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domingo, 1 de noviembre de 2020

Infancia (37) Infancia en guerra 12 Siria, infancia robada


 
En el noroeste de Siria, tras nueve años de guerra y una cifra estimada de 500.000 muertos, la provincia de Idleb se enfrenta a una crisis humanitaria y económica sin precedentes, agravada, además, por la crisis del COVID-19. Los niños se ven obligados a dejar la escuela para trabajar y sacar adelante a sus familias.
 

martes, 18 de julio de 2017

Infancia (36) Infancia en guerra 11 'Aquel no era yo', de Esteban Crespo

"Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de hacer lo que has hecho"

Si ayer presentábamos 'Voice Over' y la retahíla de premios y nominaciones que ha cosechado desde su publicación hoy lo hacemos con "Aquel no era yo", otro de los cortos que compiten con éste en la nominación de los premios Goya, además de haber recibido 45 premios en 38 festivales que están en este enlace.

El cortometraje 'Aquel no era yo', escrito y dirigido por Esteban Crespo, cuenta la historia de un cruce en una carretera perdida en un país africano  indefinido en el que dos cooperantes médicos españoles y unos niños soldado africanos se encuentran, bajo los designios irracionales de las putas guerras. 

Kaney es un niño soldado de un país africano. Con él viven muchos otros niños soldado, acatando las órdenes del hombre que se ha convertido en su padre, el General del Ejército Rebelde (Babou Cham). Paula (Alejandra Lorente) es una cooperante española llegada a África siguiendo a su pareja, Juanjo (Gustavo Salmerón) con el objetivo de ayudar y de rescatar a los niños soldado que allí viven. En un puesto fronterizo, Paula y Kaney se encuentran y ése será el punto de partida de esta dramática historia, en un escenario de miedo, violencia, terror y redención. Dos de estos personajes, Paula y Kaney, cuyas vidas en principio no tendrían nada en común, llegarán a unirse irremediablemente tras un disparo. Un disparo que quita una vida pero proporciona otra.

Como dicen sus creadores: "'Aquel no era yo' nació por el deseo de mostrar la dureza de la realidad de los niños y niñas soldado y lo que muy pocas veces vemos, sus secuelas. Y por otro lado, por el deseo de homenajear la labor altruista y llena de ideales de las personas que arriesgan su vida por mejorar la de los demás."

Cómo dice un niño ex-soldado del conflicto de Sierra Leona: “Ser un soldado no es difícil: o te acostumbras o te matan. Lo más duro es conseguir vivir con tus recuerdos y volver a ser tú mismo después de haber hecho las cosas que has hecho”. Un corto claramente Bean-recomendable al que deseamos suerte y el reconocimiento que merece en los Goya. 

Si quieres firmar para pedir que España no venda armas a países en los que se utilizan niños soldado, este es el enlace. 

viernes, 12 de mayo de 2017

Infancia (35) Infancia en guerra 10 Niños de Siria


Omar: "He visto lo que mucha gente ni se imagina, aviones, misiles, metralletas, tanques, he tenido mucho miedo."

Rojda: "Estaba en la escuela cuando bombardearon el edificio. Mi madre vino y nos escondimos lejos del Ejército sirio."

Hasan: "Mi mano está un poco torcida por la metralla en el cuello. Ahora suelo usar la mano izquierda para llevar el bidón de agua"

Omar: "Comenzamos a acostumbrarnos a la guerra, dormíamos, incluso, cuando los helicópteros bombardeaban nuestros refugios."

"En mis sueños voy a mi antiguo pueblo y veo los fantasmas de mis amigos. Los veo y veo gente que recibió disparos y todavía está viva y alguna con la cabeza cortada. Me despierto y no me puedo volver a dormir."


Infancia en guerra - Siria 

Esta entrada que hoy publicamos dentro de nuestra serie sobre la infancia comenzó a gestarse dentro de un post sobre la Gran Guerra Siria que estamos preparando desde hace tiempo, pero según íbamos acumulando información, reportajes, imágenes o testimonios decidimos crear una publicación específica en nuestra etiqueta sobre las infancias para recoger cómo la guerra está impactando sobre los niños sirios. 

Niños sometidos a un aprendizaje acelerado sobre lo peor del ser humano, preadolescentes que en breve tiempo han aprendido a diferenciar los distintos proyectiles y armas que les atacan o en qué zona caerá un obús solo con escuchar su disparo. 



Estos niños han nacido en el peor escenario, expuestos a una de las peores situaciones a las que puede verse sometido un ser humano: la guerra. Cuando estalló el conflicto, hace ya seis años, algunos de estos niños sirios aún no habían nacido mientras que otros tenían apenas uno o dos años, por lo que en su más tierna infancia tuvieron que dejar su casa, sus juguetes, su colegio, sus familias, sus amigos... Desde sus primeros días de vida les obligaron a perder su infancia.

En la guerra siria, entre bombas, disparos y explosiones mueren en silencio para el resto del mundo. Al menos 652 niños perdieron la vida en 2016 en sus hogares, en escuelas, hospitales, parques o en la calle, víctimas tanto de las fuerzas gubernamentales como de las milicias opositoras.

Según un informe de Unicef, más de 8 millones de niños necesitan ayuda humanitaria urgente, 5,8 millones siguen en Siria bajo el fuego de las bombas (12 veces más niños que en 2012) y 2,3 millones viven como refugiados en los países vecinos: Líbano, Jordania, Iraq, Turquía y Egipto. Los más vulnerables son los 2,8 millones que están en zonas de difícil acceso, incluyendo a 280.000 en 13 áreas que siguen sitiadas; su acceso a la ayuda es prácticamente nulo.

Hoy sus miradas reflejan el sentimiento de crecer en una guerra, sin patria ni hogar. Con las consecuencias de actos inhumanos que los convierten en las principales víctimas de esta situación. Porque tras cada mirada se esconde un niño con una historia con la que deberá cargar toda su vida. Están aquellos que se han quedado completamente solos o a cargo de sus hermanos a pesar de su corta edad, también aquellos quienes han perdido a su padre por lo que corren el riesgo de convertirse en apátridas ya que las madres sirias no pueden dar su nacionalidad a los hijos de su sangre, nacidos en el exilio. Desamparo y desolación, que ellos interiorizan como pueden.




Infancia robada

Seis años después del estallido del conflicto, muchos viven en campos de refugiados en Jordania, Líbano o Turquía que no dan abasto, donde las condiciones están lejos de ser las adecuadas para quienes llegan allí huyendo de la guerra. Otros muchos siguen viviendo en zonas de guerra en un país en constante conflicto, intentando escapar de ciudades destruidas en las que un día su vida se pareció a la de cualquier otro niño.

Estos niños estarán marcados para el resto de su vida con consecuencias terribles para su salud, su bienestar y su futuro
. La magnitud del sufrimiento no tiene precedentes. Miles de niños sirios sufren ataques a diario, sus vidas han dado un vuelco, son víctima de las armas, pero también del hambre, la desnutrición y las enfermedades. Según recoge Save the Children en su informe 'Childhood under siege', en un estudio realizado por la Sociedad Médica Sirio-Americana, de 560 muertes en zonas sitiadas, un 46,6% eran menores de 14 años. Muchas de las muertes se deben a causas evitables como la ingesta accidental de veneno mientras buscan comida, la falta de cuidados médicos de emergencia, la escasez de medicamentos básicos, complicaciones durante el parto y en áreas bajo asedio continuo, malnutrición crónica y deshidratación.



Niños soldados

Como si todas estas atrocidades a las que se ven expuestos como sujetos pasivos de esta guerra fuesen pocas, está también muy documentado el uso de niños como combatientes. Según el citado informe de Save the Children, un total de 362 casos de reclutamiento de menores habían sido verificados en abril del año 2016. Una triste y cruel realidad que podemos ver reflejada en vídeos distribuidos por los propios grupos en los que busca captar a más niños y jóvenes enseñándole la experiencia de otros en su misma condición. 

Además, a la mayoría se les convenció para el combate por un sueldo de aproximadamente trescientos sesenta euros mensuales, cantidad suficiente para disuadir a las familias a alistar a sus hijos e hijas, en situaciones de extrema pobreza. En otros casos los menores se alistan voluntariamente en grupos insurgentes para combatir con sus propias manos y así vengar las muertes de sus familiares o amigos.


Daesh y sus niños armados

El caso más preocupante en el uso de niños combatientes es el de Daesh, tanto por el número de niños secuestrados como por el desvarío de su ideología, que cuenta con la existencia de centros de entrenamiento en zonas rurales de Alepo, Raqqa y Dayr al Zawr donde entrenan militarmente al menos a 124 menores de entre 10 y 15 años. Además, se han verificado 18 casos de niños de hasta siete años de edad combatiendo. Niños en primera línea de combate, niños espías, niños francotiradores, niños enfermeros y niños dedicados a tareas logísticas o transporte de municiones.

Pero hay más, los niños son también reclutados para el terrorismo suicida. Tras su adoctrinamiento, por su fácil manipulación y sin que hayan llegado a elaborar una idea certera sobre la muerte, estos chicos y chicas se ven abocados al final precipitado de sus cortas vidas. Estos entrenamientos para la guerra se ven favorecidos por su alta tolerancia a la violencia ambiental y cotidiana, el odio y la falta de expectativas adecuadas a sus necesidades.



La situación de las niñas es de extrema gravedad ya que la violencia sexual contra las menores en las zonas controladas por Daesh es cada vez mayor. Las niñas son muy vulnerables, sufriendo matrimonios forzados con los combatientes; aquellas de otras minorías étnicas y religiosas como las yazidíes, siguen siendo secuestradas y vendidas para ser utilizadas como esclavas sexuales.

Una niñez sin educación

Siria poseía un sólido sistema educativo antes de la guerra con una escolarización de casi el 100 % de los niños en edad escolar primaria y del 70 % de los niños en edad escolar secundaria. De acuerdo con el censo del año 2004, la tasa de alfabetización en Siria era del 79,6 %: el 86 % de los hombres y el 73,6 % de las mujeres estaban alfabetizados. En 2002, se declaró la educación obligatoria y gratuita desde el primero hasta el noveno grado. En 2016, UNICEF informó que 2,1 millones de niños en Siria y 700.000 niños sirios refugiados no tienen acceso a la educación. En 2016 había un total de 80.000 niños refugiados en Jordania que no iban al colegio (HRW).

La destrucción deliberada de centros educativos es una característica que ha marcado el conflicto armado desde el principio. Las escuelas pueden ser vistas como personificaciones de la autoridad estatal; en consecuencia, los actores no estatales las ven como objetivos militares legítimos y a su vez, el propio régimen sirio y a sus aliados rusos han realizado docenas de ataques sobre escuelas situadas en zonas controladas por grupos opositores. Siria se ha visto muy afectada por ataques relacionados con la educación o la sanidad, que incluyen ataques a estudiantes, maestros y hospitales, asesinatos selectivos y secuestros.

Desde el inicio del conflicto más de la cuarta parte de las escuelas sirias han sido dañadas, destruidas o utilizadas como refugios por personas desplazadas internamente (PDI) pero también como lugares de detención arbitraria y tortura. Sin un final del conflicto a la vista, se teme que la crisis dé lugar a una 'generación perdida' de niños, que no podrán cubrir sus necesidades básicas ni acceder a la educación. Las escuelas no constituyen ya el espacio para crecer, aprender o jugar, sino que se han convertido en lugares vulnerados por el adoctrinamiento, el sufrimiento y la muerte.

¿Una generación perdida?

La violencia, el desplazamiento, la muerte de seres queridos, la visión de acciones terroríficas, la desnutrición e incluso los abusos y la tortura, pasan y pasarán factura a los menores sirios, perjudicándoles seriamente de cara al futuro. Las consecuencias en adolescentes son más graves, con trastornos agresivos y uso de drogas como vía de escape. La situación de las niñas es más difícil de valorar, pues tienden a permanecer en casa. En cualquier caso, las secuelas pueden ser muy duraderas y perjudicar el futuro desarrollo personal y profesional de varias generaciones.

Como señala Jan Egeland, Secretario General del Norwegian Refugee Council, "las consecuencias del colosal abuso de los derechos de los niños y niñas en Siria podría sobrevivir a la propia guerra durante décadas. ¿Cómo podemos esperar que crezcan respetando y defendiendo el derecho internacional cuándo éste les ha fallado en el momento que más lo necesitaban?"

Más de seis años han pasado ya desde el inicio de la guerra siria, en una zona en constante conflicto en la que su población resiste con una capacidad asombrosa, pero donde las vulnerabilidades siguen siendo muy altas, sobre todo para la infancia. Pero a pesar de todo los niños sirios corren, ríen, juegan.. viven como lo que son, niños, aunque la guerra les esté arrebatando su infancia y eso nadie pueda devolvérselo.






Los niños de Alepo han reconquistado a golpe de carcajada las calles reivindicando su espacio de juego. Los menos afortunados, se han convertido en niños trabajadores. Salen de cumplir cinco años de condena entre los muros del hogar, sentenciados por el miedo de sus padres a que un obús, una bomba o una bala les quite la vida. Como el resto de los niños del mundo, se dedican a jugar a ser adultos imitando a los que les rodean. A diferencia del resto de niños del mundo, están ansiosos por pisar un aula. Los que rondan los 10 años tenían cinco cuando estalló la guerra.


Como Mohamed que se dedica a vender algodones de azúcar por 20 céntimos de euro a aquellos curiosos que se han acercado a ver la fortaleza de Alepo. Las risas de Mohamed y sus algodones de colores no pegan en absoluto con los edificios derruidos a sus espaldas. Pero este nuevo ejército de pequeños trabajadores de metro y medio ya es parte del paisaje.



A cuatro pasos de allí, Munir, también de 10 años, juega con un amigo. En la mano derecha sujeta un palo con el que remueve la tierra. En la izquierda, una paloma muerta. Juega a los enterradores. Ha bajado al parque de debajo de su casa, que, a falta de tierra donde enterar a los muertos, se ha convertido en un improvisado cementerio. “La paloma se murió, así que vamos a enterrarla”. Munir pone todo el empeño en cavar un agujero entre dos tumbas. Algo que no parece chocar a los transeúntes. Y algo que seguramente ha visto hacer tantas veces a los mayores desde su balcón.


Un poco más lejos juega también Fátima, misma generación y desplazada del barrio al Sukkari. Las gruesas lonas con el sello de la ONU son multiuso en Siria. Sirven como funda para proteger los coches, se cuelgan entre edificios para proteger a los viandantes de la vista de los francotiradores, de techo para los tenderetes de tabaco, cortinas para las casas cuyas ventanas han sido reventadas y muchas otras utilidades. Entre ellas para hacer trajes de muñecas.

Un grupo de niños del mismo tamaño que Mohamed, Munir y Fátima, juega también en uno de los barrios más castigados por los últimos combates. Lo hacen a armados y soldados, versión actualizada de cacos y policías. Al menos ya no recogen casquillos calientes de proyectiles para su colección ni se pelean por si la deflagración que sonó era de tal o tal calibre. “Son el futuro” dicen orgullosos los abuelos. Y pesar de los traumas de guerra, los más pequeños vuelven a sonreír en las calles.

jueves, 18 de agosto de 2016

jueves, 3 de septiembre de 2015

Infancia (29) Infancia en guerra 7 El niño de la playa


El niño de la playa

Texto: El Mundo - Pedro Simón Madrid 02/09/2015 

Lo normal a los tres años es verlos en la orilla con el bañador y no vestidos. Lo normal es verlos dando saltos y no tumbados de este modo: boca abajo y de lado, como escuchando el latido de la tierra. Si es que ésta tiene todavía corazón. Lo normal a los tres años es que te hagas el muerto y no que lo seas,que sea divertido mojarte, que prefieras las olas grandes a las pequeñas, que le pidas al hermano mayor que te entierre vivo para que saques la cabeza y después, con el cuerpo embadurnado en arena, corras muy deprisa hacia el mar. Lo normal a los tres años es que poses para una foto en un lugar como éste que ven y que nadie tenga que pixelarte la cara. La fotografía de Nilufer Demir ya forma parte del álbum migratorio de la infamia: un niño varado en la playa como si fuera un ballenato en pantalones cortos. Si querían una imagen que de verdad nos salpicara como el ácido, si querían una imagen evocadora del horror, aquí tienen una: para algunos críos el estío no es una tumbona; es una tumba. 


Cinco niños. Refugiados sirios. Ahogados en aguas turcas. Tratando de alcanzar la isla griega de Kos. Y este colofón que por fin nos lo explica todo: la imagen salvaje de este caído de pala y cubo.¿Cuántos niños sin nombre se ha tragado ya el océano? ¿Llevaban una camiseta azul o una verde cuando se ahogaron? ¿Hicieron alguna vez un castillo de arena?

Me acuerdo de la subsahariana Josephine, que estuvo una semana dándole sus propios orines a su hija Chioma en una patera, de camino a Canarias, hasta que al séptimo día no resucito. Me acuerdo de los que viven sin boya. Y también me acuerdo de aquella otra imagen cotidiana... Creo que tengo una foto tuya con una composición parecida, sólo que posando a gatas mirando al mar de Conil. Sonriendo. Lo normal a los tres años.



No vas a entender la fotografía. Pero quiero que la mires y no olvides una cosa: ya te he dicho mil veces, hijo, que en las playas de verano puede hacer un frío hondo y oscuro.

jueves, 16 de julio de 2015

Infancia (29) Infancia en guerra 6 'Nacido en Gaza', de Hernán Zin


"He trabajado en muchos de los conflictos del último siglo: Somalia, Sudán, Congo... Pero como Gaza no hay ningún otro. Se trata de una ocupación de tintes coloniales que en pleno siglo XXI es impensable. Es una guerra de ocupación ilegal. Israel nunca ha respetado la hoja de ruta de la legalidad internacional" Hernán Zin

"Israel es una entidad supraterrenal y todopoderosa que los castiga, los condena y los bombardea. La relación palestino-israelí se ha roto, ahora están los muros. Israel quiere que los palestinos desaparezcan de Palestina" Hernán Zin

"Estaba rodando en México cuando mis amigos en Gaza me contaron lo que estaba sucediendo. Cuando supe lo de los niños que mataron en la playa, me dije: 'Tengo que estar allí'". Hernán Zin

Así cuenta Hernán Ziz que fue el momento en que, hace un año, supo que tendría que ir a Gaza e implicarse personalmente ante lo que era un flagrante crimen contra la Humanidad, uno más dentro del enorme matadero que la ofensiva israelí 'Protective Edge' (Margen Protector) había creado en la martirizada Franja. Pero no uno cualquiera pues no se había producido en ningún edificio en el que se suponen vivían familiares o desde el que Hamás hubiera lanzado -o no- sus cohetes, sino que se produjo en la playa de Gaza, a la vista de todo el mundo, mientras los niños jugaban al fútbol. Los niños se divertían con el balón al atardecer en la playa, cerca de donde se aloja la prensa internacional, cuando oyeron un primer disparo y echaron a correr. Un segundo proyectil, al parecer procedente de uno de los barcos que desde hace años asedian la franja, impactó sobre ellos cuando trataban de huir, explicaron los testigos. 

Podía haber sido cualquier otro bombardeo en los que se volaban barrios enteros o se atacaban las ambulancias y los mercados y las decenas de víctimas se iban convirtiendo en centenares y luego en miles, pero fue ese acto cruel y despiadado de parte de quienes aún se definen como el Ejército más piadoso del mundo, el momento de convencimiento de que esa guerra, esa lucha tan desproporcionada, repetida y despiadada, tenía que filmarla. Para, con su talento como documentalista y su determinación como ser humano empático y comprometido ante la injusta realidad que contempla, poder crear un trabajo periodístico audiovisual de primer nivel, para que una tragedia así pueda ser conocida por cuántas más personas mejor e intentar con ello que algunas conciencias conozcan y piensen esos hechos, para que tengan al menos el conocimiento necesario para poder elegir mejor sus propias opciones de protesta, de consumo y de voto. Para ello intenta reconstruir el día a día en la guerra de diez niños gazatíes entre los cráteres y las ruinas de lo que un año antes fueron su ciudad y sus casas, buscando algún recuerdo que aún estuviera temblando en un rincón, tras una pared medio derrumbada. 

De hecho, un año después, puede verificarse que el número de las decenas de miles de casas destruidas en la Franja de Gaza es... cero, debido a las múltiples trabas que para elementos de construcción o reparación pone el gobierno hebreo, impidiendo totalmente la entrada de hormigón y otras materias primas vitales para poder reconstruir algo de lo destruido. Por cierto, también un año después, la Justicia israelí ha decidido archivar sin acusaciones la investigación penal por el ataque contra los niños en la playa alegando que fueron confundidos con milicianos... 

Este trabajo del premiado director Hernán Zin producido por Jon Sistiaga y la cantante Bebe fue rodado tres meses después de la ofensiva. 'Nacido en Gaza' es un retrato íntimo, profundo, sobre cómo la violencia y cómo ésta transformó para siempre sus mentes infantiles y sus vidas, cómo les fue arrancada la vida de familiares a los que han visto morir despedazados por las explosiones. Y esta desesperación les convertirá probablemente en adultos mentalmente enfermos con numerosos trastornos de estrés post-traumático, pero también en personas con mucho miedo, mucho odio y mucho deseo de venganza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Infancia (26) Infancia en guerra 5 'Rebelde', de Kim Nguyen


De producción canadiense y dirigida por Kim Nguyen, 'Rebelle' (War Witch, 2012) nos cuenta la estremecedora realidad de los miles de niños soldado que son obligados a seguir a uno u otro señor de los señores de la guerra que combaten en las continuas conflictos que asolan África central. Y lo hace a través de la historia de una niña de 14 años embarazada tras una violación que le cuenta al otro niño que vive en su vientre cómo fue obligada cuando tenía 12 años a entrar a formar parte de la misma milicia que asaltó su poblado y la obligó a matar a sus padres. Con una excelente fotografía y banda sonora, esta película fue candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera, ganó en Tribeca el premio a la mejor película y en el festival de Berlín el Oso de Plata a la mejor actriz para su protagonista, Rachel Mwanza. Una película lírica y veraz, impactante y necesaria. VER PELÍCULA ONLINE EN VK




jueves, 6 de marzo de 2014

Infancia (22) Infancia en guerra 4 ¿Y si pasara aquí?





La fundación de Save the Children ha publicado este cortometraje donde la vida de una niña cambia de manera trágica cuando se ve envuelta en un conflicto armado. Momentos de felicidad y regocijo cambian por la amargura y el miedo que trae la guerra. "Solo porque no está pasando aquí no quiere decir que no esté pasando ahora", reza el final del video llamando a la reflexión para ayudar a los niños desplazados por la guerra.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Infancia (19) Infancia en guerra 3 Aprender el odio jugando a la guerra - Niños soldado


"Los niños que viven en un contexto de violencia son generadores de violencia" (...) Esto no es un juego. Reproducen con naturalidad la inmolación. Interiorizar la violencia tiene un efecto nefasto en el corto, medio y largo plazo"

En nuestra anterior entrada sobre la infancia publicábamos el testimonio de algunos de los niños que sobreviven (esperamos que aún lo hagan) en la ciudad siria de Homs. Pero es difícil que incluso viendo este tipo de vídeos podamos realmente imaginar lo que supone ser un niño en otras zonas del mundo en las que la guerra y los fundamentalismos impregnan de miedo y experiencias traumáticas los permeables cerebros de miles de niños que en ellas viven. Y nos estremecemos con la pasmosa naturalidad con la que los niños incorporan a sus vidas y sus juegos los horrores de la guerra.

Hace un par de años apareció un impactante vídeo en el que unos niños probablemente pastunes (no se sabe si paquistaníes o afganos) jugaban a un juego macabro en el que recreaban con escalofriante realismo un atentado suicida contra un check-point. Su visión conmovió las conciencias de miles de personas en el llamado primer mundo, suponemos que la tendrían al menos un día, o dos más en la mente antes de no volver a pensar en ello. Un artículo sobre este vídeo reflexiona sobre el enorme impacto psicológico de la guerra sobre los niños y el documental "Infancia talibán" lo contextualiza dentro de la guerra eterna y el radicalismo que se viven en las zonas dominadas por los talibán paquistaníes y afganos (en este caso el valle del Swat) y que infectan el alma de sus nuevas generaciones de ignorancia, odio y fundamentalismo. Después, el documental "Niños soldado" nos recuerda cómo reclutar niños y niñas soldados sigue siendo una práctica habitual en muchos conflictos que se siguen produciendo lo largo de todo el mundo. La guerra y la violencia se tornan para ellos una situación normal, la única que muchos menores han conocido. 

Para terminar, un artículo del blog '3500 millones' nos devuelve la esperanza a través de la historia de Radio Wu, una emisora ugandesa que logró con sus mensajes que hasta 1500 niños soldado desertaran del Ejército de Liberación del Señor (LRA) del infame Joseph Kony.






Primera parte - Aprender del odio, jugar a la guerra




El juego macabro del atentado suicida

El País Internacional / Fernando Navarro - Madrid 01/03/2011

Un niño, vestido de negro y ataviado con un pañuelo que le cubre la cabeza y la cara, empieza a despedirse uno por uno de sus amigos, algunos apenas superan los cinco años. Les da un abrazo y después se encamina hacia otro sitio donde le espera otro chico vestido de blanco que le prohíbe el paso. Parece actuar como un guardia de seguridad. El supuesto atacante de negro se para y, en unos segundos, se lanza hacia el niño de blanco y otros chavales. Un puñado de arena salta por los aires a modo de explosión. Es, sencillamente, la recreación de un atentado suicida. Es el vídeo de un juego macabro. Un minuto y 15 segundos de imágenes que, desde hace una semana, ha estado circulando por Pakistán y ha alarmado a la organización Save The Children, con sede en el país centroasiático, según informa The Guardian. La ONG denuncia la violencia a la que están expuestos los niños en la región fronteriza entre Pakistán y Afganistán, uno de los grandes bastiones de las milicias talibanes. 

"Los niños que viven en un contexto de violencia son generadores de violencia", afirma Yolanda Román, portavoz de Save the Children en España. "Cuanto más fuerte sea la exposición a la violencia, más se interioriza un patrón y un modelo de relaciones humanas equivocado". La grabación, de la que se desconoce la autoría y que parece recoger a niños de etnia pastún aunque no ha sido confirmado, muestra el impacto psicológico de la violencia de los radicales islamistas en los más jóvenes. "Esto no es un juego. Reproducen con naturalidad la inmolación. Interiorizar la violencia tiene un efecto nefasto en el corto, medio y largo plazo", señala Román.

Después de casi una década de conflicto armado, toda una generación de niños afganos sufre las consecuencias de la guerra y el extremismo talibán. Recientemente, Naciones Unidas (ONU) pidió a los líderes talibanes moderados, que forman parte del proceso de reconciliación nacional en Afganistán, que dejen de reclutar niños como futuros terroristas. La representante especial del organismo para los Niños en los Conflictos Armados, Radhika Coomaraswamy, señaló que tienen una idea de la situación de los menores en esa zona a través de los relatos de los niños soldados capturados o que se rinden a las fuerzas gubernamentales y a las tropas internacionales que las apoyan. Durante su estancia en Afganistán, Coomaraswamy firmó un plan de acción con el Gobierno de Karzai para poner fin al reclutamiento de menores en las fuerzas armadas y a proteger a los niños afectados por el conflicto.



Segunda Parte - Infancia talibán



La periodista pakistaní Sharmeen Obaid-Chinoy emprende un peligroso y arriesgado viaje a través de su país para investigar cómo la guerra contra el terror está creando una generación de niños terroristas en su tierra. Conoceremos de cerca la creciente y preocupante popularidad de una nueva rama de la insurgencia talibán formada por jóvenes reclutas, apenas niños y niñas que están dispuestos a dar hasta su propia vida llevando a cabo ataques suicidas. En este esclarecedor documental (Children of the taliban- Daniel Edge, 2009) escucharemos las duras declaraciones de estos jóvenes, voces llenas de rencor de una generación brutalizada y radicalizada por la pobreza, la falta de educación y las terribles experiencias de la guerra. Además, la periodista no duda en infiltrarse en las zonas más conflictivas para conseguir declaraciones de miembros del ejército pakistaní y las milicias pro talibanes en una búsqueda por encontrar las razones y consecuencias del preocupante ascenso de los talibanes en Pakistán...



Tercera parte - Niños soldados

Niños soldado (Bill Brummel, 2007)


Un exhaustivo reportaje periodístico de la creciente crisis internacional de los niños que son reclutados, a veces a la fuerza, y utilizados como soldados. Sin embargo, este espacio contiene mucho más. Desde el primer día de la pre-producción, los productores buscaron una cara humana para "Niños soldado". Para ello, el programa se filmó por todo el planeta, en lugares como Sierra Leona, Liberia, la zona oriental del Congo, Nepal y Colombia. Además, dramáticos relatos en primera persona conforman gran parte del corazón y el alma de este reportaje. En la actualidad, se estima que hasta 300.000 niños sirven como soldados en conflictos por todo el mundo y hay niños luchando en tres de cada cuatro guerras que se desarrollan hoy en día.




Cuarta parte - La redención

Radio Wa, la voz que liberó a los niños soldado de Uganda

Blog 3500 millones / Gonzalo Fanjul 14.03.2011

Desde el norte de Uganda, en una de las regiones más pobres y convulsas del planeta, recibimos la primera colaboración de Alberto Eisman, director de Radio Wa y coautor del blog En clave de África.

Es difícil describir la situación que se vivía en la región de Lira, al norte de Uganda, en el año 2006. El llamado Ejército de Liberación del Señor (LRA), después de haber comenzado sus violentas actividades en Acholi, en los confines que separan a Uganda del Sudán, llegó a esta zona y atacó con inusitada virulencia a los Lango, una tribu que tradicionalmente había mantenido una estrecha relación con los Acholi. Los miembros de esta guerrilla –sin otra agenda política que poner en jaque al gobierno y a su ejército sembrando el terror- comenzaron a atacar indiscriminadamente poblados haciendo todo el daño posible: mataban a los viejos y a los niños pequeños, secuestraban, cortaban a sangre fría orejas, labios, narices u otros miembros.


Esta terrible situación causó un éxodo masivo. Los pobladores huyeron de las zonas rurales más aisladas e indefensas y durante años se refugiaron, hacinados, en campos de desplazados. Tan solo alrededor de Lira, la ciudad principal de la zona, había diez campos, lo que duplicó el número de habitantes de la ciudad. De todos los afectadas por esta trágica situación, los que más sufrieron fueron los más jóvenes, niños y niñas que eran sistemáticamente arrancados de sus familias y forzados a convertirse en guerrilleros. A los varones los entrenaban para ser niños soldado; si eran niñas, se convertían en esclavas sexuales de la oficialidad.

Para obrar la maléfica transformación de unos inocentes niños en agentes del terror lo más efectivo era someterles a salvajes pruebas que les hicieran despojarse de cualquier atisbo de humanidad o de compasión: una vez secuestrados, los rebeldes juntaban a los que procedían del mismo pueblo. Elegían a dedo a uno del grupo y obligaban al resto a matar al elegido, si no, serían ellos los que morirían. Así creaban un tremendo estigma en el subconsciente de estos niños para que nunca tuvieran la tentación de regresar a sus comunidades, sintiéndose profundamente avergonzados de haber asesinado con sus propias manos a un amigo o un compañero de juegos. Era un procedimiento diabólicamente sofisticado para cerrar la puerta a una futura reintegración en la sociedad civil.

Ante esta dramática situación, Radio Wa (Nuestra Radio), una emisora comunitaria propiedad de la Iglesia Católica, creó un programa dedicado exclusivamente a los niños soldado. En la emisora sabían que los niños raptados conseguían en sus razzias por los poblados pequeños transistores con los que escuchaban clandestinamente este programa semanal que vino a llamarse “Karibu” ("Bienvenido", en suajili). La señal de esta emisora llegaba incluso a los confines con Sudán y por tanto era fácil para los niños soldado sintonizar el programa, aunque con ello arriesgaban sus vidas si eran descubiertos escuchándolo.

Los contenidos eran simples mensajes de esperanza y de humanidad para personas retenidas contra su voluntad que habían visto y cometido las mayores atrocidades. A veces eran simples mensajes como “Fulano, tus padres te saludan y te echan de menos”, y demás noticias familiares. La intención de estos mensajes no era otra que restablecer los lazos emocionales y afectivos rotos por los rebeldes y sus violentas acciones. Más tarde, jóvenes que habían escapado de sus captores, antiguos niños soldado, se incorporaron al programa y comenzaron a dar testimonio de cómo eran sus vidas después de volver. Les explicaban a los niños todavía en cautiverio que nadie había tomado venganza contra ellos, que habían vuelto a sus estudios y así animaban a sus compañeros si no a escapar por lo menos a mantener viva la esperanza.

Antiguo niño soldado en la radio

Radio Wa nunca supo exactamente la magnitud del impacto de este programa. Una noche de 2002 un comando guerrillero destruyó la radio, lo cuál se interpretó como un claro indicio de que la emisora les estaba haciendo daño a los rebeldes. Posteriormente, cuando empezaron las conversaciones de paz, el líder del LRA Joseph Kony puso como condición para su inicio que se retirara de las ondas el programa Karibu. Otra inequívoca señal.

Fue hace pocos meses cuando, a través de un portavoz del ejército, nos enteramos de que, según los interrogatorios que se llevaban a cabo regularmente a los niños que escapaban de los rebeldes y que incluían en sus preguntas la razón por la que arriesgaron su vida y salieron de la selva, unos 1.500 niños confesaron haber escapado simplemente movidos por el programa Karibu, el cuál les dio la fuerza necesaria para arriesgar sus vidas y atreverse a salir de aquella situación. De esta manera, una simple emisora de radio con apenas medios técnicos, destruida pero no rematada, pudo desbaratar la espiral de odio y violencia que durante años atenazó la vida de unos inocentes. No ha habido distinción ni galardón mejor que comprobar cómo, a pesar de todo, la esperanza y el coraje humano no salieron derrotados en esta guerra.

Hoy, Uganda del Norte está tratando de superar aquel dramático pasado y el programa ha sido reemplazado por otro, centrado en los problemas de la resolución de conflictos y titulado Peacemaker (Pacificador). Es una parte más de una completa programación con la que Radio Wa sigue apoyando a aquellos que más lo necesitan en Uganda.

sábado, 24 de agosto de 2013

Infancia (18) Infancia en guerra 2 Homs, infancia bajo sitio


'Homs, a generation under siege' es un corto documental producido por el grupo Basma en 2013 en la bombardeada ciudad de Homs, Siria, bajo extremas y peligrosas dificultades, para contar la historia de los niños sirios bajo el fuego del ejército de Al-Assad y con música del compositor y pianista sirio Malek Jandali. Emocionante.
 

Este corto documental (en inglés) ha sido producido por el grupo Basma en 2013 en la bombardeada ciudad de Homs, Siria, bajo extremas y peligrosas dificultades, para contar la historia de los niños sirios bajo el fuego del Ejército de Al-Assad y con música del compositor y pianista sirio Malek Jandali. 

sábado, 16 de febrero de 2013

Infancia (16) Infancia en guerra 1 Funeral infantil en Gaza


Imagen del fotógrafo Paul Hansen ganadora del premio World Press Photo of the Year 2012. En la fotografía aparecen Suhaib Hijazi, de 2 años, y su hermano Muhammad, de 3 años, que murieron al impactar un misil contra su casa durante un ataque aéreo israelí. Su padre Fouad también murió y su madre acabó en cuidados intensivos. Los hermanos de Fouad transportan los cadáveres de los niños a la mezquita para su funeral y posterior entierro en la ciudad de Gaza, el 20 de noviembre de 2012.