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martes, 20 de marzo de 2018

Fantasma (10) Como un mensaje en la pared

Vivimos nuestras vidas en un solo sentido, llorando, riendo, amando, reflexionando, construyendo un mundo entre pequeños gestos, encerrando al universo en nuestros anhelos, acompañadamente solos o solitariamente acompañados, aprovechando las horas que se nos han dado y solo deteniendo el tiempo cuando un alma pareja nos ha encontrado. No vemos todo el cuadro... y no nos importa, o por lo menos no debería importarnos.

Porque para eso "creamos" los fantasmas y todo a lo que los hemos asociado: son voces lejanas, sensaciones que se quedan, memorias que permanecen atadas a un enigma, están ahí para avisarnos si pueden, se sienten en el aire cuando no sabemos explicar por qué nos sentimos unidos a un lugar.

Los relacionamos lejanamente a nuestra experiencia, y querría creer que esa eternidad compartida no es una calle de un solo camino: tienen un sentido, y atarse a un lugar para velarnos es su manera de hacer las paces con los vivos.

Así, la próxima vez que notes una presencia en la oscuridad, o una puerta esté cerrándose en otro lugar, quizás dejas de preocuparte, porque habrás comprendido que nada allá te quiere mal: se trata tan solo de un recuerdo, buscando perdurar. Y quizá te merezca la pena observar el reflejo de la luz, deslumbrarte con sus colores y pensar que algo podría estar... o dejar (tras)pasar esa fantasmal sensación, y nada más. 

Porque, al fin y al cabo, un fantasma es como un mensaje en la pared o como el eco de una costumbre que se repite sin que sepamos por qué: únicamente guarda sentido para el que quiere verlo, aunque sólo con eso ya sea más que un simple recuerdo. Una prueba de que importamos en el inmenso cosmos, y de que todo lo que fuimos no va a acabar desapareciendo. 

(Crítica de 'A ghost story' en Cineredux.com) Si no la han visto, háganlo, échense una sábana por encima e impregnen su hogar con la esencia inmortal de su propio ser.  

domingo, 1 de octubre de 2017

Amor (25) Paris-Texas: la historia de Travis y Jane / In Memoriam, Harry-Dean Stanton

Se nos fue el 15 de septiembre Harry-Dean Stanton y queremos recordar su figura cinematográfica (después de más de 200 películas en seis décadas de carrera) con un reportaje dedicado en Días de Cine y con la escena completa de la filmación en Super-8 de Paris-Texas en la que se cuenta la historia de amor perdido entre Travis (interpretado por Stanton) y Jane (Nastassja Kinski), en una de las más celebradas interpretaciones del actor recientemente desaparecido. Descansa en paz, Harry-Dean Stanton. 



Harry-Dean Stanton (1916-2017)

martes, 18 de julio de 2017

Infancia (36) Infancia en guerra 11 'Aquel no era yo', de Esteban Crespo

"Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de hacer lo que has hecho"

Si ayer presentábamos 'Voice Over' y la retahíla de premios y nominaciones que ha cosechado desde su publicación hoy lo hacemos con "Aquel no era yo", otro de los cortos que compiten con éste en la nominación de los premios Goya, además de haber recibido 45 premios en 38 festivales que están en este enlace.

El cortometraje 'Aquel no era yo', escrito y dirigido por Esteban Crespo, cuenta la historia de un cruce en una carretera perdida en un país africano  indefinido en el que dos cooperantes médicos españoles y unos niños soldado africanos se encuentran, bajo los designios irracionales de las putas guerras. 

Kaney es un niño soldado de un país africano. Con él viven muchos otros niños soldado, acatando las órdenes del hombre que se ha convertido en su padre, el General del Ejército Rebelde (Babou Cham). Paula (Alejandra Lorente) es una cooperante española llegada a África siguiendo a su pareja, Juanjo (Gustavo Salmerón) con el objetivo de ayudar y de rescatar a los niños soldado que allí viven. En un puesto fronterizo, Paula y Kaney se encuentran y ése será el punto de partida de esta dramática historia, en un escenario de miedo, violencia, terror y redención. Dos de estos personajes, Paula y Kaney, cuyas vidas en principio no tendrían nada en común, llegarán a unirse irremediablemente tras un disparo. Un disparo que quita una vida pero proporciona otra.

Como dicen sus creadores: "'Aquel no era yo' nació por el deseo de mostrar la dureza de la realidad de los niños y niñas soldado y lo que muy pocas veces vemos, sus secuelas. Y por otro lado, por el deseo de homenajear la labor altruista y llena de ideales de las personas que arriesgan su vida por mejorar la de los demás."

Cómo dice un niño ex-soldado del conflicto de Sierra Leona: “Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de haber hecho las cosas que has hecho”. Un corto claramente Bean-recomendable al que deseamos suerte y el reconocimiento que merece en los Goya. 

Si quieres firmar para pedir que España no venda armas a países en los que se utilizan niños soldado, este es el enlace. 

sábado, 13 de junio de 2015

Infancia (28) 'Camino a la escuela', de Pascal Plisson




'Camino a la escuela' (Sur le chemin de l'école, 2012) es un documental dirigido por el francés Pascal Plisson que narra las cuatro historias diferentes de Jackson, Carlos, Zahira y Samuel, cuatro niños de distintos rincones del planeta (Kenia, Argentina, Marruecos e India respectivamente) que han de esforzarse diariamente en recorrer grandes distancias para poder llegar a las respectivas escuelas donde estudian. Aunque nunca se hayan visto ni se lleguen a conocer jamás, los cuatro comparten el mismo deseo de aprender. Pese a las largas distancias que han de salvar y las complicaciones que les surgen en el camino, Jackson, Carlos, Zahira y Samuel entienden lo importante para sus vidas es asistir a la escuela, por lo que cada día se embarcan en una aventura en la que arriesgan sus vidas. 

Jackson debe atravesar la peligrosa sabana keniata durante 15 km, Carlos ha de cruzar 18 km a lomos de un caballo por las llanuras de la Patagonia argentina, Zahira recorrer las montañas escarpadas marroquíes y Samuel emprender su viaje hacia la escuela de la India en silla de ruedas empujada por sus hermanos, pero todos ofrecen todo su coraje y determinación para obtener una educación fundamental que les puede abrir la posibilidad de un futuro mejor. 

Los chicos de Días de Cine nos introducen en el documental y el propio género de aprendizajes en el mundo. Después el propio docu, disfrútenlo. 




martes, 19 de mayo de 2015

Cerebro e Inteligencia (25) Orson Welles, el genio creador


El pasado 6 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento del gran Orson Welles. Ya desde niño George Orson Welles destacó por su precocidad artística. Se cuenta que a los tres años apareció en una representación de Sansón y Dalila y que a los diez dirigió y protagonizó una versión teatral de 'El extraño caso del doctor Jekyll y Míster Hyde', una serie de leyendas que el propio Welles encargaba de difundir y adornar. Pero Welles transitó rápidamente de niño prodigio a configurarse como un artista multidisciplinar de gran inteligencia y versatilidad. 

Cuando Orson Welles llegó a Hollywood a comienzos de los años 40 confesó que el cine era el tren eléctrico más fabuloso con el que le habían dejado jugar en toda su vida. Por entonces, ese joven que apenas superaba el cuarto de siglo de vida era ya una celebridad en toda Norteamérica. Con veinte años había montado obras de Shakespeare en Nueva York y era, además, una voz habitual de los seriales dramáticos de la cadena de radio CBS. 

Una noche de 1938 su voz anunció en directo la invasión de los extraterrestres. Hubo oyentes que huyeron alarmados de las ciudades sin saber que se trataba, en realidad, de una dramatización de La guerra de los mundos, la obra de H. G. Wells. Tras el escándalo la RKO le ofreció un contrato para filmar dos películas. Nunca antes un novato había gozado de tanta libertad. El primero de aquellos dos títulos lo realizó en 1941 y fue Ciudadano Kane. A partir de ahí nació la leyenda.

Welles tuvo una irregular carrera en Hollywood, así como una importancia crucial en el cine independiente y en el teatro. Con una vida personal y sentimental agitada, antepuso siempre como prioridad su trabajo. Como actor Welles trabajó infatigablemente, interpretando muchas veces dos y tres películas por año. Algunas de sus actuaciones actorales, como en 'El tercer hombre' (1949) son memorables aunque ésta, una de sus películas más célebres sería dirigida por Carol Reed. Sus interpretaciones de Othello, Kane, Falstaff y otras en las que se dirigía a sí mismo, hacen ver que su talento como actor era tan grande como el de director y el que manifestó en otras muchas actividades de su vida.

Después de la ya citada 'Ciudadano Kane', firmaría en 1942 'The Magnificient Amberssons' (El quinto mandamiento), 'El extraño' (The stranger, 1945), 'The lady from Sanghai' y 'MacBeth' en 1947 y ya en los cincuenta y sesentas dirigiría 'Otello' (1952), 'Mr. Arkadin' (1955) y las magníficas 'Sed de mal' (1957) o 'Campanadas a Medianoche' (Chimes at midnight, 1965). Los más remarcable de los setenta (al menos lo único de esa década que hemos visto) sería 'F for Fake' (1973), que ya publicamos en este blog. Muchas de estas películas son obras maestras imperecedoras (e imperfectas), llenas de escenas memorables que continúan inspirando a los cineastas actuales. 

Polémico y discutido, Welles siguió trabajando hasta su muerte, el 10 de octubre de 1985. Dejó varios proyectos inacabados y una sensación general de que su gran talento merecía otra obra maestra. "Era el hombre con más talento que he conocido en mi vida", dijo de él Charlton Heston, el protagonista de Sed de mal. "Sin embargo eso no significa que fuera el mejor director, guionista o actor", añadía. Puede que sea cierto pero cada vez que se habla de Orson Welles no podemos dejar de exclamar lo mismo que uno de los personajes de Campanadas a medianoche: “Señor, señor… las cosas que hemos visto”.

Este documental ofrece imágenes de casi todos los trabajos realizados por el legendario director estadounidense, incluidas algunas de sus películas inacabadas como 'Al otro lado del viento', con John Huston. Cuenta con numerosas entrevistas a personalidades relevantes como Martin Scorsese, Steven Spielberg, Richard Linklater, y su amigo de toda la vida, el historiador de cine y director, Peter Bogdanovich. Imprescindible para cinéfilos. Lo único a lamentar tanto en este como en el resto de documentales que captamos desde la web de RTVE es que sean doblados, algo que nunca entenderemos y que siempre nos deja un lamento. 

A lo largo de nuestro ciclo de cine clásico USA publicaremos algunas de sus mejores películas, por supuesto 'Citizen Kane' pero también 'Sed de mal' (que será la primera), 'Campanadas a medianoche', 'La dama de Shanghai' o 'Macbeth' para seguir disfrutando del cine del genio de Winconsin. Ahora el docu y a disfrutar de la vida y obra del gran Orson Welles. 

jueves, 14 de mayo de 2015

Mujeres (13) Las mujeres alemanas tras la guerra



En estos días que se celebran las efemérides del 70º aniversario del final de la segunda guerra mundial en Europa, hemos de recordar que tras la terrible guerra llegó la postguerra y ésta fue también una época muy conflictiva en los países en los que se había combatido (como refleja el magnífico libro 'Continente Salvaje', de Keith Lowe). Fue una época de represalias, delaciones y revanchismos en la que los ejércitos aliados (mayormente los soviéticos pero no sólo ellos) cometieron múltiples crímenes, violaciones y otros abusos de poder sobre la población civil en su ocupación del país que había comenzado la guerra más letal que había conocido la Humanidad. 

Y fue en su capital donde la periodista y fotógrafa Martha Hillers, de 33 años (una de las aproximadamente dos millones de mujeres alemanas que sufrieron esos abusos), decidió escribir 'Eine Frau in Berlin' (Una mujer en Berlin), la crónica de los días en los que las tropas rusas entraron en la ciudad y las mujeres alemanas tuvieron que luchar -y padecer- por su supervivencia. Probablemente esos apuntes íntimos que constituyeron su diario, escritos en un refugio antiaéreo a la luz de las velas, ayudaron a su autora a mantener un vestigio de cordura en un mundo de devastación y crisis de los valores morales. La autora describe la vida de las mujeres y ancianos que subsisten en su bloque de apartamentos ante la llegada de las tropas soviéticas, las violaciones a las que la mayoría de vecinas son sometidas y cómo en su desesperación ante las agresiones decide mantener relaciones con un oficial ruso a cambio de protección, aunque también esta protección también se tornará precaria. 

Publicado en 1959, el libro no fue bien recibido por el público de la época, probablemente porque el pueblo alemán no estuviera listo aún para revivir esa parte dolorosa de su historia. Después de haber sido acusada de dañar el honor de las mujeres alemanas y de propaganda anti- comunista, Marta Hillers rechazó cualquier posterior publicación de su diario y decidió permanecer en el anonimato. Fue sólo después de su muerte a los 90 años, junio de 2001, cuando pudo volver a ser publicado y encontrar el éxito que le corresponde por sus extraordinarios valores morales, históricos y literarios. 

Les ofrecemos también, en una nueva entrega de nuestro ciclo de cine europeo, la película homónima basada bastante fielmente en la novela y dirigida por el alemán Max Färberböck en el año 2008, para aproximarnos a aquella época azarosa y decisiva para el destino de Europa y a aquellas valientes mujeres que ayudaron a reconstruir un mundo en ruinas en el que simplemente decidieron resistir, decidieron seguir vivas.


Ciclo de cine europeo (34) Una mujer en Berlin', de Max Färberböck




Una mujer en Berlín, de Anónima


Texto: Letras Libras Luis Fernando Moreno Claros Enero 2006

Hasta hace apenas una década, en Alemania era un tabú cuestionar abiertamente la cruel y probablemente inútil destrucción de ciudades monumentales como Dresde o Colonia por la aviación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente había que considerar semejantes acciones como males necesarios para liberar del nazismo a la propia Alemania y a Europa, y ello a despecho de los cientos de miles de víctimas civiles que perecieron en los bombardeos y de los cientos de miles que perdieron sus hogares; del mismo modo se justificarían también poco después las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki: fueron necesarias para terminar la guerra con Japón. Hoy se cuestiona si no cabría hablar más bien en ambos casos de "crímenes de guerra".

Pero junto al tabú de los bombardeos aliados y sus nefastas consecuencias para bienes y personas subsiste otro tabú un tanto más difícil de vencer: el espinoso tema de las violaciones masivas de mujeres y niñas alemanas por los soldados del Ejército Rojo durante la denominada "liberación" de Prusia Oriental y la toma de Berlín, en el invierno y la primavera de 1945. Libros como El incendio, del alemán Jörg Friedrich, o Berlín. La caída: 1945, del británico Anthony Beevor (ambos en Editorial Crítica), recientes éxitos de ventas en toda Europa después de su enorme impacto en Alemania, deben su calurosa acogida a que se han atrevido a tratar abiertamente y con mirada histórica tanto el bombardeo de las ciudades alemanas como las proezas sexuales del Ejército Rojo en territorio alemán conquistado, tema este último en el que Beevor hace un necesario hincapié.


En efecto, en la detallada narración de los avances del ejército de Stalin hacia Berlín, el autor de La caída no omite la referencia al miedo cerval de los civiles y, sobre todo, de la población femenina frente a la llegada de los rusos. Aparte de asesinar a cualquier varón que les opusiera la más mínima resistencia, la violación de toda mujer o niña que tenía la desgracia de toparse con ellos era operación obligada para esos guerreros sedientos de algo más que de sangre. Escaso fue el número de mujeres que escapó a las ansias amatorias de los miembros del Ejército Rojo, borrachos como cubas en la mayoría de los casos: los alemanes, en su retirada, les dejaban alcohol a discreción a fin de retardar el avance de un ejército de beodos. Pero las consecuencias del exceso etílico las pagaban las "perras fascistas". 

Beevor no olvida aclarar que el Ejército Rojo tenía una deuda pendiente con la Wehrmacht alemana; los soldados de Hitler incendiaron, saquearon, violaron y asesinaron a conciencia cuando invadieron Rusia, en 1941. Así que el desafuero soviético fue excusado por muchas personas como un lógico acto de venganza. Los comisarios políticos estalinistas explotaron la sed de revancha de los soldados e impartieron consignas de odio que embravecieran a sus tropas: "Matad alemanes, odiad Alemania y todo lo alemán, matad cerdos fascistas", etcétera. Así que, inflamados de odio, los alemanes y las alemanas carecían de valor para ellos: los superhombres se tornaron infrahumanos.

La crueldad de los rusos con los civiles y, principalmente, aquellas violaciones en masa fueron la razón de que los alemanes prefirieran ser vencidos por los americanos o los ingleses antes que caer en manos de los soviéticos. El ejército americano o el inglés —salvo en casos aislados— jamás cayó en semejantes desmanes. Los rusos, en general más primitivos, incultos y abotargados por la ideología estalinista, excesivamente limitados en su visión del mundo, empobrecidos mayoritariamente por el comunismo, reprimidos sexualmente en un Estado que despreciaba el erotismo, se comportaban en la rica y civilizada Alemania como bestias desatadas; en cambio, los soldados de los ejércitos americano y británico, educados en Estados de arraigada tradición democrática, en los que la vida humana —al menos teóricamente— se valoraba por encima de cualquier otro bien, se comportaban con mayor fiabilidad en lo que se refiere al respeto físico del enemigo vencido. Esta es la idea que hoy prevalece entre los más prestigiosos historiadores; pero claro, no hay que olvidar que los americanos e ingleses mataban desde el aire con sus innumerables racimos de bombas incendiarias. De ahí que, como puede leerse en Una mujer en Berlín, el libro objeto de esta reseña, muchas alemanas hubieran acuñado un cáustico lema: "Mejor un ruso en la barriga que un americano en la cabeza"; esto es, mejor pasar por el trauma de la violación y vivir con semejante deshonra que perecer entre las ruinas de la propia casa con toda la familia.


Este extraordinario testimonio, rescatado en Alemania por Hans Magnus Enzesberger para su serie de obras curiosasDie andere Bibliothek (La otra biblioteca), es el diario de una sobreviviente, de una mujer alemana, soltera, de 33 años, culta e inteligente, cosmopolita y curiosa, a la que el destino pilló en la capital del Reich mientras trabajaba en una editorial. Desde el 20 de abril hasta el 22 de junio de 1945 anotó casi a diario sus peripecias y las de sus conocidos y vecinos durante los días que siguieron a la conquista de Berlín por los rusos.  El relato es muy fluido, de enorme intensidad y tensión dramática. Los primeros días, escondidos en el sótano, y luego, ya habitando en sus pisos destrozados, sin luz eléctrica ni agua corriente, un pequeño grupo de berlineses (quedaban aún vivos alrededor de cuatro millones de civiles, escondidos o dispersos entre las ruinas), compuesto por un puñado de atemorizados varones y una decena de mujeres de diversas edades, tiene que soportar la presencia de los vencedores rusos, pesados moscardones que contemplan a toda mujer como botín de guerra.

Según este relato, los soldados soviéticos, ya saciados de sangre, después de intensos meses de desmanes y batallas, no se muestran especialmente agresivos con los cavernícolas civiles a su llegada a un Berlín despanzurrado, pero sí extraordinariamente lascivos en lo que respecta a las alemanas. Además del hambre y la muerte de sus allegados, las mujeres tienen que cargar también con la violación. El "aquí te pillo aquí te violo" —la expresión es de la autora— es algo a lo que se exponen casi en cuanto salen a la luz e incluso por las noches en los pisos de puertas débiles y mal atrancadas; de ahí que la mayor parte de ellas prefiera permanecer escondida en lúgubres nichos o elevadas buhardillas. Aunque hay otras formas de violación más sutiles y la brutalidad del principio va adoptando formas más llevaderas: al cabo de unos días los rusos toman "novias" y se "enamoran" de una mujer concreta a la que convierten en su amante obligada. Ésta gana el favor del enemigo y gracias a ello puede proteger a sus conocidos así como recibir alimentos. Si las elegidas no ceden, ponen en peligro a todos cuantos se refugian junto a ellas.

Finalmente, como la violación resulta ser una especie de plaga colectiva que sólo las afecta a ellas, las mujeres terminan por sobrellevar su desgracia con resignación. Ello las une y las solidariza entre sí y su unidad excluye a los derrotados varones alemanes, impotentes ante la vehemencia de los rusos. De manera que, en semejantes circunstancias, fue el "sexo débil" el que tuvo que transformarse en fuerte: "Una y otra vez voy notando en estos días cómo se transforma mi percepción de los hombres, la percepción que tenemos todas las mujeres en relación con los hombres. Nos dan pena, nos parecen tan pobres, tan débiles, el sexo debilucho".

La autora de Una mujer en Berlín tampoco escapa al destino femenino común. En cuanto llegan los rusos, varios soldados la someten en repetidas ocasiones a "eso" (así se refieren las mujeres a un asunto que al principio tratan con pudor y del que terminarán hablando abiertamente con todo el que pueda escucharlas). Como tiene algunas nociones de ruso —la despabilada joven había viajado también a Rusia por motivos de trabajo— también las aprovecha: así que con sus chapurreos hace de intermediaria entre los vecinos y los vencedores, evita alguno que otro abuso mortal y logra ganarse algo de respeto. También ella se busca un protector, uno que sea fuerte entre la horda y la defienda de las violaciones indiscriminadas. Así que, como tantas mujeres, terminará convertida en presa voluntaria y en botín exclusivo de algunos oficiales que la tratan con menos desprecio del habitual. "Cama por comida" y "cama por protección" fueron tratos comunes entre vencedores y vencidas. Y es que, a la larga, el hambre pesaría más que la humillación. Pero las mujeres terminan por hacer de la necesidad, virtud. Los antiguos principios, la moral, el pudor, todo lo han deshecho las bombas, unas situaciones extremas propiciadas por la muerte desquiciadora modifican y acuñan la nueva ética ocasional de las sobrevivientes.


Por lo demás, las mujeres sobreviven y olvidan; y, a su modo, algunas hasta se mofan y se aprovechan de los vencedores. La autora nos deja unas descripciones impagables de la necedad y la zafiedad de los rusos, simples bestias planas y aniñadas. De "hombría" carecen totalmente. Más bien parecen torpes chiquillos sueltos en una tienda de juguetes. Berlín entero es una cueva de Alí Babá que esconde tesoros sin cuento: mujeres, ropa, relojes... Estos últimos los lucen a pares o a docenas mientras se pavonean enseñándolos a todo el mundo e incluso se los roban entre sí.

Poco a poco, después de que los oficiales o los soldados de mayor rango hayan dejado muy claros cuáles son sus respectivos "cotos de cama" —otra acertada expresión de la autora—, la protagonista comienza una vida algo más segura. Los días pasan y sus oficiales la mantienen, asegurando también la supervivencia de sus vecinos. Finalmente, después de casi un mes de incertidumbres y penalidades, la situación en el Berlín conquistado se hace menos peligrosa. Un atisbo de normalidad asoma entre las ruinas. Se llama a los cavernícolas a la limpieza de escombros, y las mujeres y chicas jóvenes pueden volver a salir a las calles con relativa seguridad. Hasta se establecen controles sanitarios para revisar y asesorar a las violadas. Y muchas de ellas hacen chistes respecto de las situaciones más traumáticas. Un acre humor negro alivia las consecuencias de la desgracia y da paso, en definitiva, a la excitación de los sobrevivientes, fruto de la vida que continúa y que, de manera consciente o inconsciente, pugnará por sepultar en lo más hondo de la memoria las negras nubes del pasado.

Precisamente este tipo de humor e ironía consiguen que unos hechos tan incómodos, una historia desagradable y tan triste como ésta atrape al lector y termine seduciéndolo: como siempre, será la fortaleza humana la que venza a la necedad, la valentía del individuo aislado la que quede por encima del colectivismo abstruso.

Una mujer en Berlín no agradó en Alemania cuando se publicó por primera vez en 1957 (poco antes, en 1954, había aparecido en versión inglesa, y, enseguida, el libro fue traducido a varios idiomas más, entre ellos el español). Los hombres alemanes se sintieron incómodos, y también muchas mujeres. El relato aireaba aquello que era mejor mantener oculto, por pudor y vergüenza. Los varones habían hecho la guerra —su guerra— y todo el mundo había salido perdiendo, las mujeres de aquella manera. La credibilidad y el culto a la jactanciosa "virilidad" de los machos alemanes quedaban seriamente dañadas. Pero no sólo eso, al entender de muchos lectores, es la "virilidad" de todos los varones en general la que después del relato no levanta cabeza. Frente a los hombres, inconscientes y guerreros, se alza más poderoso el pragmatismo y hasta el sentido común de las mujeres: éstas demostraron poseer más capacidad de resistencia, ser quizás más "aptas para la vida" en circunstancias no convencionales. "Anónima" afirma en determinado momento: "Tengo la sensación de que estoy bien pertrechada para la vida". Esa sensación podían tenerla también la mayoría de las mujeres que supieron sobrevivir a aquella tragedia. Pero la opinión pública, hipócrita casi siempre, no se lo perdonaba a la autora, e incluso se le reprochó su "desvergüenza" y frivolidad al tratar del tema tabú. Lo mismo hicieron muchos hombres al regresar de la guerra y enfrentarse con sus hembras violadas: prefirieron ignorar los hechos y el sufrimiento de sus mujeres, no saber, no sentir, no pensar. Era mejor olvidar por el bien de todos, 
y de repente aquel libro se empeñaba en recordar.

Hay que elogiar la estupenda traducción, que capta tan notablemente la cantidad de matices de un relato escueto e irónico, tan sencillo y natural como el abierto y sereno carácter de la valiente autora. 

martes, 10 de marzo de 2015

Puta guerra (26) 'Lebanon', la guerra desde el tanque

Ahora que anda Brad Pitt haciendo de su Sherman un nuevo El Álamo en la lamentable parte final de 'Fury' recordamos la película israelí 'Lebanon', dirigida en 2009 por Samuel Maoz y ganadora del Festival de Venecia del mismo año. Ambientada durante la primera invasión israelí de Líbano en 1982 esta claustrofóbica cinta nos muestra 24 horas dentro de un tanque del ejército hebreo en aquel conflicto.

Tiene un inicio espectacular: unos soldados del ejército israelí encerrados en un tanque a plena luz del sol, en pleno campo de batalla y a la vez en plena naturaleza comienzan a vivir un estremecedor día de guerra. Su ritmo, ansioso e intranquilizador, se une a unos personajes perturbados que poco pueden hacer más que seguir una serie de erráticas directrices impuestas de una forma u otra. 

Si bien podría haber sido más redonda en su desarrollo, poco hay que reprocharle a esta valiente película, que, pese a su alto componente dramático, no esconde su etiqueta bélica en ningún instante. Nos hace asomarnos al infierno a través de la angustiada mira de un cañón, a una lucha guerrera y psicológica de infarto, para hacernos ver algo más (o menos) aberrante de lo que ya nos tienen acostumbrados los videojuegos y telediarios. En el reducido espacio en el que se mueve no caben la exaltación del sacrificio por unos valores o una religión, en este escenario de caos, desesperanza y ruina moral todos pierden. VER PELÍCULA ON LINE EN VK


Encierro de la mirada

FilmAffinity 20 de agosto de 2010

La primera imagen de Lebanon muestra un campo de girasoles mustios: incapaces de levantar su mirada hacia un sol que todavía no llega a imponerles su fuerza. Inmediatamente después la cámara se va hacia el interior de un carro de combate israelí y se queda encerrada allí, adentro del tanque, junto a los cuatro soldados (más algún otro hombre que circunstancialmente entra al rinoceronte, clave utilizada para denominar a ese tanque en las comunicaciones militares). Así durante todo el tiempo que dura la película del director israelí Samuel Maoz. Por más de noventa minutos quien mira acompaña el encierro de un día de esos hombres durante la invasión al Líbano de 1982. Hay tres ojos diferentes que se entrecruzan las miradas: los ojos del tanque, cuyos visores sirven para ajustar la puntería de sus balas y sus cañones y también para atrapar el horror de afuera y meterlo adentro; los ojos de la cámara, en el interior del tanque, en sus rincones, enfocando los rostros, las botas, el lubricante derramado, ojos que no sólo se utilizan para mirar: la cámara capta también los aromas de ese interior abarrotado: olor a diesel, a sudor humano, a sangre, a miedo; y nuestros propios ojos frente a la pantalla, ojos que no son precisamente los que mejor y más pueden mirar, pero son los únicos que de verdad pueden ver lo que los otros miran. 

He leído que Lebanon es una película antibelicista. No me atrevería a afirmarlo, diría sí, que es angustiante. He leído después que la película tiene demasiados golpes bajos, que su director Maoz estuvo dentro de uno de esos carros de combate cuando tenía veinte años, durante la invasión israelí, que los miedos de los soldados en el interior del tanque expresan los antiguos temores del director. Habrá que aceptar que los soldados israelíes, además de una reiterada costumbre de sacarse fotos con sus prisioneros árabes como souvenir de guerra, también suelen tener miedo. Una hora y media o un día completo adentro de uno de esos tanques, con los cuerpos encogidos, meando en latas, viviéndose como una excrecencia del exterior, achica las esperanzas de cualquiera. De nada sirve el último cuadro: el tanque, capturado por primera vez desde afuera, detenido en medio del mismo campo de girasoles mustios del inicio de la película. El rinoceronte rodeado del amanecer. No hay redención. En la lógica de las invasiones y de las guerras el amanecer no existe.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Infancia (26) Infancia en guerra 5 'Rebelde', de Kim Nguyen


De producción canadiense y dirigida por Kim Nguyen, 'Rebelle' (War Witch, 2012) nos cuenta la estremecedora realidad de los miles de niños soldado que son obligados a seguir a uno u otro señor de los señores de la guerra que combaten en las continuas conflictos que asolan África central. Y lo hace a través de la historia de una niña de 14 años embarazada tras una violación que le cuenta al otro niño que vive en su vientre cómo fue obligada cuando tenía 12 años a entrar a formar parte de la misma milicia que asaltó su poblado y la obligó a matar a sus padres. Con una excelente fotografía y banda sonora, esta película fue candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera, ganó en Tribeca el premio a la mejor película y en el festival de Berlín el Oso de Plata a la mejor actriz para su protagonista, Rachel Mwanza. Una película lírica y veraz, impactante y necesaria. VER PELÍCULA ONLINE EN VK




lunes, 4 de agosto de 2014

Puta guerra (23) La I Guerra Mundial en el cine / 'Senderos de gloria', de Stanley Kubrick

Coincidiendo con el centenario del inicio de la I Guerra Mundial (28 de julio de 1914), los chicos de Días de cine repasaron las mejores películas ambientadas en este conflicto, como 'La gran ilusión', 'El sargento York', 'Sin novedad en el frente' o 'Johnny cogió su fusil'. Nosotros se lo ofrecemos y además, en una nueva entrega de nuestro ciclo de cine clásico norteamericano, una de ellas, la magnífica 'Senderos de gloria' (Paths of glory, 1957) de Stanley Kubrick, una obra maestra del cine bélico y por tanto, del antibelicismo. Por supuesto en versión original subtitulada. Disfruten. 

Días de cine - La I Guerra Mundial en el cine




Ciclo de cine clásico USA (7) 'Senderos de gloria', de Stanley Kubrick
























Francia 1916. El general Mireau, del ejército francés, ordena al coronel Dax y a su regimiento emprender una misión suicida, atacar un punto estratégico alemán, la tarea fracasará, por lo que el general acusará al azar e injustamente a tres soldados inocentes, por cobardía y amotinamiento.

Majestuosa cinta basada en la novela de Humphrey Cobb, adaptada por Stanley Kubrick, co escritor del guión, y sobre todo, en una loable tarea de dirección, llevándonos al corazón de la primera guerra mundial, de las sucias trincheras a la opulencia de los altos mandos del ejército galo. Una indeleble muestra de la maestría de Stanley Kubrick, plasmando una vez más su permanente mensaje sobre la deshumanización, labor que alcanza con creces y que inmortaliza en este film antibelicista por excelencia, que a lo largo de su metraje, y en especial en su enternecedor y sublime epílogo, exaltará los hasta entonces invisibles valores de los soldados del regimiento.


Una de las más memorables actuaciones del magnifico Kirk Douglas, como el Coronel del regimiento, quien se dispone a luchar hasta el ultimo aliento por su valerosa compañía, en especial por los tres soldados acusados injustamente por cobardía, e interpretados también con afecto y gran esmero por Ralph Meeker, Joseph Turkel ,y Timothy Carey. Tal vez la más grande obra del genial director americano, toda una bocanada de sentimientos a flor de piel, de miseria, ingratitud, furia, y aflicción; al final del infernal calvario bélico y la indiferencia frente al prójimo, vendrá el regocijo. Una cinta inolvidable. (AlohaCriticón)

sábado, 12 de julio de 2014

Amor (17) 'Inertial Love', de los hermanos Alenda

Corto del año 2013 dirigido por César y José Esteban Alenda y premiado con la Biznaga de Plata al Mejor Cortometraje del Festival de Málaga. El amor es una autopista circular que a menudo nos devuelve al kilómetro 0.



Partir de un encargo suele hacer fruncir la ceja a críticos y espectadores, que anticipan un trabajo alimenticio, o al menos una obra por debajo del nivel acostumbrado del artista comisionado. En el caso del cortometraje, esta es una situación bastante infrecuente, por lo que las suspicacias todavía alcanzan una mayor dimensión. Los hermanos César y José Esteban Alenda vienen a hacernos tragar nuestros prejuicios y demostrar que si tras el encargo late una idea original y sugerente, el origen del proyecto no debe hacernos devaluar el resultado final.


Con una considerable filmografía a sus espaldas, siete cortometrajes entre los que se encuentran los celebrados La increíble historia del hombre sin sombra (Goya al mejor cortometraje de animación en 2009) y El orden de las cosas (Roel de Oro en Medina del Campo en 2010), los hermanos Alenda aceptaron el reto propuesto por el propio fabricante de realizar un cortometraje con una LomoKino, como medio para promocionar la nueva cámara. Todos los formatos y cámaras tienen sus cualidades y sus limitaciones, y en el caso de la LomoKino, estas están muy acentuadas. Pero a riesgo de parecer más indulgente de lo debido, el primer mérito que se le puede conceder a Inertial love y a sus creadores es el hecho de haber hecho del defecto virtud y adecuar la historia a las posibilidades de la herramienta, sacando un gran partido a la técnica de la pixilación (técnica de animación stop-motion en la que se emplean personajes de carne y hueso. 



La autopista como metáfora de las relaciones amorosas y de felicidad articula una historia de desajustes y desencuentros, describiendo de forma imaginativa y clara el proceso cíclico que nos lleva del abatimiento a una nueva esperanza. El protagonista y su chica han entrado en una fase de desenamoramiento, que tiene su reflejo visual en las distintas velocidades a las que se mueve cada uno y en el vehículo de la felicidad en el que viajan por el arcén, al margen del ritmo vital de las demás personas que circulan por la autopista. Hasta que ella dice basta y arroja definitivamente a su compañero de su vida, dando lugar a uno de los mejores momentos del corto, en el que el chico sale expelido por el parabrisas.

Lo que sigue a continuación es, como indica el título, mera inercia. Esa fuerza autónoma y automática que te impulsa a seguir adelante incluso contra tu propia voluntad. Inertial love materializa desde ese momento una huida hacia adelante en la que el protagonista, hundido, arrastrado, dolorido va dejando atrás todo hasta quedar vaciado por la experiencia.

La poética de Inertial love reside en la habilidad de sus directores para adaptar esta cíclica historia de amores y desamores a la propia técnica con la que está realizada la obra. La puesta en escena se presenta como una consecuencia lógica de la propia narración y nunca se tiene la sensación de que se ha procedido al revés, tratando de ajustar la trama y su puesta en imágenes a la peculiaridad de la técnica de animación. Y esto sin duda es todo un acierto que consigue que el corto se perciba como una pieza integrada y coherente; muy lejos del encargo del que hemos comenzado hablando.

Crítica encontrada en el blog Cortosfera

viernes, 27 de junio de 2014

Escritor (16) Rafael Azcona, un guionista genial

Documental sobre Rafael Azcona (muerto en 2008) que recuerda su talla humana y repasa su trayectoria como escritor, guionista y cronista de la idiosincrasia española en algunas de las mejores películas de nuestro cine. Grande de España Azcona. 

Imprescindibles - Rafael Azcona 

20 jun 2014

A él le hubiera gustado ser el hombre invisible, pero no lo consiguió porque su nombre está irremediablemente ligado a la historia del cine español. Y no porque fuera un buen guionista, si no porque fue el mejor. Tal y como lo describen quienes lo conocieron bien, Azcona fue un magnífico escritor, de afilada ironía social. Empezó escribiendo relatos en la revista satírica "La codorniz", donde ya demostró su enorme talento para criticar, siempre en clave de humor, la escala de valores vigente.

Imprescindibles rinde homenaje al genial guionista con un documental dirigido por el periodista Fernando Olmeda que profundiza en la personalidad de Rafael Azcona a través de testimonios de personas que le conocieron y/o trabajaron con él.

jueves, 29 de mayo de 2014

Amor (16) 'In the mood for love', de Wong Kar-Wai




Para nuestra decimosexta entrada sobre el amor, sus infinitas caras, aristas y manifestaciones emocionales y artísticas traemos a nuestro blog una de las mejores películas de lo que llevamos de siglo, una de las más sutiles, elegantes, hipnóticas y emocionantes de amor y desamor que ha narrado el séptimo arte, una pequeña maravilla del gran director de cine hongkonnés Wong Kar-Wai. Una delicada obra maestra para disfrutar cada cierto tiempo, pues lo importante no es el argumento sino cómo la historia de estos dos amantes no-amantes se desarrolla y cómo es filmada, cómo cada secuencia, cada plano que la componen es una sensual pieza de orfebrería que nos revela cada vez algo nuevo sobre el cine, el amor y el deseo. Bienvenida a nuestro blog, 'In the mood for love'. VER ONLINE VK 



Deseando Amar (Dut Yeung Nin Wa) - Wong Kar-Wai (2000)

Sinopsis: Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, se muda con su mujer a un edificio habitado principalmente por gentes de Shanghai. Allí conoce a Li-zhen, una joven que acaba de instalarse en el mismo edificio con su esposo. Ella es secretaria de una empresa de exportación y su marido está continuamente de viaje de negocios. Como la mujer de Chow también está casi siempre fuera de casa, Li-zhen y Chow pasan cada vez más tiempo juntos y se hacen muy amigos. Un día, ambos descubrirán que sus respectivos cónyuges los están traicionando.


"Wong Kar-Wai se supera a sí mismo y entrega una de las películas más memorables de los últimos años. Un melodrama sencillo, cotidiano, pero narrado con un arrojo inusitado, con una perfección formal inimaginable en el cine contemporáneo. (...) Con mimbres livianos, la película se convierte, gracias a la pasión de su director, en una profunda reflexión, casi susurrada, sobre las relaciones personales, la amistad y el amor. Una maravilla." Miguel Ángel Palomo: Diario El País

Exquisita sensibilidad, cine sensitivo e inteligencia emocional

FilmAffinity 9 de Julio de 2007


Ni la propia cámara de Wong Kar-Wai se atreve a mirar a los ojos de nuestros protagonistas. Quizá por miedo a quebrar cada susurro, cada mirada furtiva que no encuentra respuesta, cada plano de exquisita tensión sexual y doloroso hálito de pasión que se escapa sin tan siquiera haber tenido ocasión de llegar. La composición de esta sublime obra maestra responde a una sensibilidad de poeta inusual en el mundo del cine actual. Su delicada y exquisita banda sonora envuelve unas imágenes que apenas rozan la pantalla, un hombre y una mujer que sin decirse más que cuatro palabras hacen que sintamos todo aquello que quieren decirse y ocultarse... sin que apenas abran la boca, sin que les veamos besarse una sóla vez, tratando de que nadie les descubra, sin saber que sólo los espectadores somos testigos de su dolor, de su yaga solitaria que cura macerando en el seno de su propio infortunio. 

Por eso Kar-Wai Wong oculta su objetivo entre cortinas, graba reflejos a través de cristales, muestra trazos de amantes sin su otra mitad; porque no quiere inmiscuirse en algo que tan sólo debieran compartir ellos dos, algo espinoso y de triste solución que se les escapa sin que puedan hacer nada por evitarlo, pues no se sienten dueños de ese destino caprichoso que les voltea la vida por completo. Pura poesía audiovisual, virtuosismo de dirección y escuela de interpretación. Los dos actores protagonistas rozan la perfección, pues su actuación nace de una química mutua sólo comparable a la simbiosis necesaria para dar con la idea y el tono exactos que el director tenía en mente. La cinta, a partir de un sencillo guión, se convierte en una experiencia más allá del cine, de arte sensorial estructurado en torno a la música y a las imágenes, cuya suma de sus preciosas partes dan lugar a algo tejido y entrelazado con la fibra de los sentimientos velados que emana dolorosamente a través de sus fotogramas. Kar-Wai se sabe en todo momento conocedor de ese punto exacto donde las emociones fluctúan entre la contención y la visceralidad, y nunca se digna a traspasar una frontera que sería de no retorno para ambos protagonistas. Por eso nunca muestra en pantalla ningún roce que nos invite a pensar en algo parecido al sexo, a la consumación de su amor, ni tan siquiera un beso... nos deja que pensemos lo que queramos de aquel furtivo encuentro, de aquellas horas interminables escribiendo, paseando a solas... pero nunca revela nada.


Quiere con ello guardar el secreto de un amor inesperado que ambos desearían no desear tan ardientemente, por el que jamás llegan a luchar de manera abierta, superados por un miedo que no está más allá de ellos mismos, pero al que no tienen el valor suficiente de hacer frente. Al final, cuando él intenta regresar, ya es demasiado tarde, y lo más triste es que intuimos que él ya lo sabía desde el principio. Porque desde un principio sabemos que al final, todo lo deseado más que vivido, quedará relegado a esa intimidad de un muro de piedra perdido entre las ruinas de Camboya, donde cualquier secreto o pasión hiriente pudieran descansar en el letargo momificado del olvido, a pesar de que el olvido abandonado sea un dulce y melancólico veneno que mine lentamente la vida de quien deseó amar pero nunca se atrevió a hacerlo.