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viernes, 25 de abril de 2014

Revolución (1) Cuarenta años de la Revolución de los Claveles

“Claro que estaba algo asustado. Eran los momentos decisivos: cuando esperábamos a que Marcelo Caetano se rindiera ya, a eso de las cuatro de la tarde del 25 de abril. Por encima de nosotros volaba un helicóptero artillado que en cualquier momento podía hacer fuego y armarla. El dictador estaba encerrado en el cuartel general de la policía del Largo do Carmo, defendido por soldados fieles, y afuera, el pueblo, con nosotros, que quería entrar a tomarse la justicia por su mano”

"Lo primero que valoran muchos supervivientes de aquellos tiempos finales del casi medio siglo, que se dice pronto, de régimen opresor es, sin duda, el descubrimiento de la libertad que no conocían. Pero quizás antes incluso que la libertad, lo que el golpe de Estado de los capitanes que lideraban Vasco Lourenço y Otelo Saraiva de Carvalho proporcionó a los portugueses fue la recuperación de la alegría. Una alegría de vivir que la dictadura, en su represión y oscurantismo, les tenía secuestrada." Diego Carcedo

El 25 de abril de 1974, un alzamiento militar incruento, sin sangre ni violencia, puso fin en Portugal al 'Estado novo', el régimen dictatorial fundado en 1932 por Antonio de Oliveira Salazar. Un movimiento descolonizador y rupturista que encabezó una revolución pacífica y democrática y que tuvo en una insubordinación de unos militares valientes su gesto iniciático, un gesto que abriría una brecha por la que entraría el pueblo portugués a borbotones -y que nos narra la Boca D'Or-. Después, un especial del canal HispanTv compara aquel momento histórico y el actual para ver lo conseguido entonces y lo que se ha perdido en estos últimos años de crisis y brutales recortes en nuestro país vecino.

"Señores míos, como todos saben, hay varias formas de Estado: el Estado social, el Estado corporativo, y el estado al que hemos llegado. Ahora, en esta noche solemne, vamos a acabar con el estado al que hemos llegado. Así que el que quiera venir conmigo, que sepa que nos vamos para Lisboa y terminamos con esto. Quien quiera venir, que salga fuera y forme. Y el que no, que se quede”. Ninguno de los 240 hombres que escuchan las palabras del capitán Fernando José Salgueiro Maia se queda.

Salgueiro Maia, 29 años, hijo de ferroviario, encabeza el pelotón compuesto por diez blindados, doce camiones, una ambulancia y el jeep en el que viaja, y desde su cuartel en Santarém llega hasta las puertas de la dictadura, en la lisboeta plaza de Terreiro do Paço. Allí le espera el general de Brigada Junqueira dos Reis con tiradores y sus blindados M47 muy superiores al obsoleto material de Salgueiro Maia, que avanza con bandera blanca para parlamentar. Junqueira dos Reis ordena al alférez Fernando Sottomayor que ordene a sus hombres abrir fuego. Sottomayor se niega y es detenido. Junqueira dos Reis se dirige al cabo José Alves Costa, en la torreta de un blindado, y le ordena pistola en mano que abra fuego. Alves Costa se niega. Salgueiro Maia calificará ese gesto, un cabo que se niega a obedecer a un general, 'la insubordinación más hermosa de la Revolución'. Junqueira dos Reis, impotente, rabioso, dispara al aire. Varios oficiales se acercan a Salgueiro Maia, hablan y se abrazan. La Revolución de los Claveles ha triunfado.

Signos de los tiempos: Fernando José Salgueiro Maia siguió su carrera militar fuera de foco, renunciando a nombramientos, ofertas del poder y prebendas. Murió de cáncer en 1992, enterrado en un modesto ataúd y bajo el epitafio 'Ao tenente coronel Salgueiro Maia, conquistador do sonho inconquistado, havia em ti o herói que nao se integra'. José Alves Costa, hijo de labradores, volvió a su pueblo de Balazar, en la provincia de Minho, trabajando en una fábrica de neumáticos. Se jubiló en 2011, el mismo año que el Gobierno portugués se rinde al FMI y empieza por recortar las pensiones.

Nota: en septiembre de 1974 se constituye en España la clandestina Unión Militar Democrática (UMD). Los comandantes Luis Otero y Julio Busquets viajan a Portugal para conocer cómo desde dentro del Ejército se puede organizar un movimiento democrático y derrocar una dictadura. En marzo de 1975 la UMD es desarticulada y a finales del mismo año varios de sus miembros son condenados a 47 años de cárcel y su expulsión del Ejército. Llegados los tiempos de amnistía, el general Gutiérrez Mellado se encargará de que sólo se les aplique una amnistía parcial, fijando 1986 como año de reingresó a las Fuerzas Armadas, demasiado tarde para la mayoría.

Texto: La Boca D'Or

sábado, 16 de febrero de 2013

Individualismo y libre albedrío (4) 'La trampa', de Adam Curtis

Para nuestra cuarta entrada sobre la libertad del individuo les ofrecemos "La trampa - ¿Qué sucedió con nuestro sueño de libertad?", otra de las series documentales del británico Adam Curtis, autor de la implacable radiografía del ascenso y consolidación del capitalismo (y su variante perversa, el neoliberalismo) en las sociedades occidentales que fue "El siglo del individualismo (que ya publicamos hace tiempo en este blog). 

Los tres documentales que lo componen explican los orígenes de la actual y limitada idea de la libertad en nuestras sociedades. La serie fue emitida en la BBC en marzo del 2007 y consta de 3 episodios en los que se muestra cómo la creación de un modelo simplificado de los seres humanos como criaturas egoístas, casi robóticas, condujo al concepto moderno de libertad. 

Este modelo derivaba de ideas y técnicas desarrolladas por los estrategas nucleares durante la Guerra Fría y está en la base de las ideas liberales, que rigen las democracias occidentales reguladas por las fuerzas del mercado.

Posteriormente este modelo fue desarrollado por biólogos genetistas, antropólogos, psiquiatras radicales y economistas del mercado libre, y ha llegado a dominar no solo el pensamiento político desde los años 70, sino la forma en que nos vemos a nosotros mismos como seres humanos. Porque, como una terrible profecía autocumplida, esa suposición conceptual de los humanos como seres calculadores y racionales que sólo buscan su propio beneficio creó un sistema que ha favorecido las desigualdades, la depredación del bien común y el ascenso social de los corruptos y codiciosos. El resultado, según Curtis, es este paradójico, convulso y extraño mundo en que vivimos, en la línea de las peores distopías imaginadas por Orwell y Huxley, un mundo dominado por la cultura del miedo, el dinero y el consumo compulsivo, desbordado por la burocracia y el mercantilismo desenfrenado, en el que se cercenan las libertades individuales precisamente en nombre de esa libertad impuesta y donde la felicidad puede, supuestamente, ser alcanzada a través de medios artificiales, con una simple píldora. Por todo ello, los tres capítulos de The Trap resultan imprescindibles para descifrar la retorcida realidad en la que vivimos inmersos sin percatarnos de sus paradojas.

La Trampa - Qué sucedió con nuestro sueño de Libertad?

The Trap - What Happened to our Dream of Freedom

“La libertad individual es el sueño de nuestra era y es lo que nuestros líderes prometen darnos. Los Gobiernos comprometidos por la libertad de elección han llevado a un aumento en la desigualdad.”

Emitido por la BBC en Marzo de 2007, consta de tres capítulos:

1 - Jódete, compañero
2 - El robot solitario
3 - Te forzaremos a ser libre

En ellos se muestra cómo la creación de un modelo simplificado de los seres humanos como criaturas egoístas, casi robóticas, condujo a la idea actual de libertad. Este modelo derivaba de ideas y técnicas desarrolladas por los estrategas nucleares durante la Guerra Fría para controlar el comportamiento del enemigo soviético. Matemáticos como John Nash (Una Mente Maravillosa) desarrollaron la paranoica Teoría de juegos, cuyas ecuaciones solo funcionaban si los seres humanos se comportaban como criaturas egoístas y aisladas, constantemente sospechando y vigilándose entre sí, siempre tratando de sacar beneficio.

La Teoría de juegos asume que todos los jugadores actúan de una forma egoísta. Si uno de ellos no lo hiciera e intentará cooperar con los demás de una forma desinteresada, el equilibrio se rompería, produciendo resultados impredecibles. Este mismo modelo fue entonces desarrollado por biólogos genéticos, antropólogos, psiquiatras radicales y economistas del libre mercado, y ha llegado a dominar tanto el modo de pensar político desde los años setenta como el modo en que piensan las personas acerca de ellos mismos como seres humanos.

Sin embargo, esta idea simplista contiene las semillas de nuevas formas de control. Y lo que las personas han olvidado es que hay otras ideas de libertad. Estamos, según Curtis, en una trampa de nuestra creación que nos controla, priva de significado y causa caos y muerte en el extranjero. Un sistema que básicamente nos considera como una masa de individuos egoístas, motivados principalmente por intereses personales, que no son capaces ni merecedores de otra forma de Gobierno que la imperante en el Occidente "democrático". Somos etiquetados como seres de naturaleza egoísta, cuya única forma factible de convivencia se basa en la competición por bienes materiales. Al asumir que no somos más que predadores de nuestros propios congéneres, nos estamos forzando a adaptarnos a un Darwinismo social ficticio.

La colaboración, incluso la del tipo altruista, no es algo que sea ajeno a nuestra esencia como humanos. De hecho ha sido practicada en numerosas periodos históricos, notablemente en las guerras. Pero al no tener ningún objetivo ni ideal por el cual luchar, la gente se abandona a la búsqueda del interés personal. La libertad queda entendida como una adaptación a valores simplistas y a nada más. Somos libres para seguir la moda, para ir al futbol, para comprarnos un coche, para emborracharnos, etc. Todo el mundo está condicionado por la búsqueda de esos valores materiales. Es lo "acordado" y lo que todo el mundo espera que hagamos. Tampoco podemos hablar libremente. Nadie habla con libertad. Todo el mundo se calla lo que realmente piensa porque atentaría contra esa manera estúpida y limitada de ver el Mundo y la Vida. No sería socialmente correcto.La libertad que el sistema capitalista nos vende como la única posible, la libertad para satisfacer nuestros instintos primarios o hacer lo que queramos, es en realidad una visión muy limitada de la Libertad, que en realidad nos limita y nos encierra. De ahi la trampa.

1. Jódete, compañero



2. El robot solitario





3. Te obligaremos a ser libre


lunes, 28 de enero de 2013

Periodista (16) La maleta mexicana






Este documental cuenta la historia de tres fotógrafos que viajaron a España durante la Guerra Civil para retratar lo que aquí ocurría. Sus imágenes desaparecieron en París en 1939, más de 4.000 fotografías que no se recuperaron hasta 2007 en Ciudad de México.

'La maleta mexicana' contenía más de 4.200 negativos fotográficos tomados durante la Guerra Civil española por tres amigos, exiliados de Alemania, Polonia y Hungría. Se encontraron en París y viajaron hasta España retratar con sus cámaras los que aquí ocurría: Robert Capa, David Seymour y Gerda Taro.

La maleta en sí nunca existió. Se trata de tres cajas de cartón, parecidas a las de bombones, que contienen negativos. Es una metáfora de viajes y tesoros perdidos, una historia de descubrimiento de imágenes nuevas y también conocidas que desenmarañan historias inciertas.

Varias teorías sobre cómo los negativos realizaron el largo viaje de Europa a México son exploradas a la vez que se descubre cuál fue la participación de México en la Guerra Civil española. Es una historia única, y sin embargo, se refleja en muchas otras historias de supervivencia y recuperación, de memoria y pérdida, de viajes y exilio. La historia que comienza en París, se traslada a Madrid, Barcelona, Marsella, regresa a París y de allí cruza el Atlántico hasta el puerto de Veracruz en su camino hasta la Ciudad de México, para llegar finalmente a Nueva York. Un viaje que se prolonga setenta años.

 

Informe Semanal - Historias de 'La maleta mexicana'




Nuestra siguiente historia empezó en una maleta. La encontraron en Mexico, en 1995. Dentro habia 4.500 fotografias de la guerra civil española que hicieron fotoperiodistas como Robert Capa o Gerda Taro. Eran niños, jovenes y adultos que miraban al objetivo de la cámara reflejando el miedo, la incertidumbre o la tristeza de aquellos años dificiles en España. Hasta aqui esta historia tendría poco de novedad... pero hace unos meses, el Museo Nacional de Cataluña y el Periódico de Cataluña se propusieron el reto de encontrar aquellos rostros de la guerra y juntarlos en una exposición. A pesar de haber pasado 75 años, decenas de personas han podido recuperar algunos instantes de su pasado o reconocer en las fotos a sus familiares. Informe Semanal ha sido testigo de ese reencuentro con la historia.

viernes, 4 de enero de 2013

Memoria (19) La memoria de los 'moros' de Franco

Gracias al simpar Bizzentte hemos podido recuperar el magnífico documental "Los perdedores" que hace poco emitieron por La2. En esta coproducción de Alemania, España y Marruecos del año 2006 se muestra la verdadera historia de los  marroquíes que, entre engañados y obligados, sirvieron en el ejército franquista que los trajo a España para servir de carne de cañón en las ofensivas de sus tropas contra la República. 

Una vez en la península, estos soldados eran utilizados como tropas de choque, registrando las peores cifras de bajas de todo el ejército sublevado. Los que morían no eran enterrados como el resto de combatientes sino que eran dejados que se los comieran los animales. Los que sobrevivieron fueron menospreciados y olvidados una vez la guerra hubo acabado. Algunos cobran una pensión de cinco euros del Estado español. Esta es su memoria de aquellos años de guerra en tierra extraña y de la ingratitud de un país que los convirtió en otros de los perdedores de aquella guerra cruel. 

Los perdedores, de Driss Deiback

Esta es una historia nunca antes contada. La película hace un recorrido por episodios que vinculan los hechos históricos de los años 30 en España y anteriores con el creciente conflicto que actualmente enfrenta las culturas.

Durante siglos España ha sido un país en el que diferentes culturas se encontraron, se relacionaron, se amalgamaron o se combatieron. Hoy en día, España constituye la frontera sudoeste de la Unión Europea con África y el mundo islámico y uno de los puntos neurálgicos de los acontecimientos internacionales.

La Guerra Civil Española ha sido vista desde muy distintas perspectivas. Ya sea desde la de la participación de las Brigadas Internacionales como desde la de la colaboración de la Alemania nazi y del régimen fascista de Benito Mussolini con los militares encabezados por Francisco Franco que acabaron con la República Española. También se la considera con razón el preludio de la Segunda Guerra Mundial, en la que tomaron parte 72 países. Pero nadie se había ocupado hasta ahora en un filme documental del papel desempeñado en el conflicto español por soldados musulmanes reclutados a la fuerza o con engaños por Franco. Era hora de que, 70 años después de aquella sangrienta guerra civil, se otorgara la palabra, para que den su versión de lo ocurrido, a los muy pocos sobrevivientes de aquellos soldados musulmanes empujados a combatir en un conflicto ajeno. Ellos, sin saberlo, habían ayudado a decidir el destino de España e, indirectamente, el de Europa, en una guerra ganada por el bando en el que estaban, pero de la que salieron como verdaderos perdedores.

El desconocimiento y los prejuicios de los europeos con respecto a la cultura islámica tienen una larga tradición. Durante décadas nuestra perspectiva acerca de países como Marruecos y de los marroquíes y otros pueblos del Magreb ha estado en gran parte determinada por preconceptos.

¿Caricaturas y estereotipos referidos a los marroquíes? No son nada nuevo para los ex soldados musulmanes de Franco. Un importante papel en la victoria del general golpista fue probablemente desempeñado por la propaganda que atribuía una especial ferocidad a los bereberes integrantes del ejército insurrecto. Pero los bereberes, ignorantes de la sangrienta reputación que se les adjudicaba, fueron puestos por Franco en la primera fila de combate y miles de ellos murieron en la guerra, mientras que muchos más fueron gravemente heridos.

Uno de los sobrevivientes de esa terrible guerra, Mimon Kaddur, recuerda: “Vimos los dibujos sobre nosotros en cuanto entramos a un poblado. Allí se nos ponía con cuernos y cola. Una vez ví una caricatura en la que se veía a un musulmán con turbante que tenía unos dientes enormes y que estaba a punto de comerse a un bebé.” Ali Toufali agrega: “Alguien me contó que en Salamanca las madres todavía ahora advierten a sus hijos pequeños que si no terminan con la comida que se les sirvió van a venir ‘los moros de Franco’ y se los comerán vivos. Con semejante modo de educar a los niños no puede llamar la atención que piensen mal de nosotros.”

En el documental se incluye un muy interesante análisis del Profesor Corrales sobre las caricaturas publicadas durante la Guerra Civil en las que se muestra a los soldados musulmanes de un modo muy negativo. 

El director de “Los perdedores”, Driss Deiback, creció en Melilla, enclave español en el Norte de África. Profundamente influido por su experiencia en esa ciudad, donde coexisten pacíficamente cristianos, judíos y musulmanes, Deiback busca dar voz a los que hasta ahora no fueron escuchados y despertar la conciencia de los espectadores sobre los padecimientos y sufrimientos infligidos a tantos hombres utilizados y luego desechados y olvidados por el régimen franquista y sucesivos gobiernos españoles. Asimismo, denuncia en su filme que, por oportunismo político e intereses del momento, una cultura es representada como la personificación de todo lo bueno y otra, en cambio, es vilipendiada.

Estamos en Castilla. En una árida colina coronada por un molino de viento, aparecen dos ancianos vestidos con ropas tradicionales norafricanas. Encorvados sobre sus bastones, se detienen por un minuto y miran hacia el desolado paisaje. Ellos habían estado allí mismo, en medio de feroces combates, hace al menos 70 años. Se tiene la impresión de que aún resuenan en sus oídos los atronadores ruidos de la guerra de entonces.

Juan Goytisolo, escritor, catalán, nacido en Barcelona, es considerado en su propia tierra como un verdadero disidente debido a sus incisivas críticas contra la España católica. Actualmente vive en Marruecos y todas las tardes toma su té en la famosa plaza Jemaa el Fna. “Uno lee que el pueblo español echó a los musulmanes y a los judíos fuera del país, pero para no faltar a la verdad debería decirse que los católicos españoles echaron a los musulmanes españoles y a los judíos españoles. La propagandística identificación de lo católico con lo español ha sido siempre una fuente de sufrimientos y de desdichas”.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Evolución (7) 'Historia del mundo en dos minutos'




Brillante trabajo de edición y montaje de un estudiante estadounidense, Joe Bush sobre la historia del mundo y la de su país, claro. Música, Mind Heist de Hans Zimmer. 


domingo, 2 de diciembre de 2012

Evolución (7) Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond

Hoy publicamos los tres documentales de la serie Armas, gérmenes y acero, creados en 2005 por National Geographic y basados en el homónimo y lúcido ensayo (publicado en 1997 y ganador del premio Pulitzer) del biólogo evolucionista estadounidense Jared Diamond, en el que reflexiona sobre la evolución de las sociedades humanas en los últimos 13.000 años. 

Autor también del ensayo "Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen", Diamond hace un recorrido por la historia del hombre desde el año 11.000 a.C. hasta nuestros días y examina las migraciones de la especie humana por el planeta, las diferencias ecológicas y geográficas, el desarrollo de la agricultura y la domesticación de los animales. También reconoce el impacto que las enfermedades y el desarrollo de la tecnología (las armas, el acero y los barcos) han tenido en la evolución de los pueblos, de ahí el título de la serie.

El autor explica cómo a lo largo de la Historia las condiciones geográficas y ambientales han influido decisivamente en el desarrollo de las distintas sociedades humanas para que las civilizaciones euroasiáticas hayan logrado imponerse en sus guerras de conquista en otros continentes como América, Australia y África. Diamond alega que las diferencias de poder, y en concreto en la posesión de tecnología entre las diferentes sociedades humanas, tienen su origen en las diferentes condiciones ambientales que son amplificadas por ciertos mecanismos de retroalimentación.

Es un intento por explicar las razones por las que las civilizaciones euroasiáticas, en general, han sobrevivido y conquistado otras, y al mismo tiempo, refutar la idea de que la hegemonía euroasiática se debe a la superioridad genética, moral o intelectual de los miembros de tales civilizaciones. Y si bien algunas diferencias culturales o genéticas han favorecido a los europeos y asiáticos (por ejemplo, el gobierno centralizado de China o la resistencia de los europeos a las enfermedades infecciosas), ellas mismas fueron generadas por la influencia del ambiente geográfico.

Tesis principal

La tesis principal del autor es que Eurasia, por su mayor extensión, contenía la mayor proporción de especies vegetales y animales susceptibles de ser domesticadas; además la mayor parte de Eurasia se sitúa en el eje este-oeste donde existen pocas barreras geográficas -montañas o desiertos-, lo que permitió una rápida expansión de la agricultura. En otras zonas geográficas, el predominio de las sociedades de cazadores y recolectores provocó la desaparición de las especies animales susceptibles de ser domesticadas. En Eurasia la extensión de la agricultura y existencia de la ganadería permitían una mayor densidad de población, lo que supuso una ventaja numérica en el enfrentamiento de estas sociedades con las sociedades de cazadores recolectores.

La convivencia estrecha con el ganado dio lugar, en las sociedades ganaderas, a la exposición de gérmenes de origen animal al ser humano, y la mayor densidad demográfica produjo que estos gérmenes pudieran atacar a las poblaciones humanas ocasionalmente incluso adquiriendo el carácter de epidemias. Con el tiempo, las sociedades euroasiáticas llegaron a inmunizarse relativamente contra esos gérmenes. De hecho, fueron las epidemias de enfermedades como la viruela, el sarampión, la tuberculosis, la gripe y otras, un factor decisivo en el dominio de los occidentales sobre poblaciones no expuestas con anterioridad a estos gérmenes y por tanto no inmunes, como los indígenas americanos antes de 1492.

Diamond señala que casi todos los logros de las sociedades humanas (científicos, artísticos, arquitectónicos, políticos y otros) han ocurrido en el continente euroasiático, mientras que las sociedades en otros continentes (África Sub-Sahariana, América, y Australia) han sido conquistadas, desplazadas, o, en casos extremos (como ocurrió con los indígenas de Norteamérica, Australia y Sudáfrica), fueron completamente exterminadas por fuerzas militares y políticas de las sociedades euroasiáticas. Estas ventajas tienen su origen en el dominio temprano de la agricultura poco después de la última glaciación. Jared Diamond propone explicaciones para las diferencias tan drásticas en la distribución tanto de poder como de tecnología entre las distintas civilizaciones de la historia.


Capítulo 1. La conquista




Capítulo 2. Fuera del Edén




Capítulo 3. En el Trópico


viernes, 21 de septiembre de 2012

Puta guerra (12) Los horrores de la guerra en el Pacífico

"Cada soldado tiene su propia opinión sobre los aspectos morales de lo que hace pero toda guerra es inmoral y si dejas que eso te perturbe entonces no eres un buen soldado. Supongo que si hubiéramos perdido me habrían juzgado como criminal de guerra."
General Curtis LeMay

En este nuevo post sobre las guerras, esos acontecimientos terribles reflejo de lo puto peor del alma humana pero que, queramos o no, han forjado la historia de las civilizaciones humanas, les ofrecemos "Victoria en el Pacífico", dos magníficos documentales emitidos hace un tiempo por La2 y que narran los dos últimos años de la guerra en el teatro del Pacífico.

Tras los victoriosos primeros años de la guerra por parte de las tropas y la Marina japonesas (que había comenzado con la invasión de Manchuria en septiembre de 1931), la entrada en guerra de los Estados Unidos en diciembre de 1941 tras el bombardeo de Pearl Harbor había dejado el poder naval norteamericano tambaleándose pero pronto comenzaron a enrolar más tropas, a desarrollar mejores armas (sobre todo mejores aviones) y a imponer su superioridad industrial. Fue la batalla del Mar del Coral y sobre todo la decisiva batalla de Midway en junio de 1942 -en la que fueron hundidos cuatro portaaviones japoneses- las que determinarían el definitivo punto de inflexión de la guerra del Pacífico y el comienzo de la cruenta reconquista del Pacífico por parte de los aliados.

Los norteamericanos tuvieron que expulsar a los japoneses de las islas del Pacífico que habían capturado, una tras otra. Las batallas de Guadalcanal, Tarawa o Iwo Jima fueron verdaderas carnicerías libradas en condiciones durísimas contra unas tropas japonesas que se defendían de forma cada vez más desesperada según los odiados soldados norteamericanos -que a su vez consideraban a los nipones como fanáticas alimañas a exterminar- se iban acercando al territorio metropolitano japonés.


En junio de 1944 una enorme flota norteamericana atacó la isla japonesa de Saipán, en las islas Marianas y logró conquistarlas, a costa de mucha sangre y esfuerzos. La toma de sus aeródromos permitirían tener Japon al alcance de los bombarderos norteamericanos. El fin de la guerra en el Pacífico parecía cercano. Desde ese momento los japoneses ya saben que les espera la derrota pero no se rendirán, lo que prolongará la guerra más de un año y costará centenares de miles de muertos a ambos contendientes.


Las escenas de masivos ataques suicidas de las tropas japonesas contra las ametralladoras estadounidenses, de multitudes de aldeanos en Saipán acabando con sus vidas arrojándose al mar por los acantilados antes de que los americanos alcanzaran sus aldeas habían impactado a los soldados norteamericanos, que preveían un auténtico infierno si tenían que invadir y conquistar Japón. Los japoneses sabían que no podrían ganar la guerra pero querían desangrar y desmoralizar lo más posible a las fuerzas norteamericanas para poder conseguir mejores condiciones en las negociaciones del fin de la guerra.

Tokyo, el gran incendio

El general estadounidense Curtis LeMay quien, a partir de su incorporación al mando del XXI Comando de Bombarderos en enero de 1945, impulsó los bombardeos masivos de Japón a través de un arma decisiva, los superbombarderos de gran altura B-29. Estos aviones podían volar a 9.000 metros de altura y tenían una autonomía de 6.000 kms lo que ponía buena parte del país japonés -y por supuesto Tokyo- a su alcance. Tokyo era vital para el esfuerzo de guerra japonés pues aparte de cobijar grandes fábricas de aviones y armas, en muchas casas civiles se habían instalado talleres para procesar armas, municiones y otros efectos de guerra.


Sin embargo el bombardeo a gran altura tenía un problema que los norteamericanos no habían previsto, las jet stream o corrientes de aire en chorro que desviaban las bombas norteamericanas. De esta forma LeMay ideó un ataque que se llevaría a cabo a baja altura (a menos de 3000m) para mejorar la precisión y evitar las corrientes de las altas capas de la atmosfera y demasiado debajo para la artillería antiaérea pesada. Se cargaron los aviones entre 4.500kg a 6.400kg de bombas según la experiencia y sacrificando una tonelada de armamento defensivo en cada avión, ya que los encuentros con cazas era muy raros. A pesar de la enérgica negativa de las tripulaciones a volar tan bajo Le May no admitió cambios y el día 9 de marzo de 1945 los despegues se sucedieron desde la tarde hasta el anochecer y 325 B-29 equipados con bombas incendiarias fueron lanzados en la primera misión a baja altura contra Tokyo.

Fue la primera vez que se utilizó en la guerra un arma terrible, el napalm (que había sido desarrollado en 1944) que lanzado de noche y a baja altura sobre un Tokyo -cuyas casas estaban hechas en su mayoría de tela alquitranada y madera-, hizo que 40 km2
de la capital nipona ardieran por los cuatro costados, carbonizando a cien mil civiles japoneses y afectando gravemente a muchos otros en el ataque aéreo más devastador de toda la guerra.
"Cuando sobrevolábamos los objetivos era como si se encendiesen mil árboles de Navidad por todas partes. Podías sentir el calor a esa altura y podías oler el humo y el olor a carne humana y animal a medida que la ciudad era consumida por millones de incendios en todas partes. Y no los podían apagar. Era sobrecogedor, sobrecogedor." Un piloto norteamericano.
Le May ordenó más ataques. Al de Tokyo le seguirían otros ataques aniquiladores en Nagoya, Osaka, Kobe... Creyó que se podría derruir en diez días las principales ciudades industriales de Japón, pero simplemente los aviones norteamericanos se quedaron sin bombas incendiarias con las que poder continuar.
"No nos pararemos a lamentar las incontables hordas de japoneses que yacen calcinadas en ese amasijo humeante. El olor de los incendios de Pearl Harbor está demasiado presente en nuestras fosas nasales". General Curtis Le May
Okinawa


A mediados de marzo de 1945 el la armada norteamericana inició la penúltima fase de la guerra atacando el primera territorio metropolitano nipón, la isla de Okinawa, que serviría como cabeza de puente para la invasión del sur de Japón, del que distaba apenas 340 kilómetros. 

Sin embargo y a pesar de la inmensa flota (330 buques en comparación con los 240 destinados a la invasión de Normandía) que Estados Unidos había conseguido reunir para su invasión, que castigó duramente la isla con su artillería pesada y de que en los primeros cinco días los japoneses no ofrecieron resistencia, los norteamericanos tuvieron que hacer frente a una de las batallas más feroces de toda la guerra, que se desarrolló en combates por tierra, mar y aire, duró hasta mediados de junio y resultó ser una de las que tuvo más víctimas, civiles y militares, en toda la Segunda Guerra Mundial.


La fanática resistencia de las tropas de tierras japonesas y los ataques kamikazes de aviones y buques japoneses causaron las mayores pérdidas de la guerra a la armada y los marines norteamericanos. 50000 bajas entre muertos y heridos, 20000 soldados retirados por fatiga nerviosa, así como 30 buques hundidos y 368 dañados. Por su parte los japoneses perdieron 16 buques (entre ellos el poderoso acorazado Yamato enviado en misión suicida) y más de cien mil soldados. También murieron más de cien mil civiles. 

Sin embargo, el alto coste en vidas humanas y la destrucción generalizada que tanto los bombardeos aéreos como la defensa de las islas estaban ocasionando al pueblo japonés no consiguieron que ni los altos mandos militares ni el emperador empatizaran con el sufrimiento de la población civil, y siguieron preparándose para resistir a los aliados hasta el final. 

La batalla de Okinawa hizo que  muchos estrategas estadounidenses buscaran una alternativa para lograr la rendición de los japoneses que no fuera una invasión directa en la que arriesgaban a perder centenares de miles de soldados. La solución final atómica se adivinaba, ominosa pero definitiva, en el horizonte.

Victoria en el Pacífico 1


Victoria en el Pacífico 2

miércoles, 30 de mayo de 2012

Puta guerra (10) Guerra de Vietnam

"Matarán a muchos de los nuestros, nosotros sólo a algunos de los suyos. Pero ellos se cansarán primero".
Ho Chi Minh

Se cumplen 50 años del comienzo de la guerra de Vietnam, cuando Kennedy decidió aumentar de orma significativa el número de asesores militares norteamericanos para apoyar al ejército de Vietnam del Sur (ARVN) en su lucha contra la guerrilla del Vietcong (el célebre Charlie, sucesor del Viet Minh que combatió a los franceses) y el ejército de Vietnam del Norte (EVN).

Esta guerra creó el llamado "Síndrome de Vietnam" en la sociedad norteamericana, una fractura en la psique del pueblo norteamericano que tardaría mucho en cerrarse. El impacto y controversia que esta guerra tuvo en la sociedad de su época tuvo su reflejo en los conflictos que los soldados que en ella lucharon tuvieron al llegar a casa.Enlace El propio presidente Obama, en la celebración del 50º aniversario de la guerra ante centenares de veteranos, la calificaba como "uno de los capítulos más dolorosas de la historia de su país", así como de "vergüenza nacional" las décadas de tratamiento dado a los veteranos de la guerra de Vietnam. Esta fractura moral se manifestaría durante décadas en la cultura de su país, en la creación de numerosas grandes obras literarias y cinematográficas que nos han llevado a conocer un poco mejor lo que ocurrió en aquella guerra.

Más de diez años estuvieron implicadas sus fuerzas armadas en el conflicto en el país asiático combatiendo en la dudosa estrategia de impedir una teoría de las fichas de dominó que supuestamente haría caer el resto de países del sureste asiático en manos del comunismo si Ho Chi Minh lograba su objetivo de unificar el país. Al final, la guerra le daría la razón a la frase de Ho Chi Minh que encabeza esta entrada pues la férrea disciplina, el sacrificio, la resistencia y determinación de los norvietnamitas para soportar sus enormes listas de bajas pudieron más que la superior potencia de fuego de los norteamericanos, que "aunque ganaron todas las batallas, perdieron la guerra" y tuvieron que retirarse en 1972, presionados por la prensa y la opinión pública de su país, que no asumió las masacres causadas por sus tropas sobre civiles y la contínua llegada de bolsas con los cadáveres de sus soldados.

Un dato específico que le añade extremada crudeza e infamia al conflicto es el escalofriante número de víctimas civiles. Según datos de organismos internacionales y en conjunto con el gobierno de Hanoi, la guerra ocasionó la muerte de de 58.159 soldados norteamericanos (y 1.700 desaparecidos) y entre 3,8 y 5,7 millones de vietnamitas, la mayoría de ellos civiles, así como centenares de miles de heridos. Estas enormes cifras de muerte marcan a la guerra de Vietnam como el conflicto más sanguinario después de la Segunda Guerra Mundial. Seguidamente le contamos los antecedentes (descritos por la página SobreHistoria) y desarrollo de este terrible conflicto junto a tres interesantes documentales que lo narran (desde el bando norteamericano) desde dentro.


1. Los antecedentes

Vietnam, bajo el dominio extranjero

Vietnam es una nación ubicada en la parte oriental de la Península Indochina, en el Sudeste de Asia. Sus territorios habían estado bajo la administración colonial francesa desde finales del siglo XIX. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón invadió y ocupó Vietnam, desplazando las fuerzas francesas.

Pronto se desató una resistencia contra el nuevo régimen. Inspirado por el comunismo chino y soviético, Ho Chi Minh formó el Viet Minh, o la Liga para la Independencia de Vietnam. Su objetivo era luchar contra Japón y la administración colonial francesa. Se abría un largo período de enfrentamientos que se conocen actualmente como la Guerra de Indochina. Cuando comenzaron sus derrotas en la II Guerra Mundial, Japón decidió retirar sus fuerzas de Vietnam. Fue así que en 1945, quedaba como gobernante del país el emperador Bao Dai (de educación francesa) en el control del estado independiente de Vietnam. Pero esta situación pronto se torció.

La división de Vietnam

Ho –creador del movimiento del Viet Minh- se levantó de inmediato. Tomó poder de la norteña ciudad de Hanoi y declaró la conformación una República Democrática de Vietnam, un estado socialista que tenía a Ho como presidente. Tratando de recuperar el control de la región, Francia decidió respaldar al emperador Bao. Se estableció, entonces, el estado de Vietnam (Vietnam del Sur) en julio de 1949, con Saigón como capital. Quedaba entonces el país fracturado de hecho en dos estados: Vietnam del Sur bajo el gobierno de Bao Dai y Vietnam del Norte bajo el mando de Ho Chi Minh.

Los estados rivales se embarcaron en un conflicto armado que se tuvo un punto decisivo en la batalla de Dien Bien Phu en mayo de 1954. En ella se produjo la derrota de la coalición de fuerzas sur vietnamitas y francesas por parte de las fuerzas del Viet Minh nor vietnamita.

Las negociaciones posteriores establecieron formalmente la división de Vietnam a lo largo del paralelo 17 (con Ho en el control en el Norte y Bao en el sur). A su vez, el tratado firmado entre ambos bandos preveía la convocatoria a elecciones para la reunificación nacional que se deberían celebrar en 1956. Pero antes de arribar a esa fecha en Vietnam del Sur se produjo una conspiración contra Bao, perpetrada por el profundamente anti-comunista Ngo Dinh Diem. Así en 1955, Ngo Dinh Diem se convirtió en presidente de la República de Vietnam.
Entre 1955 y 1964, el conflicto interno de Vietnam abrió sus puertas a una cada vez más fuerte intervención de EE.UU., quien terminaría por emprender su propia guerra contra el gobierno comunista de Vietnam del Norte. La situación tal como estaba planteada en 1955 mostraba el territorio de Vietnam dividido en dos estados con políticas opuestas. Uno de ellos era de corte comunista (Vietnam del Norte) y el otro capitalista (Vietnam del Sur). Este último pronto abriría sus puertas a la “ayuda” norteamericana en la lucha contra el comunismo.
El comienzo de la intervención estadounidense

Tal como había ocurrido apenas poco atrás durante la Guerra de Corea, este era precisamente el tipo de escenario donde los Estados Unidos acudía a librar sus batallas contra la “amenaza comunista”, lo que conocemos como la “Guerra Fría”. Recordemos que durante la Guerra Fría, los Estados Unidos endurecieron su política contra los aliados de la Unión Soviética. En ese contexto fue que el presidente estadounidense -en 1955- Dwight D. Eisenhower había prometido su firme apoyo a Vietnam del Sur a través de una alianza con Ngo Dinh Diem, se el presidente de la República de Vietnam.

Este apoyo se materializó a través de equipamiento y entrenamiento que militares estadounidenses brindaron a las fuerzas de seguridad sur vietnamitas. Esto permitió a Diem tomar medidas enérgicas contra los simpatizantes del Viet Minh que vivían en el sur, a quienes llamaba despectivamente Viet Cong (Comunista de Vietnam). Una vasta persecución comenzó, en la que se estima se arrestó a alrededor de 100.000 personas, muchas de los cuales fueron torturadas y ejecutadas.

En respuesta, hacia 1957, el Viet Cong y otros opositores del régimen represivo de Diem comenzaron a luchar nuevamente. Realizaron ataques a funcionarios del gobierno y a otros objetivos. Algo después, en diciembre de 1960, los diversos grupos survietnamitas que se oponían a Diem (tanto comunistas como no comunistas) formaron el Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNL) para organizar la resistencia al régimen. Aunque el Frente Nacional de Liberación de Vietnam decía ser autónomo y aún cuando la mayoría de sus miembros no eran comunistas, muchos en Washington sintieron que el FNL sería un títere de Vietnam del Norte.

Un equipo enviado por el presidente John F. Kennedy en 1961 para informar sobre la situación en Vietnam del Sur aconsejó el acrecentamiento de la ayuda estadounidense, económica, técnica y –por supuesto- militar. El objetivo era una vez más ayudar a enfrentar la amenaza del Viet Cong.


2. El conflicto

En 1962, con John F. Kennedy en el poder, comienzan a llegar de forma significativa los asesores y consejeros militares norteamericanos (aunque no llegó a comprometerse a una intervención militar a gran escala) para seguir instruyendo y apoyando al ejército survietnamita en su lucha contra los guerrilleros del Viet Cong y el Ejército de Vietnam del Norte (EVN) que luchan para unificar el país bajo el control del gobierno comunista del Norte, dirigido por Ho Chi Minh.

En 1962, la presencia militar de EE.UU. en Vietnam del Sur había llegado a unos 9.000 soldados, frente a menos de 800 durante la década de 1950. El corrupto gobierno del sur, presidido por Ngo Dinh Diem, que había solicitado la llegada de los asesores norteamericanos pierde el favor de la Administración Kennedy y de numerosos miembros de su gobierno, circunstancias que provocan un golpe de estado que acabará con su vida el 1 de noviembre de 1963. Su sucesor fue el débil y falto de voluntad Nguyen Van Thieu, cuyo gobierno sería igual de corrupto. Tres semanas después también el presidente norteamericano será asesinado en Dallas.

Le sucedió Lyndon B. Johnson, que sumergió a Estados Unidos en la guerra tras el "incidente" del golfo de Tonkin el 4 de agosto de 1964, que años más tarde se revelaría un ardid de los americanos (como el del Maine que inició la guerra de 1898 contra España) para implicar de lleno a su país en la guerra encubierta que hasta entonces se libraba en el país asiático. De esta forma, tras la Resolución del Golfo de Tonkin, el Congreso otorgaba al presidente plenos poderes para que los asesores presentes en Vietnam realizaran operaciones fuera del recinto de sus bases, además de poder incrementar la presencia militar en ese país.

Un año después, el presidente Johnson aumentaba su apuesta en Vietnam para parar los ataques norvietnamitas contra el Sur autorizando la operación "Rolling Thunder" de bombardeos aéreos. El general Westmoreland, comandante de las fuerzas americanas en Vietnam, solicita el despliegue de 3.500 marines, que desembarcan en Da Nang el 8 de marzo de 1965 para proteger la base aérea y que se unirían a los 22.500 asesores que ya servían en Vietnam. Les seguirían muchos más.

En abril comienzan las operaciones "Search and destroy" (búsqueda y destrucción) del Vietcong y las primeras grandes batallas terrestres de la guerra. Luego entraría en liza el Ejército de Vietnam del Norte (EVN) y la cosa se complicaría para los norteamericanos.


3. La escalada

Comienza el año 1968 con el asedio norvietnamienta a la base norteamericana de Khe Sanh, cerca de la Zona Desmilitarizada (DZM) con la que las fuerzas de Ho chi Min inician su nueva estrategia para forzar el desplazamiento de las fuerzas norteamericanas a la zona central del país asiático y la DZM y dejar vulnerables las ciudades del Sur.

La campaña aérea Niagara de los americanos intenta a base de bombardeos masivos forzar la retirada de las fuerzas comunistas. Sin embargo, una vez más la férrea determinación del Vietcong
y el EVN para hacer grandes sacrificios y asumir fuertes pérdidas de combatientes, les hace mantener el acoso a la martirizada base norteamericana.. Esto hace que el presidente Johnson apruebe el próximo envío de 100.000 soldados más.A finales de enero la ofensiva del Tet en Saigón, Hue y otras cien ciudades por todo Vietnam del Sur sorprende a los norteamericanos, llevando al entorno urbano la encarnizada lucha en la jungla. En marzo, el teniente William Calley perpetra la masacre de la aldea de My Lai, (no fue la única) donde él y sus tropas asesinan a centenares de ancianos, mujeres y niños vietnamitas, lo que provoca un definitivo rechazo a la guerra de Vietnam por parte de la opinión pública norteamericana. Johnson anuncia su renuncia a la reelección. La guerra de Vietnam alcanza su sangriento apogeo.




4. Fin de juego



En enero de 1969 el número de muertos estadounidenses alcanza los 30.000. El nuevo presidente americano, Richard Nixon, promete acabar la guerra y alcanzar una paz con honor. El plan de Nixon es la vietnamización de la guerra, es decir retirar más de medio millón de sus soldados para que sean paulatinamente reemplazados en la batalla por los soldados survietnamitas (más o menos lo que quiere hacer Obama en Afganistán) y atacar con brutales bombardeos de los B-52 la ruta de aprovisionamiento del EVN y el Vietcong, la célebre Ruta Ho Chi Minh.

Ésta era una red de carreteras, caminos y túneles camuflados que tenía unos 1000 km y atravesaba el país de norte a sur, pasando por Laos y Camboya vertebrando la cadena logística del EVN y el Vietcong en el sur. Llevaba siendo atacada desde 1965 pero es en esta época en la que la USAF redobla sus esfuerzos para dejarla inoperativa.

Nixon da la orden a sus aviones de bombardear por primera vez Camboya, usando también defoliantes como el famoso Agente Naranja -que aún hoy sigue causando terribles secuelas en personas y animales- para hacer perder la cobertura vegetal a la frondosas selvas vietnamitas, lo que causará un desastre ecológico "colateral" a las muertes humanas.

Se suceden también otras sangrientas batallas como la de la Colina de la Hamburguesa, en mayo de 1969, que es conquistada por los marines a un alto coste. pero que, merced a la nueva estrategia de la Administración Nixon, es abandonada por las fuerzas norteamericanas y vuelta a conquistar un mes después por los norvietnamitas, sin disparar ni un sólo tiro. La presión de la opinión pública estadounidense por las bajas propias y las ocasionadas a los civiles vietnamitas obliga a Nixon a no comprometer más soldados en grandes batallas y comenzar la retirada de sus tropas, lo que refuerza la determinación de las fuerzas comunistas de soportar sus grandes bajas sabiendo que la participación norteamericana está comenzando su fin.

El cese de las ofensivas terrestres norteamericanas y la baja moral de sus tropas exponen a los survietnamitas al peso principal de los combates mostrando sus incapacidades ante los disciplinados y experimentados soldados del Norte. Sólo los esfuerzos de la fuerza aérea norteamericana mantienen el gobierno del sur. El 8 de mayo de 1972 Richard Nixon suspendió las negociaciones de París por los continuos ataques del EVN y ordenó la campaña de bombardeos Linebacker contra puertos, los objetivos militares, las vías férreas, las instalaciones petrolíferas, aeródromos y los muelles de todo Vietnam del Norte, lo que hace (además de provocar numerosas víctimas civiles) que Ho Chi Minh vuelva a finales de año a las negociaciones de paz.
La sirena sonaba en ocasiones hasta 20 veces al día. Las incursiones continuaban de noche, obligándonos a salir de la cama en medio del frío invernal y meternos en los húmedos refugios.
Un civil norvietnamita.
Ambas partes firman en Paris un acuerdo de paz el 27 de enero de 1973 que logra la liberación de los prisioneros de guerra en manos norvietnamitas y hace que los militares estadounidenses se desvinculen de la suerte de los survietnamitas, pero ese acuerdo no traerá la paz.

En 1974, tras la renuncia de Nixon por el Watergate también se suspende la ayuda económica americana que sostenía al débil gobierno de Saigón. En marzo de 1975 el Norte ataca el centro del país con divisiones blindadas pero los providenciales ataques aéreos norteamericanos que habían salvado anteriormente el Sur ya no se producen de nuevo, lo que ocasiona el hundimiento del ejército survietnamita y la huída hacia el sur de millones de aterrorizados civiles. El 30 de abril de 1975 los últimos marines escapan desde la embajada de su país, abandonando a su suerte a millares de civiles que imploraban un lugar en un helicóptero para huir del país.

La guerra de Vietnam ha terminado, dejando un país arrasado por las bombas, graves daños medioambientales y millones de víctimas. Al final la tan temida teoría del dominó comunista en Asia no se produjo, Vietnam logró recuperarse con esfuerzo de la guerra y empezar a prosperar como un país unificado pero los terribles traumas y heridas que la guerra vietnamita dejó en ambas partes tardarían mucho tiempo en curarse.


viernes, 6 de abril de 2012

Maldad (4) La banalidad del mal en Bosnia


La banalidad del mal en Bosnia
Guillermo Altares blog Papeles perdidos El País 13/06/2011
Pensar que los asesinos son monstruos nos tranquiliza, frena nuestro miedo ante el horror. La imagen de Ratko Mladic ante el tribunal de La Haya, enfermo pero desafiante, con su gorra y su saludo militar, burlándose de las víctimas mientras decía "Me hacen acusaciones repugnantes" es la de un monstruo. Pero la mayoría de los asesinos de las guerras de los Balcanes, los autores de las peores atrocidades, fueron personas normales y corrientes. Y las víctimas también lo fueron. Uno de los mejores libros sobre las guerras que arrasaron la antigua Yugoslavia a principios de los años noventa, trata precisamente de eso, de cómo seres ordinarios se transforman en asesinos de masas. "Cuanto más comprendes que los criminales de guerra podrían ser personas normales más miedo sientes", escribe Slavenka Drakulic en su extraordinario ensayo No matarían una mosca (Global Rhythm, con prólogo y traducción de la balcanóloga Isabel Nuñez). "Por supuesto, esto se debe a que las consecuencias son mucho más graves que si se tratara de monstruos. Si la gente normal comete crímenes de guerra, eso significa que cualquier de nosotros podría cometerlos". Otro gran libro sobre Bosnia, Postales desde la tumba (Galaxia Gutenberg), de Emir Suljagic, un joven superviviente de Srebrenica, también relata la normalidad de la guerra, la banalidad que une a víctimas y verdugos. Les separa la dignidad, la capacidad para decidir entre lo bueno y lo malo. Son dos libros muy importantes, a los que, ahora que ha sido capturado el asesino Mladic, conviene regresar.
Drakulic es una escritora croata, que vive fuera de su país, autora de dos estupendas novelas que publicó Anagrama en 2001, El sabor de un hombre y Como si yo no estuviera. No matarían una mosca recoge retratos de criminales de guerra, que la autora trazó durante su cobertura de varios juicios en el Tribunal de La Haya. El título viene de una frase del clásico entre los clásicos sobre los procesos al nazismo, Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt: "Cuando su trabajo le lleva a asesinar a alguien no se considera un asesino, ya que no lo ha hecho por inclinación personal, sino a título profesional. Por pura pasión, él no mataría una mosca". Lo primero que hay que decir de Drakulic es que, entre su madre y la justicia, elige la justicia. Con esto quiero decir que no es nada nacionalista y que los primeros asesinos de los que habla son croatas. Su libro es una reflexión sobre la humanidad (nos guste o no, la guerra, como el lenguaje, es una de las cosas que nos convierte en humanos, que nos separa de los animales), sobre sus rincones más oscuros y siniestros, sin importarle las nacionalidades. Aunque la mayoría de los crímenes los cometieron los serbios, que fueron los que empezaron las guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo, ninguna de las etnias es totalmente inocente.
El libro de Drakulic es una galería de horrores: asesinatos, violaciones en masa, ejecuciones (un tipo que acaba con una ampolla en el dedo de tanto apretar el gatillo es uno de sus protagonistas), es un resumen certero de las atrocidades que se cometieron en el corazón de Europa. Sus protagonistas son tipos corrientes que, en medio de la guerra, se convierten en monstruos. Pero falta la respuesta a la pregunta clave: ¿Por qué? ¿Qué lleva a seres ordinarios a convertirse en asesinos? Hay algo en el horror que resulta, afortunadamente, imposible de comprender.
Perdonen que introduzca un elemento personal: he viajado a menudo por los Balcanes, primero como turista (visité Yugoslavia cuando todavía era un solo país en 1989) y luego como periodista. Aunque no cubrí las guerras de Croacia, Bosnia o Kosovo, sí me he pateado esos tres países en los últimos años y he recorrido también Eslovenia (la primera república que se independizó, que forma parte de la UE desde 2004 y ha adoptado el euro) y Serbia, un país con el que además tengo una gran conexión personal porque mi amigo de la infancia es de origen serbio. He hablado con víctimas de todas las etnias. Nunca olvidaré una tarde en una humilde casa de las colinas de Sarajevo con un grupo de mujeres que habían sido víctimas de una violencia imposible de imaginar (no hablamos de ello, pero no hacía falta: sus miradas lo decían todo).

He visto los cuerpos, recién rescatados de una fosa común, con las manos atadas todavía con alambre y un tiro en la cabeza, y he sentido el hedor del depósito de cadáveres de Tuzla, que alberga las víctimas sin identificar de Srebrenica. Pero también me he reído, he bebido aguardiente a todas las horas del día (y de la noche, pero eso tiene menos mérito), sorbido el café turco (que tiene un nombre diferente en cada país) y comido los indigestos cevapcici. Es un lugar del mundo que añoro, al que siempre me gusta volver, lleno de personas maravillosas, acogedoras, divertidas, francas, abiertas. Y sin embargo, uno siente las heridas en casi todas partes, demasiadas ciudades están cargadas de dolor. Como Foca, una localidad del este de Bosnia, donde los milicianos serbios ubicaron los primeros burdeles para esclavas sexuales. Es uno de los sitios más tristes y terribles que he visitado. La ausencia de los miles de musulmanes asesinados se siente en cada rincón. Pero, por mucho que uno recorra los Balcanes, por mucho que conozca su historia de odios y diferencias religiosas azuzadas por el poder, es imposible entender cómo pudo ocurrir aquello, cómo pudieron cometerse tantas atrocidades (en el fondo, es una pregunta que vale para cualquier guerra civil).
Foca es una ciudad del Este de Bosnia, una zona que fue arrasada por las milicias y el Ejército serbios desde el principio de la guerra. El río que recorre aquella región da nombre a una obra maestra escrita en una lengua que ya no existe pero que todos entienden, el yugoslavo (una de las muchas paradojas que ha dejado aquel país con su desaparición): Un puente sobre el Drina, del premio Nobel Ivo Andric, una novela que también permite entender muchas cosas.
Decenas de miles de civiles que huían de las matanzas buscaron refugio en las ciudades que todavía estaban bajo el control de los musulmanes, como Srebrenica, Zepa y Goradze, que luego fueron declaradas zonas seguras por la ONU (una protección que, a la postre, no sirvió para nada y se convirtió en un símbolo de la impotencia de la comunidad internacional para frenar el genocidio). Uno de aquellos refugiados era un adolescente bosnio que escapó junto a su familia, Emir Suljagic, que sobrevivió a la peor matanza en Europa desde la II Guerra Mundial, en la que fueron fusilados 8.000 varones bosniomusulmanes por orden de Mladic, el jefe militar de los serbios de Bosnia, y Radovan Karadzic, el responsable político de los asesinos. Ambos están encarcelados en La Haya.
El libro de Suljagic es un viaje a la cotidianeidad de la guerra, es una obra en la que hay víctimas y verdugos, pero no buenos y malos, es un libro lleno de matices, de momentos inolvidables, casi siempre terribles aunque también divertidos (para poder ver los partidos del mundial de Estados Unidos de 1994 varios habitantes de Srebrenica se turnaban para pedalear en una bicicleta estática con la dinamo conectada a una tele, mientras los morteros de la artillería serbia volaban sobre ellos). "No sabemos nada de estas personas, que no fueron ni más ni menos maravillosas que otras, ni mejores, ni peores. Fueron maravillosas en la medida en que fueron humanas. Y en la medida en que yo las conocía", escribe Suljagic sobre las víctimas. Entre ellas, están muchos de sus familiares cercanos.
Suljagic y Drakulic dan vueltas sobre los mismos temas, se plantean las mismas preguntas. Y ambos transportan a los lectores a un lugar que nunca debería haber existido: el horror. De mis muchos recuerdos de aquella zona del mundo hay uno que me divierte especialmente. En un bar de Liubliana, la elegante capital de Eslovenia, un país que rechaza con obstinación su pasado yugoslavo, decenas de jóvenes bailaban a todo volumen canciones de Bijelo Dugme, un grupo de rock de los años setenta y ochenta que simboliza la yugonostalgia, la añoranza de aquel gran país que se rompió en medio de la barbarie. Ojalá nunca tengan que volver a enfrentarse a los dilemas que describen estos dos magníficos libros, ojalá el pasado que acabe por pesar de verdad sea el que encarna aquel grupo de Goran Bregovic.
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El autor de las fotografías que ilustran este texto es el reportero Gervasio Sánchez. La primera y la última corresponden a un funeral de víctimas de Srbrenica en Potoçari (11 de julio de 2010), la segunda al depósito de cadáveres de bosnios asesinados en aquella ciudad en Tuzla (octubre de 2008). Las imágenes pertenecen al proyecto Desaparecidos, cuyos libros han sido publicados por la editorial Blume.