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sábado, 22 de abril de 2017

Animales (51) Animales esclavos 8 Zoocosis




Zoocosis (Estela de Castro)

El primer día que te vi dabas vueltas de un lado a otro de tu jaula, sin parar,
estabas herido y tenías la mirada perdida, posé mi mano sobre el cristal para
que sintieras que no estás sólo, que me importa tu dolor
Nunca he vuelto a verte caminar, supongo que estás sedado, para que nadie
se de cuenta cuenta de que tienes Zoocosis.
Vives dentro de una maqueta, el ser humano la ha creado para ti, juega a ser el
señor de la tierra, el dueño de los animales, el dueño del mundo. 
Tu vida es como una obra de teatro, una escenificación, cada día sales a un
escenario de cemento, cristal y vallas electrificadas, donde las personas se
paran a mkirarte con sus hijos, de la mano, y te sonríen como si eso te hiciera feliz, porque a los niños se les miente para no hacerles daño.
Pero recuerda que a mí lo que me importa es tu dolor.

Hace poco nos encontramos con el trabajo de la talentosa fotógrafa Estela de Castro (que ahora ha montado la exposición Fotógrafos) quien creó en 2016 la obra 'Zoocosis', su mirada desolada a la insoportable realidad en los zoos de unos seres creados para la libertad que son secuestrados para intentar atrapar su alma salvaje y condenados por el ser humano a prisión perpetua, a soledad y aburrimiento eternos.

El Zoo es esa prisión en las que viven encarcelados cientos de animales con el único objetivo de exhibirlos y ganar dinero con ello, intentan justificar su existencia con la conservación y estudio de las especies. Cárceles donde toda clase de animales son "expuestos" para que los niños puedan contemplarlos, haciéndoles creer que son felices.

Visitar una sola vez el zoo es suficiente para darnos cuenta de que en ellos, la libertad es la gran ausente, eso provoca en los animales conductas estereotipadas y repetitivas generadas por el estrés, la soledad y la apatía, dando lugar a un síndrome llamado Zoocosis.


jueves, 28 de mayo de 2015

Animales (46) Animales esclavos 5 La cara oculta del Rocío

"Con el Rocío las cosas se tapan. Todo el mundo sabe lo que pasa pero cuando viene la peregrinación se mira a otro lado. Es como si esperásemos estas fechas con resignación (...) Viene el Rocío y nos tapamos la nariz. Y esto no puede ser" Juan José Negro. Director de la Estación Biológica de Doñana.

"La gente va borracha y no controla, he visto a caballos morir a palos" Arturo Pérez, Presidente de la Asociación Contra la Tortura y el Maltrato Animal (ACTYMA).

Ya no es que la romería del El Rocío me haya parecido siempre un acto de histeria colectiva inquietante, una beoda marabunta humana que todos los años se abate sobre buena parte de una Reserva de la Biosfera llamada Doñana (que no es de uso público ni se permite el turismo, salvo esos días y a esas personas..) camino de Almonte, donde grupos de sudorosos gañanes se hostian para discutirse el derecho a saltar una verja y sacar a pulso una estatua a la que aclaman hasta el delirio y confieren toda clase de poderes sobrenaturales, mientras le acercan niños aterrorizados -transportados en volandas por la histérica muchedumbre- que se supone serán bendecidos si son tocados por los lujosos tocados de la reverenciada escayola. 

Desde los monumentales cortes de tráfico durante todo el trayecto por el paso de miles de vehículos motorizados y carruajes pasando por las toneladas de basura abandonadas al paso de los rocieros, no son sin embargo todas estas prebendas lo que más nos indigna de esta descomunal celebración del postureo y la idolatría, sino que está construida sobre el abuso y el maltrato continuado de miles de bueyes, caballos, mulos y otros equinos, lo que cada año acarrea un vergonzante goteo de animales esclavizados y abusados hasta la muerte. 

La escasez de comida y agua, las jornadas agotadoras y la falta de descanso y atención veterinaria son algunas de las causas que llevan al maltrato y en ocasiones la muerte de los animales durante la romería. Aparte de que los desfases propios de la fiesta y el exceso de alcohol recaen directamente sobre los desgraciados animales obligados a participar de todo ello. Pero es sobre todo la inexistencia de una ley (que no ya una conciencia moral) que obligue tratar a los animales como los seres vivos que son y no como objetos que se puedan usar hasta que se rompan. El PACMA ha estado en El Rocío de este año 2015, documentando el maltrato y las muertes de caballos y otros équidos, reventados por el cansancio y la falta de cuidados. Con ello les dejamos. 

domingo, 15 de julio de 2012

Animales (10) Animales esclavos I Romper el alma a un elefante

"Romper el alma es un crimen espiritual. La expiación entonces, presumiblemente ha de ser también espiritual. Habrá un castigo y la responsabilidad de este crimen será compartida entre los perpetradores de la captura y los domadores del animal, y también por aquellos que los ayudan y los inducen, zoológicos, dueños de circos y accionistas y todos aquellos que promueven o impulsan la exhibición del "artículo terminado" -y esto incluye a aquellos que pagan por ver a los animales actores-".

Intro

Hace unos años viajé con un amigo por el Norte de la India y recuerdo un monumental atasco saliendo de Delhi en el que, en medio del pandemonium de bocinazos por doquier, calor y contaminación, llegamos con el coche a la altura de un tipo subido encima de un elefante cargado hasta los topes que aguantaba parado a que la fila de vehículos de todo tipo en la que se encontraba se moviera. Sentado encima de su cuello el mahout gobernaba al paquidermo dándole toques en las orejas con un gancho metálico y a mí se me arruinó el día al mirar a esa pobre bestia inmersa en ese medio tan hostil a su naturaleza y la infinita tristeza que traslucía su mirada resignada, derrotada.


Días después volvimos a ver un grupo de estos animales, en la ciudad rajastaní de Jaipur. Estaba prohibido subir con coches o autobuses hasta la puerta misma del fuerte Amber así que los pacíficos gigantes decorados a la hindú se pasaban el día subiendo y bajando sudorosos turistas encantados de vivir la exótica experiencia.

El rato que estuvimos esperando me dediqué a caminar entre ellos, tocar sus pieles apergaminadas y ancestrales, a acariciarles sus delicadas orejas y a preguntarme si yo también debía subir en uno de ellos. Me
daba cuenta de que ello me haría partícipe de su explotación, mi dinero sostendría la cadena que los mantiene esclavizados desde pequeños, pero al menos ello también haría que su dueño cuidara de ellos, aunque sólo fuera por seguir sacándoles provecho. Difícil tesitura.

Al final el sofocante calor reinante y la insistencia de nuestro conductor hicieron que subiéramos en uno de los paquidermos hasta la misma plaza central del magnífico fuerte Amber, pero también que en mi conciencia se grabara otra muesca indeleble, no ya por aquel viaje subidos a su lomo, sino por haber conocido de cerca, aunque fuera un momento, la vida de esos desdichados seres,
lo suficiente para empatizar con ellos y su sufrimiento y grabárseme todo en algún profundo lugar de mi mente, donde se refugian las cosas que duelen.


Primera parte. Amenazas para la especie / El terrible phajaan

Las amenazas principales que pesan sobre el elefante asiático son la destrucción de su hábitat, la caza furtiva, las guerras (y las miles de minas que quedan detrás causan la muerte y mutilación de miles de animales) y la presión de las poblaciones humanas, siempre numerosas y siempre reclamando más tierras. A todo esto hay que sumar las enormes cuotas de captura para la domesticación. Estas circunstancias y el hecho de que los animales domesticados tienen una tasa muy baja de reproducción han situado a la especie al borde de la extinción en estado salvaje. De la subespecie de Sumatra (Elephas maximus sumatrensis) apenas quedan entre 2.400 y 2.800 ejemplares en estado salvaje, la mitad de los que había en 1985, tras perder el 70 por ciento de su hábitat en las últimas dos décadas. La gran mayoría de los al menos 15.000 elefantes que son usados por el hombre en el sudeste asiático tanto para fines turísticos como para acarrear árboles en la tala de bosques han sido capturados en la Naturaleza.

Para lograr el total sometimiento de los paquidermos en Thailandia y otros lugares de Asia se le somete a la práctica del Phajaan, el “adiestramiento” o “domesticación” de elefantes que se lleva a cabo desde hace siglos y que trata, en esencia, de "romper el alma" del animal. Básicamente los pequeños elefantes son separados de sus madres a temprana edad y los atan, los enjaulan y los muelen a golpes durante tres días.

Durante este periodo se les priva de comer y dormir y son sometidos mediante castigos físicos y psicológicos para conseguir esclavizarlos para el hombre.
En este proceso es frecuente ver a los «mahouts» empleando el «ankus», la herramienta tradicional para entrenar a los elefantes y que consiste en un palo largo con puntas de metal afiladas en su extremo, y que se utiliza para controlar a los elefantes. La simple amenaza de su uso, recuerda a los elefantes el dolor y permite que sean entrenados, lo que hace posible el manejo de los animales. Por supuesto, muchos de los pequeños elefantes mueren en el proceso.

Pasado ese tiempo, el animal obedecerá al escuchar la voz de su amo. Y su precio se habrá multiplicado
: hasta 45.000 euros puede valer un elefante domestico en Thailandia. Durante siglos, estos animales fueron símbolo del país. Hoy, explotados por la industria turística dentro o al margen de la ley, se encuentran en peligro de extinción.
En este articulo de Brian O'Biren llamado "Como romper el corazón de un elefante", se relata con detalle este terrible proceso.

Las imágenes del phajaan

La mirada del horror

Este pequeño elefante tiene apenas tres años, la edad perfecta para someterse al phaajaan, un cruel ritual de doma practicado por la tribu karen, del norte de Thailandia.

Adiós, mamá

El pequeño es conducido lejos de su madre, con ayuda de dos elefantes ya crecidos, que hace tiempo atravesaron ese mismo calvario. Cada año cien retoños pierden la vida durante el ritual de doma. Las hembras adultas pueden ser muy agresivas y a menudo son asesinadas.

Elefantes y mazmorras

Tres días sin comida ni bebida. Tres noches sin dormir, inmovilizado y golpeado a cada rato para que no logre conciliar el sueño. Al final obedecerá al hombre, por la cuenta que le trae: conoce el castigo que le espera si no hace caso o comete errores.

Herramientas de trabajo

La imagen muestra a los domadores tratando de encerrar al pequeño paquidermo en su jaula. Muchos de los palos tienen garfios en su extremo para golpear al animal hasta que obedezca. Ellos conocen bien sus puntos débiles: los oídos y la boca.

Magia negra y fuerza bruta

Un chamán participa de todo el proceso. Él es el responsable de aplicar los ritos de magia encargados de doblegar el espíritu del animal. Junto a él, los mahout, como se llaman los domadores de la tribu Karen, se encargan del trabajo físico.

Grita libertad

No importa cuantos decibelios alcance el llanto. Ya nada cambiará el futuro que le espera en circos para turistas o en las calles de las ciudades thailandesas, como gancho para conseguir unas limosnas más generosas. El turismo, sin saberlo, alimenta este negocio cruel.

Artículo de Palani Mohan, publicado el 08/08/04 en el suplemento semanal "Magazine".

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La triste suerte del elefante en Thailandia (video)





Segunda parte. Afortunadamente también existen personas admirables...


...que luchan con todo lo que tienen para salvar de los maltratos a estos animales, tan grandes como indefensos ante la maldad humana. En este enlace conocerán a Tony Nevin, un osteópata que en la Fundación Triángulo de Oro atiende a elefantes que han sufrido maltratos y en este otro conocerán la historia de Lek, una niña que desde que conoció su sufrimiento ha dedicado su vida a protegerlos y darles una existencia digna. 

Cuando Lek denunció la práctica del cruel phajaan en Thailandia recibió agresiones y amenazas de muerte de personas preocupadas por que su labor pudiera dañar la industria turística del país. Ahora regenta el Parque Natural de los Elefantes, a 56 kilómetros al norte de Chiang Mai, en el norte de Thailandia. Bean-recomendable. Asimismo les dejamos el enlace a la muy recomendable web Turismo Responsable, que informa de qué santuarios de elefantes (y otros animales como cocodrilos, tigres, o tortugas) thailandeses pueden llamarse como tales o son simples sacaperras de turistas. 

Muchos falsos refugios permiten tocar a los animales, bajo la supervisión del «mahout» (el entrenador de los elefantes), que espera, claro, una propina por este servicio. En algunos de estos pseudo-santuarios, los visitantes pueden verlos haciendo payasadas, pintando cuadros, ver cómo se alimentan a las crías o incluso hacerlo ellos mismos – pagando un suplemento en la mayor parte de los casos. Sin embargo hay otros como el ya citado Parque Natural de los Elefantes, el Thailand Wildlife Friends Foundation, el Boon Lott's Elephant Sanctuary o el Elephant Transit Home en Sri Lanka que sí se preocupan por la rehabilitación de los elefantes huérfanos, heridos o rescatados de los maltratos y en la medida de lo posible de reintegrarlos a la Naturaleza donde pertenecen.

Así pues si alguno de los que leen este blog es tan afortunado de poder viajar a alguno de estos países y sienten la curiosidad de conocer más sobre estos magníficos y nobles animales intenten si pueden visitar alguno de estos centros y si ven en alguna parte alguno de ellos siendo manipulado o humillado les rogamos no participen de la rueda de codicia que los esclaviza y destruye su alma salvaje.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Animales (6) Animales esclavos 1 El galgo que no podía más

Recogemos el artículo del director de la web Crónica Norte sobre un terrible encuentro en los campos de Algete con un mil veces maldito galguero y su aterrorizado animalito, con el cuerpo y el ama destruídos por el terrible maltrato del ser por el que se ha partido el corazón cazando y que sólo le queda buscar un árbol para ahorcarle. La crueldad y mezquindad humanas, en todo su esplendor. País de mierda que sigue albergando gentes y costumbres así.


El galgo que no podia más…
Siempre me ha gustado caminar por el campo, no soy de los que se encierran en un gimnasio, me gusta sentir el viento en la piel, prácticamente cada día salgo a reducir la glucosa de mi sangre y durante una o dos horas recorro los caminos que rodean a Algete, que por cierto no se si sabrán que forman parte del tercer territorio en extensión “protegido” de la Comunidad de Madrid. Pongo entrecomillado protegido porque aunque es una zona Z.E.P.A: de alto valor ecológico no hay patrulla de los agentes forestales que venga por aquí, ni por navidad. Este es un territorio abandonado por la Consejeria de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid e incluso por la mayoría de los grupos ecologistas…ya ven…!!! sin embargo hay infinidad y variada vida animal.

El caso es que el domingo pasado 9 de octubre a eso de las 12 del mediodía salimos a recorrer una pequeña ruta de 6km que dibuja un circulo, más bien un cuadrado entre Algete, Alalpardo y Fuente el Saz, un camino que a buen paso se hace en unos 52 minutos o una hora. Dia radiante, muchos vecinos aprovechan para disfrutar de un pasatiempo saludable y gratuito, salen con las bicis, a pie y a dar simplemente un paseo con el perro. Al adentrarnos por el camino y girar hacia el arroyo Paeque, ya vimos las furgonetas de los “galgueros” y a ellos mismos hacer batidas por los campos de grano de esta estepa cerealista. Este articulo no pretende juzgar la actividad de los galgueros, pero si de las que galgueros o no, abusan de los animales hasta limites insospechados. Seguimos caminando a lo nuestro en un día fabuloso, mientras que los sembrados eran testigos de las carreras y acechos, nosotros conversábamos de nuestras cosas y nos cruzábamos con distintas personas que disfrutaban de la mañana del domingo.

Todo cambio bruscamente cuando al girar y retomar cuesta arriba el camino de Fuente el Saz en dirección hacia Algete, nos encontramos con un triste y angustioso espectáculo, los lamentos, unos de desesperación y auxilio agudos y graves se intercalaban de forma estruendosa, y vimos de pronto como un galgo huía como podía de su amo,camino abajo, tropezando… el galgo sin apenas poder activar sus cuartos traseros gemía de pura angustia, con las patas medio quebradas y con gesto de puro dolor, los aullidos y ladridos se le clavaban a uno en el alma….el perro como podía arrastrandose huía de su mismo dolor camino abajo y se topo con nosotros en los parecia ver cierto refugio.

El amo, un señor de unos cincuenta pico años, no se dio por aludido del horror y del dolor de su galgo, parecía anestesiado sobre el asunto, lo veía algo normal…. Hasta que me encaré con él y le espeté para pedirle un poco de respeto hacia su perro… contestandome que: ¿Que podía hacer? “había salido una liebre buena y tenia que cumplir” ¿Que le voy a a hacer? decía… No era una contestación chulesca, simplemente no entendía que liebre buena o no, el galgo es otro animal que merece un mínimo respeto, no es una escopeta inerte sino un ser vivo que siente y padece, note que no entendía esa diferencia, porque ante nuestra insistencia de socorrer al animal, el solo tiraba del perro semi arrastrandolo por el camino como quien lleva una alfombra… Y con el único objeto de salir del trance y cargarlo en la furgoneta. No quise entrar en más discusión porque el asunto estaba tenso, le comenté que si tenia agua para darle al animal que seguia tendido y extasiado en el suelo. El hombre no tenia nada para su perro, pero yo siempre llevo una botella de medio litro que en este caso llevaba llena. El animal bebió con autentica necesidad, para medio incorporarse, aunque luego volvia a desplomarse para descansar, me esperé unos minutos para comprobar que el animal no empeoraba y no queriendo entrar en un altercado mayor, dada la situación y las experiencia anteriores que he tenido con cazadores en el campo, me fui lentamente del escenario.

He denunciado el hecho y ahora se lo cuento en este medio. No se cuanto tiempo más aguantara ese galgo en esas circunstancias, pero espero que tenga una vida mejor y que luego no acabe malogrado como muchos galgos en nuestro país. No quiero hacer una critica generalizada a los galgueros ni a los cazadores, eso no es el motivo de este escrito. Solo quiero denunciar públicamente a los que abusan de los animales hasta llevarlos al maltrato o a la muerte. A aquellas personas que no entienden los derechos de los animales. yo creo que se puede conjugar una afición o practica legal con el buen trato a los animales, aunque esto mismo en algunas practicas “deportivas” es un contra sentido.

España necesita urgentemente una ley contra el maltrato animal y una sociedad más avanzada que comprenda que no somos una especie “superior”.