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sábado, 20 de julio de 2019

Viajes y Migraciones (13) Las personas del Aquarius, un año después

En junio pudimos ver en El Intermedio, uno de los programas televisivos indispensables del Juez Roy Bean, una entrevista de Gonzo a dos de los más de 600 migrantes y/o refugiados que el año pasado llegaron al puerto de Valencia en tres barcos de rescate, el más conocido el Aquarius siendo incluso recibidos por la vicepresidenta Carmen Calvo, lo que nos daba esperanza de que al fin tuviéramos unos gobernantes sensibles al tema de las migraciones forzadas, uno de los grandes dramas de nuestro tiempo. 


Un año después parece cada vez más claro que fue un acto más de postureo de nuestros políticos nacionales y europeos, que se pasan las responsabilidades los unos a los otros en el tema, mientras personas reales mueren o, las más afortunadas, son recibidos por ONG que poco pueden hacer más por ellos que atenderlos en su llegada e intentar ayudarles en sus procesos de solicitud de asilo. Mientras, sus vidas permanecen en suspenso. Ahora nos las cuentan. 


¿Cómo ha cambiado la situación de los migrantes que viajaron a bordo del Aquarius?: Responden dos refugiados

Mok Kamara y Emilu Sini viajaron como refugiados a bordo del Aquarius. ¿Cómo vivieron desde dentro el momento en el que supieron que ningún país quería acogerles?, ¿ha cambiado su situación desde que viven en España? Gonzo les entrevista en El Intermedio, para conocer a fondo sus historias.

laSexta.com / Madrid 19/06/2019 

Hace un año el Gobierno de Pedro Sánchez permitió desembarcar en puerto español al Aquarius, un barco que acogía a 629 migrantes y que ningún país europeo se prestó a recibir. Gonzo entrevista a dos de las personas que viajaron a bordo del Aquarius. ¿En qué situación se encontraban en las balsas de plástico en las que iban antes de que llegase el Aquarius?

"El agua empezó a entrar, había una mujer embarazada, nos vio un helicóptero y se comunicó con el Aquarius, que vino a rescatarnos", explica Mok Kamara. Después del viaje tan duro que recorrieron desde su país de origen, les tocaba hacer frente a una situación que no se esperaban: no había países europeos que quisieran recibir al Aquarius. ¿Cómo se sintieron en aquel momento?

"No olvidaré ese momento en mi vida. Éramos 600 personas en un solo barco... Italia nos rechazó, Malta y otros países. Cuando nos enteramos de que España nos aceptaría no podíamos estar más felices", relata Kamara.

Emily Sini explica que cuando llegó el bote de Salvamento les dijeron que ningún país se haría cargo de ellos: "Nos dijeron que lo mejor es que nos devolviesen a Libia. Yo le dije que si nos volvíamos a Libia, saltaría al agua, porque allí no tengo vida. El capitán se asustó", recuerda.

La acogida del Aquarius llevó a pensar que España comenzaría un cambio en la manera en la que trataría a los migrantes. Un año después, ¿piensan ellos que España trata bien a los migrantes africanos?

"Pedro Sánchez, cuando nos aceptó, nos prometió que nos iba a dar documentos. Cuando estábamos dentro del barco la gente decía que éramos afortunados, pero estamos decepcionados. Agradecemos a España lo que ha hecho, pero en otros países ya tienen papeles, nosotros no tenemos ningún permiso para estar aquí", critica Kamara.

De cara a un futuro, Sini asegura que no se quiere ir, pero necesita los documentos definitivos para quedarse aquí. Por su parte, Kamara insiste en que necesitan protección: "Vivir aquí es ilegal para nosotros, y eso es malísimo. En cualquier momento nos echan del país".

Y lanza un mensaje final al Gobierno: "Le rogamos, después de un año, que continúe con el proceso de asilo".

martes, 7 de marzo de 2017

Periodismo y Periodistas (38) Periodismo es contarlo todo

Periodismo es contarlo todo


Con apenas dos semanas de diferencia la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) ha hecho públicos dos comunicados. El primero criticaba el control que el gobierno mantiene sobre RTVE, la fabricación de mentiras y de noticias sesgadas. El segundo denunciaba las amenazas e insultos que responsables de Podemos ejercían sobre una docena de periodistas a través de mensajes y redes sociales. No deja de ser curioso que mientras el primer comunicado fue obviado en TVE, del segundo se hicieron eco tanto el Telediario como Los Desayunos. Difícil encontrar mejor ejemplo de esa manipulación y censura selectiva que los profesionales de Televisión Española y Radio Nacional denunciamos hace unos días masivamente en el Congreso de los Diputados.

Hoy ya es evidente que el principal criterio editorial de TVE depende de un doble rasero; si la noticia afecta a la oposición abrirá los informativos y si perjudica al Gobierno o al partido que lo sustenta con suerte irá en un breve, salvo en los casos más notables, en los que ni siquiera el tipex de la actual dirección puede borrarlos de la agenda informativa.

Esta actitud se ha ido recrudeciendo en los últimos tiempos y ha llegado a niveles casi tóxicos. Desde el Consejo de Informativos hemos documentado en estos cuatro años abundantes y sonrojantes ejemplos de manipulación con los que no voy a aburrirles porque pueden encontrarlos en la web www.consejoinformativostve.es.

Simplemente les recordaré, a modo de corolario, que tan solo el pasado fin de semana los telediarios han semiocultado la multitudinaria manifestación en Murcia contra el presidente autonómico Pedro Antonio Sánchez por casos de corrupción (causa de una posible crisis del pacto entre PP y Ciudadanos) y censurado la gala del carnaval de Tenerife porque según el señor obispo atentaba contra la moral y las buenas costumbres, como en tiempos pretéritos... e imperfectos. No es de extrañar que hace un par de años decidiesen censurar también a dos patriotas como Mortadelo y Filemón por ponerse a investigar la trama Gürtel en el número especial 200 de la inmortal publicación. Tal vez al genial Ibáñez se le ocurra un día de estos investigar el caso de La Invasión de los Ladrones de Cuerpos en TVE.

Quizás en este periodo de deseable cambio que se adivina sea de nuevo conveniente recordar que el presidente de RTVE presume en Las Cortes de ser fiel hincha del PP, que el director de TVE ha amparado la censura de noticias que perjudicaban a la líder del partido del gobierno en Cataluña (a la que había servido como jefe de prensa), o que parte de los cargos directivos, orgánicos y de edición han sido encomendados a antiguos responsables de comunicación del PP o de medios afines.

Si algo hace daño a la imagen de una televisión o de una radio pública es que se la asocie con una extensión más del poder político. Desprenderse de esa etiqueta gubernamental fue una de las grandes conquistas logradas con la llegada de Carmen Cafarell a la entonces dirección general de RTVE en 2004 y de Fran Llorente a la dirección de informativos. Recuperar ese espíritu es tarea de todos los profesionales de esta casa.

Lo mismo se puede decir del ejercicio de este oficio. El tono bufandero que lamentablemente se ha incrustado en el periodismo deportivo en los últimos años se ha extendido también a la información política. Solo se puede dignificar el periodismo desde la distancia y la mirada crítica hacia todos los partidos políticos sin excepción, y esa batalla por la independencia nos atañe principalmente a nosotros.

Por ello uno no puede dejar de solidarizarse con esa docena de compañeros que se han sentido vejados, insultados y amenazados por responsables de comunicación de Podemos, como denuncia la APM. Una actitud intolerable ante la que solo cabe la denuncia pública. No es la primera vez que responsables de Podemos actúan de esta forma, aunque no son los únicos a los que hay que decir "¡Basta!". Ejemplos de presiones más coercitivas salpican a otros partidos, con la diferencia de que esas amenazas suelen ser mucho más efectivas si el partido en cuestión ocupa el gobierno central o autonómico y de él depende por tanto el control de los medios públicos, la concesión de licencias o la contratación de publicidad institucional. No creo que ese sea aún el caso de Podemos pero sí del poder político (y económico) que en los últimos tiempos ha costado el puesto de trabajo a periodistas, directores y subdirectores de medios privados y públicos.

Por ello algunos están diciendo "¡Basta!" también a las presiones y amenazas con las que la dirección de informativos de TVE trata de someter a compañeros de la redacción, a veces en reuniones a puerta cerrada, con el agravante de que en varias ocasiones esas amenazas se han acabado transformando en purgas o traslados forzosos, como ya hemos denunciado. De igual forma aquí agradeceríamos un posicionamiento firme de la APM.

Porque a fin de cuentas periodismo es contarlo todo, en este caso las amenazas de unos… y de otros. También en la televisión pública.

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* Xabier Fortes es vicepresidente del Consejo de Informativos de TVE.

lunes, 9 de enero de 2017

Corrupción y Fraude (31) Yak-42, catorce años de mentiras de Estado

Yak-42, trece años de mentiras de Estado

El periodista aragonés Ramón J. Campo, que siguió durante años junto a las víctimas y sobre el terreno la tragedia del avión fletado por Defensa, reconstruye el relato de los hechos que incriminan a Federico Trillo y al Gobierno del PP


Francisco Cardona y su esposa, Amparo Gil, salieron la tarde del 25 de mayo de 2003 desde Alboraya (Valencia) hacia la Base de Zaragoza para recoger a su hijo, el sargento Francisco Cardona Gil, que venía desde Manás (Kirguizistán), después de haber trabajado dos meses como mecánico de los aviones Hércules que participaban en la operación Libertad Duradera. Cuando estaban a mitad de camino, a las 18.30, recibieron una llamada al móvil. Amparo habló con su hijo, aunque nunca sospechó que sería la última vez: “No sé lo que pasa, pero saldremos con retraso. Embarcamos a las doce de la noche que son las ocho de la tarde en España. Ya nos veremos cuando llegue a Zaragoza. No os llamaré más”. Nunca lo pudo hacer.

Zaragoza era el lugar de destino del avión Yakovlev-42D matrícula UR-42352 que había despegado a las 20.00 del viernes desde Kabul, la capital de Afganistán. A bordo iban 53 militares españoles que habían concluido su misión en la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad de Afganistán (ISAF). El Yak-42 debía hacer escala en Kirguizistán para recoger a nueve integrantes del Ala 31, integrados en el destacamento Géminis, y desde allí volar a Zaragoza tras hacer una parada para repostar combustible en Trabzon (Turquía).

Amparo Gil se despidió de Francisco, y el matrimonio siguió su rumbo hacia la capital aragonesa. Ellos fueron los únicos padres que durmieron esa noche en la instalación militar, donde ya habían estado dos meses antes, el 13 de abril, “Domingo de Ramos”, recuerda el padre, para despedirlo, junto a su novia, al partir a una nueva misión en Afganistán. “Él ya había ido a Manás hacía un año, pero hizo el viaje de ida y vuelta en un Hércules. Esta vez se marchó en uno ruso, pero no sé si fue un Ilyushin, un Yakovlev o un Tupolev”, recuerda Francisco Cardona.

A las 7.00, la pareja se despertó en el segundo piso del pabellón, y después de asearse, bajaron a desayunar a la cafetería porque habían quedado con un amigo de su hijo para ir a buscarlo. Un camarero y un sargento eran las únicas personas que había en el bar. Ambos susurraron un comentario que despertó las sospechas del padre: “Venía el valenciano que hacía paellas”, dijeron. Francisco les interrumpió para inquirirles si sabían cuando llegaba el avión de Afganistán. “Creo que hablan de mi hijo”, les dijo. “No sabemos nada”, le contestaron. Pero el sargento y el camarero ya conocían la tragedia.

Al ir a pagar la consumición, Francisco se giró hacia la televisión encendida, que ya daba la noticia a las 7.20, con un gráfico de situación de la zona del siniestro. “Un avión con 62 militares españoles se ha estrellado en Turquía y no hay supervivientes”. “Lo primero que pensé es que era otro avión porque yo desconocía que hacía escala en Turquía”, explica el padre. “Llamé enseguida a su amigo para ver si él sabía algo y me dijo que iba a buscarnos con el coronel. Entonces, pensé lo peor”. Se encontraron en el vestíbulo del pabellón y allí, sin más preámbulo, el coronel Manuel Mestre, jefe del Ala 31, les dijo de sopetón: “Lo siento mucho. Traigo malas noticias. Su hijo ha fallecido en un accidente”.

Ambos rompieron a llorar y el padre desató su furia y dolor contra todo lo que encontró por medio: “Empecé a dar patadas a los sofás, a gritar desesperado... Sentí rabia, impotencia...”, recuerda. Así pasaron casi dos horas. Solos en la Base, con el único consuelo de los compañeros del sargento Cardona que se acercaban a darles el pésame. Llamaron a su hijo Ignacio, otro militar que trabaja en Madrid, como cocinero del Jefe de Estado Mayor de la Armada, y a varios amigos de Alboraya para darles la mala noticia. Hasta las 9.30 no vieron llegar a otras familias de los militares del Yak, que iniciaron un triste cortejo para confirmar de forma oficial que los suyos estaban en la lista de pasajeros muertos.

Con esta escena empecé mi libro ‘Yak-42, honor y verdad. Crónica de una catástrofe’ (Península, 2004), un intento de describir la peor tragedia de la historia del Ejército español en tiempos de paz, quizá la mayor vergüenza de los 35 años de democracia y uno de los episodios más siniestros de mentiras y manipulaciones cometido por el Gobierno del PP.

La mitad de los 62 militares españoles muertos no fueron identificados por el Gobierno de José Maria Aznar, que se apresuró a entregar los cuerpos por miedo al escándalo a los dos días del accidente, el 28 de mayo, después de un funeral tétrico en la Base de Torrejón, que retransmitió TVE con los micrófonos tapados para que no se escucharan los gritos de protesta de las familias ante los políticos que asistieron. También estuvieron los Reyes Juan Carlos y Sofía, que reconocieron más tarde que fue el acto más duro en sus años de reinado.

Una asociación ejemplar

La mayoría de familiares de las víctimas no eran militares como los fallecidos, y muchos se rebelaron contra la injusticia desde el mismo 26 de mayo de 2003. Intercambiaron sus teléfonos en el mismo funeral, y Alfonso Agulló (hermano de un fallecido) repartió octavillas. Poco después, el 14 de junio, en una reunión celebrada en Zaragoza, decidieron formar una asociación. Desde entonces, han batallado con sus armas (ayudados por un despacho jurídico dirigido por Leopoldo Gay, junto a la letrada turca Belkis Baysal), contra el ministerio de Defensa en busca de la verdad. Y finalmente, vencieron. La asociación ha sido un ejemplo decisivo para evitar que la Administración pueda volver a realizar sin ningún tipo de vigilancia la contratación de aviones baratos --rusos y ucranianos, sobre todo--. El despliegue y transporte de tropas en Afganistán, a 6.000 kilómetros de distancia, se hizo sin controlar previamente la seguridad de los aviones, pese a que aquella fue la operación logística más importante del Ejército español en misiones internacionales.

A los pocos días del accidente, el ministro de Defensa, Federico Trillo, suprimió los contratos de los aviones rusos y ucranianos a través de la agencia Namsa de la OTAN invocando la “alarma social” generada, a pesar de la posición del ministerio, que defendía que eran unas aeronaves muy seguras e insistía en que la causa del siniestro pudo ser meteorológica. Poco más tarde, Trillo tuvo que asumir que el ministerio había recibido doce quejas previas, realizadas por militares españoles, sobre la seguridad de estos aviones; la investigación demostró que los pilotos del aparato de bajo coste no conocían el aeropuerto de Trabzon (Turquía); que tenían restos de alcohol en la sangre, que giraron hacia el monte Pilav --un viraje prohibido en cualquier plan de vuelo: “Precaución. No está autorizado a realizar maniobras de aproximación al sur del aeropuerto”, decía la carta aeronáutica--, y que habían superado las 22 horas de viaje, por encima del tiempo legal.

De los 62 fallecidos, 21 eran componentes de unidades del Ejército del Aire de Zaragoza (nueve del Ala 31 y doce del Escuadrón de Apoyo al despliegue aéreo). Además, otros cinco militares del Ejército de Tierra habían nacido en Aragón. Yo era --todavía soy-- periodista del Heraldo de Aragón. Así que me tocó la mitad de la tragedia en nuestra propia casa. Al llegar a la redacción aquella mañana, un trabajador del departamento de administración me preguntó si conocíamos el listado de los fallecidos porque el marido de una compañera podía estar entre ellos. Así era, el brigada José Manuel Pazos Vidal era uno de los fallecidos. Fue una puñalada. El militar había pasado ocho años en misiones durante la guerra de Bosnia-Herzegovina apoyando a los F-18 que vigilaban el espacio aéreo de la ONU y la OTAN. Su viuda, que tenía dos hijos, me contó la última conversación con su marido, y fue el preludio de la avalancha de información: “Me ha dicho que volvían en un avión ruso, como esos a los que se les abren las puertas. Y le dije que se agarrara bien el cinturón”.

Ese fue nuestro primer titular del día siguiente. Tres semanas antes del accidente, un Ilyushin 76 de fabricación soviética (uno de los modelos elegidos por el Gobierno español junto al Yakovlev-42 y el Tupolev-154 para trasladar a las tropas españolas a Afganistán) sufrió un accidente en el Congo al abrirse en pleno vuelo la puerta trasera y perder a decenas de pasajeros.

Encuentros secretos

Estas denuncias de los militares, y la noticia de que la caja negra estaba averiada, se fueron desvelando en los primeros días entre Heraldo de Aragón y El País. Pero en el ministerio de Defensa sabían que lo peor estaba por llegar. El teniente coronel Javier Marino González, miembro del CISET (Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército del Aire) había advertido un mes antes del accidente mortal del peligro de utilizar estos aviones. “Se están corriendo altos riesgos al transportar personal en aviones de carga fletados en países de la antigua URSS: su mantenimiento es, como mínimo, muy dudoso”.

Los encuentros con los militares se producían a escondidas y en lugares secretos porque teníamos la sensación (que fue real) de que estábamos siendo seguidos. Las citas eran como la película El tercer hombre. Ya en esos primeros días supimos que Defensa había trasladado 30 muertos sin identificar. Pero no podíamos contar la información. Hoy se puede contar que hubo muchos compañeros de los fallecidos que se jugaron su trabajo en esos encuentros cinematográficos, compartiendo la información con nosotros y con las familias de los fallecidos. Una orden remitida por el Jefe de Estado Mayor del Aire, Eduardo González-Gallarza, a todas las unidades, prohibía a los militares no autorizados hacer declaraciones sobre el accidente del Yak-42. “Como descubra al que os está contando todo lo vais a tener que poner de portero en el Heraldo”, me advirtió un día el coronel Mestre, del Ala 31. ¿Pero es verdad o mentira lo que publicamos?, le pregunté. “Lo malo es que casi todo es verdad”, reconoció.

Viaje a Trabzon

Francisco Cardona convenció al equipo de fútbol de Villarreal para que le llevaran a Trabzon (Turquía), donde les había tocado jugar una eliminatoria de la UEFA contra el Trabzonsport, en octubre de 2003. Varios familiares levantinos viajaron en ese mismo vuelo y, pocas horas depués de aterrizar, entendieron que los turcos podían ser su solución. Los periodistas estaban más interesados en los familiares de los militares muertos que en los futbolistas. Un imán de la ciudad turca les entregó varias chapas identificativas de las víctimas, que según Defensa, habían servido para identificar a los 62 militares en un tiempo récord de un día y medio.

Así nació la sospecha sobre la gran mentira urdida por el ministro de Defensa, Federico Trillo con su gabinete, y que acabarían pagando, a finales de 2009, el general Vicente Navarro, jefe del equipo médico español, (la “cabeza de turco”, como lo calificó su familia en la esquela que se publicó al morir después del juicio), condenado por la Audiencia Nacional por falsedad documental, y los comandantes médicos José Ramón Ramírez y Miguel Ángel Sáez, que fueron indultados por el Gobierno del PP en 2012.

La visita de la abogada turca

Seis años antes de llegar a aquella vista oral, las familias recibieron en un hotel de Madrid en diciembre de 2003 a la abogada turca Belkis Baysal, que iba a explicarles la posibilidad de plantear un pleito en Turquía. Baysal se dio cuenta de que las madres de los fallecidos tenían la inquietud de si les habían dado a sus muertos o no. La abogada me contó a la salida de esa reunión que volvía a su país con el corazón en un puño. Su único objetivo era lograr que la Fiscalía le facilitara la información de los trabajos realizados por los forenses turcos y el equipo médico español. El 13 de diciembre de 2003, unos 300 familiares se manifestaron por las calles de Madrid pidiendo que Defensa diera explicaciones. El cartel que portaban decía: “Volvemos en una tartana”. Entonces no tuvieron ni apoyo mediático. Estaban solos, y las velas que encendieron esa noche junto a las verjas del Ministerio de Defensa fueron retiradas por la policía en cinco minutos.

El Gobierno de José María Aznar estaba a punto de lograr su objetivo: que no se supiera nada de la tragedia antes de las elecciones del 14 de marzo. A finales de febrero recibí una llamada de un portavoz de las familias para mantener una reunión de urgencia en Madrid. Había regresado la letrada Belkis Baysal con un acta judicial de la Fiscalía de Macka. Propuse que el encuentro fuera en una cafetería de la estación de Atocha; me dijeron que era un buen lugar para no ser escuchados. Éramos conscientes de que nuestras conversaciones telefónicas estaban pinchadas por los servicios secretos (el ruido era bastante notorio) y hasta los saludábamos al final. Creíamos que estábamos muy cerca del final, aquel 28 de febrero de 2004.

El encuentro en Atocha, vigilado

Nos sentamos en la cafetería de Atocha, al lado del jardín, con tres familiares de la Asociación, Miguel González, un colega de El País, y una traductora turca. Cuando iba a comenzar la lectura del documento judicial de Turquía pude ver cómo un fotógrafo nos inmortalizaba desde las escaleras del AVE. No sabían lo que decíamos, o quizá sí, pero sí quiénes estábamos reunidos.

Uno por uno, la intérprete leyó que dos generales españoles (Vicente Navarro y José Antonio Beltrán) firmaron un documento oficial con los forenses turcos en el que asumían que se llevaban 30 cadáveres que no estaban identificados. Estaban carbonizados o llevaban anillos (cinco de ellos) y ni se detuvieron a reconocerlos. La traductora tuvo que detenerse varias veces por la dureza del documento.

Llegamos a un acuerdo: lo primero, por respeto y dignidad, era comunicárselo a todos los familiares de las víctimas. Al día siguiente, el 2 de marzo, publicaríamos la información junto a la versión del general Vicente Navarro. Empecé a mandar SMS a mi compañera Pilar Estopiñá para decirle que nuestra sospecha, desde el mismo 26 de mayo de 2003, se confirmaba, por desgracia, punto por punto. Lo triste era que el brigada Pazos, el marido de nuestra compañera de administración, estaba entre los no identificados, aunque llevaba su anillo de boda. Tampoco habían reconocido a Francisco Cardona y lo intercambiaron por otro fallecido...

Las cartas de Defensa

La reacción del ministerio de Defensa fue el envío de cinco cartas firmadas por el secretario general de Política de Defensa, Javier Jiménez Ugarte, a las familias. En ellas se nos acusaba de hacer “una campaña sensacionalista” y lo negaban todo. “El Gobierno lamenta profundamente que un asunto tan doloroso y delicado sea objeto de un tratamiento tan escasamente riguroso y tan poco respetuoso con la memoria e intimidad de los afectados”, dijo el Gobierno en una nota de prensa. Acusaron a la abogada turca por haber obtenido el acta, que “formaba parte de un sumario calificado de secreto por la Fiscalía de Macka”. Cuaquier cosa menos asumir los 30 palmarios errores en las identificaciones de los cadáveres, que acabarían siendo confirmadas por los forenses de Turquía gracias a la pruebas de ADN que guardaron de los fallecidos y a las que hicieron a sus familiares en mayo de 2004.

Para entonces, el Gobierno de Aznar --ahora Rajoy-- y Trillo había perdido las elecciones ante el PSOE. España había vivido el peor atentado de su historia, el del 11-M, donde se aplicó la misma política de la mentira oficial; en este caso, sobre la autoría del mismo. Sin embargo, en la identificación de los 192 fallecidos ese día, los forenses civiles advirtieron de que no iban a repetirse los errores cometidos en el accidente del Yak.

El 31 de mayo de 2005, T5 emitió el documental Yak-42, producido por Iberrota Films, en el que colaboré, tras presentar el libro en Madrid. El documental dirigido por Tania Estévez consiguió una audiencia del 30%. Desde entonces nunca más se ha vuelto a ver. Está metido en un cajón. La ministra Dolores Cospedal recibirá el martes 10 de enero a las familias del Yak, después de que un dictamen del Consejo de Estado haya establecido que el ministerio de Defensa no fue diligente en la protección de sus militares, y que el accidente hubiera sido evitable. Es una gran oportunidad para que el Gobierno del PP reconozca, trece años después: “Yak-42, honor y verdad”.

Ramón J. Campo (@RamJCampo) es autor del documental Juego de Espías y de los libros Canfranc. El oro y los nazis (Mira Editores, 2012), La estación espía (Península, 2006), Yak-42, honor y verdad (Península, 2004) y El oro de Canfranc (Biblioteca aragonesa de cultura, 2002).

miércoles, 24 de agosto de 2016

Corrupción y Fraude (30) La corrupción portátil

La corrupción portátil


La regeneración de Ciudadanos, esa de nosotros no estamos aquí para que sigan gobernando los mismos y no apoyaremos a Rajoy como presidente, ha ido mutando discretamente en una regeneración lingüística. No se trataba tanto de desbrozar la política como de desbrozar la RAE. Y el fantástico moonwalkejecutado después de las últimas elecciones, ese paso de baile en el que Michael Jackson parece caminar hacia delante mientras se dirige hacia atrás, ha depositado a Albert Rivera en su última posición de fortaleza: separar al PP de la corrupción. Como era de esperar, ha optado por lo más sencillo: mover la corrupción. Si Mahoma no se va de la montaña, movamos la montaña; total, Mahoma está encima de ella.


Así que corrupción ya no es lo que era antes, sino algo mucho más delicado, casi un jarroncito chino, que azarosamente se acomoda al Partido Popular. Es un paso trascendente para que el PP y Ciudadanos lleguen a un acuerdo, al fin y al cabo la distorsión de la realidad ha sido el mejor programa de Gobierno de los últimos cuatro años. Cuando las palabras significan lo que el poder dice que significan, y hasta los números tienen sensibilidades distintas según su uso, el Gobierno es inatacable.

Por eso estas negociaciones de absorción ideológica están siendo tan excitantes. El maestro instruye al alumno en contorsionismo y no será porque el alumno no haya llegado aprendido; toda la campaña de Rivera ha sido un ejercicio de ambigüedad amparado en una palabra: regeneración, que ni siquiera es lo que era antes. Teniendo en cuenta dónde han acabado sus pocas afirmaciones contundentes, casi mejor la indefinición. Si Rajoy ha ganado dos elecciones sin moverse, a veces hasta desaparecer entre las cortinas de palacio para que el Rey no lo encuentre, lo último que podía esperar Ciudadanos es cambiar un espíritu, el de la corrupción, tan arraigado en el PP que hasta con todos los tesoreros imputados y las siglas en el banquillo es capaz Rajoy, en cada último escándalo, decir “hasta aquí hemos llegado”. Cuando llevan allí, en ese lugar exacto, desde los noventa.

En eso anda metido Ciudadanos, en la negociación con un partido que convierte en “concesión” que la persecución de sospechosos de corrupción alcance comunidades y Ayuntamientos. Una red de trampas tan burdas como fabricar una fecha de terceras elecciones y responsabilizar al PSOE de ella. Nada que no vaya a tener éxito, como está demostrado. Si no hay nada peor para un paranoico que tener razón una vez, tampoco se va a apear el PP de la victoria: la amenaza del apocalipsis, el inmovilismo, el bertinismo social y, respecto a la corrupción, el estamos poco casados. De ahí el esfuerzo de Ciudadanos en el pacto de Tu cara me suena: aparentar un trasplante de corazón cuando en realidad le están poniendo bótox.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Corrupción y Fraude (27) 100 razones para no votar al Partido Popular / 'B de Bárcenas'


Eduardo Inda: "Sobresueldos en 'Génova, 13' cobró hasta la madre superiora"
Esperanza Aguirre: "¡Menos yo!"
Inda: "Hay dos personas que no cobraron, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón."
EA: "Exactamente."
Plató de La Sexta Columna, 2 de mayo de 2015

Pues nada, este domingo España se la vuelve a jugar en las urnas, tras cuatro años de gobierno del PP con mayoría absoluta, cuatro años de desvergüenzas y escándalos, de mentiras y abusos de poder por parte del partido en el gobierno. Quienes siguen este blog ya saben lo que opinamos de los dirigentes de este partido, de su ideología y su mezquina forma de hacer política, así que no nos vamos a extender más en ello. En la web Iniciativa Debate han recopilado cien razones para no votarles a ellos ni a los que los pudieran ayudar. Cada uno podría escribir las cien suyas propias, aunque en muchas, seguro, coincidiríamos. Una de ellas sería, cómo no, una que empieza por B. B de Bárcenas. 





'B', de David Illundain (2015) 

Sinopsis: El 15 de Julio de 2013, el extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, es trasladado desde la prisión para declarar en la Audiencia Nacional. Hasta este día, había negado toda relación con los llamados "papeles de Bárcenas", pero después de 18 días en prisión ha decidido cambiar su declaración. Esta película retrata lo que pasó en esa sala aquel día.


sábado, 31 de agosto de 2013

Periodismo y Periodistas (23) "Los medios se están convirtiendo en máquinas informativas de los partidos"

Una entrevista en El Diario.es al fotógrafo catalán Samuel Aranda nos acerca a la labor profesional y la faceta más personal de este magnífico periodista, que saltó a la fama por haber ganado el World Press Photo con la instantánea que cierra este post. El resto de las fotografías que acompañan el post (junto con otras) las hemos cogido de este enlace con parte de su obra. En la entrevista nos habla de su labor como fotógrafo, del presente y futuro del periodismo y de su trabajo actual para The New York Times (casi nada), donde es feliz por ver cómo se respeta su labor profesional y su criterio como fotógrafo y persona comprometida que se implica en los dramas e historias personales en las que trabaja. Su historia es como la de tantos españoles talentosos que han tenido que emigrar a otros países para ver reconocido su trabajo. En fin, con ustedes Samuel Aranda. 


"Los medios se están convirtiendo en máquinas informativas de los partidos"

El fotógrafo ganador del World Press Photo, Samuel Aranda, pone en duda la crisis de los medios de comunicación que "nunca disponen de presupuesto para la sección de internacional pero siempre doblan el del suplemento de moda".
"A veces, la fotografía que funciona mejor, es la más imperfecta. Ese toque defectuoso le aporta credibilidad".
"Si matan a una familia delante de mí y necesito llorar, lloro"


El fotógrafo catalán Samuel Aranda, ganador en 2011 del premio World Press Photo -el más importante certamen mundial de fotoperiodismo- niega que los fotógrafos que cubren conflictos violentos se sirvan de la lente de sus cámaras como parapeto para protegerse ante esas duras escenas. Aranda, colaborador del New York Times, destaca que, además de fotógrafos, ante todo son personas, en un intento de desterrar esa apariencia de frialdad e indiferencia que persigue a algunos profesionales del gremio. El fotógrafo, que ha participado en el ciclo de conferencias "Periodismo a pie de calle" organizado por el Ayuntamiento de Vitoria, critica a los medios españoles por su escasa independencia y advierte de que "se están convirtiendo en meras máquinas informativas de los partidos políticos".

P: Usted cubre conflictos armados en los que pone en peligro su integridad física. Sin embargo, salió huyendo de Madrid, dejando un puesto fijo en un plantilla de un periódico. ¿Qué le asustó?

R: Es cierto. Fue en 2008 en la delegación de El Periódico de Cataluña, en Madrid. Tenía unas muy buenas condiciones laborales a nivel de sueldo, de estabilidad, de horarios... las mejores de mi carrera pero aguanté ocho meses. No creía en lo que estaba haciendo. No sentía que hacia aquello que me impulsó a dedicarme al fotoperiodismo, el denunciar injusticias y contar historias. Yo necesitaba sentirme más combativo. A nivel gráfico cubrir información política consistía en acudir al show que montan los partidos y colaborar en la difusión de ese espectáculo con tus fotos. A nivel periodístico es más interesante pero a nivel fotográfico es tedioso y, además, me sentía participe de un engaño.

P: ¿Pero no cree que también se pueden cometer ciertos engaños con la fotografía que empezó a ejercer a partir de ese momento, centrada en la cobertura de conflictos internacionales?

R: Supongo que hay intenciones de todo tipo. La mayoría de los fotógrafos intentamos hacer nuestro trabajo con la mayor honestidad y ética posible. Lo que sí creo es que nuestras instantáneas pueden ser utilizadas para crear imágenes. Me explico. Cuando estaba en Oriente Medio, las fotos que se publicaban siempre era las mismas, los islamistas con las barbas, las armas y con el brazo alzado y gritando. La fotografía mal utilizada por los medios de comunicación ayuda a distorsionar las realidades de sitios. Salí entonces de esa línea de trabajar para agencias, porque no tienes control sobre lo que se publica. Pongo un ejemplo. Cuando Hamas ganó las elecciones en Gaza, había miles y miles de personas en las calles celebrándolo. Desde niños bailando, gente con banderas, los festejaban con comidas improvisadas en las aceras… un ambiente festivo multitudinario. Ese día igual envíe 40 fotos a la redacción, pero la foto que se publicó fue la de dos tipos con barba que quemaban una bandera estadounidense y otra israelí. Sólo quemaron dos banderas en toda la semana que duró la celebración pero esas imágenes fueron las que destacaban las portadas de los periódicos. Eso provoca mucha frustración. Yo estaba viviendo en Gaza, muy integrado y conectado con la gente de allí, sabía lo que querían y cómo son, nada radicales ni mucho menos y ves que tu trabajo no refleja eso y que se utiliza para crear una imagen que no es la real. Esa foto era un retazo, una anécdota que convirtieron en generalidad y eso es engañar a la gente y para ello utilizan nuestras fotografías.

Ahora trabaja para el New York Times. ¿Respetan más su trabajo?

Sí, estoy feliz y tranquilo trabajando con el New York Times. Negocio en cada ocasión cómo se va a publicar cada foto, me dan mucho tiempo para trabajar; cuando lo editan y lo van a publicar hay un diálogo constante con el editor; me piden consejo; intercambiamos opiniones. Nada que ver con lo que he vivido antes con otros medios.

¿Cree que las ventajas que ofrecen los nuevos programas de tratamiento de la fotografía se han vuelto en su contra?

Sí. Hay algunos fotógrafos nada profesionales que han abusado del retoque digital. Creo que es una práctica pequeña, son pocos, pero hacen mucho daño a la profesión.

A esta alturas, en época de sobre información, ¿las fotografías continúan provocando la reacción de los espectadores?

Sin duda. Y tienen su utilidad. El Tribunal de la Haya, en los juicios sobre la masacre de Srebrenica en la que fueron asesinados 8.000 personas de etnia Bosnia, lo que se utiliza como pruebas y testimonios gráficos en el proceso judicial son las imágenes captadas por los fotoperiodistas. Con las fotografías contribuimos a la creación de esa memoria colectiva que permite que hechos como esos no se olviden.

¿La foto necesita de unos elementos indispensables para que sea buena o no hay fórmulas claves?

Me obsesiono mucho por tener una buena composición, una buena técnica, todo muy equilibrado y reflexionado y resulta que a veces, la fotografía que funciona mejor, es la más imperfecta. Esas fotografías que rechazas en la primera edición, resulta que en un segundo repaso a los originales despiertan tu atención. Esos defectos son importante para que le aporten credibilidad.

La batalla de la inmediatez la han perdido con la irrupción de los ‘smartphones’. ¿Con qué baza juegan ahora?

Es muy sencillo. Que yo tenga una guitarra y cante los domingos no significa que sea músico ni tampoco mi madre es enfermera por haberme curado las heridas cuando era pequeño. La gente puede hacer fotos con móviles, pero lo que nosotros ofrecemos es un servicio fotográfico, un punto de vista y saber hacer respaldado por años de experiencia. No contratan fotografías, contratan profesionales. Además tenemos la suerte de que, en el extranjero, aquí no, cada vez más medios apuestan por la calidad fotográfica y por los trabajos en profundidad.

¿Considera que ahí está el futuro de la prensa escrita?

Sí. La gente sigue comprando el periódico los domingos pero no lo hace el resto de la semana. ¿Por qué? Por los suplementos. Buscan leer historias con nuevos enfoques, completadas y muy trabajadas. Reportajes extensos con buenas fotografías. La actualidad del día a día ya la tienen en las ediciones digitales pero el fin de semana buscan, en las revistas dominicales, es añadido. Ofrezcámosles eso a diario y volveremos a vender periódicos.

¿Cree que el binomio periodista-cámara es indispensable para trabajar?

Sí, por supuesto. Es imprescindible. Aquí no se suele da. Sí en el extranjero.

P.  ¿Qué aporta ese tándem? 

A veces, dolores de cabeza. No, es broma. Siempre me he sentido a gusto. Nos complementamos mutuamente y esta suma enriquece las informaciones. Sí reconozco que para conseguir ese resultado es importante tener una conexión personal.

¿La crisis que sufren los medios de comunicación perjudica directamente a la calidad informativa?

Para empezar no creo que haya tal crisis de medios sino un engaño a todos los niveles, no sólo en nuestro gremio. Los ERES en empresas de comunicación conllevan despidos solo de los periodistas de calle, nunca afectan a los directivos que se llevan tres millones de euros al año. Y en las reuniones nunca disponen de presupuestos para la sección de internacional pero siempre doblan el del suplemento de moda (...). El problema de los medios es que se están convirtiendo en meras máquinas informativas de los partidos políticos. Por mucho que un periódico sea más progresista o más conservador no debe ocultar ciertos hechos. Si toca dar caña a los suyos, debe hacerlo. El New York Times es muy progresista. Se sitúa más del lado de Obama que del lado republicano, pero lo que ha pasado en Yemen con los drones -aviones no tripulados- que han matado a muchos civiles, no lo han pasado por alto. Hemos publicado reportajes muy duros en contra del Gobierno. Una de las bases de la democracia es que haya un periodismo crítico. En España está costando muchísimo que cuajen las iniciativas que trabajan en esta línea, porque enseguida intentan controlarlas. Para hacer un buen periódico necesitas dinero y si la gente que lo aporta tiene un color político muy claro y no te deja hablar en libertad, se acaba con el periodismo independiente.

¿En alguna ocasión ha dejado la cámara por auxiliar a la gente?

Somos personas, ante todo. Son muchas las veces que estás haciendo fotografías a la vez que estás ayudando a los heridos.

¿La lente le sirve de parapeto, le protege de lo que ve?

A mí no. Cada fotógrafo trabaja de una forma pero a mí lo que me resulta es involucrarme en lo que veo. Si estoy en Libia, Yemen o Irak y matan a una familia delante de mí, si tengo que llorar, lloro. Y prefiero soltar las emociones y no escudarme en mi condición de fotógrafo para no hacerlo. Del mismo modo cuando cae Mubarak, hubo momentos en los que dejé la cámara y me puse a celebrarlo con mis amigos egipcios. Si escondes esos sentimientos continuamente se pueden volver en tu contra.

Recordará el debate surgido por las duras imágenes publicadas del accidente de tren en Santiago. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre el derecho y deber de informar y el respeto hacia las víctimas y familiares?

No es fácil. Quizás el acierto sea no enseñar más de lo necesario para informar sobre lo que ha pasado. El trabajo del editor es fundamental. El debe elegir con tacto. Lo que sí tengo claro es que la ética que aplicamos hacia unos debemos exigirla para todos. No puede ser que llevemos a portada fotos de niños abiertos en canal en Gaza y que cuando publicamos fotos de un muerto español en Santiago nos llevemos las manos a la cabeza.

¿Qué es lo más duro de su trabajo?

Yo hago mi trabajo, me pagan por ello, vuelvo a casa donde me encuentro con mi familia. Lo más duro es ver la gente que se queda allí. Ellos son los que sufren. Lo duro es ver como mis amigos egipcios que lucharon por una transición ahora están masacrados por el Ejército y ver que mis amigos yemeníes sólo escuchan que Al Quaeda pretende asentarse en su país.

¿Y lo más peligroso de su trabajo?

No creo que tengamos que tener el punto de atención en eso. Lo verdaderamente importante son las víctimas que documentamos. En el momento en que un periodista se convierte en el centro de atención, nos convertimos en personajes mediáticos y nos equivocamos de papel.

¿Descoloca el cambio cuando vuelves a casa?

Vivo en un pueblo pequeño de 60.000 habitantes que es mi cueva para refugiarme de la sociedad. Porque sí que es verdad que cuando vives esas realidades, en las que te levantas por la mañana en sitios donde no hay agua, no hay comida pero estas rodeado de gente que siempre tiene un ánimo positivo, te desconciertan los lamentos continuos que oyes por aquí.

Usted ganó el premio World Press Photo en la categoría Photo of the Year de 2011 por la imagen que muestra como una mujer abraza a su hijo convaleciente tras haber sufrido un ataque con gases lacrimógenos. ¿La considera su mejor fotografía?

Pues no lo sé. No me había parado a pensarlo. Sinceramente esa foto me parecía muy clásica, plana, a nivel compositivo no tiene ningún secreto. Cuando el New York Times la presentó al certamen me sorprendió. Pero sí es verdad que ha producido emociones en mucha gente. Cuando se publicó la fotografía en el periódico, yo todavía no sabía quiénes eran los que salían en la imagen, pero me llegaron muchísimos e-mails de mujeres de todo el mundo que coincidían al identificar a la mujer, que aparece totalmente tapada, como la madre del chico. "Por la forma en que lo está cogiendo, es imposible que sea su hermana, o una enfermera , es su madre", me aseguraban en los correos. Es una historia bonita, que puedas transmitir ese sentimiento y que las madres lo entiendan, es muy gratificante.