Se celebra en estos días el juicio por el caso de fraude continuado de Paco Sanz, el supuesto enfermo que decía tener una grave enfermedad genética casi terminal, el Síndrome de Cowden, que entre otras desgracias, le había provocado tener en su cuerpo más de 2.000 tumores. De esta forma en 2010 lograría convertirse en un personaje público gracias a esta supuesta dolencia.
Sanz decía que el tratamiento para poder curar su dolencia solo podía recibirlo en Estados Unidos, lo que convirtió en el anzuelo perfecto para recolectar donaciones a través de Internet, por libros y otras recaudaciones públicas aunque todo era un teatro en el que también implicaba a su pareja y a sus padres.
Desde 2010 hasta su detención en 2017 grabó más de un centenar de vídeos llenos de quejas y lamentos, convirtiendo su fraude en un trabajo a tiempo completo: en ellos contaba cómo sobrellevaba la enfermedad, el dolor que le causaban sus síntomas y el coste económico de su tratamiento, pero a la vez y llevado por su soberbia, tras los vídeos en los que buscaba dar lástima seguía grabando las burlas e insultos dirigidas precisamente a quienes estaban intentando ayudarle, burlas que eran cortadas antes de la publicación del vídeo. Estas crueles mofas han salido ahora a la luz mostrando su alma miserable.
Mordieron el anzuelo famosos como el exdeportista Pedro Aguado, el humorista José Mota, el periodista Nacho Carretero... fueron víctimas de su estafa más de 8.000 personas anónimas que se solidarizaron con el falso moribundo, haciéndole ganar una fortuna, más de 300.000 euros, dinero que se gastó en ropa de grandes marcas, coches y artículos de lujo.
Este caso, además del enésimo episodio de lo peor de la mítica picaresca española, ilustra tristemente las costumbres y valores de nuestro tiempo, el dinero por encima de todo y a cualquier precio. No importa engañar, no importa mentir, da igual jugar con la buena voluntad de las personas si se trata de hacer dinero.
Paco Sanz se enfrenta ahora a seis años de prisión, los que pide para él la Fiscalía por un delito continuado de estafa, pero las acusaciones particulares van más allá y piden para él 24 años de cárcel. Esperemos pague por sus delitos, por su cruel abuso de la solidaridad de todos los que quisieron ayudarle. Gentuza así sobra.
En junio pudimos ver en El Intermedio, uno de los programas televisivos indispensables del Juez Roy Bean, una entrevista de Gonzo a dos de los más de 600 migrantes y/o refugiados que el año pasado llegaron al puerto de Valencia en tres barcos de rescate, el más conocido el Aquarius siendo incluso recibidos por la vicepresidenta Carmen Calvo, lo que nos daba esperanza de que al fin tuviéramos unos gobernantes sensibles al tema de las migraciones forzadas, uno de los grandes dramas de nuestro tiempo.
Un año después parece cada vez más claro que fue un acto más de postureo de nuestros políticos nacionales y europeos, que se pasan las responsabilidades los unos a los otros en el tema, mientras personas reales mueren o, las más afortunadas, son recibidos por ONG que poco pueden hacer más por ellos que atenderlos en su llegada e intentar ayudarles en sus procesos de solicitud de asilo. Mientras, sus vidas permanecen en suspenso. Ahora nos las cuentan.
¿Cómo ha cambiado la situación de los migrantes que viajaron a bordo del Aquarius?: Responden dos refugiados Mok Kamara y Emilu Sini viajaron como refugiados a bordo del Aquarius. ¿Cómo vivieron desde dentro el momento en el que supieron que ningún país quería acogerles?, ¿ha cambiado su situación desde que viven en España? Gonzo les entrevista en El Intermedio, para conocer a fondo sus historias. laSexta.com / Madrid 19/06/2019 Hace un año el Gobierno de Pedro Sánchez permitió desembarcar en puerto español al Aquarius, un barco que acogía a 629 migrantes y que ningún país europeo se prestó a recibir. Gonzo entrevista a dos de las personas que viajaron a bordo del Aquarius. ¿En qué situación se encontraban en las balsas de plástico en las que iban antes de que llegase el Aquarius?
"El agua empezó a entrar, había una mujer embarazada, nos vio un helicóptero y se comunicó con el Aquarius, que vino a rescatarnos", explica Mok Kamara. Después del viaje tan duro que recorrieron desde su país de origen, les tocaba hacer frente a una situación que no se esperaban: no había países europeos que quisieran recibir al Aquarius. ¿Cómo se sintieron en aquel momento?
"No olvidaré ese momento en mi vida. Éramos 600 personas en un solo barco... Italia nos rechazó, Malta y otros países. Cuando nos enteramos de que España nos aceptaría no podíamos estar más felices", relata Kamara.
Emily Sini explica que cuando llegó el bote de Salvamento les dijeron que ningún país se haría cargo de ellos: "Nos dijeron que lo mejor es que nos devolviesen a Libia. Yo le dije que si nos volvíamos a Libia, saltaría al agua, porque allí no tengo vida. El capitán se asustó", recuerda.
La acogida del Aquarius llevó a pensar que España comenzaría un cambio en la manera en la que trataría a los migrantes. Un año después, ¿piensan ellos que España trata bien a los migrantes africanos?
"Pedro Sánchez, cuando nos aceptó, nos prometió que nos iba a dar documentos. Cuando estábamos dentro del barco la gente decía que éramos afortunados, pero estamos decepcionados. Agradecemos a España lo que ha hecho, pero en otros países ya tienen papeles, nosotros no tenemos ningún permiso para estar aquí", critica Kamara.
De cara a un futuro, Sini asegura que no se quiere ir, pero necesita los documentos definitivos para quedarse aquí. Por su parte, Kamara insiste en que necesitan protección: "Vivir aquí es ilegal para nosotros, y eso es malísimo. En cualquier momento nos echan del país".
Y lanza un mensaje final al Gobierno: "Le rogamos, después de un año, que continúe con el proceso de asilo".
El pasado día 18 de diciembre en Barcelona un agente de la Guardia Urbana le pegó un tiro en la cabeza a la perrita que era la única compañía de un chico estonio que se ganaba la vida vendiendo pulseras en la Gran Vía de Barcelona. Varios policías se habían acercado al chico y uno de ellos, tras darle una hostia porque sí, porque no me gusta tu nombre, al ver que la perrita les ladraba (en ningún caso les mordió) decidió que el procedimiento adecuado era ejecutar al molesto animal. Las imágenes de la perra agonizando en la calle, desangrándose pero aún moviendo la cola, como no entendiendo que hace ella muriéndose ahí, cuando sólo quería jugar y que dejaran de pegar a su dueño, son de las que no se olvidan. A mí al menos se me han metido dentro y me están matando.
Dulce Sota, lo siento en el alma, siento que te hayas ido de este mundo de esta forma tan cruel, tan triste, tan sola, sin poder comprender a las personas. Al menos ésta que escribe ya te lleva en el corazón. Querido Tauri, siento tu dolor como si fuera mío, siento que ni siquiera pudieras abrazarla mientras moría para que no lo hiciera sola, espero que puedas vivir con esta desgracia que tan injustamente te ha devastado la vida. Al menos la solidaridad con Sota y Tauri se ha desbordado en los colectivos animalistas Si alguien quiere firmar esta petición para exigir que se investigue y se juzgue este hecho de lesa Naturaleza, de lesa humanidad, en este enlace se puede. P.D. En recuerdo a Sota, 'Dogsong', de The Be Good Tanyas
Out in the trees, dirt on our knees / We laid him down forever / And on that hill there it was still / As in the ever after / He lays his rest we knew it best / To lay him down so gently / And now he sleeps / where moss does creep / And no more is he with me / The birds did cry, and so did i / To think of life so lonely / And in their song i heard it long / What sadness, and what beauty / Your friend is gone, but / you live on / In life you loved him fully / But now little streams and forests / Dream / And all is made more holy
El amo de la perra abatida por un policía: “Sota no le mordió” El joven estonio denuncia ante el juez a los agentes por agredirle tras la muerte del animal en plena calle
El País - Barcelona 21 diciembre 2018 - 20:24 CET Minnesota es el nombre con el que se la entregaron después de ser abandonada. Pero él la llamaba Sota. "Dormía conmigo, se levantaba conmigo... Sota me ha demostrado más amor que mi familia", explica Tauri Ruusalu sentado en un banco de la Ciudad de la Justicia. A ratos, el joven estonio baja la cabeza, interrumpe su relato y se queda como en trance mientras recuerda a la perra que le ha acompañado desde que llegó a Barcelona, hace un año y cuatro meses, como mochilero. "Sota ha estado con niños y no les ha hecho ni un arañazo. No ha mordido a nadie. Tampoco al policía que la asesinó".
El joven, que vive en la calle y vende pulseras, también hace un llamamiento para encontrar testigos de lo ocurrido. Los hechos, que han indignado a las entidades animalistas, ocurrieron en pleno mediodía del miércoles. Ruusalu paseaba por la calle junto a Sota, que como siempre iba "suelta, sin atar", cuando un agente le tocó en el hombro y le pidió que se identificara. A partir de ahí, los relatos de la Guardia Urbana y del amo de la perra abatida difieren por completo y han dado lugar a denuncias cruzadas.
"Me ofrecí a escribirle mi nombre porque es complicado. El policía pensó que le tomaba el pelo", cuenta. El agente le dio entonces, siempre según su versión, un manotazo en la cara. Sota se interpuso entre los dos. "Subió sus patas delanteras al brazo del policía, pero no le mordió. Movía la cola todo el rato. Pensaba que estábamos jugando". Ruusalu dice que ordenó al animal colocarse detrás de él. Pero el urbano le gritó para que entrara en el coche y Sota ladró y se dirigió hacia el policía.
Una ejecución a sangre fría. Así describe Ruusalu la acción del urbano. El joven estonio se lleva las manos a los bolsillos, las saca simulando que lleva una pistola y reproduce de forma teatral lo ocurrido ante la mirada de los vigilantes de seguridad de la Ciudad de la Justicia, vacía y espectral a estas horas de la noche. "No dijo nada. Sacó su pistola y sin dudarlo apuntó directamente a la cabeza y disparó. La asesinó. Estaba a unos tres metros. Me quedé aterrorizado".
Ruusalu se queda otra vez paralizado, los ojos fijos en el suelo mientras rememora aquel momento. Más calmado, intenta buscar una explicación: "No sé si el policía se asustó o quiso probar su poder contra mí. No estoy en contra de los policías, pero tienen que saber controlar una situación. El policía que disparó a Sota tiene un problema mental, no puede llevar un arma".
Agresión tras el 'shock'
El nómada Ruusalu (antes de vivir en las calles de Barcelona recorrió otras en Francia, Suiza o Alemania para "entender nuevas culturas") acude a los juzgados, de entrada, para despedirse en condiciones de su compañera. "Quiero el cuerpo de mi perra. Quiero incinerarla y enviar sus restos al Mediterráneo. Le encantaba bañarse allí. Fuimos muchas veces al camping de Waikiki [en Tarragona] y Sotajugaba con los niños, que le hacían de todo", recuerda, y por primera vez su rostro deja de ser anonadado.
Pero Ruusalu también busca justicia por lo que, cuenta, le ocurrió tras el disparo. El joven quedó en shock y cogió un monopatín que llevaba para "defenderse", según su denuncia, que no entra demasiado en ese asunto aunque el joven admite que entonces estaba "muy enfadado". La Guardia Urbana, en cualquier caso, ha denunciado al mochilero estonio por atentado a la autoridad. Según la versión oficial, golpeó a uno de los agentes con el monopatín.
Otros agentes de la Guardia Urbana acudieron entonces al lugar y se abalanzaron sobre Ruusalu para reducirle. Esa escena sí fue grabada parcialmente en un vídeo difundido estos días, en el que también se ve a Sota agonizando en la acera, rodeada por un charco de sangre en torno a su cabeza mientras aún mueve la cola.
La denuncia interpuesta por Inés Guardiola, del bufete Del Castillo, relata que fue agredido "brutalmente" por cinco policías. "Un agente con la bota policial me pisó expresamente y sin justificación la mano izquierda". En el coche, Ruusalu dice que también fue agarrado por el cuello y golpeado en el diafragma. Por la noche, en el hospital, solo recuerda que le sedaron para calmarle y que se despertó varias veces llamando a Sota y buscándola, en vano, debajo del colchón.
Los más de seis años de gobierno del Partido Popular han supuesto un grave retroceso democrático en España. La libertad de expresión se ha visto recortada hasta extremos inauditos gracias a la Ley Mordaza. Los medios públicos de comunicación, que alcanzaron un nivel encomiable de independencia en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, han vuelto a transformarse en aparatos de propaganda gubernamental y son un motivo de vergüenza nacional. El Gobierno, además, ha contribuido cuanto ha podido al incendio catalán y ha dado un giro autoritario a sus relaciones con las comunidades autónomas y ayuntamientos. Y, por encima de todo ello, una corrupción insoportable. Era una anomalía democrática que el presidente del PP, Mariano Rajoy, continuara al frente del Gobierno desde que en enero de 2013 se publicaron los papeles de Bárcenas. Que el nombre del presidente del Gobierno apareciera en los papeles del tesorero del partido en más de treinta ocasiones a cuenta de sobresueldos procedentes de la contabilidad paralela debería haber sido suficiente para que Rajoy hubiese dimitido de inmediato. En aquel año, sin embargo, el Partido Popular disfrutaba de una mayoría absoluta que permitió a Rajoy mentir en el Parlamento y capear el temporal político.
La información sobre las tramas de corrupción en el seno del partido (incluyendo el pago de la reforma de la sede central en la calle Génova de Madrid con dinero negro) siguió apareciendo en los medios de comunicación. El 2 de febrero de 2015, CTXT publicó un contundente editorial titulado “El PP, un partido indigno para la democracia”. Algunas personas se escandalizaron por la dureza de nuestro diagnóstico, pero el tiempo nos ha dado la razón.
La ocasión para desalojar a la derecha de las instituciones se puso en bandeja tras las elecciones de diciembre de 2015, cuando el PP perdió la mayoría absoluta (y más de 3,5 millones de votos). Sin embargo, el electoralismo de Podemos, más interesado en superar al PSOE que en echar a los corruptos, y la ceguera y conservadurismo del PSOE de entonces, que pactó con Ciudadanos y se autoimpuso unas restricciones que imposibilitaban la formación de un gobierno progresista, dieron al traste con las ansias de cambio que latían en la sociedad española tras una legislatura marcada por un retroceso social generalizado (reforma de las pensiones, desregulación del mercado de trabajo, recortes en políticas sociales, en inversión pública y en investigación).
Aunque con gran retraso, los partidos de la izquierda han aprendido la lección y han cumplido finalmente el deseo de sus votantes. El enfrentamiento entre Podemos y PSOE era estéril y paralizante para la política española y producía un profundo desánimo entre muchos electores progresistas. Ha hecho falta una sentencia judicial (nos habría gustado que hubiese sido de otra manera) para que los líderes de PSOE y Podemos hayan entendido que España no podía seguir soportando un desgaste tan brutal de su democracia.
Acabar con el deterioro de las instituciones y de la confianza social que producen la corrupción y la manipulación mediática masiva debería haber sido la prioridad absoluta de los partidos de la oposición. Por eso, no podemos dejar de celebrar que Mariano Rajoy y el Partido Popular hayan sido desalojados por el Parlamento de la presidencia del Gobierno.
La moción de censura ha salido adelante gracias a la colaboración de los partidos nacionalistas, pues la suma de PSOE y Podemos se quedaba lejos de la mayoría absoluta requerida. Pedro Sánchez ha sido investido con 180 votos procedentes de PSOE, Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, PNV, Compromís, Bildu y Nueva Canarias, más de los que obtuvo Rajoy en 2016. Para los analistas más conservadores de la prensa madrileña, el voto de los partidos nacionalistas contamina esta operación de cambio político respaldada por doce millones de sufragios. A nuestro juicio, sucede todo lo contrario: por primera vez en muchos años, el acuerdo de todos los partidos parlamentarios (con la excepción de PP y Ciudadanos) permite que el nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda empezar a dar pasos para arreglar el destrozo producido por la política intransigente del PP en Cataluña. Es urgente restablecer las relaciones entre el Estado español y las instituciones catalanas para encontrar una salida a la crisis constitucional que ha vivido nuestro país y en la que el Gobierno saliente de Rajoy ha tenido una responsabilidad fundamental. Para la unidad y estabilidad de España, Rajoy y los suyos eran una bomba de relojería.
Los retos a los que se enfrenta Pedro Sánchez son enormes. Tiempo habrá de comprobar si el PSOE hace una política audaz o vuelve a provocar la decepción de la España progresista. Mientras tanto, festejemos que el Gobierno ya no esté en manos de un partido carcomido por la corrupción.
El documental se titula 'El fin de ETA' e ilustra con voces múltiples pero todas ellas interesantes cómo el monstruo entró en inapelable agonía
Texto: Carlos Boyero 20 oct 2016 El documental se titula El fin de ETA (sin interrogaciones) e ilustra con voces múltiples pero todas ellas interesantes, independientemente de que estés de acuerdo con unas u otras, cómo el monstruo entró en inapelable agonía. Imagino que podrán verlo alguna vez en las televisiones y sería deseable que encontrara distribución comercial en las salas de cine, aunque fuera muy restringida. Lo dirige Justin Webster y el muy documentado guión lo firman Luis Rodríguez Aizpeolea y José María Izquierdo, dos periodistas de raza que siempre saben de lo que están hablando. Lo protagonizan los encuentros clandestinos entre dos políticos antagónicos, Eguiguren y Otegi, que buscaron complicadas formulas políticas para que terminara una pesadilla inacabable, aunque ya se sintiera muy débil, acorralada por la ley y sin fuerza, pero también por el progresivo desencanto de la gente que hizo posible su siniestra supervivencia. Y es tremendo el relato sobre las negociaciones que hace Eguiguren, alguien que habla y mira con señales de una depresión larga y feroz, incomprendido y hostiado por todos, por los suyos y los otros, un tipo que le echó coraje y paciencia, que comprobó que la luz era escasa y la oscuridad casi irrompible. Y entre todos mataron a la alimaña y ella sola se murió. Mi calificativo sobre ETA no es exagerado. De lo primero que nos informan en este documental es de que ETA asesinó a 847 personas. Y no aparecen los tullidos físicos o emocionales a perpetuidad. Y tampoco se sabe el nombre de los que enviaron al cementerio a más de trescientas víctimas. Este más que meritorio testimonio se cierra en la tumba de un masacrado. A su viuda la acompaña un hombre. Fue el asesino de su esposo. Pide perdón. Es perdonado. Me parece admirable. Pero no creo que yo pudiera perdonar a los que que hubieran segado la existencia de los míos, convirtiéndome en un zombi. Excepto a sus autores, el terrorismo nos inspira consecuente y cotidiano pavor al resto de los seres humanos. Incluyo el terrorismo en masa que imponen los estados y que nunca será juzgado en los nuevos y deseables Núremberg, que los asesinos más poderosos morirán en su camita y arrullados por su familia. Siempre ha disfrutado de infame protagonismo en la vida real, en cualquier lugar del mundo. También es un tema muy goloso para el cine. Los ancestros, el esplendor y los últimos espasmos del monstruo en la geografía de Irlanda ha inspirado películas que me gustan bastante. Recuerdo sin ser exhaustivo títulos como La hija de Ryan, Michael Collins, Agenda oculta, Juego de lágrimas, En el nombre del padre, The Boxer, El viento que agita la cebada, Omagh...
En España, Imanol Uribe ha realizado, con mayor o menor fortuna, en cuatro ocasiones, películas relacionadas con ETA. Y acabo de devorar una novela difícilmente superable sobre dos décadas en el imperio del terror. Se titula Patria y lleva la firma de Fernando Aramburu. Posee sabor, olor, lucidez, una narrativa digna de los clásicos, una capacidad de emoción que pueden derretir a espíritus glaciales. Cuenta lo que le ocurre a la gente por fuera, pero sobre todo por dentro, antes y después del asesinato de un pequeño empresario en un pueblo de Gipuzkoa. Nadie me ha descrito mejor, con tanta veracidad, sentimiento, dureza, retrato ambiental y observación del alma lo que ocurrió en el País Vasco durante los salvajes años de plomo. Ojalá que esta novela excepcional encuentre un director de cine a su altura. estética y moral. Si no es así, que la dejen en paz. Sus 650 páginas podrían ser más. Y dejan inolvidable huella.
Hasta el cielo se puso de su lado y en Madrid no dejó de llover esa semana, día y noche, como si las meigas gallegas de Lola se hubieran trasladado para hacerle la despedida más cercana, más galaica, más humana. Se fue Casto y con él se va también El Palentino: “Nació detrás de una barra y por eso, al faltar él el bar se muere”. El Palentino cerró sus puertas y Juan apagó su plancha después de 39 años haciendo bocatas.
No podía ser de otro modo, la gente se volcó en la despedida de su bar y acudió en masa a tomarse una caña, un último café, una copa o, simplemente, a verlo por última vez. Muchos recordaron primeros besos; otros, sus malos momentos… En la memoria de todos y para siempre, quedará El Palentino. Ya nada será lo mismo en esa esquina de Malasaña.
Cientos de barceloneses se han hecho eco hace unas horas de un sospechoso caballo de madera de gran tamaño que ha entrado en Barcelona por la Diagonal arrastrado por varios coches de la Guardia Civil, que se han limitado a dejarlo en el centro de la ciudad condal y luego han abandonado la zona, según han informado diversos testigos. Desde el Ministerio de Interior han informado de que el extraño artilugio de madera “es un regalo del resto de los españoles que muestra nuestro arrepentimiento por las actuaciones desproporcionadas de las últimas semanas”.
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha lamentado que la ofrenda llegue “algo tarde” pero ha querido agradecer el “detalle” del Gobierno, en el que ve por primera vez signos de diálogo hacia Cataluña. “Nos enviaron 10.000 policías y nos temimos lo peor, pero sin duda este gesto muestra que se han dado cuenta de que la represión no es la manera de atajar los problemas políticos”, ha declarado el president, que entiende que el caballo de madera en cuyo interior se oyen risas “es un símbolo inequívoco de que la jornada del referéndum transcurrirá en paz”.
Desde el Govern han informado a la prensa de que el caballo permanecerá en el centro de la ciudad durante la noche sin ningún tipo de vigilancia a la espera de que mañana se valore cuál será su ubicación final.
Con apenas dos semanas de diferencia la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) ha hecho públicos dos comunicados. El primero criticaba el control que el gobierno mantiene sobre RTVE, la fabricación de mentiras y de noticias sesgadas. El segundo denunciaba las amenazas e insultos que responsables de Podemos ejercían sobre una docena de periodistas a través de mensajes y redes sociales. No deja de ser curioso que mientras el primer comunicado fue obviado en TVE, del segundo se hicieron eco tanto el Telediario como Los Desayunos. Difícil encontrar mejor ejemplo de esa manipulación y censura selectiva que los profesionales de Televisión Española y Radio Nacional denunciamos hace unos días masivamente en el Congreso de los Diputados.
Hoy ya es evidente que el principal criterio editorial de TVE depende de un doble rasero; si la noticia afecta a la oposición abrirá los informativos y si perjudica al Gobierno o al partido que lo sustenta con suerte irá en un breve, salvo en los casos más notables, en los que ni siquiera el tipex de la actual dirección puede borrarlos de la agenda informativa.
Esta actitud se ha ido recrudeciendo en los últimos tiempos y ha llegado a niveles casi tóxicos. Desde el Consejo de Informativos hemos documentado en estos cuatro años abundantes y sonrojantes ejemplos de manipulación con los que no voy a aburrirles porque pueden encontrarlos en la web www.consejoinformativostve.es.
Simplemente les recordaré, a modo de corolario, que tan solo el pasado fin de semana los telediarios han semiocultado la multitudinaria manifestación en Murcia contra el presidente autonómico Pedro Antonio Sánchez por casos de corrupción (causa de una posible crisis del pacto entre PP y Ciudadanos) y censurado la gala del carnaval de Tenerife porque según el señor obispo atentaba contra la moral y las buenas costumbres, como en tiempos pretéritos... e imperfectos. No es de extrañar que hace un par de años decidiesen censurar también a dos patriotas como Mortadelo y Filemón por ponerse a investigar la trama Gürtel en el número especial 200 de la inmortal publicación. Tal vez al genial Ibáñez se le ocurra un día de estos investigar el caso de La Invasión de los Ladrones de Cuerpos en TVE.
Quizás en este periodo de deseable cambio que se adivina sea de nuevo conveniente recordar que el presidente de RTVE presume en Las Cortes de ser fiel hincha del PP, que el director de TVE ha amparado la censura de noticias que perjudicaban a la líder del partido del gobierno en Cataluña (a la que había servido como jefe de prensa), o que parte de los cargos directivos, orgánicos y de edición han sido encomendados a antiguos responsables de comunicación del PP o de medios afines.
Si algo hace daño a la imagen de una televisión o de una radio pública es que se la asocie con una extensión más del poder político. Desprenderse de esa etiqueta gubernamental fue una de las grandes conquistas logradas con la llegada de Carmen Cafarell a la entonces dirección general de RTVE en 2004 y de Fran Llorente a la dirección de informativos. Recuperar ese espíritu es tarea de todos los profesionales de esta casa.
Lo mismo se puede decir del ejercicio de este oficio. El tono bufandero que lamentablemente se ha incrustado en el periodismo deportivo en los últimos años se ha extendido también a la información política. Solo se puede dignificar el periodismo desde la distancia y la mirada crítica hacia todos los partidos políticos sin excepción, y esa batalla por la independencia nos atañe principalmente a nosotros.
Por ello uno no puede dejar de solidarizarse con esa docena de compañeros que se han sentido vejados, insultados y amenazados por responsables de comunicación de Podemos, como denuncia la APM. Una actitud intolerable ante la que solo cabe la denuncia pública. No es la primera vez que responsables de Podemos actúan de esta forma, aunque no son los únicos a los que hay que decir "¡Basta!". Ejemplos de presiones más coercitivas salpican a otros partidos, con la diferencia de que esas amenazas suelen ser mucho más efectivas si el partido en cuestión ocupa el gobierno central o autonómico y de él depende por tanto el control de los medios públicos, la concesión de licencias o la contratación de publicidad institucional. No creo que ese sea aún el caso de Podemos pero sí del poder político (y económico) que en los últimos tiempos ha costado el puesto de trabajo a periodistas, directores y subdirectores de medios privados y públicos.
Por ello algunos están diciendo "¡Basta!" también a las presiones y amenazas con las que la dirección de informativos de TVE trata de someter a compañeros de la redacción, a veces en reuniones a puerta cerrada, con el agravante de que en varias ocasiones esas amenazas se han acabado transformando en purgas o traslados forzosos, como ya hemos denunciado. De igual forma aquí agradeceríamos un posicionamiento firme de la APM.
Porque a fin de cuentas periodismo es contarlo todo, en este caso las amenazas de unos… y de otros. También en la televisión pública.
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* Xabier Fortes es vicepresidente del Consejo de Informativos de TVE.
Continúa la miserable persecución al máximo estandarte de la fauna salvaje de nuestro país y a quienes lo defienden. Un animal totémico que debería ser motivo de orgullo para todos sigue siendo perseguido con saña, en misión de búsqueda y destrucción por parte de ganaderos perezosos, cazadores miserables y administraciones que miran a otro lado. Lobos colgados de señales de tráficos, cadáveres de lobos decapitados en parkings públicos, lobos que son subastados para ser disparados por el mejor postor... Es muy doloroso, es insoportable para quienes llevamos su desgarrado y hermoso aullido en el corazón saber que estas cosas siguen sucediendo en esta España, un país que encumbra y protege a los mentirosos y persigue lo que no puede dominar o poner en valor.
Entre ellos, cómo no, Luis Miguel Domínguez que solicita ayuda para nuestra querida asociación Lobo Marley, para cuyos activistas se solicitan 50.000 euros de fianza (está claro que Lobo Marley no es Urdangarín ni la infanta, ni Rato ni Blesa, gran cazador, por cierto) por una denuncia por defender el patrimonio natural de todos destruyendo unas casetas ilegales desde las que ilegalmente se mataba lobos. Los enemigos del lobo no se lo han perdonado. Como dice Ruth Toledano en su blog Zona Crítica: (...) precisamente por combatir de manera activa las ilegalidades que cometen los de los lobbies anti-lobo, estos los persiguen judicialmente: Lobo Marley respondió a su guerra en el terreno del lobo y ellos se la han declarado en los tribunales. Lo que no se entiende (y menos con la que está cayendo en los juzgados) es que los jueces actúen como si estuvieran en connivencia con esos lobbies: amedrentando a los activistas y asfixiándolos económicamente. La injusticia a la que nos están queriendo acostumbrar los jueces.
Defender a los lobos es un derecho ciudadano. Y no solo desde la palabra o las denuncias, sino también desde la acción directa. Lobo Marley (cuyas denuncias, por cierto, nunca han prosperado en los juzgados) acusa a los lobbies anti-lobo (ya sean las empresas cinegéticas, los sindicatos ganaderos o las instituciones públicas) de manipulación: les quieren hacer pasar por vándalos, cuando el vídeo de la acción en la sierra de Culebra demuestra que no dañan a nadie, que actúan cuando no puede haber enfrentamientos y que solo van a favor de los lobos a los que los pistoleros engañan y matan. Lo que busca Lobo Marley es la protección legal del lobo en todo el territorio español, como está protegido en Portugal.
Lobo Marley necesita ayuda económica para hacer frente a esa injusticia. No tienen recursos ni reciben subvención alguna. Por eso han hecho un llamamiento a “la manada”, que somos todas las personas indignadas con lo que se hace a los lobos, con lo que se hace a quienes los defienden, con lo que se hace a una sociedad que quiere proteger su patrimonio de los pistoleros de chaleco verde caqui y los depredadores de corbata. El propio Domínguez pide esa ayuda en este vídeo y se reconoce emocionado con la respuesta que ya han recibido. Pero aún les falta mucho dinero hasta los 50.000 de la injusticia y, si está en nuestra mano, debemos ayudarles.
Los activistas de Lobo Marley también tienen familia y no tienen intención alguna de fugarse, dado que cometieron su presunto delito con la conciencia de estar ejerciendo el derecho ciudadano a defender el patrimonio natural de todos por lo que parece claro que a quienes defienden ese patrimonio se les castiga y a quienes lo roban se les protege. Así que cualquier ayuda será bienvenida. Por cierto, este sábado 12 de marzo hay convocada una manifestación en la Plaza del Sol de Madrid en defensa de este maravilloso animal, en defensa del lobo vivo y protegido en toda España. Cuantos más vayamos, más se nos oirá en nuestra justa reivindicación. Les esperamos.
Por último damos voz a Carlos de Hita en su zaherida denuncia de las masacres de lobos en Asturias, ese Paraíso Natural domado y bastardo que va sustituyendo su vida silvestre por un ganado onmipresente y descuidado. Porque como termina su texto, "(...) Que cada uno elija su manada. A la mía la están masacrando."
Llanto por un lobo muerto
Carlos de Hita El Mundo - 4 de Marzo 2017 Algo muy negro recorre de un tiempo a esta parte los campos verdes de Asturias. Cazadores furtivos, escondidos en la oscuridad, se han erigido en defensores de no se sabe muy bien qué y exhiben por las carreteras del Principado sus macabros trofeos. Se supone que protegen a los ganaderos de los ataques del lobo, pero en realidad su intención es insultar a los conservacionistas y provocar a las administraciones. Para ello, como hacen siempre los cobardes, atacan a los más débiles. No se sabe quiénes son, ni si están organizados. Pero sí se sabe cómo se ha llegado hasta aquí. Dijeron aquello de Paraíso Natural y debieron creer que en el paraíso no habría problemas. Pero la naturaleza no es un jardín idílico, y lo que se necesitan no son ángeles justicieros sino gestores eficaces y comprometidos.
Nadie duda de que el lobo es un problema para la ganadería. No el mayor, ni mucho menos, pero sí el chivo expiatorio más a mano. Los zarpazos de los lobos al ganado no son nada comparados con los que dan los mercados a las sufridas economías rurales. Y en esa situación, creo que lo inteligente sería utilizar al lobo como símbolo y buscar aliados entre la creciente opinión pública que apunta hacia la conservación de la naturaleza -sí, los denostados urbanitas-, que practica el turismo rural, está dispuesta a pagar un buen precio por los productos naturales y apoya los subsidios en las políticas agrarias. Pero hay quien prefiere aliarse con los sectores más intransigentes, echar leña al fuego y declarar una guerra para expulsar a los lobos del paraíso. El resultado final es la imagen de Asturias manchada por estos canallas. Que cada uno elija su manada. A la mía la están masacrando.
El periodista aragonés Ramón J. Campo, que siguió durante años junto a las víctimas y sobre el terreno la tragedia del avión fletado por Defensa, reconstruye el relato de los hechos que incriminan a Federico Trillo y al Gobierno del PP
Francisco Cardona y su esposa, Amparo Gil, salieron la tarde del 25 de mayo de 2003 desde Alboraya (Valencia) hacia la Base de Zaragoza para recoger a su hijo, el sargento Francisco Cardona Gil, que venía desde Manás (Kirguizistán), después de haber trabajado dos meses como mecánico de los aviones Hércules que participaban en la operación Libertad Duradera. Cuando estaban a mitad de camino, a las 18.30, recibieron una llamada al móvil. Amparo habló con su hijo, aunque nunca sospechó que sería la última vez: “No sé lo que pasa, pero saldremos con retraso. Embarcamos a las doce de la noche que son las ocho de la tarde en España. Ya nos veremos cuando llegue a Zaragoza. No os llamaré más”. Nunca lo pudo hacer.
Zaragoza era el lugar de destino del avión Yakovlev-42D matrícula UR-42352 que había despegado a las 20.00 del viernes desde Kabul, la capital de Afganistán. A bordo iban 53 militares españoles que habían concluido su misión en la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad de Afganistán (ISAF). El Yak-42 debía hacer escala en Kirguizistán para recoger a nueve integrantes del Ala 31, integrados en el destacamento Géminis, y desde allí volar a Zaragoza tras hacer una parada para repostar combustible en Trabzon (Turquía). Amparo Gil se despidió de Francisco, y el matrimonio siguió su rumbo hacia la capital aragonesa. Ellos fueron los únicos padres que durmieron esa noche en la instalación militar, donde ya habían estado dos meses antes, el 13 de abril, “Domingo de Ramos”, recuerda el padre, para despedirlo, junto a su novia, al partir a una nueva misión en Afganistán. “Él ya había ido a Manás hacía un año, pero hizo el viaje de ida y vuelta en un Hércules. Esta vez se marchó en uno ruso, pero no sé si fue un Ilyushin, un Yakovlev o un Tupolev”, recuerda Francisco Cardona. A las 7.00, la pareja se despertó en el segundo piso del pabellón, y después de asearse, bajaron a desayunar a la cafetería porque habían quedado con un amigo de su hijo para ir a buscarlo. Un camarero y un sargento eran las únicas personas que había en el bar. Ambos susurraron un comentario que despertó las sospechas del padre: “Venía el valenciano que hacía paellas”, dijeron. Francisco les interrumpió para inquirirles si sabían cuando llegaba el avión de Afganistán. “Creo que hablan de mi hijo”, les dijo. “No sabemos nada”, le contestaron. Pero el sargento y el camarero ya conocían la tragedia.
Al ir a pagar la consumición, Francisco se giró hacia la televisión encendida, que ya daba la noticia a las 7.20, con un gráfico de situación de la zona del siniestro. “Un avión con 62 militares españoles se ha estrellado en Turquía y no hay supervivientes”. “Lo primero que pensé es que era otro avión porque yo desconocía que hacía escala en Turquía”, explica el padre. “Llamé enseguida a su amigo para ver si él sabía algo y me dijo que iba a buscarnos con el coronel. Entonces, pensé lo peor”. Se encontraron en el vestíbulo del pabellón y allí, sin más preámbulo, el coronel Manuel Mestre, jefe del Ala 31, les dijo de sopetón: “Lo siento mucho. Traigo malas noticias. Su hijo ha fallecido en un accidente”.
Ambos rompieron a llorar y el padre desató su furia y dolor contra todo lo que encontró por medio: “Empecé a dar patadas a los sofás, a gritar desesperado... Sentí rabia, impotencia...”, recuerda. Así pasaron casi dos horas. Solos en la Base, con el único consuelo de los compañeros del sargento Cardona que se acercaban a darles el pésame. Llamaron a su hijo Ignacio, otro militar que trabaja en Madrid, como cocinero del Jefe de Estado Mayor de la Armada, y a varios amigos de Alboraya para darles la mala noticia. Hasta las 9.30 no vieron llegar a otras familias de los militares del Yak, que iniciaron un triste cortejo para confirmar de forma oficial que los suyos estaban en la lista de pasajeros muertos.
Con esta escena empecé mi libro ‘Yak-42, honor y verdad. Crónica de una catástrofe’ (Península, 2004), un intento de describir la peor tragedia de la historia del Ejército español en tiempos de paz, quizá la mayor vergüenza de los 35 años de democracia y uno de los episodios más siniestros de mentiras y manipulaciones cometido por el Gobierno del PP.
La mitad de los 62 militares españoles muertos no fueron identificados por el Gobierno de José Maria Aznar, que se apresuró a entregar los cuerpos por miedo al escándalo a los dos días del accidente, el 28 de mayo, después de un funeral tétrico en la Base de Torrejón, que retransmitió TVE con los micrófonos tapados para que no se escucharan los gritos de protesta de las familias ante los políticos que asistieron. También estuvieron los Reyes Juan Carlos y Sofía, que reconocieron más tarde que fue el acto más duro en sus años de reinado.
Una asociación ejemplar
La mayoría de familiares de las víctimas no eran militares como los fallecidos, y muchos se rebelaron contra la injusticia desde el mismo 26 de mayo de 2003. Intercambiaron sus teléfonos en el mismo funeral, y Alfonso Agulló (hermano de un fallecido) repartió octavillas. Poco después, el 14 de junio, en una reunión celebrada en Zaragoza, decidieron formar una asociación. Desde entonces, han batallado con sus armas (ayudados por un despacho jurídico dirigido por Leopoldo Gay, junto a la letrada turca Belkis Baysal), contra el ministerio de Defensa en busca de la verdad. Y finalmente, vencieron. La asociación ha sido un ejemplo decisivo para evitar que la Administración pueda volver a realizar sin ningún tipo de vigilancia la contratación de aviones baratos --rusos y ucranianos, sobre todo--. El despliegue y transporte de tropas en Afganistán, a 6.000 kilómetros de distancia, se hizo sin controlar previamente la seguridad de los aviones, pese a que aquella fue la operación logística más importante del Ejército español en misiones internacionales.
A los pocos días del accidente, el ministro de Defensa, Federico Trillo, suprimió los contratos de los aviones rusos y ucranianos a través de la agencia Namsa de la OTAN invocando la “alarma social” generada, a pesar de la posición del ministerio, que defendía que eran unas aeronaves muy seguras e insistía en que la causa del siniestro pudo ser meteorológica. Poco más tarde, Trillo tuvo que asumir que el ministerio había recibido doce quejas previas, realizadas por militares españoles, sobre la seguridad de estos aviones; la investigación demostró que los pilotos del aparato de bajo coste no conocían el aeropuerto de Trabzon (Turquía); que tenían restos de alcohol en la sangre, que giraron hacia el monte Pilav --un viraje prohibido en cualquier plan de vuelo: “Precaución. No está autorizado a realizar maniobras de aproximación al sur del aeropuerto”, decía la carta aeronáutica--, y que habían superado las 22 horas de viaje, por encima del tiempo legal.
De los 62 fallecidos, 21 eran componentes de unidades del Ejército del Aire de Zaragoza (nueve del Ala 31 y doce del Escuadrón de Apoyo al despliegue aéreo). Además, otros cinco militares del Ejército de Tierra habían nacido en Aragón. Yo era --todavía soy-- periodista del Heraldo de Aragón. Así que me tocó la mitad de la tragedia en nuestra propia casa. Al llegar a la redacción aquella mañana, un trabajador del departamento de administración me preguntó si conocíamos el listado de los fallecidos porque el marido de una compañera podía estar entre ellos. Así era, el brigada José Manuel Pazos Vidal era uno de los fallecidos. Fue una puñalada. El militar había pasado ocho años en misiones durante la guerra de Bosnia-Herzegovina apoyando a los F-18 que vigilaban el espacio aéreo de la ONU y la OTAN. Su viuda, que tenía dos hijos, me contó la última conversación con su marido, y fue el preludio de la avalancha de información: “Me ha dicho que volvían en un avión ruso, como esos a los que se les abren las puertas. Y le dije que se agarrara bien el cinturón”.
Ese fue nuestro primer titular del día siguiente. Tres semanas antes del accidente, un Ilyushin 76 de fabricación soviética (uno de los modelos elegidos por el Gobierno español junto al Yakovlev-42 y el Tupolev-154 para trasladar a las tropas españolas a Afganistán) sufrió un accidente en el Congo al abrirse en pleno vuelo la puerta trasera y perder a decenas de pasajeros.
Encuentros secretos
Estas denuncias de los militares, y la noticia de que la caja negra estaba averiada, se fueron desvelando en los primeros días entre Heraldo de Aragón y El País. Pero en el ministerio de Defensa sabían que lo peor estaba por llegar. El teniente coronel Javier Marino González, miembro del CISET (Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército del Aire) había advertido un mes antes del accidente mortal del peligro de utilizar estos aviones. “Se están corriendo altos riesgos al transportar personal en aviones de carga fletados en países de la antigua URSS: su mantenimiento es, como mínimo, muy dudoso”.
Los encuentros con los militares se producían a escondidas y en lugares secretos porque teníamos la sensación (que fue real) de que estábamos siendo seguidos. Las citas eran como la película El tercer hombre. Ya en esos primeros días supimos que Defensa había trasladado 30 muertos sin identificar. Pero no podíamos contar la información. Hoy se puede contar que hubo muchos compañeros de los fallecidos que se jugaron su trabajo en esos encuentros cinematográficos, compartiendo la información con nosotros y con las familias de los fallecidos. Una orden remitida por el Jefe de Estado Mayor del Aire, Eduardo González-Gallarza, a todas las unidades, prohibía a los militares no autorizados hacer declaraciones sobre el accidente del Yak-42. “Como descubra al que os está contando todo lo vais a tener que poner de portero en el Heraldo”, me advirtió un día el coronel Mestre, del Ala 31. ¿Pero es verdad o mentira lo que publicamos?, le pregunté. “Lo malo es que casi todo es verdad”, reconoció. Viaje a Trabzon
Francisco Cardona convenció al equipo de fútbol de Villarreal para que le llevaran a Trabzon (Turquía), donde les había tocado jugar una eliminatoria de la UEFA contra el Trabzonsport, en octubre de 2003. Varios familiares levantinos viajaron en ese mismo vuelo y, pocas horas depués de aterrizar, entendieron que los turcos podían ser su solución. Los periodistas estaban más interesados en los familiares de los militares muertos que en los futbolistas. Un imán de la ciudad turca les entregó varias chapas identificativas de las víctimas, que según Defensa, habían servido para identificar a los 62 militares en un tiempo récord de un día y medio.
Así nació la sospecha sobre la gran mentira urdida por el ministro de Defensa, Federico Trillo con su gabinete, y que acabarían pagando, a finales de 2009, el general Vicente Navarro, jefe del equipo médico español, (la “cabeza de turco”, como lo calificó su familia en la esquela que se publicó al morir después del juicio), condenado por la Audiencia Nacional por falsedad documental, y los comandantes médicos José Ramón Ramírez y Miguel Ángel Sáez, que fueron indultados por el Gobierno del PP en 2012.
La visita de la abogada turca
Seis años antes de llegar a aquella vista oral, las familias recibieron en un hotel de Madrid en diciembre de 2003 a la abogada turca Belkis Baysal, que iba a explicarles la posibilidad de plantear un pleito en Turquía. Baysal se dio cuenta de que las madres de los fallecidos tenían la inquietud de si les habían dado a sus muertos o no. La abogada me contó a la salida de esa reunión que volvía a su país con el corazón en un puño. Su único objetivo era lograr que la Fiscalía le facilitara la información de los trabajos realizados por los forenses turcos y el equipo médico español. El 13 de diciembre de 2003, unos 300 familiares se manifestaron por las calles de Madrid pidiendo que Defensa diera explicaciones. El cartel que portaban decía: “Volvemos en una tartana”. Entonces no tuvieron ni apoyo mediático. Estaban solos, y las velas que encendieron esa noche junto a las verjas del Ministerio de Defensa fueron retiradas por la policía en cinco minutos.
El Gobierno de José María Aznar estaba a punto de lograr su objetivo: que no se supiera nada de la tragedia antes de las elecciones del 14 de marzo. A finales de febrero recibí una llamada de un portavoz de las familias para mantener una reunión de urgencia en Madrid. Había regresado la letrada Belkis Baysal con un acta judicial de la Fiscalía de Macka. Propuse que el encuentro fuera en una cafetería de la estación de Atocha; me dijeron que era un buen lugar para no ser escuchados. Éramos conscientes de que nuestras conversaciones telefónicas estaban pinchadas por los servicios secretos (el ruido era bastante notorio) y hasta los saludábamos al final. Creíamos que estábamos muy cerca del final, aquel 28 de febrero de 2004.
El encuentro en Atocha, vigilado
Nos sentamos en la cafetería de Atocha, al lado del jardín, con tres familiares de la Asociación, Miguel González, un colega de El País, y una traductora turca. Cuando iba a comenzar la lectura del documento judicial de Turquía pude ver cómo un fotógrafo nos inmortalizaba desde las escaleras del AVE. No sabían lo que decíamos, o quizá sí, pero sí quiénes estábamos reunidos.
Uno por uno, la intérprete leyó que dos generales españoles (Vicente Navarro y José Antonio Beltrán) firmaron un documento oficial con los forenses turcos en el que asumían que se llevaban 30 cadáveres que no estaban identificados. Estaban carbonizados o llevaban anillos (cinco de ellos) y ni se detuvieron a reconocerlos. La traductora tuvo que detenerse varias veces por la dureza del documento.
Llegamos a un acuerdo: lo primero, por respeto y dignidad, era comunicárselo a todos los familiares de las víctimas. Al día siguiente, el 2 de marzo, publicaríamos la información junto a la versión del general Vicente Navarro. Empecé a mandar SMS a mi compañera Pilar Estopiñá para decirle que nuestra sospecha, desde el mismo 26 de mayo de 2003, se confirmaba, por desgracia, punto por punto. Lo triste era que el brigada Pazos, el marido de nuestra compañera de administración, estaba entre los no identificados, aunque llevaba su anillo de boda. Tampoco habían reconocido a Francisco Cardona y lo intercambiaron por otro fallecido...
Las cartas de Defensa
La reacción del ministerio de Defensa fue el envío de cinco cartas firmadas por el secretario general de Política de Defensa, Javier Jiménez Ugarte, a las familias. En ellas se nos acusaba de hacer “una campaña sensacionalista” y lo negaban todo. “El Gobierno lamenta profundamente que un asunto tan doloroso y delicado sea objeto de un tratamiento tan escasamente riguroso y tan poco respetuoso con la memoria e intimidad de los afectados”, dijo el Gobierno en una nota de prensa. Acusaron a la abogada turca por haber obtenido el acta, que “formaba parte de un sumario calificado de secreto por la Fiscalía de Macka”. Cuaquier cosa menos asumir los 30 palmarios errores en las identificaciones de los cadáveres, que acabarían siendo confirmadas por los forenses de Turquía gracias a la pruebas de ADN que guardaron de los fallecidos y a las que hicieron a sus familiares en mayo de 2004.
Para entonces, el Gobierno de Aznar --ahora Rajoy-- y Trillo había perdido las elecciones ante el PSOE. España había vivido el peor atentado de su historia, el del 11-M, donde se aplicó la misma política de la mentira oficial; en este caso, sobre la autoría del mismo. Sin embargo, en la identificación de los 192 fallecidos ese día, los forenses civiles advirtieron de que no iban a repetirse los errores cometidos en el accidente del Yak.
El 31 de mayo de 2005, T5 emitió el documental Yak-42, producido por Iberrota Films, en el que colaboré, tras presentar el libro en Madrid. El documental dirigido por Tania Estévez consiguió una audiencia del 30%. Desde entonces nunca más se ha vuelto a ver. Está metido en un cajón. La ministra Dolores Cospedal recibirá el martes 10 de enero a las familias del Yak, después de que un dictamen del Consejo de Estado haya establecido que el ministerio de Defensa no fue diligente en la protección de sus militares, y que el accidente hubiera sido evitable. Es una gran oportunidad para que el Gobierno del PP reconozca, trece años después: “Yak-42, honor y verdad”.
Ramón J. Campo (@RamJCampo) es autor del documental Juego de Espías y de los libros Canfranc. El oro y los nazis (Mira Editores, 2012), La estación espía (Península, 2006), Yak-42, honor y verdad (Península, 2004) y El oro de Canfranc (Biblioteca aragonesa de cultura, 2002).