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lunes, 27 de octubre de 2014

Extinción (39) Mashco Piro, primeros contactos ¿próxima extinción?


En la Amazônia peruana, en la región de Madre de Dios, están apareciendo en zonas habitadas por blancos desde hace más de un siglo integrantes de la tribu Mashco Piro tras haber huido de la esclavitud impuesta por los caucheros. Hoy son otros los peligros que acechan a estos seres humanos que han elegido seguir viviendo aislados, lejos de nuestra 'civilización'. Proselitistas de la religión, empresas turísticas sin escrúpulos o enfermedades comunes para las que no tienen defensa amenazan su precaria existencia. Un interesante reportaje del programa peruano Panorama nos lleva a conocer su realidad. Gracias a Daniel Garibotti por el enlace.

viernes, 9 de mayo de 2014

Océanos (11) Vezo, vivir con el mar

Vivir con el mar

Una niña de nueve años cuenta cómo su poblado en Madagascar logró revertir la explotación abusiva del océano.
Su historia, titulada 'Vezo', se ha convertido en corto para un concurso del festival de Sundance


Vezo quiere decir vivir con el mar. Es lo que han hecho durante toda su historia en muchos poblados de Madagascar, donde el océano es fuente de vida. Saber explotarlo con sabiduría es parte de su herencia. Pero hace alrededor de una década, el crecimiento de la población y el cambio de técnicas acabó con buena parte del pescado que consumían poniendo en peligro su única fuente de proteína.

El cineasta Tod Lending, estadounidense curtido en contar historias sobre los afroamericanos de su país, quería narrar esta historia de una forma simple, casi infantil. Para ello, recurrió a una niña de nueve años. Se quedó con lo que ella misma le transmitió, lo convirtió en un guión, la grabó contándola de nuevo y la mezcló con otras imágenes y animaciones. El resultado es Vezo, un corto documental que narra en solo cinco minutos de metraje cómo un poblado consiguió revertir esta situación que amenazaba su supervivencia.

Es uno de los cinco cortos que sirven como muestra para el concurso del Sundace Institute en colaboración con la Bill & Melinda Gates Foundation, que pretende “explorar historias optimistas sobre individuos y comunidades que están superando el hambre y la pobreza, combatiendo las enfermedades o mejorando los sistemas de salud”.

Lending explica por teléfono desde Chicago que narrrar una historia que hable sobre pobreza con un tono optimista, proponiendo soluciones y no solo problemas, es la forma en la que él concibe su oficio. “Si solo ves lo más oscuro, te alejas y es más difícil que tengas interés en cambiarlo”, asegura este autor de documentales para cadenas norteamericanas como ABC, CBS, NBC, PBS y HBO.

Esta cinta, junto a otras cuatro, intentan ser un modelo y un estímulo para que realizadores de todo el mundo participen en el concurso, dotado con cinco premios de 10.000 dólares y el estreno del corto en la edición de Festival de Cine de Sundance de 2015.

sábado, 29 de marzo de 2014

Bosques (9) La gente del bosque III Pigmeos, la agonía del dios verde






Mucho antes de la llegada de los pueblos negro bantúes hacia el año 1000 a.C., en lo más profundo de los bosques ecuatoriales, vivían los primeros habitantes del continente africano: los pigmeos. Ellos son un testimonio vivo de nuestra propia prehistoria. Estos pueblos siempre fueron nómadas selváticos, no conocieron otro mundo fuera de las selvas centroafricanas. Son pueblos felices que siempre han vivido en armonía con su entorno, uno de los pueblos más longevos del mundo gracias a la farmacopea de la selva, su propio dios que les observa y protege, quien vigila que su comportamiento sea armónico con los seres que la conforman. 

Sin embargo desde la llegada del colonialismo europeo en la forma del infame Leopoldo II de Bélgica (sobre el que tenemos un post pendiente) la vida de muchos de ellos comenzó a cambiar, a peor. A pesar de que aguantaron mejor los embates del esclavismo que los pueblos indígenas que vivían fuera de los bosques, su habitat y su divinidad lleva décadas siendo devorado por las madereras, especialmente desde los años noventa. No lo entienden, nada pueden hacer, y aunque aún quedan unos 5000 se han convertido en un pueblo sin esperanza , sin futuro. Este documental de José Manuel Novoa realizado en 2011 recoge la impactante historia y costumbres de los últimos pigmeos, acorralados en su propio hogar a causa de la tala indiscriminada que depreda su hogar y su modo de vida.


jueves, 30 de enero de 2014

Energía (5) Alerta Amazónica - Pueblos acorralados por el gas

“Muchas, muchas personas murieron. La gente moría por todas partes, como les ocurre a los peces después de envenenar el arroyo. Dejaron que la gente se pudriera por las riberas del río, en la selva y en sus casas. ¡Esa terrible enfermedad!”. 
Tomás, hombre nahua sobre efectos de la incursión de Shell en la reserva Nahua-Nanti, Perú.

Nos acercamos de la mano de dos documentales del colectivo Alerta Amazónica y de un artículo de Survival International a la Amazonia peruana donde la expansión de un proyecto gasístico de compañías petroleras como la argetina Pluspetrol, la norteamericana Hunt Oil (EE.UU.) y la española Repsol amenaza aún más la supervivencia de los distintos pueblos indígenas que viven en en esas áreas. Ya el comienzo de las extracciones gasísticas y petrolíferas hace más de veinte años trajo a algunos de estos pueblos como los nahua la muerte, la alienación, el desastre ambiental y la destrucción de sus modos de vida tradicionales. Ahora las concesiones gubernamentales para más prospecciones han aumentado y con ellas la amenaza que se cierne sobre estas comunidades y los ecosistemas donde viven. 


Alerta Amazónica - Pueblos acorralados por el gas

Las comunidades matsiguengas, nahuas, ashaninkas y yine yami que viven a orillas del río Urubamba, en el corazón de la Amazonía peruana, se ven intervenidas por las operaciones de las compañías petroleras que modifican las condiciones de vida de manera irreversible. El documental reflexiona sobre la degradación ambiental, los impactos invisibles pero persistentes, así como la erosión cultural de los pueblos amazónicos. Una insistente investigación que apunta especialmente la estrategia corporativa de Repsol por ocultar los impactos así como su penetrante estrategia de relacionamento comunitario que fragmenta las comunidades afectadas por los lotes 56, 57 y 88 que gravitan entorno a Camisea.

Un documental del colectivo Alerta Amazonica. Perú 2013.

Guión, dirección y edición: Marc Gavaldà

más información: alertamazonica.wordpress.com








Los Nahua, 20 años después
   


Desastre para los indígenas aislados: Perú aprueba la expansión de Camisea

Survival International 27 enero 2014

Los indígenas aislados nantis podrían resultar diezmados por los planes de detonar miles de cargas explosivas y de permitir a cientos de trabajadores adentrarse en su tierra.

© Anon/ Survival

Perú ha aprobado la polémica expansión del proyecto de gas de Camisea en la tierra de tribus amazónicas no contactadas, pese a la indignación internacional generada por los planes de ampliación, la dimisión de tres ministros y la condena de Naciones Unidas y de otras organizaciones internacionales de derechos humanos.

El Ministerio de Cultura peruano, a quien corresponde la protección de la población indígena del país, ha aprobado los planes de las faraónicas compañías petroleras Pluspetrol (Argentina), Hunt Oil (EE.UU.) y Repsol (España) para detonar miles de cargas explosivas, perforar pozos exploratorios y permitir la entrada de cientos de trabajadores a la Reserva Nahua-Nanti, ubicada a solo 100 km de Machu Picchu.

La expansión podría diezmar a las tribus no contactadas que habitan en la reserva, dado que cualquier contacto entre los trabajadores del gas y los indígenas podría resultar en la propagación de enfermedades o epidemias frente a las que los indígenas apenas tienen inmunidad.

La misma Pluspetrol reconoce el devastador impacto que la expansión podría tener. En su “Plan Antropológico de Contingencia” la empresa determina que cualquier enfermedad transmitida por los trabajadores podría causar “prolongados periodos de enfermedad, muertes masivas y, en el mejor de los casos, largos procesos de convalecencia”. Por todo el mundo se han desarrollado protestas contra la expansión del proyecto de gas de Camisea en la selva amazónica peruana.

Cuando el gigante petrolero Shell inició sus exploraciones en la zona, llevó a la muerte a casi la mitad de la tribu nahua. Un hombre nahua lo recuerda: “Muchas, muchas personas murieron. La gente moría por todas partes, como les ocurre a los peces después de envenenar el arroyo. Dejaron que la gente se pudriera por las riberas del río, en la selva y en sus casas. ¡Esa terrible enfermedad!”

El proyecto viola la legislación nacional peruana y el derecho internacional, que requieren el consentimiento sobre cualquier proyecto que se lleve a cabo en tierras indígenas. El año pasado se desarrollaron protestas internacionales para frenar la expansión de Camisea, y más de 131.000 simpatizantes de Survival enviaron un mensaje al presidente de Perú, Ollanta Humala, exhortándolo a detener el proyecto de hidrocarburos en tierra de indígenas no contactados. Survival International ha entregado hoy un listado con las miles de firmas recabadas en la embajada de Perú en Londres.

Como resultado de la campaña de alto impacto para detener la ampliación desarrollada por la organización Survival International, las organizaciones locales AIDESEP, FENAMAD, COMARU, ORAU y otras, se han evitado las pruebas sísmicas en las orillas de los ríos y la ubicación de un pozo se ha trasladado fuera de la tierra de una tribu aislada.

El director de Survival International, Stephen Corry, dijo hoy: “Hace treinta años los trabajadores de prospecciones del depósito Camisea penetraron en lo profundo del territorio del pueblo nahua y poco después la mitad de la tribu resultó aniquilada por la gripe y enfermedades similares. ¿Es que el Gobierno peruano no ha aprendido nada de su historia y está dispuesto a arriesgarse a que esto suceda de nuevo en beneficio de unos pocos pozos de gas?”

martes, 15 de enero de 2013

Extinción (21) La tribu perdida de Rwanda

Hoy publicamos dos documentales muy especiales, "La tribu perdida de Rwanda (Rwanda's Lost Tribe", 2002) y Gorilas, de las tinieblas a la luz ("Gorillas, from the Heart of Darkness", 2002). En ellos podremos ver la increíble historia y experiencia vital de un hombre, un embajador belga en Ruanda que, a finales de los sesenta y principios de los setenta, pasó grandes temporadas de su estancia en aquel pequeño país africano realizando los primeros estudios de sus esplendores naturales y de una tribu olvidada por la civilización que acabaría barrida por la ola homicida que lo asolaría en 1994. 

Ruanda era hace cuarenta años un país pacífico, lleno de belleza y fabulosa vida silvestre. Romain Baertsoen, un diplomático belga, llegó en 1966 y junto a su mujer comenzó a filmar dos de los secretos mejores guardados de Ruanda, la tribu de los bahima y los gorilas de las montañas Virunga. En ese momento, Diane Fossey estaba comenzando el trabajo que inspiraría la película "Gorilas en la niebla", de modo que Romain tuvo que aprender cómo comportarse con estos enormes animales que podían despedazarlo en un momento. 
Romain tuvo que aprender por prueba y error pues el ataque de un macho adulto de 200 kilos era algo que no quería que se volviese a repetir. Él y su esposa pudieron contemplar a los gorilas jóvenes jugar, descansar y alimentarse, a una hembra afectuosa abrazándole -y creándole una tensa situación con el silverback que rumiaba unos metros más lejos- y en un incidente extraordinario, vemos a unos gorilas tratando de ayudar a un perro que ha quedado aprisionado en una trampa. Romain también capturó en fabulosas imágenes a uno de los volcanes en erupción del Congo y cómo la lava fría acababa fertilizando la tierra lo que redundaba en una singular abundancia de flora y fauna.

Cuando bajaron de las montañas los Baertsoen pudieron explorar el poco conocido parque nacional de Akagera, una extensión de 2500 km cuadrados de naturaleza casi intacta situada al este del país, dentro de un espacio natural bien conservado y gestionado donde búfalos y antílopes pastaban, los felinos y hienas cazaban y peces, hipopótamos y cocodrilos poblaban los cursos de agua. Pero los fascinados belgas descubrieron algo más que la exuberante naturaleza  que poblaba el parque, se toparon con una tribu casi desconocida de pastores nómadas, los bahima, que habitaban esas agrestes tierras desde tiempos inmemoriales y que mantenían su autosuficiente estilo de vida al margen de la civilización que había llegado a otras zonas del país. Romain y su mujer pudieron conocer y filmar a la tribu y convivir con ellos porque se lo permitieron en agradecimiento a los medicamentos que les proporcionaron para tratar la malaria y comprobaron cómo la mayor parte de sus necesidades (leche, sangre, carne y status) eran cubiertas por su espectacular ganado bovino que gastaba cuernos de hasta dos metros y medio de largo.

Pero la pacífica existencia de los bahima y los gorilas fue conmocionada en 1994 por la Guerra Civil de Ruanda, cuando los bandos guerreros saqueaban el bosque para proveerse de alimento y combustible. Al final de la guerra, sorprendentemente, los gorilas estaban intactos, pero la tribu de los bahima ya no existía más, engullida por el ciclón de asesinatos y huidas masivas a las montañas y los países vecinos. Tras las matanzas y la llegada de la paz y de miles de refugiados que invadieron grandes zonas del parque talando sus árboles y matando sus animales, los pocos bahima que pudieron volver vieron su antiguo modo nómada de vida desaparecer.

El parque de Akagera vio dos tercios de su antigua superficie desaparecer, engullidos por la desesperada marea humana que volvía de su éxodo por lo que los bahima supervivientes hubieron de conformarse con tener una choza permanente, una parcelita de tierra y algunas vacas, forzados a convertirse en granjeros comerciales que han de acudir a la ciudad a vender sus productos. Sus niños van al colegio, cada vez son menos bahima, menos diferentes, más parecidos a los otros niños ruandeses. La modernidad abduciendo una modo de vida ancestral, una vez más.

La tribu perdida de Rwanda




Gorilas, de las tinieblas a la luz



viernes, 16 de septiembre de 2011

Infancia (9) Infancia indígena

"En cada continente, desde las verdes profundidades de la cuenca amazónica hasta los extremos helados de la tundra ártica, los niños que crecen en comunidades indígenas aprenden las habilidades y valores que durante generaciones han hecho posible la supervivencia de sus pueblos."

En esta entrada homenajeamos algunas de las otras infancias -ni mejores ni peores, sólo distintas a las nuestras- que en el mundo son. A través de las bellas imagenes publicadas por Survival nos acercamos a las infancias de los pueblos indígenas que aún subsisten en algunos lugares del mundo, a pesar de los gobiernos y empresas que codician la tierra y los bosques en los que viven y para los que sólo son un estorbo más a quitarse de encima. Mientras, ellos aún juegan (y trabajan)
en sus comunidades como siempre han hecho allí los niños.

"Estamos aquí por nuestros hijos"

En Mongolia, a los niños tsaatanes se les enseñan las ancestrales habilidades para el pastoreo de sus padres agrupando a los renos en las praderas.


Los niños bosquimanos reciben arcos y flechas de juguete para que cacen ratas y pequeñas aves, y se les enseña cómo matar liebres o hacer mantas con la piel de un oryx. A los cinco años, las niñas ya ayudan a sus madres a recolectar plantas, bayas y tubérculos. Los pequeños aprenden a ser valientes pero humildes, y se les enseña que la generosidad es motivo de admiración y que el egoísmo no gusta. (En la imagen, niños bosquimanos, Botsuana).Al igual que otros niños indígenas, los jóvenes mokenes aprenden a “leer” la naturaleza a través de la experiencia y la observación. Han desarrollado una habilidad única para enfocar la vista bajo el agua, lo que les permite sumergirse para buscar comida en el lecho marino. (En la imagen, niños mokenes en las islas Surin, Tailandia).Bajo el cielo gris oscuro, entre las hierbas y los árboles de espinas del valle del Omo, en Etiopía, un chico del pueblo indígena bodi lleva a su cabra en brazos. Las tribus que habitan en las riberas del bajo Omo han desarrollado prácticas agrícolas que se adaptan intrincadamente a los ciclos de la crecida del río, y usan el rico cieno que las aguas depositan en las orillas al retirarse para cultivar diversos productos. (En la imagen, un niño bodi, Etiopía)


Los niños yanomamis aprenden a “leer” las huellas de los animales, usan la savia de las plantas como veneno y trepan a los árboles atando sus pies con lianas. Las niñas, por su parte, ayudan a sus madres a cultivar productos como la mandioca o yuca en sus huertos, llevar agua desde los ríos y cocinar en el “yano” comunal. Todos los niños aprenden que compartir es un pilar fundamental de la vida social y las decisiones de la comunidad se adoptan por consenso. (En la imagen, niño yanomami, Brasil).

Es posible que en el futuro los niños penanes se vean en la indigencia, si el Gobierno de Malasia no pone fin a todos los proyectos que se llevan a cabo en sus territorios sin el consentimiento de los indígenas. (En la imagen, niña penan en una barca de juncos, Sarawak, Malasia).
La deforestación sin fin que afecta a Mato Grosso do Sul, en el sur de Brasil, ha convertido las tierras ancestrales de los guaraníes en una región seca y sin árboles, de haciendas de ganado, campos de soja y plantaciones de caña de azúcar. “Quiero que los niños sean como eran antes, cuanto todo estaba bien”, dice un agente sanitario guaraní. (En la imagen, niños guaraníes, Brasil).Se desplazan de noche por la selva amazónica con antorchas de resina. Son los awás, uno de los dos únicos pueblos indígenas nómadas y cazadores-recolectores que quedan en Brasil. En la actualidad los awás están cada vez más amenazados por los madereros, los colonos y los ganaderos. Imágenes por satélite muestran que más del 30% de la selva en uno de sus territorios ya ha sido destruida. (En la imagen, un niño awá-guajá y un mono, Brasil).Su expulsión de sus tierras ancestrales ha tenido como resultado desempleo, problemas de salud crónicos como la diabetes y tasas récord de suicidio y consumo de drogas, como la gasolina esnifada, entre los niños innus. Si se les pide que describan cómo es crecer en los campos de reasentamiento, los jóvenes innus responden una y otra vez: “Nos hace avergonzarnos de ser innus”. (En la imagen, niños innus, Davis Inlet, Canada).Ser un dongria kondh es vivir en las colinas Niyamgiri, en el estado indio de Orissa. Ser la empresa británica Vedanta Resources es tener un interés comercial en el depósito de bauxita valorado en 2.000 millones de dólares que yace bajo la montaña que los dongrias reverencian como su dios. “¿A dónde iremos nosotros, los niños? ¿Cómo sobreviviremos?”, se preguntaba un niño dongria kondh al contemplar la posibilidad de tener que abandonar su hogar. “No, no nos rendiremos. ¡No abandonaremos nuestra montaña!”. (En la imagen, niño dongria kondh, Orissa, India).Es necesario un mundo en el que los niños indígenas sean libres de vivir en sus territorios de la forma que elijan. Y esto empieza con el reconocimiento de dos derechos humanos fundamentales: a la tierra y a la autodeterminación. (La imagen muestra a un grupo de niños aborígenes jugando en Pitjantjatjara, Australia).