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lunes, 24 de febrero de 2020

Memoria (30) La destrucción de la memoria


"Parte de la guerra y el conflicto siempre ha sido el daño colateral. Muchos edificios han caído al estar en camino de los objetivos militares, pero, [...] en esta guerra, los edificios no se destruyen porque obstaculizan un objetivo. Los edificios son el objetivo". Cómo explica elocuentemente el narrador de The Destruction of Memory, la destrucción de la cultura de los edificios, libros, y con frecuencia, el arte, es una consecuencia accidental de la guerra. Como podemos ver por las acciones de ISIS en Irak y Siria hoy, la destrucción de bienes culturales es parte de una estrategia consciente para atacar y destruir la memoria colectiva, la historia y la identidad de un pueblo. "Una de las maneras de deshacerse de la historia es removiendo todas las huellas físicas de la historia", explica en la cinta Daniel Libeskind, arquitecto del Museo Judío de Berlín. "Hacer creer que nunca nada pasó ahí".

La guerra contra la cultura ha ido creciendo de forma constante en el último siglo. En los albores del siglo XX, las herramientas de guerra y su poder destructivo comenzaron a acelerar su ritmo de crecimiento. La capacidad para destruir un monumento, un edificio o una ciudad aumentó, haciéndolo más fácil. ¿Cómo podemos detener su paso y salvar la historia que configura nuestra identidad? Los ataques intencionados contra bienes culturales de los países en guerra son constantes. En Siria e Irak, la cuna de la civilización, milenios de cultura han sido destruidos por grupos terroristas como el tristemente célebre DAESH o ISIS. Ciudades como Homs, Palmira o Alepo han sido reducidas a paisajes apocalípticos.

martes, 7 de enero de 2020

Asesinato (18) Irán en su laberinto (8) ¿La última victoria de Suleimani?

Un artículo de Mikel Ayestarán en 5W analiza el asesinato del poderoso general iraní Qassem Suleimani (ordenado por el incendiario Donald Trump) y del jefe de las milicias chiítas en Irak 'Multitud Popular' (PMF) Mahdi al-Muhandis, ejecutados con cuatro misiles lanzados por un dron estadounidense el 3 de enero de este año, que recién comienza con esta tremenda sacudida a la geopolítica mundial. 

Suleimani era el segundo hombre del régimen tras el Líder supremo Ali Jamenei y dirigía la fuerza Al Quds, cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria y encargada de las acciones militares iraníes en el exterior. En Irak, por poner algún ejemplo, ha sido responsable de las represalias armadas sobre las manifestaciones populares de los últimos meses y también dirigió la resistencia chií contra las fuerzas norteamericanas en el país sobre todo desde 2006. En Siria, la Fuerza Al Quds ha apoyado decisivamente a la supervivencia del régimen de al-Assad contra las fuerzas rebeldes y los yihadistas surgidos del levantamiento que se inició en 2011. En fin, un personaje de mucha entidad, el arquitecto de la expansión regional del régimen iraní en esta década a lo largo del eje Teherán-Bagdad-Damasco-Hezbollah, extendiéndose también a otros países como Yemen y Afganistán, tejiendo una temible red multinacional chií que ha sido un quebradero de cabeza para Estados Unidos, Israel y Arabia Saudía, sus tres archienemigos.

Como ha dicho el mismísimo general estadounidense David Petraeus (ex-comandante de las fuerzas USA en Irak y Afganistán y ex-director de la CIA), "su muerte es más significativa que el asesinato de Bin Laden o el del líder del Estado Islámico Abu Bakr al-Baghdadi". Ahora, tras sus funerales, el mundo contiene el aliento y mira a Irán esperando su respuesta, que podrá ser medida y proporcionada para salvar la cara o busca la sangrienta venganza por la que claman centenares de miles de personas y que podría provocar una (otra) guerra de impredecibles consecuencias en el siempre inflamable Oriente Medio. O si al final esta escalada de tensiones terminan a medio plazo con la retirada estadounidense de Irak, uno de los principales objetivos de Suleimani. 

¿La última victoria de Suleimani? 

El asesinato del general iraní abre las puertas a una retirada de las tropas de E.E.U.U. de Irak

Mikel Ayestarán - Cubriendo conflictos 03 de enero de 2020


Qassem Suleimani no tenía las etiquetas de “mayor amenaza global” o “terrorista número uno” que tenía Abu Bakr al Bagdadi, pero su muerte tiene mayores implicaciones en Oriente Medio que la del líder del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Donald Trump ha cruzado una línea roja que sus antecesores no cruzaron y ha ordenado el asesinato del general que ha liderado durante las últimas dos décadas las operaciones de la Fuerza Al Quds, la unidad de la Guardia Revolucionaria de Irán encargada de las operaciones en el exterior. Una figura que, después de años en el más absoluto silencio como arquitecto de la red de milicias y grupos leales a Teherán en la región, salió a la luz pública en 2014 para demostrar que Irán estaba dispuesto a desplegar a su militar más importante en la lucha contra el califato. 


Manifestantes queman una bandera de EEUU en Teherán tras el asesinato de Suleimani. Vahid Salemi / AP

En apenas tres meses, Trump ha ordenado asesinar a Al Bagdadi y a Suleimani. Estado Islámico, derrotado en el plano militar y desposeído de su califato, no ha sido capaz de orquestar una respuesta a la caída de su líder. Ahora la región, y sobre todo Irak, contiene la respiración ante la “venganza” que claman los líderes iraníes. Una venganza que puede ser doble, ya que el asesinato de Suleimani supone una violación del acuerdo entre Bagdad y Washington para el despliegue de soldados de Estados Unidos en Irak, lo que abre las puertas a que el Parlamento iraquí les invite a abandonar de nuevo el país. Esta retirada supondría toda una victoria para la estrategia del difunto general.

WHAT

Un avión no tripulado de Estados Unidos atacó en la madrugada del viernes dos vehículos que salían del aeropuerto internacional de Bagdad. Como resultado de la operación murieron al menos ocho personas, entre ellas el general iraní Suleimani y el número dos de las Unidades de Movilización Popular de Irak, Abu Mehdi al Muhandis, que había acudido a recibirlo. 


Suleimani se había convertido en todo un símbolo en Irán, sobre todo desde que su figura se hizo pública durante la guerra en Siria contra el califato. El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ya ha designado a un sucesor, el general Ismael Gaani, y ha adelantado que el papel de las Fuerzas Al Quds seguirá siendo el mismo que hasta ahora.

Irán y sus aliados en la región claman venganza y la tensión crece un peldaño más entre Washington y Teherán. Trump ha pasado de las sanciones por el programa nuclear a los asesinatos selectivos, y su primer objetivo ha sido la persona que ha diseñado la estrategia de guerra irregular y ha formado a las milicias que han expandido la influencia de Irán en la región en las últimas dos décadas. Suleimani ha muerto, pero su obra, estas milicias, están operativas y son ahora la gran amenaza para Estados Unidos.

WHO

Nacido en 1957 en Rabor, provincia de Kerman, en el centro de Irán, Suleimani estaba casado y era padre de tres hijos y dos hijas, como recogió el periodista Dexter Filkins en el meticuloso perfil que le dedicó en The New Yorker en septiembre de 2013. Un texto “elaborado durante más de cinco meses de entrevistas”, me explicaba el periodista estadounidense en el transcurso de una conversación telefónica, y tan meticuloso como lo permite una figura inalcanzable que se encargaba de dirigir unas brigadas que eran “una mezcla entre la CIA y las Fuerzas Especiales”.


Suleimani en un evento oficial en Teherán en 2016. Fotografía de la oficina del líder supremo iraní / Archivo AP

Suleimani estaba incluido en la lista de “terroristas más buscados” elaborada por Washington, había sido acusado de planificar atentados en medio mundo y de ser el responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses en Irak tras la caída de Sadam Husein en las operaciones ejecutadas por las milicias chiíes que armó y entrenó. Apodado el “comandante en la sombra” del régimen iraní, su rostro salió a la luz en 2014 para convertirse en el mejor argumento de la República Islámica en su lucha contra EI.

En octubre, la Guardia Revolucionaria anunció que había frustrado un complot extranjero para asesinarlo. Solo tres meses después, el todopoderoso cuerpo paramilitar anunciaba su muerte en un ataque de un dron de Estados Unidos en Bagdad.

WHEN


El asesinato de Suleimani se produce en plena escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán, enfrentados desde que Trump decidiera salirse del pacto nuclear firmado por Barack Obama en 2015 y volver a imponer sanciones económicas a Irán. Este enfrentamiento ha vivido capítulos como los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico, aún sin aclarar, o el derribo de un dron estadounidense en el sur de Irán tras violar su espacio aéreo. Otros capítulos de este pulso indirecto se libran en Yemen, donde los rebeldes hutíes son próximos a Teherán; Siria, donde Irán respalda a Bashar al Asad; o Irak, país en el que las milicias chiíes diseñadas por Suleimani desempeñan un papel clave.

Estados Unidos ha urgido a sus ciudadanos a abandonar Irak; aún están muy frescas las imágenes del asalto a la embajada estadounidense en Bagdad del 31 de diciembre, cuando cientos de seguidores de las milicias chiíes consiguieron irrumpir y quemar una pequeña parte del complejo en señal de protesta por un ataque estadounidense contra una de sus bases, en el que murieron 25 personas. Este ataque, según Washington, fue en respuesta a la muerte de un contratista por el fuego de las milicias. La situación de seguridad comenzaba a descontrolarse después de unos años en los que la lucha contra EI había eclipsado el resto de problemas entre chiíes y estadounidenses.

Manifestantes cantan eslóganes durante una manifestación contra el asesinato de Suleimani.Vahid Salemi / AP 

WHERE

Tras superar la invasión de Estados Unidos, la guerra sectaria y la batalla contra EI, Irak teme ahora verse convertida en un campo de batalla en el que Teherán y Washington diriman sus diferencias a golpes. El presidente, Barham Salí, ha descrito como una “agresión” la operación ordenada por Trump y ha alertado de “las consecuencias de seguridad en Irak y en la región”; y el ayatolá Alí al Sistani, máxima autoridad religiosa, ha pedido “contención” en un momento en el que “el país se encamina hacia momentos muy difíciles”. Muestra de ello es que el clérigo chií Muqtada al Sader, otra figura clave en la vida política y militar del país desde 2003, ha llamado a sus combatientes a estar listos para “proteger Irak” y ha tomado la decisión de reactivar al Ejército del Mahdi, la milicia que combatió a Estados Unidos desde 2003 hasta 2008. Aquel año, el clérigo chií dio la orden de congelar las operaciones del grupo, que estuvo también implicado en la brutal guerra sectaria que sufrió el país tras la caída de Sadam.


Manifestación contra el asesinato del general iraní. Vahid Salemi / AP

WHY

¿Cuál es la estrategia de Trump en la región? Es una incógnita tan grande como la respuesta de Irán al asesinato de Suleimani. En pleno año electoral, algunos lo acusan de emplear la carta de Irán como baza para ganar votos, pero este movimiento puede tener consecuencias directas inesperadas como la retirada de sus tropas de Irak. El Parlamento de Irak se reunirá para analizar este asesinato que, según el primer ministro dimisionario, Adil Abdul Mahdi, “viola las condiciones acordadas” para la presencia militar de Estados Unidos en el país. Tras la retirada ordenada por Obama en octubre de 2011, las tropas regresaron con el objetivo de combatir a EI. Pero la operación contra Suleimani está fuera del acuerdo entre ambos Gobiernos, por lo que el Parlamento podría pedir su salida. Y una segunda retirada de Estados Unidos supondría una victoria para Irán, que ha perdido en la batalla a uno de sus generales más simbólicos, pero puede ganar la guerra.

martes, 15 de octubre de 2019

Revolución (5) 'The Uprising': el pueblo árabe gritó Libertad





6 países, 7 días, 1 revolución. Este documental publicado en 2013 por Peter Snowdon está compuesto por cerca de cien vídeos distintos subidos a Internet por tantos otros desconocidos ciudadanos de estos países árabes, que a finales de 2010 y lo largo de 2011 comenzaron los movimientos populares revolucionarios en Túnez, Egipto, Bahrein, Libia, Siria y Yemen, para intentar sacudirse sus respectivas dictaduras que llevaban décadas oprimiéndoles y reivindicando vidas dignas, libres de represión y humillaciones. 

Snowdon no busca articular una cronología exacta de los eventos o analizar las causas de las para mí mal llamadas llamadas "primaveras árabes", sino crear un imaginario desde las entrañas de las primeras protestas civiles pacíficas, de los primeros disparos de la policía, las primeras carreras, las primeras sangres. Y hacerlo saltando de una a otra, resaltando los elementos comunes de forma que pareciera una sola revolución que se hubiera extendido por todo Oriente Medio. 

Un relato rodado con multicámara y en primera persona, un retrato de la acción política y social en nuestra era que nos da buena cuenta del frágil e irremplazable momento en el que la vida deja de ser una prisión y todo vuelve a ser posible otra vez.

miércoles, 12 de junio de 2019

Periodismo y Periodistas (40) '3 cámaras robadas', grabar la represión policial en Sahara Occidental


Cortometraje documental grabado por Equipe Média que ilustra la vida cotidiana de los periodistas saharauis y los riesgos que asumen para mantener sus cámaras documentando la represión que el gobierno marroquí sobre la disidencia saharauí.

Los miembros de Equipo Mediático de Sahara Occidental luchan por mantener sus cámaras. Las usan para documentar las violaciones de derechos humanos del reino de Marruecos en la última colonia africana – Sahara Occidental.

Marruecos no deja que periodistas extranjeros entren en el territorio ocupado y las únicas imágenes que logran salir son las que Equipe Media captan en secreto, escondidos en azoteas tomando grandes riesgos. Graban demostraciones pacíficas que son violentamente reprimidas por la policía y las fuerzas armadas. También graban testimonios de la violencia que los Saharauis enfrentan en su vida cotidiana. Esto es una historia sobre romper la censura absoluta con imágenes únicas de un área donde las autoridades marroquíes logran implementar un bloqueo mediático casi total.



Palabras del director: Este proyecto es el resultado de la colaboración entre dos grupos, Equipo Mediático y RåFILM. Para enfatizar la importancia del trabajo colectivo no nombramos individuos sino vemos los grupos como los creadores de la película.

Equipo Mediático trabaja en Sahara Occidental bajo constante opresión ya que sus actividades son consideradas illegales y hay un riesgo constante de ser encarcelado. Como grupo tienen algunas personas que ocupan roles públicos de representación y otros que trabajan de manera escondida. De tal manera el grupo se vulve menos vulnerable a la represión Marroquí. El objetivo del grupo es distribuir sus películas rápidamente a través de los medios de comunicación social.

RåFILM trabaja en Suecia basados en la idea de que los miembros se apoyen mutuamente y compartan sus conocimientos. Normalmente trabajan en proyectos y procesos largos con mucho tiempo para distribuir las peliculas a un público amplio.

Juntos, los grupos usan el poder del trabajo colectivo para crear cambio social. En 3 Stolen Cameras han usado material único de Sahara Occidental para hacer un documental que puede alcanzar un público amplio. El objetivo es concientizar el público sobre la situación en Sahara Occidental y la ocupación ilegal en el cual los países mas ricos del mundo son cómplices. 

El documental 5 Broken Cameras, sobre la lucha en Palestina hecho por Emad Burnat y Guy Davidi, ha sido una inspiración para el tema de la película. La ocupación de ambos paises son similares con la gran diferencia que la ocupación de Sahara Occidental es mucho menos conocida y casi ausente en los medios de comunicación.

Los creadores de 3 Stolen Cameras exigen que las autoridades marroquís inmediatamente liberen los tres miembros de Equipo Mediático que se encuentran encercelados. Banbari Mohamed sentenciado a seis años de prisión, Bachir Khada sentenciado a 20 años de prisión y Lekhfaouni Abdaiahi sentenciado a cadena perpétua.

viernes, 12 de mayo de 2017

Infancia (35) Infancia en guerra 10 Niños de Siria


Omar: "He visto lo que mucha gente ni se imagina, aviones, misiles, metralletas, tanques, he tenido mucho miedo."

Rojda: "Estaba en la escuela cuando bombardearon el edificio. Mi madre vino y nos escondimos lejos del Ejército sirio."

Hasan: "Mi mano está un poco torcida por la metralla en el cuello. Ahora suelo usar la mano izquierda para llevar el bidón de agua"

Omar: "Comenzamos a acostumbrarnos a la guerra, dormíamos, incluso, cuando los helicópteros bombardeaban nuestros refugios."

"En mis sueños voy a mi antiguo pueblo y veo los fantasmas de mis amigos. Los veo y veo gente que recibió disparos y todavía está viva y alguna con la cabeza cortada. Me despierto y no me puedo volver a dormir."


Infancia en guerra - Siria 

Esta entrada que hoy publicamos dentro de nuestra serie sobre la infancia comenzó a gestarse dentro de un post sobre la Gran Guerra Siria que estamos preparando desde hace tiempo, pero según íbamos acumulando información, reportajes, imágenes o testimonios decidimos crear una publicación específica en nuestra etiqueta sobre las infancias para recoger cómo la guerra está impactando sobre los niños sirios. 

Niños sometidos a un aprendizaje acelerado sobre lo peor del ser humano, preadolescentes que en breve tiempo han aprendido a diferenciar los distintos proyectiles y armas que les atacan o en qué zona caerá un obús solo con escuchar su disparo. 



Estos niños han nacido en el peor escenario, expuestos a una de las peores situaciones a las que puede verse sometido un ser humano: la guerra. Cuando estalló el conflicto, hace ya seis años, algunos de estos niños sirios aún no habían nacido mientras que otros tenían apenas uno o dos años, por lo que en su más tierna infancia tuvieron que dejar su casa, sus juguetes, su colegio, sus familias, sus amigos... Desde sus primeros días de vida les obligaron a perder su infancia.

En la guerra siria, entre bombas, disparos y explosiones mueren en silencio para el resto del mundo. Al menos 652 niños perdieron la vida en 2016 en sus hogares, en escuelas, hospitales, parques o en la calle, víctimas tanto de las fuerzas gubernamentales como de las milicias opositoras.

Según un informe de Unicef, más de 8 millones de niños necesitan ayuda humanitaria urgente, 5,8 millones siguen en Siria bajo el fuego de las bombas (12 veces más niños que en 2012) y 2,3 millones viven como refugiados en los países vecinos: Líbano, Jordania, Iraq, Turquía y Egipto. Los más vulnerables son los 2,8 millones que están en zonas de difícil acceso, incluyendo a 280.000 en 13 áreas que siguen sitiadas; su acceso a la ayuda es prácticamente nulo.

Hoy sus miradas reflejan el sentimiento de crecer en una guerra, sin patria ni hogar. Con las consecuencias de actos inhumanos que los convierten en las principales víctimas de esta situación. Porque tras cada mirada se esconde un niño con una historia con la que deberá cargar toda su vida. Están aquellos que se han quedado completamente solos o a cargo de sus hermanos a pesar de su corta edad, también aquellos quienes han perdido a su padre por lo que corren el riesgo de convertirse en apátridas ya que las madres sirias no pueden dar su nacionalidad a los hijos de su sangre, nacidos en el exilio. Desamparo y desolación, que ellos interiorizan como pueden.




Infancia robada

Seis años después del estallido del conflicto, muchos viven en campos de refugiados en Jordania, Líbano o Turquía que no dan abasto, donde las condiciones están lejos de ser las adecuadas para quienes llegan allí huyendo de la guerra. Otros muchos siguen viviendo en zonas de guerra en un país en constante conflicto, intentando escapar de ciudades destruidas en las que un día su vida se pareció a la de cualquier otro niño.

Estos niños estarán marcados para el resto de su vida con consecuencias terribles para su salud, su bienestar y su futuro
. La magnitud del sufrimiento no tiene precedentes. Miles de niños sirios sufren ataques a diario, sus vidas han dado un vuelco, son víctima de las armas, pero también del hambre, la desnutrición y las enfermedades. Según recoge Save the Children en su informe 'Childhood under siege', en un estudio realizado por la Sociedad Médica Sirio-Americana, de 560 muertes en zonas sitiadas, un 46,6% eran menores de 14 años. Muchas de las muertes se deben a causas evitables como la ingesta accidental de veneno mientras buscan comida, la falta de cuidados médicos de emergencia, la escasez de medicamentos básicos, complicaciones durante el parto y en áreas bajo asedio continuo, malnutrición crónica y deshidratación.



Niños soldados

Como si todas estas atrocidades a las que se ven expuestos como sujetos pasivos de esta guerra fuesen pocas, está también muy documentado el uso de niños como combatientes. Según el citado informe de Save the Children, un total de 362 casos de reclutamiento de menores habían sido verificados en abril del año 2016. Una triste y cruel realidad que podemos ver reflejada en vídeos distribuidos por los propios grupos en los que busca captar a más niños y jóvenes enseñándole la experiencia de otros en su misma condición. 

Además, a la mayoría se les convenció para el combate por un sueldo de aproximadamente trescientos sesenta euros mensuales, cantidad suficiente para disuadir a las familias a alistar a sus hijos e hijas, en situaciones de extrema pobreza. En otros casos los menores se alistan voluntariamente en grupos insurgentes para combatir con sus propias manos y así vengar las muertes de sus familiares o amigos.


Daesh y sus niños armados

El caso más preocupante en el uso de niños combatientes es el de Daesh, tanto por el número de niños secuestrados como por el desvarío de su ideología, que cuenta con la existencia de centros de entrenamiento en zonas rurales de Alepo, Raqqa y Dayr al Zawr donde entrenan militarmente al menos a 124 menores de entre 10 y 15 años. Además, se han verificado 18 casos de niños de hasta siete años de edad combatiendo. Niños en primera línea de combate, niños espías, niños francotiradores, niños enfermeros y niños dedicados a tareas logísticas o transporte de municiones.

Pero hay más, los niños son también reclutados para el terrorismo suicida. Tras su adoctrinamiento, por su fácil manipulación y sin que hayan llegado a elaborar una idea certera sobre la muerte, estos chicos y chicas se ven abocados al final precipitado de sus cortas vidas. Estos entrenamientos para la guerra se ven favorecidos por su alta tolerancia a la violencia ambiental y cotidiana, el odio y la falta de expectativas adecuadas a sus necesidades.



La situación de las niñas es de extrema gravedad ya que la violencia sexual contra las menores en las zonas controladas por Daesh es cada vez mayor. Las niñas son muy vulnerables, sufriendo matrimonios forzados con los combatientes; aquellas de otras minorías étnicas y religiosas como las yazidíes, siguen siendo secuestradas y vendidas para ser utilizadas como esclavas sexuales.

Una niñez sin educación

Siria poseía un sólido sistema educativo antes de la guerra con una escolarización de casi el 100 % de los niños en edad escolar primaria y del 70 % de los niños en edad escolar secundaria. De acuerdo con el censo del año 2004, la tasa de alfabetización en Siria era del 79,6 %: el 86 % de los hombres y el 73,6 % de las mujeres estaban alfabetizados. En 2002, se declaró la educación obligatoria y gratuita desde el primero hasta el noveno grado. En 2016, UNICEF informó que 2,1 millones de niños en Siria y 700.000 niños sirios refugiados no tienen acceso a la educación. En 2016 había un total de 80.000 niños refugiados en Jordania que no iban al colegio (HRW).

La destrucción deliberada de centros educativos es una característica que ha marcado el conflicto armado desde el principio. Las escuelas pueden ser vistas como personificaciones de la autoridad estatal; en consecuencia, los actores no estatales las ven como objetivos militares legítimos y a su vez, el propio régimen sirio y a sus aliados rusos han realizado docenas de ataques sobre escuelas situadas en zonas controladas por grupos opositores. Siria se ha visto muy afectada por ataques relacionados con la educación o la sanidad, que incluyen ataques a estudiantes, maestros y hospitales, asesinatos selectivos y secuestros.

Desde el inicio del conflicto más de la cuarta parte de las escuelas sirias han sido dañadas, destruidas o utilizadas como refugios por personas desplazadas internamente (PDI) pero también como lugares de detención arbitraria y tortura. Sin un final del conflicto a la vista, se teme que la crisis dé lugar a una 'generación perdida' de niños, que no podrán cubrir sus necesidades básicas ni acceder a la educación. Las escuelas no constituyen ya el espacio para crecer, aprender o jugar, sino que se han convertido en lugares vulnerados por el adoctrinamiento, el sufrimiento y la muerte.

¿Una generación perdida?

La violencia, el desplazamiento, la muerte de seres queridos, la visión de acciones terroríficas, la desnutrición e incluso los abusos y la tortura, pasan y pasarán factura a los menores sirios, perjudicándoles seriamente de cara al futuro. Las consecuencias en adolescentes son más graves, con trastornos agresivos y uso de drogas como vía de escape. La situación de las niñas es más difícil de valorar, pues tienden a permanecer en casa. En cualquier caso, las secuelas pueden ser muy duraderas y perjudicar el futuro desarrollo personal y profesional de varias generaciones.

Como señala Jan Egeland, Secretario General del Norwegian Refugee Council, "las consecuencias del colosal abuso de los derechos de los niños y niñas en Siria podría sobrevivir a la propia guerra durante décadas. ¿Cómo podemos esperar que crezcan respetando y defendiendo el derecho internacional cuándo éste les ha fallado en el momento que más lo necesitaban?"

Más de seis años han pasado ya desde el inicio de la guerra siria, en una zona en constante conflicto en la que su población resiste con una capacidad asombrosa, pero donde las vulnerabilidades siguen siendo muy altas, sobre todo para la infancia. Pero a pesar de todo los niños sirios corren, ríen, juegan.. viven como lo que son, niños, aunque la guerra les esté arrebatando su infancia y eso nadie pueda devolvérselo.






Los niños de Alepo han reconquistado a golpe de carcajada las calles reivindicando su espacio de juego. Los menos afortunados, se han convertido en niños trabajadores. Salen de cumplir cinco años de condena entre los muros del hogar, sentenciados por el miedo de sus padres a que un obús, una bomba o una bala les quite la vida. Como el resto de los niños del mundo, se dedican a jugar a ser adultos imitando a los que les rodean. A diferencia del resto de niños del mundo, están ansiosos por pisar un aula. Los que rondan los 10 años tenían cinco cuando estalló la guerra.


Como Mohamed que se dedica a vender algodones de azúcar por 20 céntimos de euro a aquellos curiosos que se han acercado a ver la fortaleza de Alepo. Las risas de Mohamed y sus algodones de colores no pegan en absoluto con los edificios derruidos a sus espaldas. Pero este nuevo ejército de pequeños trabajadores de metro y medio ya es parte del paisaje.



A cuatro pasos de allí, Munir, también de 10 años, juega con un amigo. En la mano derecha sujeta un palo con el que remueve la tierra. En la izquierda, una paloma muerta. Juega a los enterradores. Ha bajado al parque de debajo de su casa, que, a falta de tierra donde enterar a los muertos, se ha convertido en un improvisado cementerio. “La paloma se murió, así que vamos a enterrarla”. Munir pone todo el empeño en cavar un agujero entre dos tumbas. Algo que no parece chocar a los transeúntes. Y algo que seguramente ha visto hacer tantas veces a los mayores desde su balcón.


Un poco más lejos juega también Fátima, misma generación y desplazada del barrio al Sukkari. Las gruesas lonas con el sello de la ONU son multiuso en Siria. Sirven como funda para proteger los coches, se cuelgan entre edificios para proteger a los viandantes de la vista de los francotiradores, de techo para los tenderetes de tabaco, cortinas para las casas cuyas ventanas han sido reventadas y muchas otras utilidades. Entre ellas para hacer trajes de muñecas.

Un grupo de niños del mismo tamaño que Mohamed, Munir y Fátima, juega también en uno de los barrios más castigados por los últimos combates. Lo hacen a armados y soldados, versión actualizada de cacos y policías. Al menos ya no recogen casquillos calientes de proyectiles para su colección ni se pelean por si la deflagración que sonó era de tal o tal calibre. “Son el futuro” dicen orgullosos los abuelos. Y pesar de los traumas de guerra, los más pequeños vuelven a sonreír en las calles.

jueves, 27 de abril de 2017

Fundamentalismo (17) Crímenes de honor, fundamentalismo de familia

"Preparé mi pistola y me llevé a mi hija. En ese momento mi sobrino abrió la puerta y la sacó del coche con tanta fuerza que hasta le rompió la pierna y entonces empezamos a dispararle (...) Cuando la esposa o la hija de uno comete un error de naturaleza sexual, todo el mundo chismorrea: mira, ese es el marido o el padre de esa puta”.

"Me desgarraron los muslos y el vientre. Todo mi ser y todos mis miembros estaban ensangrentados; eran varios sobre mí. (...)  Uno de ellos, un monstruo, me lanzó sobre su hombro como un animal de matadero y me arrastró hasta el cementerio cercano para violarme, amenazando con degollarme con un pedazo de chatarra."

Crímenes de honor 

Una joven tapada apura el paso. Busca a Masarrat Misbah, creadora de la fundación 'Vuelve a Sonreír' en Pakistán. Cuando se quita el velo, la chica solo tiene un ojo, apenas entreabierto. Tampoco tiene nariz y la boca le sobresale. Está completamente quemada. 

Han pasado 40 años desde la Declaración de los derechos humanos y 23 años de la Declaración que tiene por objetivo eliminar la violencia contra la mujer y, sin embargo, en muchos países, amparándose en la tradición, éstas son blanco constante de abusos y persecuciones que en muchos casos, incluso, acaban con su vida. 

Enfrentarse a un matrimonio forzado, huir de un marido violento, querer el divorcio, elegir una pareja libremente, hablar con otros hombres, cualquier aspecto relacionado con la sexualidad y el comportamiento contrario a las normas culturales puede desembocar en un crimen de honor. Así de simple. Así de cruel. Una práctica macabra que deja como saldo unas 20.000 mujeres asesinadas cada año a manos de sus familiares en todo el mundo. 

La realidad es que por no cumplir con las reglas estipuladas las mujeres son tiroteadas, apuñaladas, degolladas, lapidadas, envenenadas, decapitadas, electrocutadas, quemadas o enterradas vivas como castigo a su comportamiento, entendido como inmoral, indecente o pervertido. Asesinatos premeditados cometidos por sus padres, esposos, hermanos, tíos o incluso miembros femeninos de la familia. Familiares que reciben el trato de ‘héroes’ por parte de la comunidad al considerar que han conseguido limpiar el honor de la familia.

¿En que países se llevan acabo?

Estos aberrantes crímenes no están legalmente aceptados, aunque demasiados países, tantos como Afganistán, Albania, Arabia Saudí, Barhein, Bangladesh, Bosnia, Camboya, Egipto, Emiratos Árabes, Georgia, India, Indonesia, Irak, Irán, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Marruecos, Nepal, Nigeria, Omán, Uzbekistán, Palestina, Qatar, Somalia, Sudán, Siria, Turquía o Yemen tienen en sus códigos penales leyes donde se reflejan atenuantes o razones para eximir al asesino del delito cometido, ya que muchas veces éstos se entregan pero apenas reciben castigo. 


El caso de Pakistán es distinto. Hasta hace algunos meses este país también formaba parte de la lista pero allí la ley ha dado un gran paso. Después de que el film ‘A Girl in the river: The Price of Forgiveness’, dirigido por la activista y realizadora pakistaní Sharmeen Obaid-Chinoy, se quedara con el Oscar 2016 al mejor Cortometraje Documental, el Primer Ministro pakistaní, Nawaz Sharif, prometió cambiar la ley para castigar a todos aquellos que comentan los llamados crímenes de honor suprimiendo la cláusula de perdón. La ley pakistaní contemplaba esta cláusula en la que los atacantes podían salir impunes si eran perdonados por la víctima o un familiar. Este vacío legal que daba vía libre a esta clase de crímenes.


Sin duda el documental ejerció una importante labor de concienciación dentro y fuera del país pero una nueva muerte con un fuerte tinte mediático fue el desencadenante final de esta nueva ley. El asesinato de la paquistaní Fazia Azeem más conocida como Qandeel Baloch (una celebridad en internet por sus fotografías y vídeos y por lanzar mensajes sobre su libertad para decidir sobre su vida), a manos de su hermano provocó nuevamente la reacción del gobierno que volvió a pronunciarse sobre la necesidad de un cambio en la ley.

Tres meses después, y con el voto unánime de todos los parlamentarios, finalmente llegó. La nueva ley afecta a uno de los puntos fundamentales para que estos crímenes vivan en la impunidad. La norma establece una pena de 25 años de prisión para el condenado, que no podrá recurrir a la clemencia familiar para evitar la cárcel, una posibilidad que hasta ahora permitía que miles de asesinatos quedasen impunes. No obstante, sigue estando en manos del juez determinar si el asesinato que tiene delante se considera un 'crimen de honor' o no.

¿Qué sucede en Europa? 


"Sentí el plástico de la botella en la cara. (Él), levantó el brazo para asegurarse de que la botella se había vaciado por completo y no quedaba ni una gota. Mi cara estaba ardiendo y al instante comencé a perder la vista..."

Gessica Notaro era modelo, cantante y finalista del certamen Miss Italia en el año 2007. La joven, de 27 años, fue atacada el pasado 10 de enero por su exnovio con ácido y a punto estuvo de perder la vista de su ojo izquierdo. Hace menos de un mes ha aparecido por primera vez públicamente para mostrar cómo le ha quedado el rostro. Un fuerte testimonio, uno que ha logrado salir a la luz y que revela la crudeza de una realidad que también sucede dentro de nuestras fronteras.

La tragedia está saltando ya a Europa, Estados Unidos y Canadá, donde están viendo cómo también en sus territorios se repite esta tradición mortal. Para entender lo alarmante de la situación hablamos de cifras, aunque no las hemos encontrado más actualizadas. En los Países Bajos, murieron 38 mujeres entre 2007 y 2009, en Bélgica hubo 17 casos entre 2004 y 2008 y en Suecia tan sólo dos entre 1996 y 2002.

Igual de preocupantes son las cifras de Reino Unido donde se estiman que 12 mujeres pierden la vida anualmente en asesinatos por honor. En Alemania hubo 72 muertes y 22 tentativas entre 1996 y 2007, aunque en 2009 se constataron 30 muertes. Mientras que en Francia e Italia se elevaron a 12 los casos hasta 2010 y en ese último año una mujer murió en Suiza por esta razón.

Esta clase de crímenes no resisten demasiados análisis pero hay quienes sugieren que las migraciones son consideradas una de las causantes de que esta práctica se de en Europa. Los primeros casos se conocieron en el noroeste de Europa en la década de los 60 y 70 con la llegada de los primeros inmigrantes. Se cree que las familias intentan reforzar sus tradiciones comunitarias para que sus hijos no se alejen del modelo en que ellos fueron criados.

Su relación con el Islam

Durante años, las asociaciones de género y de derechos humanos han reclamado cambios en las leyes para hacer frente a la violencia contra las mujeres, pero la influencia de los sectores religiosos más conservadores, aupados por la interpretación de la ley islámica de destacados líderes, obstaculiza todo avance relevante en la legislación.

Pero lo cierto es que es un error identificar unívocamente la cuestión de los crímenes de honor con el Islam. De hecho, el Consejo de Clérigos Suní Ittehad, uno de los principales en Pakistán, ha tildado de anti-islámicos los crímenes de honor, considerándolos un pecado. En suma, estas agresiones no se circunscriben a una religión en concreto, prueba de ello es que se dan también entre poblaciones cristianas, hindúes y yazidíes.

La periodista Rana Husseini, autora del libro Asesinato en nombre del honor, escribe  asegura en una entrevista que estos crímenes no tienen una raíz religiosa, como suele pensarse en Occidente, sino meramente "cultural", que se basa en códigos de moral y en una serie de comportamientos bendecidos o demonizados dentro de un clan o una tribu, con grados de lo que se entiende por “honorable”.

Ante esta realidad que no deja de cobrarse nuevas víctimas, hoy publicamos dos documentales tan duros como necesarios. Dos films que nos enfrentan cara a cara con el padecimiento de mujeres que son castigadas, incluso muchas asesinadas, por sus propias familias o parejas para ‘proteger o defender’ el honor.

En nombre del honor 

Un castigo. Una penitencia. Un crimen. Darien Arbarak de 23 años fue torturado, asesinado y decapitado por osar saltarse las reglas de casta en el distrito de Rohtka en el estado de Haryana. Su novia de 20 años tampoco fue perdonada. Sus padres escogieron el orgullo por encima de su vida. Primero la lincharon y luego la incineraron. Es el comienzo aterrador del segundo documental que presentamos hoy llamado ‘En nombre del honor’, un film que nos acerca a esta terrible y macabra práctica haciendo un recorrido por tres países (India, Jordania y territorios palestinos), tres sociedades, tres culturas y tres religiones distintas (hindúes, cristianas y musulmanas).

El respeto por los linajes, las castas y el poder masculino en determinadas sociedades son indiscutibles. La desobediencia de estas costumbres está penada con la muerte. Un reflejo de una realidad en la que el honor familiar es más valorado que el amor.



Velo de silencio

Masarrat Misbah es una empresaria que cuenta con más de treinta salones de belleza por todo Pakistán. Un día a la salida de su trabajo una joven tapada le solicitó su ayuda. Estaba completamente quemada. Como ella, cientos de mujeres muy jóvenes, son rociadas por pretendientes, maridos o exparejas con ácido clorhídrico o sulfúrico, unas sustancias muy fáciles de conseguir en Pakistán y otros países asiáticos.

'Velo de silencio' dirigido por Milt Alvarez en 2011 relata la descarnada realidad de cuatro jóvenes que han tenido el coraje de mostrar sus desfigurados rostros y contar sus desgarradoras historias. Chicas a las que un día los hombres les borraron la cara al sentirse humillados por su rechazo. Una práctica terrible que no se conforma con la muerte sino que busca marcarlas, física y emocionalmente, de por vida. 

Ante dicha impunidad jurídica y social, Masarrat cuenta en este documental cómo desde hace años se dedica a ayudar a estas jóvenes a intentar recuperarse tras los ataques. Para ello se rodeó de varios cirujanos plásticos y creó la fundación Vuelve a Sonreír y han conseguido que estas víctimas de la violencia de género recuperen no solo su rostro sino también el respeto y la independencia ante la sociedad y sus propias familias.

La organización ha reparado el rostro a unas cien mujeres mientras que otras al menos cuatrocientas esperan a que su velo de silencio, de dolor y vergüenza caiga con su nueva cara. Además, estas mujeres reciben formación y un empleo en los salones de belleza de Masarrat. Día tras días se repite la historia y son cada vez más las mujeres que se ven sometidas a este tipo de ataques con ácido, al que se puede acceder de forma muy sencilla en el mercado, pero gracias a la labor de la fundación encuentran un nuevo motivo para sonreír.


Final

Los crímenes de honor no tienen nada que ver con el honor. En todo caso, tienen que ver con las creencias que prescriben que las mujeres son multipropiedad masculina, una idea que se debe erradicar por completo y sin atenuantes. Son crímenes a secas, lejos de cualquier tipo de honor y sin ningún tipo de justificación. Una práctica aberrante con estas mujeres las cuales su único delito es su valentía de contravenir las putas tradiciones, el patriarcado y el machismo. Desde este blog hemos querido poner nuestro granito de arena para ayudarles en su lucha. Esperamos que algún día estas prácticas sean sólo un mal recuerdo de un pasado peor.