la primera gran guerra del siglo los animales volvieron a ser esenciales para el esfuerzo de guerra de todos los contendientes. Obligados a realizar las peores tareas y en las peores condiciones, reventando por el esfuerzo o por los proyectiles, millones de caballos, de mulas, de perros, de primates y muchas otras especies se dejaron la salud y la vida en el infierno bélico creado por los hombres, por no hablar de la infinidad de animales salvajes que fueron inmolados junto a su habitats naturales en la pocas veces descrita destrucción de la Naturaleza en las guerras.Por todo ello en este blog queremos rendirles nuestro pequeño homenaje con este documental (divido en dos partes seguidas) dirigido en este 2019 por Jean-Christophe Rosé, que recorre los distintos frentes para mostrarnos su enorme contribución en este conflicto, a su pesar, claro.
martes, 28 de mayo de 2019
Mujeres (21) Kurdistán, guerra de mujeres
El canal de televisión franco-alemán ARTE produjo en 2016 un documental titulado 'Kurdistán: chicas en la guerra’, dirigido por la francesa Mylene Sauloy. Se centra en la lucha militar e ideológica de las mujeres kurdas en Rohava, Shengal y Qandil, así como la historia del principio del movimiento de mujeres con el PKK. El documental siguen cómo bravas mujeres desde París a Sinjar tomaron las armas contra Daesh (Estado Islámico) para defender a su pueblo y han sido un elemento fundamental en la derrota de los yihadistas en la guerra siria. Un grupo de mujeres que se niegan a ser víctimas y se mantienen fuertes frente a otras mujeres que sí son víctimas.
martes, 18 de julio de 2017
Infancia (36) Infancia en guerra 11 'Aquel no era yo', de Esteban Crespo
"Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de hacer lo que has hecho"
Si ayer presentábamos 'Voice Over' y la retahíla de premios y nominaciones que ha cosechado desde su publicación hoy lo hacemos con "Aquel no era yo", otro de los cortos que compiten con éste en la nominación de los premios Goya, además de haber recibido 45 premios en 38 festivales que están en este enlace.
Si ayer presentábamos 'Voice Over' y la retahíla de premios y nominaciones que ha cosechado desde su publicación hoy lo hacemos con "Aquel no era yo", otro de los cortos que compiten con éste en la nominación de los premios Goya, además de haber recibido 45 premios en 38 festivales que están en este enlace.
El cortometraje 'Aquel no era yo', escrito y dirigido por Esteban Crespo, cuenta la historia de un cruce en una carretera perdida en un país africano indefinido en el que dos cooperantes médicos españoles y unos niños soldado africanos se encuentran, bajo los designios irracionales de las putas guerras.
Kaney es un niño soldado de un país africano. Con él viven muchos otros niños soldado, acatando las órdenes del hombre que se ha convertido en su padre, el General del Ejército Rebelde (Babou Cham). Paula (Alejandra Lorente) es una cooperante española llegada a África siguiendo a su pareja, Juanjo (Gustavo Salmerón) con el objetivo de ayudar y de rescatar a los niños soldado que allí viven. En un puesto fronterizo, Paula y Kaney se encuentran y ése será el punto de partida de esta dramática historia, en un escenario de miedo, violencia, terror y redención. Dos de estos personajes, Paula y Kaney, cuyas vidas en principio no tendrían nada en común, llegarán a unirse irremediablemente tras un disparo. Un disparo que quita una vida pero proporciona otra.
Como dicen sus creadores: "'Aquel no era yo' nació por el deseo de mostrar la dureza de la realidad de los niños y niñas soldado y lo que muy pocas veces vemos, sus secuelas. Y por otro lado, por el deseo de homenajear la labor altruista y llena de ideales de las personas que arriesgan su vida por mejorar la de los demás."
Cómo dice un niño ex-soldado del conflicto de Sierra Leona: “Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de haber hecho las cosas que has hecho”. Un corto claramente Bean-recomendable al que deseamos suerte y el reconocimiento que merece en los Goya.
jueves, 18 de agosto de 2016
Infancia (34) Infancias en guerra 9 La mirada de Omran
Omran Daqneesh, 5 años. Sobrevivió a un bombardeo ruso en Aleppo, Siria. Una de esas imágenes, una de esas miradas que resumen todo.
viernes, 22 de julio de 2016
Puta guerra (28) 'Apocalipsis: la Primera Guerra mundial'

Hace un par de años publicamos un post dedicado a los orígenes y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial con dos series documentales de la saga franco-canadiense 'Apocalipsis'. Su rasgo característico son coloreadas y poco conocidas escenas de los dos grandes conflictos mundiales del pasado siglo para contar, desde el punto de vista bélico (táctico y estratégico) pero también a través de las personas que las vivieron, cómo se gestaron y se desarrollaron estas hecatombes humanas en las que murieron más de 70 millones de personas, cayeron dos imperios y comenzó a cincelarse a sangre y fuego el mundo contemporáneo.
Hoy volvemos a recurrir a la serie 'Apocalipsis' para mostrar, en cinco episodios, la primera de ellas, la Gran Guerra, ese conflicto que surgió inopinadamente, casi de la nada, con el asesinato de un príncipe austro-húngaro en Sarajevo por el nacionalista serbio Gavrilo Princip.
Hoy volvemos a recurrir a la serie 'Apocalipsis' para mostrar, en cinco episodios, la primera de ellas, la Gran Guerra, ese conflicto que surgió inopinadamente, casi de la nada, con el asesinato de un príncipe austro-húngaro en Sarajevo por el nacionalista serbio Gavrilo Princip.
A los 37 días que pasaron entre este magnicidio y el comienzo de la guerra también les dedicamos un post, con la excelente serie documental británica '37 days', que de esta forma introduce los cinco capítulos de 'Apocalypse: la 1ère Guerre Mondiale' (dirigidos por Isabelle Clarke y Daniel Costelle en 2014) con los que ya les dejamos.
Sinopsis: ¿Pudo ser evitado el sacrificio de una generación entera? ¿Como un conflicto tan cruel fue posible? ¿Como, hombres y mujeres, pudieron afrontar este horror durante cuatro largos años? La serie responde a estas cuestiones fundamentales a través de un aporte estratégico y global, aunque también y en especial a través de una mirada intima y sensible. 'Apocalipsis: la I Guerra Mundial', la serie de Isabelle Clarke y Daniel Costelle realizada a partir de más de 500 horas de archivos cinematográficos, la mayoría inéditos y con imágenes coloreadas que nos llevan al campo de batalla pero también a la vida cotidiana de los civiles.
Sinopsis: ¿Pudo ser evitado el sacrificio de una generación entera? ¿Como un conflicto tan cruel fue posible? ¿Como, hombres y mujeres, pudieron afrontar este horror durante cuatro largos años? La serie responde a estas cuestiones fundamentales a través de un aporte estratégico y global, aunque también y en especial a través de una mirada intima y sensible. 'Apocalipsis: la I Guerra Mundial', la serie de Isabelle Clarke y Daniel Costelle realizada a partir de más de 500 horas de archivos cinematográficos, la mayoría inéditos y con imágenes coloreadas que nos llevan al campo de batalla pero también a la vida cotidiana de los civiles.

Capítulo 1 - Furia
El origen de la 'furia' que inundó el mundo y durante cuatro años provocó el choque de imperios y el hundimiento de países. Los soldados marcharán a la guerra en un acto de inconsciencia colectiva, con el empuje de pensar que será una campaña corta y gloriosa.
Millones de hombres vivieron atrapados por la maquinaria de una guerra que según sus dirigentes iba a ser breve y gloriosa, pero que se convirtió en una guerra de desgaste y miedo. El enfrentamiento de los ejércitos ruso y alemán en Tannenberg fue el más decisivo de toda la guerra. Es el momento de las grandes batallas, como la del Marne. Francia y Gran Bretaña reclaman la ayuda de sus colonias: canadienses, australianos, neozelandeses, senegaleses, marroquíes y argelinos entran en la guerra, el conflicto ya es mundial.
Europa entera está en llamas. Los combaten alcanzan una violencia desconocida hasta entonces. En Francia los alemanes lanzan una gran ofensiva en Verdún. Después vendrá la batalla del Somme, la más sangrienta desde el comienzo de la guerra.

Capítulo 4 - Rabia
Ya hay cinco millones de muertos. Crece la 'rabia' entre los soldados, que necesitan que esta masacre termine. El estado mayor alemán tomará una decisión que cambiará el curso de la guerra. Dentro de su guerra submarina, decidirá atacar a todos los barcos en el Atlántico, lo que incluirá los americanos. EEUU entra en la guerra.

Capítulo 5 - Liberación
En 1917, el estadounidense general Pershing desembarca en Francia en un nuevo golpe de efecto hacia la 'Liberación'. Con el refuerzo norteamericano, las fuerzas aliadas irán de victoria en victoria hasta la rendición alemana el 11 de noviembre de 1917. Europa comienza a cerrar sus heridas y a construir su futuro, pero la derrota alemana y la conferencia de Versalles . Pero las cicatrices tardarán apenas veinte años en abrirse de nuevo.
viernes, 15 de julio de 2016
Puta guerra (27) 'Las huellas de la guerra': Naturaleza en la línea de fuego
El documental 'Las huellas de la guerra' (Natur unter Beschuss. Ökologische Folgen des Krieges) es una producción francesa de 2013 dirigida por el alemán Maximilian M. Mönch que analiza las consecuencias en el medio ambiente de las más de doscientas guerras que arrasaron nuestro planeta el siglo pasado. Porque ¿cuáles son los efectos de los conflictos bélicos en el medio ambiente? ¿Cuáles son las consecuencias ecológicas de las guerras del siglo XX?
Todo comenzó con La Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918, el primer gran conflicto del siglo XX, la primera guerra industrializada, la primera en que se hacía un uso masivo de la artillería, la primera en el uso de armas químicas. Se multiplicaba así el daño causado al medioambiente donde se combatía. Y de ella nacieron las otras grandes catástrofes bélicas que desde entonces asolan el mundo, cada una más destructiva que la anterior. Desde entonces hasta hoy, la Naturaleza está en la línea de fuego y no sólo cuando se combate, las consecuencias fatales de los conflictos bélicos continúan tras ellas. Las huellas de la guerra están por todas partes y son terribles e inconfundibles.
Las huellas de la guerra
Los efectos de la guerra en el medio ambiente van mucho más allá de los causados por el propio conflicto bélico. Sólo en los preparativos bélicos se consumen unos quince millones de kilómetros cuadrados de materia prima, el seis por ciento de toda la que hay en el mundo. El siglo XX es un tiempo en que la guerra, entendiendo por guerra los preparativos, el conflicto bélico y los que sucede después, todo ese conjunto, ha tenido un impacto mucho mayor en los ecosistemas naturales. Es un problema ecológico surgido de las guerras industrializadas del siglo veinte al que debemos enfrentarnos en el siglo veintiuno. Los residuos radiactivos contaminan campos y mares, millones de toneladas de munición yacen en los océanos, agentes químicos contaminan nuestros paisajes, el uso militar es el responsable de alrededor del diez por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono.
Millones de toneladas de municiones sobrantes de la II Guerra Mundial yacen en las costas de Canadá. Los residuos radiactivos procedentes de submarinos soviéticos fueron lanzados al mar durante la guerra fría y siguen contaminando las aguas de Noruega y Rusia. En Vietnam el llamado 'agente naranja' lanzado desde el aire por Estados Unidos durante 10 años destruyó el 15 por ciento del ecosistema vietnamita. En el mar Báltico se encuentra un barco alemán hundido con armas químicas en su interior. Y algunas islas paradisiacas del Pacífico ofrecen un alarmante testimonio de 5 décadas de entrenamientos militares.
Millones de toneladas de municiones sobrantes de la II Guerra Mundial yacen en las costas de Canadá. Los residuos radiactivos procedentes de submarinos soviéticos fueron lanzados al mar durante la guerra fría y siguen contaminando las aguas de Noruega y Rusia. En Vietnam el llamado 'agente naranja' lanzado desde el aire por Estados Unidos durante 10 años destruyó el 15 por ciento del ecosistema vietnamita. En el mar Báltico se encuentra un barco alemán hundido con armas químicas en su interior. Y algunas islas paradisiacas del Pacífico ofrecen un alarmante testimonio de 5 décadas de entrenamientos militares.jueves, 3 de septiembre de 2015
Infancia (29) Infancia en guerra 7 El niño de la playa
Texto: El Mundo - Pedro Simón Madrid 02/09/2015
Lo normal a los tres años es verlos en la orilla con el bañador y no vestidos. Lo normal es verlos dando saltos y no tumbados de este modo: boca abajo y de lado, como escuchando el latido de la tierra. Si es que ésta tiene todavía corazón. Lo normal a los tres años es que te hagas el muerto y no que lo seas,que sea divertido mojarte, que prefieras las olas grandes a las pequeñas, que le pidas al hermano mayor que te entierre vivo para que saques la cabeza y después, con el cuerpo embadurnado en arena, corras muy deprisa hacia el mar. Lo normal a los tres años es que poses para una foto en un lugar como éste que ven y que nadie tenga que pixelarte la cara. La fotografía de Nilufer Demir ya forma parte del álbum migratorio de la infamia: un niño varado en la playa como si fuera un ballenato en pantalones cortos. Si querían una imagen que de verdad nos salpicara como el ácido, si querían una imagen evocadora del horror, aquí tienen una: para algunos críos el estío no es una tumbona; es una tumba.
Cinco niños. Refugiados sirios. Ahogados en aguas turcas. Tratando de alcanzar la isla griega de Kos. Y este colofón que por fin nos lo explica todo: la imagen salvaje de este caído de pala y cubo.¿Cuántos niños sin nombre se ha tragado ya el océano? ¿Llevaban una camiseta azul o una verde cuando se ahogaron? ¿Hicieron alguna vez un castillo de arena?
Me acuerdo de la subsahariana Josephine, que estuvo una semana dándole sus propios orines a su hija Chioma en una patera, de camino a Canarias, hasta que al séptimo día no resucito. Me acuerdo de los que viven sin boya. Y también me acuerdo de aquella otra imagen cotidiana... Creo que tengo una foto tuya con una composición parecida, sólo que posando a gatas mirando al mar de Conil. Sonriendo. Lo normal a los tres años.
No vas a entender la fotografía. Pero quiero que la mires y no olvides una cosa: ya te he dicho mil veces, hijo, que en las playas de verano puede hacer un frío hondo y oscuro.
martes, 1 de septiembre de 2015
Periodista (33) Antonio Pampliega, la dignidad y el coraje del periodista de guerra
"Llevo casi tres años recorriendo las zonas más peligrosas del planeta. He invertido todos mis ahorros, he pedido un crédito… ¿Qué más tengo que hacer para poder trabajar? Cada vez que me lo planteo se esboza una sonrisa en mi rostro y niego con la cabeza. Si sigo es porque amo esta profesión con todas mis fuerzas; porque me encanta que mis crónicas acerquen la realidad de un mundo que también existe a otras personas. Pero… nada más. No tengo recompensa más que la mía propia. ¿Hasta cuándo? Es una pregunta que desconozco, pero no creo que pueda aguantar mucho más. Tengo 28 años, vivo con mis padres, no tengo absolutamente nada… ¿Hasta cuándo? No lo sé pero no creo que aguante mucho más. Porque me he dado cuenta que los méritos propios no sirven de nada, que los currículos no los lee nadie. Es una triste realidad que empaña una de las profesiones más bonitas del mundo."
"Periodista español que desde hace enero de 2008 se dedica a recorrer un mundo en guerra... Desde esta tribuna quiero enseñaros ese 'otro' mundo que también existe y donde la línea que separa la vida y la muerte se rige a golpe de kalashnikov... Dónde millones de personas no tienen voz. Este blog quiere convertirse en su voz y en vuestros ojos para desvelar verdades que permanecen aletargadas... Acompáñeme a ese Mundo en Guerra que apenas tiene cabida en los medios de Comunicación; porque sino lo contamos no existe... y sino no existe ganan los Señores de las Sombras. Desde aquí queremos dar cabida a todos esos conflictos olvidados y rescatar del olvido a todos los que sufren en él dándoles voz para que sean ellos, y sólo ellos, los cuenten su historia."
Así se autodefine en su blog 'Un mundo en guerra' Antonio Pampliega (Madrid, 1982), el protagonista del corto documental 'Pagando para ir a la guerra' que hoy publicamos y, lamentablemente, uno de los tres periodistas españoles (junto a Ángel Sastre y José Manuel López) desaparecidos en la ciudad siria de Alepo a principios de julio de este año. El documental, dirigido por Daniel Suberviola, muestra imágenes de la guerra en Alepo en octubre de 2012. Siria es, sin lugar a dudas, el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo; como así lo recoge Reporteros Sin Fronteras en sus diferentes informes. Un total de 40 periodistas han sido asesinados desde que comenzara la revolución en marzo del 2011 y otros 80 han sido secuestrados -de los cuales 20 aún permanecen desaparecidos-. El objetivo, desde los primeros compases del levantamiento popular, ha sido silenciar a la prensa para que no informase de lo que sucede en el país árabe. Como él mismo dice:
El Juez Roy Bean ruega porque las cosas se estén haciendo bien a nivel diplomático y los tres puedan regresar sanos y prontamente a España. Si quieren comprar su libro colectivo "Siria, más allá de Bab-Al-Salam" cuesta sólo 6 euros y puede ser una ayuda para que este comprometido y valiente reportero pueda reemprender su trabajo de denuncia de la guerra y sus terribles consecuencias una vez eso ocurra. Porque como él mismo reconoce "mientras me quede aire volveré a narrar el horror de la guerra".
Tras este documental les ofrecemos una entrevista de 2012 en la que Pampliega es entrevistado por el mítico periodista Enrique Meneses (a quien tras su muerte homenajeamos en este post) y charlan sobre los sinsabores de su profesión. Fuerza Pampliega y compañeros.
Tras este documental les ofrecemos una entrevista de 2012 en la que Pampliega es entrevistado por el mítico periodista Enrique Meneses (a quien tras su muerte homenajeamos en este post) y charlan sobre los sinsabores de su profesión. Fuerza Pampliega y compañeros.
Entrevista Meneses - Pampliega
jueves, 16 de julio de 2015
Infancia (29) Infancia en guerra 6 'Nacido en Gaza', de Hernán Zin
"Israel es una entidad supraterrenal y todopoderosa que los castiga, los condena y los bombardea. La relación palestino-israelí se ha roto, ahora están los muros. Israel quiere que los palestinos desaparezcan de Palestina" Hernán Zin
"Estaba rodando en México cuando mis amigos en Gaza me contaron lo que estaba sucediendo. Cuando supe lo de los niños que mataron en la playa, me dije: 'Tengo que estar allí'". Hernán Zin
Así cuenta Hernán Ziz que fue el momento en que, hace un año, supo que tendría que ir a Gaza e implicarse personalmente ante lo que era un flagrante crimen contra la Humanidad, uno más dentro del enorme matadero que la ofensiva israelí 'Protective Edge' (Margen Protector) había creado en la martirizada Franja. Pero no uno cualquiera pues no se había producido en ningún edificio en el que se suponen vivían familiares o desde el que Hamás hubiera lanzado -o no- sus cohetes, sino que se produjo en la playa de Gaza, a la vista de todo el mundo, mientras los niños jugaban al fútbol. Los niños se divertían con el balón al atardecer en la playa, cerca de donde se aloja la prensa internacional, cuando oyeron un primer disparo y echaron a correr. Un segundo proyectil, al parecer procedente de uno de los barcos que desde hace años asedian la franja, impactó sobre ellos cuando trataban de huir, explicaron los testigos.
Así cuenta Hernán Ziz que fue el momento en que, hace un año, supo que tendría que ir a Gaza e implicarse personalmente ante lo que era un flagrante crimen contra la Humanidad, uno más dentro del enorme matadero que la ofensiva israelí 'Protective Edge' (Margen Protector) había creado en la martirizada Franja. Pero no uno cualquiera pues no se había producido en ningún edificio en el que se suponen vivían familiares o desde el que Hamás hubiera lanzado -o no- sus cohetes, sino que se produjo en la playa de Gaza, a la vista de todo el mundo, mientras los niños jugaban al fútbol. Los niños se divertían con el balón al atardecer en la playa, cerca de donde se aloja la prensa internacional, cuando oyeron un primer disparo y echaron a correr. Un segundo proyectil, al parecer procedente de uno de los barcos que desde hace años asedian la franja, impactó sobre ellos cuando trataban de huir, explicaron los testigos.
De hecho, un año después, puede verificarse que el número de las decenas de miles de casas destruidas en la Franja de Gaza es... cero, debido a las múltiples trabas que para elementos de construcción o reparación pone el gobierno hebreo, impidiendo totalmente la entrada de hormigón y otras materias primas vitales para poder reconstruir algo de lo destruido. Por cierto, también un año después, la Justicia israelí ha decidido archivar sin acusaciones la investigación penal por el ataque contra los niños en la playa alegando que fueron confundidos con milicianos...
Este trabajo del premiado director Hernán Zin producido por Jon Sistiaga y la cantante Bebe fue rodado tres meses después de la ofensiva. 'Nacido en Gaza' es un retrato íntimo, profundo, sobre cómo la violencia y cómo ésta transformó para siempre sus mentes infantiles y sus vidas, cómo les fue arrancada la vida de familiares a los que han visto morir despedazados por las explosiones. Y esta desesperación les convertirá probablemente en adultos mentalmente enfermos con numerosos trastornos de estrés post-traumático, pero también en personas con mucho miedo, mucho odio y mucho deseo de venganza.
jueves, 14 de mayo de 2015
Mujeres (13) Las mujeres alemanas tras la guerra
En estos días que se celebran las efemérides del 70º aniversario del final de la segunda guerra mundial en Europa, hemos de recordar que tras la terrible guerra llegó la postguerra y ésta fue también una época muy conflictiva en los países en los que se había combatido (como refleja el magnífico libro 'Continente Salvaje', de Keith Lowe). Fue una época de represalias, delaciones y revanchismos en la que los ejércitos aliados (mayormente los soviéticos pero no sólo ellos) cometieron múltiples crímenes, violaciones y otros abusos de poder sobre la población civil en su ocupación del país que había comenzado la guerra más letal que había conocido la Humanidad.
Y fue en su capital donde la periodista y fotógrafa Martha Hillers, de 33 años (una de las aproximadamente dos millones de mujeres alemanas que sufrieron esos abusos), decidió escribir 'Eine Frau in Berlin' (Una mujer en Berlin), la crónica de los días en los que las tropas rusas entraron en la ciudad y las mujeres alemanas tuvieron que luchar -y padecer- por su supervivencia. Probablemente esos apuntes íntimos que constituyeron su diario, escritos en un refugio antiaéreo a la luz de las velas, ayudaron a su autora a mantener un vestigio de cordura en un mundo de devastación y crisis de los valores morales. La autora describe la vida de las mujeres y ancianos que subsisten en su bloque de apartamentos ante la llegada de las tropas soviéticas, las violaciones a las que la mayoría de vecinas son sometidas y cómo en su desesperación ante las agresiones decide mantener relaciones con un oficial ruso a cambio de protección, aunque también esta protección también se tornará precaria.
Publicado en 1959, el libro no fue bien recibido por el público de la época, probablemente porque el pueblo alemán no estuviera listo aún para revivir esa parte dolorosa de su historia. Después de haber sido acusada de dañar el honor de las mujeres alemanas y de propaganda anti- comunista, Marta Hillers rechazó cualquier posterior publicación de su diario y decidió permanecer en el anonimato. Fue sólo después de su muerte a los 90 años, junio de 2001, cuando pudo volver a ser publicado y encontrar el éxito que le corresponde por sus extraordinarios valores morales, históricos y literarios. Les ofrecemos también, en una nueva entrega de nuestro ciclo de cine europeo, la película homónima basada bastante fielmente en la novela y dirigida por el alemán Max Färberböck en el año 2008, para aproximarnos a aquella época azarosa y decisiva para el destino de Europa y a aquellas valientes mujeres que ayudaron a reconstruir un mundo en ruinas en el que simplemente decidieron resistir, decidieron seguir vivas.
Ciclo de cine europeo (34) Una mujer en Berlin', de Max Färberböck
Una mujer en Berlín, de Anónima
Texto: Letras Libras Luis Fernando Moreno Claros Enero 2006
Hasta hace apenas una década, en Alemania era un tabú cuestionar abiertamente la cruel y probablemente inútil destrucción de ciudades monumentales como Dresde o Colonia por la aviación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente había que considerar semejantes acciones como males necesarios para liberar del nazismo a la propia Alemania y a Europa, y ello a despecho de los cientos de miles de víctimas civiles que perecieron en los bombardeos y de los cientos de miles que perdieron sus hogares; del mismo modo se justificarían también poco después las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki: fueron necesarias para terminar la guerra con Japón. Hoy se cuestiona si no cabría hablar más bien en ambos casos de "crímenes de guerra".
Hasta hace apenas una década, en Alemania era un tabú cuestionar abiertamente la cruel y probablemente inútil destrucción de ciudades monumentales como Dresde o Colonia por la aviación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente había que considerar semejantes acciones como males necesarios para liberar del nazismo a la propia Alemania y a Europa, y ello a despecho de los cientos de miles de víctimas civiles que perecieron en los bombardeos y de los cientos de miles que perdieron sus hogares; del mismo modo se justificarían también poco después las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki: fueron necesarias para terminar la guerra con Japón. Hoy se cuestiona si no cabría hablar más bien en ambos casos de "crímenes de guerra".
Pero junto al tabú de los bombardeos aliados y sus nefastas consecuencias para bienes y personas subsiste otro tabú un tanto más difícil de vencer: el espinoso tema de las violaciones masivas de mujeres y niñas alemanas por los soldados del Ejército Rojo durante la denominada "liberación" de Prusia Oriental y la toma de Berlín, en el invierno y la primavera de 1945. Libros como El incendio, del alemán Jörg Friedrich, o Berlín. La caída: 1945, del británico Anthony Beevor (ambos en Editorial Crítica), recientes éxitos de ventas en toda Europa después de su enorme impacto en Alemania, deben su calurosa acogida a que se han atrevido a tratar abiertamente y con mirada histórica tanto el bombardeo de las ciudades alemanas como las proezas sexuales del Ejército Rojo en territorio alemán conquistado, tema este último en el que Beevor hace un necesario hincapié.
En efecto, en la detallada narración de los avances del ejército de Stalin hacia Berlín, el autor de La caída no omite la referencia al miedo cerval de los civiles y, sobre todo, de la población femenina frente a la llegada de los rusos. Aparte de asesinar a cualquier varón que les opusiera la más mínima resistencia, la violación de toda mujer o niña que tenía la desgracia de toparse con ellos era operación obligada para esos guerreros sedientos de algo más que de sangre. Escaso fue el número de mujeres que escapó a las ansias amatorias de los miembros del Ejército Rojo, borrachos como cubas en la mayoría de los casos: los alemanes, en su retirada, les dejaban alcohol a discreción a fin de retardar el avance de un ejército de beodos. Pero las consecuencias del exceso etílico las pagaban las "perras fascistas".
Beevor no olvida aclarar que el Ejército Rojo tenía una deuda pendiente con la Wehrmacht alemana; los soldados de Hitler incendiaron, saquearon, violaron y asesinaron a conciencia cuando invadieron Rusia, en 1941. Así que el desafuero soviético fue excusado por muchas personas como un lógico acto de venganza. Los comisarios políticos estalinistas explotaron la sed de revancha de los soldados e impartieron consignas de odio que embravecieran a sus tropas: "Matad alemanes, odiad Alemania y todo lo alemán, matad cerdos fascistas", etcétera. Así que, inflamados de odio, los alemanes y las alemanas carecían de valor para ellos: los superhombres se tornaron infrahumanos.
La crueldad de los rusos con los civiles y, principalmente, aquellas violaciones en masa fueron la razón de que los alemanes prefirieran ser vencidos por los americanos o los ingleses antes que caer en manos de los soviéticos. El ejército americano o el inglés —salvo en casos aislados— jamás cayó en semejantes desmanes. Los rusos, en general más primitivos, incultos y abotargados por la ideología estalinista, excesivamente limitados en su visión del mundo, empobrecidos mayoritariamente por el comunismo, reprimidos sexualmente en un Estado que despreciaba el erotismo, se comportaban en la rica y civilizada Alemania como bestias desatadas; en cambio, los soldados de los ejércitos americano y británico, educados en Estados de arraigada tradición democrática, en los que la vida humana —al menos teóricamente— se valoraba por encima de cualquier otro bien, se comportaban con mayor fiabilidad en lo que se refiere al respeto físico del enemigo vencido. Esta es la idea que hoy prevalece entre los más prestigiosos historiadores; pero claro, no hay que olvidar que los americanos e ingleses mataban desde el aire con sus innumerables racimos de bombas incendiarias. De ahí que, como puede leerse en Una mujer en Berlín, el libro objeto de esta reseña, muchas alemanas hubieran acuñado un cáustico lema: "Mejor un ruso en la barriga que un americano en la cabeza"; esto es, mejor pasar por el trauma de la violación y vivir con semejante deshonra que perecer entre las ruinas de la propia casa con toda la familia.
Este extraordinario testimonio, rescatado en Alemania por Hans Magnus Enzesberger para su serie de obras curiosasDie andere Bibliothek (La otra biblioteca), es el diario de una sobreviviente, de una mujer alemana, soltera, de 33 años, culta e inteligente, cosmopolita y curiosa, a la que el destino pilló en la capital del Reich mientras trabajaba en una editorial. Desde el 20 de abril hasta el 22 de junio de 1945 anotó casi a diario sus peripecias y las de sus conocidos y vecinos durante los días que siguieron a la conquista de Berlín por los rusos. El relato es muy fluido, de enorme intensidad y tensión dramática. Los primeros días, escondidos en el sótano, y luego, ya habitando en sus pisos destrozados, sin luz eléctrica ni agua corriente, un pequeño grupo de berlineses (quedaban aún vivos alrededor de cuatro millones de civiles, escondidos o dispersos entre las ruinas), compuesto por un puñado de atemorizados varones y una decena de mujeres de diversas edades, tiene que soportar la presencia de los vencedores rusos, pesados moscardones que contemplan a toda mujer como botín de guerra.
Según este relato, los soldados soviéticos, ya saciados de sangre, después de intensos meses de desmanes y batallas, no se muestran especialmente agresivos con los cavernícolas civiles a su llegada a un Berlín despanzurrado, pero sí extraordinariamente lascivos en lo que respecta a las alemanas. Además del hambre y la muerte de sus allegados, las mujeres tienen que cargar también con la violación. El "aquí te pillo aquí te violo" —la expresión es de la autora— es algo a lo que se exponen casi en cuanto salen a la luz e incluso por las noches en los pisos de puertas débiles y mal atrancadas; de ahí que la mayor parte de ellas prefiera permanecer escondida en lúgubres nichos o elevadas buhardillas. Aunque hay otras formas de violación más sutiles y la brutalidad del principio va adoptando formas más llevaderas: al cabo de unos días los rusos toman "novias" y se "enamoran" de una mujer concreta a la que convierten en su amante obligada. Ésta gana el favor del enemigo y gracias a ello puede proteger a sus conocidos así como recibir alimentos. Si las elegidas no ceden, ponen en peligro a todos cuantos se refugian junto a ellas.
Finalmente, como la violación resulta ser una especie de plaga colectiva que sólo las afecta a ellas, las mujeres terminan por sobrellevar su desgracia con resignación. Ello las une y las solidariza entre sí y su unidad excluye a los derrotados varones alemanes, impotentes ante la vehemencia de los rusos. De manera que, en semejantes circunstancias, fue el "sexo débil" el que tuvo que transformarse en fuerte: "Una y otra vez voy notando en estos días cómo se transforma mi percepción de los hombres, la percepción que tenemos todas las mujeres en relación con los hombres. Nos dan pena, nos parecen tan pobres, tan débiles, el sexo debilucho".
La autora de Una mujer en Berlín tampoco escapa al destino femenino común. En cuanto llegan los rusos, varios soldados la someten en repetidas ocasiones a "eso" (así se refieren las mujeres a un asunto que al principio tratan con pudor y del que terminarán hablando abiertamente con todo el que pueda escucharlas). Como tiene algunas nociones de ruso —la despabilada joven había viajado también a Rusia por motivos de trabajo— también las aprovecha: así que con sus chapurreos hace de intermediaria entre los vecinos y los vencedores, evita alguno que otro abuso mortal y logra ganarse algo de respeto. También ella se busca un protector, uno que sea fuerte entre la horda y la defienda de las violaciones indiscriminadas. Así que, como tantas mujeres, terminará convertida en presa voluntaria y en botín exclusivo de algunos oficiales que la tratan con menos desprecio del habitual. "Cama por comida" y "cama por protección" fueron tratos comunes entre vencedores y vencidas. Y es que, a la larga, el hambre pesaría más que la humillación. Pero las mujeres terminan por hacer de la necesidad, virtud. Los antiguos principios, la moral, el pudor, todo lo han deshecho las bombas, unas situaciones extremas propiciadas por la muerte desquiciadora modifican y acuñan la nueva ética ocasional de las sobrevivientes.
Por lo demás, las mujeres sobreviven y olvidan; y, a su modo, algunas hasta se mofan y se aprovechan de los vencedores. La autora nos deja unas descripciones impagables de la necedad y la zafiedad de los rusos, simples bestias planas y aniñadas. De "hombría" carecen totalmente. Más bien parecen torpes chiquillos sueltos en una tienda de juguetes. Berlín entero es una cueva de Alí Babá que esconde tesoros sin cuento: mujeres, ropa, relojes... Estos últimos los lucen a pares o a docenas mientras se pavonean enseñándolos a todo el mundo e incluso se los roban entre sí.
Poco a poco, después de que los oficiales o los soldados de mayor rango hayan dejado muy claros cuáles son sus respectivos "cotos de cama" —otra acertada expresión de la autora—, la protagonista comienza una vida algo más segura. Los días pasan y sus oficiales la mantienen, asegurando también la supervivencia de sus vecinos. Finalmente, después de casi un mes de incertidumbres y penalidades, la situación en el Berlín conquistado se hace menos peligrosa. Un atisbo de normalidad asoma entre las ruinas. Se llama a los cavernícolas a la limpieza de escombros, y las mujeres y chicas jóvenes pueden volver a salir a las calles con relativa seguridad. Hasta se establecen controles sanitarios para revisar y asesorar a las violadas. Y muchas de ellas hacen chistes respecto de las situaciones más traumáticas. Un acre humor negro alivia las consecuencias de la desgracia y da paso, en definitiva, a la excitación de los sobrevivientes, fruto de la vida que continúa y que, de manera consciente o inconsciente, pugnará por sepultar en lo más hondo de la memoria las negras nubes del pasado.
Poco a poco, después de que los oficiales o los soldados de mayor rango hayan dejado muy claros cuáles son sus respectivos "cotos de cama" —otra acertada expresión de la autora—, la protagonista comienza una vida algo más segura. Los días pasan y sus oficiales la mantienen, asegurando también la supervivencia de sus vecinos. Finalmente, después de casi un mes de incertidumbres y penalidades, la situación en el Berlín conquistado se hace menos peligrosa. Un atisbo de normalidad asoma entre las ruinas. Se llama a los cavernícolas a la limpieza de escombros, y las mujeres y chicas jóvenes pueden volver a salir a las calles con relativa seguridad. Hasta se establecen controles sanitarios para revisar y asesorar a las violadas. Y muchas de ellas hacen chistes respecto de las situaciones más traumáticas. Un acre humor negro alivia las consecuencias de la desgracia y da paso, en definitiva, a la excitación de los sobrevivientes, fruto de la vida que continúa y que, de manera consciente o inconsciente, pugnará por sepultar en lo más hondo de la memoria las negras nubes del pasado.
Precisamente este tipo de humor e ironía consiguen que unos hechos tan incómodos, una historia desagradable y tan triste como ésta atrape al lector y termine seduciéndolo: como siempre, será la fortaleza humana la que venza a la necedad, la valentía del individuo aislado la que quede por encima del colectivismo abstruso.
Una mujer en Berlín no agradó en Alemania cuando se publicó por primera vez en 1957 (poco antes, en 1954, había aparecido en versión inglesa, y, enseguida, el libro fue traducido a varios idiomas más, entre ellos el español). Los hombres alemanes se sintieron incómodos, y también muchas mujeres. El relato aireaba aquello que era mejor mantener oculto, por pudor y vergüenza. Los varones habían hecho la guerra —su guerra— y todo el mundo había salido perdiendo, las mujeres de aquella manera. La credibilidad y el culto a la jactanciosa "virilidad" de los machos alemanes quedaban seriamente dañadas. Pero no sólo eso, al entender de muchos lectores, es la "virilidad" de todos los varones en general la que después del relato no levanta cabeza. Frente a los hombres, inconscientes y guerreros, se alza más poderoso el pragmatismo y hasta el sentido común de las mujeres: éstas demostraron poseer más capacidad de resistencia, ser quizás más "aptas para la vida" en circunstancias no convencionales. "Anónima" afirma en determinado momento: "Tengo la sensación de que estoy bien pertrechada para la vida". Esa sensación podían tenerla también la mayoría de las mujeres que supieron sobrevivir a aquella tragedia. Pero la opinión pública, hipócrita casi siempre, no se lo perdonaba a la autora, e incluso se le reprochó su "desvergüenza" y frivolidad al tratar del tema tabú. Lo mismo hicieron muchos hombres al regresar de la guerra y enfrentarse con sus hembras violadas: prefirieron ignorar los hechos y el sufrimiento de sus mujeres, no saber, no sentir, no pensar. Era mejor olvidar por el bien de todos,
y de repente aquel libro se empeñaba en recordar.
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