martes, 3 de septiembre de 2013

Extinción (30) El último mameluco de Napoleón

Un estupendo artículo de Jacinto Antón nos lleva a conocer la historia de los últimos mamelucos de Napoleón. A través del inconfundible estilo del barcelonés, conoceremos la creación, esplendor y caída de la caballería de élite que el emperador corso reclutó en su campaña egipcia para acompañarle en sus victorias y derrotas por los ensangrentados campos de batalla europeos de principios del siglo XIX. 


El último mameluco de Napoleón

El sirio Moisés Zumero, miembro de de la caballería oriental de Bonaparte, participó en todas sus campañas y acabó como empleado de Correos


Los mamelucos no gozan de buena fama entre nosotros, básicamente a causa de Goya, que los inmortalizó como despiadados represores ataviados con sus desconcertantes ropajes orientales en la sucia lucha en las calles de Madrid el 2 de mayo. Pero esos exóticos jinetes ataviados con turbantes adornados con pluma de garza y rojos pantalones anchos —era fama que en cada pernera cabía un hombre entero— y armados con cimitarras, carabinas y pistolas, tienen una apasionante y aventurera historia.


El cuadro de Goya 'La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol'.

Se trajo unos cuantos Bonaparte de la campaña de Egipto (donde eran los amos), tras vencerlos, como un souvenir de su gran sueño oriental y los incorporó a la élite de su caballería inmortalizándolos junto a sus húsares, coraceros, dragones, cazadores y lanceros en los más famosos campos de batalla de Europa. Su apariencia era magnífica y su valor y ferocidad legendarios. Los había egipcios, sirios, georgianos, árabes y sudaneses negros, y con el tiempo también se incorporaron al contingente franceses. Crearon moda en Francia. Los pintaron Gerard y Gros (además de Goya) y hasta inspiraron obras literarias, dramas y vodeviles.

Hoy la palabra mameluco tiene, qué le vamos a hacer, cierta carga peyorativa —sobre todo en boca del capitán Haddock—, pero a los más románticos nos evoca una fascinante combinación de coraje y seda, un galopar de colores deslumbrantes coronado por el relámpago de plata de una hoja de Damasco blandida sobre la cabeza como una media luna mortal. No fueron muchos los de Bonaparte, unos centenares, apenas unos escuadrones, que tras su organización fueron encuadrados en el regimiento de Chasseurs à cheval de la Garde, la crème de la caballería napoleónica. Pero disfrutaban de una belle réputation, fama de fiables, intrépidos y valientes y desde luego eran muy visibles, incluso entre los exuberantes atavíos de la Grande Armée.

Napoleón tenía debilidad por ellos y gustaba de hacerlos desfilar en todas sus ceremonias, como su coronación. Les concedió un águila por el valor demostrado en la célebre carga de la caballería de la Guardia en Austerlitz —“nous allons avoir une affaire de cavalerie”, dijo el mariscal Bessières—, en la que fueron codo a codo con los chasseursde Morland y los grenadiers montados de Ordener y en la que como un huracán desbarataron a los coraceros y húsares rusos, a los granaderos de Semenowski y todo lo que se les puso por delante.

Entre los mamelucos célebres de Napoleón está el pillastre de Roustam, que tomó a su servicio personal Bonaparte y que aparte de dormir en el suelo ante su puerta realizaba trabajillos para su amo. Se le acusó de estrangular a Pichegru y de asesinar al almirante Villeneuve (que en realidad se suicidó), así como de ser a la vez amante de Josefina y del corso… habladurías. Pero Roustam era más un criado que un soldado —aparte de un cantamañanas, véase sus Souvenirs (1911), llenos de autobombo y quejas por las faltas de pago—, y, cobardica, dejó en la estacada a Napoleón cuando lo enviaron a Elba.

Los mamelucos que nos interesan aquí son otros, personajes valientes como Elias Masaad, sabre redoutable, ascendido a capitán tras cargar como un bravo en Eylau y que sumaba 17 heridas y tres costillas perdidas a causa de la metralla; Chahin, que capturó un cañón en Austerlitz, salvó al Chef d'escadron Daumesnil del populacho madrileño el 2 de mayo y acabó su carrera con 40 heridas y habiendo visto morir cinco caballos bajo él; o el irascible Ibrahim, que mató enfurecido a varios parisinos que se reían en la calle de su aspecto extravagante, y que luego cayó prisionero mientras luchaba contra jinetes cosacos al desenrollársele el turbante y cegarle, no sin antes haber dado cuenta de seis enemigos.

El mameluco que nos ocupa hoy, Moisés Zumero (1791-1873), fue uno de esos bravos tipos, participó en 14 campañas, llegó a brigadier, y es tenido por el último de los que sirvieron en el ejército de Napoleón. Así lo acredita la lápida de su tumba en Lavaur, en el Tarn (“le dernier des mamelouks”, un título digno de una novela de Victor Hugo) y la somera biografía que le ha dedicado Thérèse Blondel-Avron —Moïse Zumero, dernier mamelouk de la Garde Impériale (Editions Cabédita, 2009)—.

Ser el último de algo tiene pedigrí. Serlo de esa despampanante caballería de los mamelucos confiere un aura especial a Zumero, de la estirpe de los valientes. Nacido en San Juan de Acre, Moussa Zumero Al'Coussa era miembro de una familia siria de ortodoxos griegos que servían a los pachás otomanos y que se vio involucrada en las guerras de Bonaparte en Oriente. La madre, una hermana y dos hermanos de Moisés murieron durante la sangrienta toma de Jaffa por las tropas francesas en 1799. No obstante el chico, sediento de aventura, se enroló como trompeta en los mamelucos del entonces primer cónsul. Contaba solo ocho años. Al regresar Bonaparte a Francia, Zumero fue uno de los mamelucos que partieron con él. En primera instancia, al reorganizarlos el general Rapp, el chico no encontró cabida por demasiado joven. Pero logró incorporarse, sirvió en España de 1808 a 1812 con una interrupción en 1809 para combatir en Wagram. Fue de los mamelucos que arroparon a Napoleón en la famosa y ardua travesía del Guadarrama en medio de la ventisca y resultó herido de un sablazo en Benavente. Le encontramos luego helado en Rusia —él, hijo de las ardientes arenas sirias— y defendiendo el paso del ejército derrotado en el Berézina. Zumero perdió la mayoría de los dedos de los pies, congelados, pero no la fe en el emperador. Recibió una citación por su bravura al rescatar a su teniente de tres húsares prusianos, matando a uno e hiriendo a los otros. Se batió en Waterloo y sobrevivió para afrontar, como uno de los orphelins de Napoleón, la represión y el terror blanco. 

Mientras muchos viejos mamelucos pedían limosna, tuvo la suerte nuestro sirio de casarse en 1816 con una chica encantadora y de posibles, que además era pariente de Charlotte Corday y biznieta de Corneille. Zumero consiguió entrar en la Administración y hacerse empleado de Correos. Un mameluco en Correos parece ya el título de una película de Louis de Funès. Llegó a director. Reclutó a los carteros entre los viejos soldados del imperio, disciplinados y capaces de hacer largas marchas. Hizo bien su trabajo como antes había bien luchado. Sus heridas —perdió el uso de los pies— y la inquina contra los antiguos bonapartistas le condujeron al retiro.

Murió a los 82 años, caballero de la Legión de Honor, burgués respetado. Pero si te acercas en silencio a su tumba en un rincón del sur de Francia, a 40 kilómetros de Toulouse, y prestas atención puedes percibir aún un remoto galopar de caballos, gritos y disparos. Sientes como un soplo la ola de gloria y de coraje y, al cerrar los ojos, avizoras el espectáculo terrible y magnífico de la carga de los audaces jinetes de Oriente, mientras escuchas, atónito y maravillado, la risa salvaje del último de los mamelucos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ballenas (4) "La de las grandes alas"


Esta es la yubarta, xivarte, o más comúnmente denominada ballena jorobada (Megaptera novaeangliaeaunque a mí siempre me ha gustado más es megaptera, "la de las grandes alas" en griego, como ponía en aquel libro de animales de mi niñez o como las llamaban los antiguos balleneros que las masacraron durante décadas. Son sus grandes aletas pectorales las que caracterizan a este bellísimo rorcual además de su gusto por saltar fuera del agua, como parte de su cortejo sexual o por simple alegría de vivir. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Memoria (21) ¿Cómo construimos los recuerdos?

¿Cómo construimos los recuerdos?


Si tuviéramos que recordarlo todo, no podríamos hacer nada.
Martin Conway

¿Podemos fiarnos de nuestros recuerdos? Un aroma, una frase, una imagen es lo que suele quedarse grabado en nuestra memoria, pero el contexto, el resto de circunstancias que visten ese recuerdo es, en gran parte, producto de nuestra imaginación. En este programa deRedes, el neurocientífico Martin Conway explica a Eduard Punset cómo lo real y lo ficticio se mezclan en nuestra mente para construir nuestros recuerdos y, a su vez, nuestra identidad. Y en su sección, Elsa Punset nos muestra cómo la identidad no es un rasgo inmutable, sino algo que podemos modelar.

sábado, 31 de agosto de 2013

Mujeres (5) La Luna en ti

A través del artículo de irónico título "Menstruosidades" de Lola Huete Machado y el documental "La Luna en ti" nos embarcamos en un desmitificador viaje a la menstruación femenina, un proceso natural y vital para la raza humana pero aún absurdamente estigmatizado socialmente. La periodista nos presenta el documental y habla de algunos de esos tabúes que existían y existen en nuestras sociedades a los que añado algo que supe hace poco de boca de una chica musulmana, que me dijo que si tenían la regla no se veían obligadas a seguir los preceptos y ayunos del Ramadán porque como ya estaban sucias... Dogma estúpido que ella agradecía mientras se bebía un refresco antes de seguir trabajando. En fin, de tabúes, religiones y supersticiones, de las mujeres y sus ciclos biológicos, de la vida y la condición humana. Aquí abajo. 
 

'Menstruosidades'


"Estoy mala". Hablar de la menstruación -la regla, el periodo, el mes- sigue siendo algo negativo en el siglo XXI. Mencionarla es de mal gusto, impropio de señoritas; confidencia, si acaso, de adolescentes en los aseos o de señoras camino del mercado, en el trabajo o la peluquería. Si acaso, algo que se deja caer en público, como si nada. Nada excesivo. Tema tabú, asunto un tanto desagradable que les ocurre cada tanto a las mujeres desde que empiezan a ser fertiles y hasta la menopausia, uff. Eso que, aseguran, desestabiliza las hormonas y el carácter, inquieta, incomoda, irrita, suele impedir el sexo... Mancha. Y hasta ruboriza. ¿Excesivo el retrato? Pruebenlo: imaginen a esas deidades del cine y la televisión, a las modelos, a Kate Moss menstruando en este instante. ¡No, por Dios! No cuadra. O si es usted mujer (u hombre) piense cual sería su mayor miedo durante esos días... ¿Quizá que la sangre, su sangre se vierta en la escena pública al quedarse marcada en la silla, en la falda o el pantalón...? Así de normalizada está la cosa.

Desde hace unos meses circula con éxito por festivales del mundo y por televisión el documental titulado La Luna en ti, de la eslovaca Diana Fabiánová. Lleva el subtítulo: Un secreto demasiado bien guardado. Ese secreto es de color rojo sangre y está empapado aún de mil supersticiones que condicionan el modo en que niñas, mujeres y hombres se enfrentan hoy al "ciclo". “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”, le dijo a Diana su madre llegado el día X. Ay, el peso de sus palabras perduró años: escondió siempre la evidencia a cualquiera que se le cruzara. Tenía pavor a mencionarlo. Como tantas. Se esconde la regla, se medicaliza mucho o se disimula. Vean la publicidad de compresas y tampones. Todo suele ser blanco y/o con olor a limpio, mucha alegría y espacios abiertos. Aún así, hay quien un día se confesó objetor de tales anuncios porque tal referencia en televisión a la hora de la comida le asqueaba. Pese a quien pese, la regla duele, mancha, huele... ¿Marca?

Para Diana sí. Y mucho. Siendo estudiante de cine en Cataluña, su experiencia personal y la evidencia de que lo fisiológico marca aún fuertemente el modo en que las mujeres viven su feminidad se hicieron primero idea, luego proyecto y finalmente película gracias al trabajo común durante cuatro años con el director de fotografía Jerónimo Molero, de Ubak Producciones. La menstruación pesa, y mucho, cuenta Diana. ¿Cómo es posible que algo que permite dar vida sea considerado asunto tan sucio mientras dura? ¿No es desalentador para una chica ver cómo se transforma su cuerpo y que nadie hable de ello? ¿Cómo pueden existir ideas tan tontas, como la de que menstruando no se puede hacer mayonesa? ¿Cómo podía este proceso natural ser poco oportuno cuando gran parte de las mujeres lo está experimentando en este mismo instante? ¿Por qué un signo de algo que la sociedad considera como una bendición -la capacidad de la mujer de dar vida- se nombra con expresiones como “the curse” (la maldición) en Gran Bretaña,“the english war debarquement” (el desembarco de guerra británico) en Francia...? Estas y otras preguntas se plantea la directora. Y sale a la calle por medio mundo siguiendo el reguero de respuestas.
 
Busca a terapeutas, antropólogos, ginecólogos, autores y artistas de distinta visión (Marta McClintock, Elsimar Coutinho, Karen Houppert, Barbara Duden...). Intenta desmitificar conceptos. Charla con mujeres adultas que le resumen su experiencia y una adolescente (Dominika), cámara en mano, narra sus "primeros días", comparte sus miedos. Y no solo eso: busca Diana las manifestaciones de la menstruación en los manuales, allí donde se habla de mitos ("las lunas", por su relación con los ciclos de la Luna). Como las mujeres eran consideradas sucias y separadas en esos días en algunas tribus (y así controladas, dominadas) o la sangre menstrual no debía tocar el suelo por temor a ofender al espíritu de la Tierra (en China). Como la Biblia considera a la mujer impura durante el periodo... (hasta hace nada se calificaba de pecaminoso que una mujer entrara en la Iglesia menstruando), y como sesudos como Plinio escriben que "el contacto con la sangre menstrual hace que el brillo del acero y el marfil desaparezcan". Un filón.
 
Mucho de esto perdura en nuestros días (no bañarse o lavarse la cabeza; no comer determinados alimentos ni demasiado fríos; no exponerse al sol...) y otras cosas se han olvidado con el tiempo. Como la visión de algunas referencias de la literatura en femenino (la del Siglo de Oro, por ejemplo, de Sor Juana Inés de la Cruz, en Primero sueño, donde señala el importantísimo papel de la mujer en el ciclo de la vida y alude al proceso como un don divino).

No hay conclusiones en esta película. Ni recetas mágicas salvo una: aceptar el cuerpo como es y vivir los procesos con la naturalidad debida. A gusto de cada cual (pues cada una es un mundo). Asumir ese cambio de aceite mensual gratuito y funcional con soltura y tener siempre en cuenta que, afortunadamente, la Cultura pule y matiza: hoy no se es más o menos mujer por tener mucha, poca o ninguna regla (recomendable y divertida es la visión al respecto de La Moderna de Pueblo, protagonista del cómic Soy Moderna que tiene una serie titulada Las reglas de cine). La Luna en Tí cuestiona una realidad social con humor y creatividad. Le quita sangre al asunto, desmitifica. Y rodarla supuso para la directora un cambio en la visión de su propio cuerpo. En algunos lugares, además, han visto en este documental una buena herramienta para informar y educar, en EE UU Media Education Foundation ha adquirido los derechos para su difusión por los centros educativos del país bajo el título Red Moon, Menstruation, Culture and the Politics of Gender.
 


La Luna en ti. Un viaje a las raíces de la femineidad y la vida

“Hay quien cree que la menstruación es incompatible con el sexo. Hay quien piensa que hace que las flores se marchiten, las frutas caigan de los árboles y el sol desaparezca. ¡Y de hacer mayonesa, ni hablemos!” Diana Fabiánová aprendió de niña que nunca debía decir a un hombre cuando tenía la menstruación. Pasó el tiempo y se dio cuenta de que no tenía por qué avergonzarse ante un hecho fisiológicamente normal que nada tiene de sucio ni impuro. 75 minutos sobre la menstruación en una película documental que muestra una mirada limpia sobre este tabú que ha de dejar de serlo.

Diana, como tantas mujeres, ha estado padeciendo menstruaciones dolorosas desde hace años y cada mes se plantea la misma pregunta: “¿Por qué tanto dolor y molestias si estoy sana?” La directora así empezó a buscar otras formas de entender la menstruación. Fue por Eslovaquia, Brasil, España, Australia, USA y Reino Unido. Entrevistó a médicos, antropólogos, sociólogos, psicoanalistas, ginecólogas y otros expertos como la psicoterapeuta y referente mundial en salud femenina Alexandra Pope o Morgaine, sacerdotisa Celta Reclaiming. Pone la menstruación sobre la mesa. El tema tabú, del que no se debe hablar, considerado incluso como una causa de relegación de la mujer a un papel de persona enferma y poco válida es sacado a la luz.

La luna en ti es el debut de Diana Fabiánová como directora y de Jerónimo Molero como productor. Han sido cuatro años de trabajo de creación de un documental que cuenta con spots antiguos y animaciones de plastilina y 3D para explicar la vida de un óvulo. En Gotham (Nueva York) tuvo una Mención especial del jurado y en Málaga recogerán un premio dentro de la sección paralela por su reafirmación de los derechos de la mujer. Olivier Samouillan y Pierre Bats, de Publicmusic.eu han compuesto la música del largometraje y la distribución en España la hace Karma Films.

Extracto del artículo de Ana Sabater

Periodismo y Periodistas (23) "Los medios se están convirtiendo en máquinas informativas de los partidos"

Una entrevista en El Diario.es al fotógrafo catalán Samuel Aranda nos acerca a la labor profesional y la faceta más personal de este magnífico periodista, que saltó a la fama por haber ganado el World Press Photo con la instantánea que cierra este post. El resto de las fotografías que acompañan el post (junto con otras) las hemos cogido de este enlace con parte de su obra. En la entrevista nos habla de su labor como fotógrafo, del presente y futuro del periodismo y de su trabajo actual para The New York Times (casi nada), donde es feliz por ver cómo se respeta su labor profesional y su criterio como fotógrafo y persona comprometida que se implica en los dramas e historias personales en las que trabaja. Su historia es como la de tantos españoles talentosos que han tenido que emigrar a otros países para ver reconocido su trabajo. En fin, con ustedes Samuel Aranda. 


"Los medios se están convirtiendo en máquinas informativas de los partidos"

El fotógrafo ganador del World Press Photo, Samuel Aranda, pone en duda la crisis de los medios de comunicación que "nunca disponen de presupuesto para la sección de internacional pero siempre doblan el del suplemento de moda".
"A veces, la fotografía que funciona mejor, es la más imperfecta. Ese toque defectuoso le aporta credibilidad".
"Si matan a una familia delante de mí y necesito llorar, lloro"


El fotógrafo catalán Samuel Aranda, ganador en 2011 del premio World Press Photo -el más importante certamen mundial de fotoperiodismo- niega que los fotógrafos que cubren conflictos violentos se sirvan de la lente de sus cámaras como parapeto para protegerse ante esas duras escenas. Aranda, colaborador del New York Times, destaca que, además de fotógrafos, ante todo son personas, en un intento de desterrar esa apariencia de frialdad e indiferencia que persigue a algunos profesionales del gremio. El fotógrafo, que ha participado en el ciclo de conferencias "Periodismo a pie de calle" organizado por el Ayuntamiento de Vitoria, critica a los medios españoles por su escasa independencia y advierte de que "se están convirtiendo en meras máquinas informativas de los partidos políticos".

P: Usted cubre conflictos armados en los que pone en peligro su integridad física. Sin embargo, salió huyendo de Madrid, dejando un puesto fijo en un plantilla de un periódico. ¿Qué le asustó?

R: Es cierto. Fue en 2008 en la delegación de El Periódico de Cataluña, en Madrid. Tenía unas muy buenas condiciones laborales a nivel de sueldo, de estabilidad, de horarios... las mejores de mi carrera pero aguanté ocho meses. No creía en lo que estaba haciendo. No sentía que hacia aquello que me impulsó a dedicarme al fotoperiodismo, el denunciar injusticias y contar historias. Yo necesitaba sentirme más combativo. A nivel gráfico cubrir información política consistía en acudir al show que montan los partidos y colaborar en la difusión de ese espectáculo con tus fotos. A nivel periodístico es más interesante pero a nivel fotográfico es tedioso y, además, me sentía participe de un engaño.

P: ¿Pero no cree que también se pueden cometer ciertos engaños con la fotografía que empezó a ejercer a partir de ese momento, centrada en la cobertura de conflictos internacionales?

R: Supongo que hay intenciones de todo tipo. La mayoría de los fotógrafos intentamos hacer nuestro trabajo con la mayor honestidad y ética posible. Lo que sí creo es que nuestras instantáneas pueden ser utilizadas para crear imágenes. Me explico. Cuando estaba en Oriente Medio, las fotos que se publicaban siempre era las mismas, los islamistas con las barbas, las armas y con el brazo alzado y gritando. La fotografía mal utilizada por los medios de comunicación ayuda a distorsionar las realidades de sitios. Salí entonces de esa línea de trabajar para agencias, porque no tienes control sobre lo que se publica. Pongo un ejemplo. Cuando Hamas ganó las elecciones en Gaza, había miles y miles de personas en las calles celebrándolo. Desde niños bailando, gente con banderas, los festejaban con comidas improvisadas en las aceras… un ambiente festivo multitudinario. Ese día igual envíe 40 fotos a la redacción, pero la foto que se publicó fue la de dos tipos con barba que quemaban una bandera estadounidense y otra israelí. Sólo quemaron dos banderas en toda la semana que duró la celebración pero esas imágenes fueron las que destacaban las portadas de los periódicos. Eso provoca mucha frustración. Yo estaba viviendo en Gaza, muy integrado y conectado con la gente de allí, sabía lo que querían y cómo son, nada radicales ni mucho menos y ves que tu trabajo no refleja eso y que se utiliza para crear una imagen que no es la real. Esa foto era un retazo, una anécdota que convirtieron en generalidad y eso es engañar a la gente y para ello utilizan nuestras fotografías.

Ahora trabaja para el New York Times. ¿Respetan más su trabajo?

Sí, estoy feliz y tranquilo trabajando con el New York Times. Negocio en cada ocasión cómo se va a publicar cada foto, me dan mucho tiempo para trabajar; cuando lo editan y lo van a publicar hay un diálogo constante con el editor; me piden consejo; intercambiamos opiniones. Nada que ver con lo que he vivido antes con otros medios.

¿Cree que las ventajas que ofrecen los nuevos programas de tratamiento de la fotografía se han vuelto en su contra?

Sí. Hay algunos fotógrafos nada profesionales que han abusado del retoque digital. Creo que es una práctica pequeña, son pocos, pero hacen mucho daño a la profesión.

A esta alturas, en época de sobre información, ¿las fotografías continúan provocando la reacción de los espectadores?

Sin duda. Y tienen su utilidad. El Tribunal de la Haya, en los juicios sobre la masacre de Srebrenica en la que fueron asesinados 8.000 personas de etnia Bosnia, lo que se utiliza como pruebas y testimonios gráficos en el proceso judicial son las imágenes captadas por los fotoperiodistas. Con las fotografías contribuimos a la creación de esa memoria colectiva que permite que hechos como esos no se olviden.

¿La foto necesita de unos elementos indispensables para que sea buena o no hay fórmulas claves?

Me obsesiono mucho por tener una buena composición, una buena técnica, todo muy equilibrado y reflexionado y resulta que a veces, la fotografía que funciona mejor, es la más imperfecta. Esas fotografías que rechazas en la primera edición, resulta que en un segundo repaso a los originales despiertan tu atención. Esos defectos son importante para que le aporten credibilidad.

La batalla de la inmediatez la han perdido con la irrupción de los ‘smartphones’. ¿Con qué baza juegan ahora?

Es muy sencillo. Que yo tenga una guitarra y cante los domingos no significa que sea músico ni tampoco mi madre es enfermera por haberme curado las heridas cuando era pequeño. La gente puede hacer fotos con móviles, pero lo que nosotros ofrecemos es un servicio fotográfico, un punto de vista y saber hacer respaldado por años de experiencia. No contratan fotografías, contratan profesionales. Además tenemos la suerte de que, en el extranjero, aquí no, cada vez más medios apuestan por la calidad fotográfica y por los trabajos en profundidad.

¿Considera que ahí está el futuro de la prensa escrita?

Sí. La gente sigue comprando el periódico los domingos pero no lo hace el resto de la semana. ¿Por qué? Por los suplementos. Buscan leer historias con nuevos enfoques, completadas y muy trabajadas. Reportajes extensos con buenas fotografías. La actualidad del día a día ya la tienen en las ediciones digitales pero el fin de semana buscan, en las revistas dominicales, es añadido. Ofrezcámosles eso a diario y volveremos a vender periódicos.

¿Cree que el binomio periodista-cámara es indispensable para trabajar?

Sí, por supuesto. Es imprescindible. Aquí no se suele da. Sí en el extranjero.

P.  ¿Qué aporta ese tándem? 

A veces, dolores de cabeza. No, es broma. Siempre me he sentido a gusto. Nos complementamos mutuamente y esta suma enriquece las informaciones. Sí reconozco que para conseguir ese resultado es importante tener una conexión personal.

¿La crisis que sufren los medios de comunicación perjudica directamente a la calidad informativa?

Para empezar no creo que haya tal crisis de medios sino un engaño a todos los niveles, no sólo en nuestro gremio. Los ERES en empresas de comunicación conllevan despidos solo de los periodistas de calle, nunca afectan a los directivos que se llevan tres millones de euros al año. Y en las reuniones nunca disponen de presupuestos para la sección de internacional pero siempre doblan el del suplemento de moda (...). El problema de los medios es que se están convirtiendo en meras máquinas informativas de los partidos políticos. Por mucho que un periódico sea más progresista o más conservador no debe ocultar ciertos hechos. Si toca dar caña a los suyos, debe hacerlo. El New York Times es muy progresista. Se sitúa más del lado de Obama que del lado republicano, pero lo que ha pasado en Yemen con los drones -aviones no tripulados- que han matado a muchos civiles, no lo han pasado por alto. Hemos publicado reportajes muy duros en contra del Gobierno. Una de las bases de la democracia es que haya un periodismo crítico. En España está costando muchísimo que cuajen las iniciativas que trabajan en esta línea, porque enseguida intentan controlarlas. Para hacer un buen periódico necesitas dinero y si la gente que lo aporta tiene un color político muy claro y no te deja hablar en libertad, se acaba con el periodismo independiente.

¿En alguna ocasión ha dejado la cámara por auxiliar a la gente?

Somos personas, ante todo. Son muchas las veces que estás haciendo fotografías a la vez que estás ayudando a los heridos.

¿La lente le sirve de parapeto, le protege de lo que ve?

A mí no. Cada fotógrafo trabaja de una forma pero a mí lo que me resulta es involucrarme en lo que veo. Si estoy en Libia, Yemen o Irak y matan a una familia delante de mí, si tengo que llorar, lloro. Y prefiero soltar las emociones y no escudarme en mi condición de fotógrafo para no hacerlo. Del mismo modo cuando cae Mubarak, hubo momentos en los que dejé la cámara y me puse a celebrarlo con mis amigos egipcios. Si escondes esos sentimientos continuamente se pueden volver en tu contra.

Recordará el debate surgido por las duras imágenes publicadas del accidente de tren en Santiago. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre el derecho y deber de informar y el respeto hacia las víctimas y familiares?

No es fácil. Quizás el acierto sea no enseñar más de lo necesario para informar sobre lo que ha pasado. El trabajo del editor es fundamental. El debe elegir con tacto. Lo que sí tengo claro es que la ética que aplicamos hacia unos debemos exigirla para todos. No puede ser que llevemos a portada fotos de niños abiertos en canal en Gaza y que cuando publicamos fotos de un muerto español en Santiago nos llevemos las manos a la cabeza.

¿Qué es lo más duro de su trabajo?

Yo hago mi trabajo, me pagan por ello, vuelvo a casa donde me encuentro con mi familia. Lo más duro es ver la gente que se queda allí. Ellos son los que sufren. Lo duro es ver como mis amigos egipcios que lucharon por una transición ahora están masacrados por el Ejército y ver que mis amigos yemeníes sólo escuchan que Al Quaeda pretende asentarse en su país.

¿Y lo más peligroso de su trabajo?

No creo que tengamos que tener el punto de atención en eso. Lo verdaderamente importante son las víctimas que documentamos. En el momento en que un periodista se convierte en el centro de atención, nos convertimos en personajes mediáticos y nos equivocamos de papel.

¿Descoloca el cambio cuando vuelves a casa?

Vivo en un pueblo pequeño de 60.000 habitantes que es mi cueva para refugiarme de la sociedad. Porque sí que es verdad que cuando vives esas realidades, en las que te levantas por la mañana en sitios donde no hay agua, no hay comida pero estas rodeado de gente que siempre tiene un ánimo positivo, te desconciertan los lamentos continuos que oyes por aquí.

Usted ganó el premio World Press Photo en la categoría Photo of the Year de 2011 por la imagen que muestra como una mujer abraza a su hijo convaleciente tras haber sufrido un ataque con gases lacrimógenos. ¿La considera su mejor fotografía?

Pues no lo sé. No me había parado a pensarlo. Sinceramente esa foto me parecía muy clásica, plana, a nivel compositivo no tiene ningún secreto. Cuando el New York Times la presentó al certamen me sorprendió. Pero sí es verdad que ha producido emociones en mucha gente. Cuando se publicó la fotografía en el periódico, yo todavía no sabía quiénes eran los que salían en la imagen, pero me llegaron muchísimos e-mails de mujeres de todo el mundo que coincidían al identificar a la mujer, que aparece totalmente tapada, como la madre del chico. "Por la forma en que lo está cogiendo, es imposible que sea su hermana, o una enfermera , es su madre", me aseguraban en los correos. Es una historia bonita, que puedas transmitir ese sentimiento y que las madres lo entiendan, es muy gratificante.

sábado, 24 de agosto de 2013

Infancia (18) Infancia en guerra 2 Homs, infancia bajo sitio


'Homs, a generation under siege' es un corto documental producido por el grupo Basma en 2013 en la bombardeada ciudad de Homs, Siria, bajo extremas y peligrosas dificultades, para contar la historia de los niños sirios bajo el fuego del ejército de Al-Assad y con música del compositor y pianista sirio Malek Jandali. Emocionante.
 

Este corto documental (en inglés) ha sido producido por el grupo Basma en 2013 en la bombardeada ciudad de Homs, Siria, bajo extremas y peligrosas dificultades, para contar la historia de los niños sirios bajo el fuego del Ejército de Al-Assad y con música del compositor y pianista sirio Malek Jandali. 

Animales (26) Frágiles





"La verdadera bondad humana, con toda su pureza y libertad, puede ponerse en primer plano sólo cuando su recipiente no tiene poder. El verdadero examen moral de la humanidad, su examen fundamental (que yace enterrado profundamente lejos de la vista) consiste en su actitud ante esos que están a su merced: los animales. Y en este sentido la humanidad ha sufrido una derrota. Una derrota tan fundamental que todas las demás provienen de ahí." 
Milan Kundera 

"La verdadera grandeza de una nación, de una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales" Mahatma Ghandi

Extinción (29) El último día de Pompeya


La erupción del Vesubio, y la destrucción de dos ciudades costeras romanas, Pompeya y Herculano, el 24 de agosto de 79 d.c. ha quedado grabada como uno de los episodios más trágicos de la Historia. En menos de 24 horas las dos ciudades romanas y miles de sus habitantes fueron borrados de la faz de la tierra. Recordamos aquella fecha fatal a través de un documental de la BBC y la carta de uno de los testigos, el escritor romano Plinio el Joven al historiador Tácito, relatando los últimos momentos de la ciudad y de su tío, el también escritor, naturalista y militar Plinio el Viejo. Éste estaba al mando de una flota romana en Misenoal otro lado de la bahía de Napolés, pero decidió acercarse con su flota para investigar el fenómeno y desembarcar para intentar rescatar a una amiga, encontrando allí la muerte. Con aquel día de apocalipsis a la sombra del gran volcán les dejamos. 

Carta de Plinio a su querido Tácito, salud

[1] Pides que te escriba la muerte de mi tío para poder transmitirla a la posteridad con más veracidad. Te doy las gracias, pues veo que a su muerte, si es celebrada por ti, se le ha planteado una gloria inmortal.

[2] En efecto, aunque murió en la destrucción de unas hermosísimas tierras, destinado en cierto modo a vivir siempre, como corresponde a los pueblos y ciudades de memorable suerte, aunque él mismo redactó obras numerosas y duraderas, sin embargo la inmortalidad de tus escritos incrementará mucho su permanencia.

[3] En verdad considero dichosos a quienes les ha sido dado por obsequio de los dioses o hacer cosas dignas de ser escritas o escribir cosas dignas de ser leídas, pero considero los más dichosos a quienes se les ha dado ambas cosas. En el número de éstos estará mi tío, tanto por sus libros como por los tuyos. Por eso con mucho gusto asumo, incluso reivindico, lo que propones.

[4] Estaba en Miseno y presidía el mando de la flota. El día 24 de agosto en torno a las 13 horas mi madre le indica que se divisa una nube de un tamaño y una forma inusual..

[5] Él, tras haber disfrutado del sol, y luego de un baño frío, había tomado un bocado tumbado y ahora trabajaba; pide las sandalias, sube a un lugar desde el que podía contemplar mejor aquel fenómeno. Una nube (no estaba claro de qué monte venía según se la veía de lejos; sólo luego se supo que había sido del Vesubio) estaba surgiendo. No se parecía por su forma a ningún otro árbol que no fuera un pino.

[6] Pues extendiéndose de abajo arriba en forma de tronco, por decirlo así, de forma muy alargada, se dispersaba en algunas ramas, según creo, porque reavivada por un soplo reciente, al disminuir éste luego, se disipaba a todo lo ancho, abandonada o más bien vencida por su peso; unas veces tenía un color blanco brillante, otras sucio y con manchas, como si hubiera llevado hasta el cielo tierra o ceniza.

[7] Le pareció que debía ser examinado en mayor medida y más cerca, como corresponde a un hombre muy erudito. Ordena que se prepare una libúrnica1; me da la posibilidad de acompañarle, si quería; le respondí que yo prefería estudiar, y casualmente él mismo me había puesto algo para escribir.

[8] Salía de casa; recibe un mensaje de Rectina, la esposa de Tasco, asustada por el amenazante peligro (pues su villa estaba bajo el Vesubio, y no había salida alguna excepto por barcos): rogaba que la salvara de tan gran apuro.

[9] Cambia de plan y lo que había empezado con ánimo científico lo afronta con el mayor empeño. Sacó unas barcas con cuatro filas de remos y embarcó dispuesto a ayudar no sólo a Rectina, sino también a muchos (pues lo agradable de la costa la había llenado de bañistas).

[10] Se apresura a dirigirse a la parte de donde los demás huyen y mantiene el rumbo fijo y el timón hacia el peligro, estando sólo él libre de temor, de forma que fue dictando a su secretario y tomando notas de todas las características de aquel acontecimiento y todas sus formas según las había visto por sus propios ojos.

[11] Ya caía ceniza en las naves, cuanto más se acercaban, más caliente y más densa; ya hasta piedras pómez y negras, quemadas y rotas por el fuego; ya un repentino bajo fondo y la playa inaccesible por el desplome del monte. Habiendo vacilado un poco sobre si debía girar hacia atrás, luego al piloto, que advertía que se hiciera así, le dice: «La fortuna ayuda a los valerosos: dirígete a casa de Pomponiani».

[12] Se encontraba en Estabias apartado del centro del golfo (pues poco a poco el mar se adentra en la costa curvada y redondeada2) Allí aunque el peligro no era próximo pero sí evidente y al arreciar la erupción muy cercana, había llevado equipajes a las naves, seguro de escapar si se aplacaba el viento que venía de frente y por el que era llevado de forma favorable mi tío. Él abraza, consuela y anima al asustado Pomponio. y para mitigar con su seguridad el temor de aquél, le ordena proporcionarle un baño; después del aseo, se reclina3 junto a la mesa, cena realmente alegre o (lo que es igualmente grande) simulando estar alegre.

[13] Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche. Mi tío, para remedio del miedo, insistía en decir que debido a la agitación de los campesinos, se habían dejado los fuegos y las villas desiertas ardían sin vigilancia. Después se echó a reposar y reposó en verdad con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era bastante pesada y ruidosa debido a su corpulencia, era oída por los que se encontraban ante su puerta.

[14] Pero el patio desde el que se accedía a la estancia, colmado ya de una mezcla de ceniza y piedra pómez se había elevado de tal modo que, si se permanecía más tiempo en la habitación, se impediría la salida. Una vez despertado, sale y se reúne con Pomponiano y los demás que habían permanecido alertas.

[15] Deliberan en común si se quedan en la casa o se van a donde sea al campo. Pues los aposentos oscilaban con frecuentes y amplios temblores y parecía que sacados de sus cimientos iban y volvían unas veces a un lado y otras a otro.

[16] A la intemperie de nuevo se temía la caída de piedras pómez a pesar de ser ligeras y carcomidas, pero se escogió esta opción comparando peligros; y en el caso de mi tío, una reflexión se impuso a otra reflexión, en el de los demás, un temor a otro temor. Atan con vendas almohadas colocadas sobre sus espaldas: Esto fue la protección contra la caída de piedras.

[17] Ya era de día en otros sitios y allí había una noche más negra y más espesa que todas las noches. Sin embargo muchas teas y variadas luminarias la aliviaban. Se decidió dirigirse hacia la playa y examinar desde cerca qué posibilidad ofrecería ya el mar; pero éste permanecía aún inaccesible y adverso.

[18] Allí echado sobre una sábana extendida pidió una y otra vez agua fría y la apuró. Luego las llamas y el olor a azufre, indicio de las llamas, ponen en fuga a los demás. a él lo alertan.

[19] Apoyándose en dos esclavos se levantó e inmediatamente se desplomó, según yo supongo, al quedar obstruida la respiración por la mayor densidad del humo, y al cerrársele el esófago, que por naturaleza tenía débil y estrecho y frecuentemente le producía ardores.

[20] Cuando volvió la luz (era el tercer día, contando desde el que había visto por última vez) se halló su cuerpo intacto, sin heridas y cubierto tal y como se había vestido. El aspecto era más parecido a una persona dormida que a un cadáver.

[21] Entre tanto en Miseno mi madre y yo ... pero esto no importa a la historia, ni tú quisiste saber otra cosa que su final. Por tanto termino.

[22] Únicamente añadiré que he narrado todo en lo que yo había estado presente y lo que había oído inmediatamente, cuando se recuerda la verdad en mayor medida. Tú seleccionarás lo más importante; de hecho, una cosa es escribir una carta y otra escribir historia, una cosa es escribir a un amigo y otra a todos. Adiós.

Notas:
1. Tipo de nave ligera.
2. Ahí se forma un pequeña ensenada dentro del golfo de Nápoles, algo más pronunciada en aquel entonces. 3. En aquel tiempo no se sentaban a la mesa, sino que se tumbaban.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Periodismo y Periodistas (22) Días duros para la prensa en Egipto

Días duros para la prensa en Egipto


Las condiciones no pueden ser peores para la prensa en el Egipto de después del golpe. Por un lado, el grueso de la población, los partidarios de la expulsión de Mohamed Morsi y los islamistas del poder, recelan de la prensa extranjera y nos acusan a los corresponsales y enviados especiales de mentir y manipular, de haber comprado la versión islamista sin escuchar la voluntad del pueblo. Nos exigen que al golpe le llamemos “revolución” o “expresión de la soberanía popular”, y que escuchemos sólo a la mayoría.



Pistolas fuera en una manifestación en El Cairo / Foto: Reuters

Por otra parte, los Hermanos Musulmanes, hasta hoy recelosos de los medios y de mostrar sus resortes internos, tratan de atraerse a los reporteros con discursos repletos de palabras que suenan muy bien en occidente, como “democracia”, “libertad”, “representatividad” o “legitimidad”, tratando de sepultar los excesos del gobierno de Morsi bajo el peso de las urnas de las pasadas elecciones, y desligándose de los ataques islamistas contra iglesias, sitios arqueológicos y comisarías de policía.

En ambos bandos hay cada vez más animadversión hacia los medios. El lunes, en la morgue de Zeinhom, en El Cairo, donde se amontonan cientos de cadáveres a la espera que los forenses certifiquen la causa de defunción, la madre de uno de los islamistas fallecidos nos exigía a los reporteros que nos marcháramos. “Los cuerpos de nuestros hijos se han convertido en un espectáculo para el resto del mundo”, decía, enlutada y dolorida, exigiendo un respeto a su dignidad. Varios hombres que esperaban en la morgue amenazaron con quitar las cámaras fotográficas y televisivas de nuestros compañeros gráficos si no nos marchábamos. Lo hicimos, claro. “Informad de la verdad”, me gritó un joven de unos 30 años en la calle, mientras volvía al taxi que me esperaba. “Sois unos mentirosos. Contad la verdad. Hablad del terrorismo de la hermandad”, dijo.

Una situación igual de tensa vivimos en la plaza de Ramsés el viernes pasado, en el día de la ira islamista que fue más bien una jornada de caos y confusión. Un joven manifestante nos acusó a unos compañeros de ser espías, exigió a las personas a las que entrevistábamos que no nos hablaran y se marchó a por refuerzos, ante lo cual debimos abandonar corriendo las inmediaciones de la mezquita de Al Fatá, donde nos hallábamos. La acusación de espionaje es muy común en esas concentraciones, del bando que sean, y muy peligrosa cuando no hay agentes policiales o soldados para proteger al periodista. A nuestro compañero fotógrafo de Folha de Sao Paulo Joel Silva le dispararon a la cabeza. Sólo la suerte hizo que la bala le rozara la frente. Un vehículo militar se lo llevó de la plaza de Ramsés, a que recibiera atención médica.

Los ánimos están muy encendidos en ambos bandos, pero sobre todo en el de los que apoyan la deposición de Morsi. Se quejan de que no tratamos lo suficiente los actos de terrorismo de los islamistas, la quema de iglesias, los ataques a comisarías y agentes de policía. La presidencia y el ministerio de Exteriores han mantenido en días recientes ruedas de prensa para pedirnos a los periodistas que demos más peso a esas noticias. Las autoridades nos enviaron el martes un correo electrónico este martes en el que admitían que “Egipto siente una gran amargura hacia algunos medios de comunicación occidentales”, según ella por nuestra “sesgada cobertura parcial a los Hermanos Musulmanes, haciendo caso omiso sobre sus actos de violencia”.

La hermandad, por su parte, ha vuelto a la sombra. Es ahora muy complejo encontrar a los portavoces y oficiales de la cofradía que hasta hace una semana hablaban abiertamente con todos los periodistas que se acercaran al campamento de Raba al Adauiya en El Cairo, ya desmantelado. Según me comentaba hace poco el portavoz de la hermandad, Gehad el Haddad, han vuelto a su “zona de confort”, a la clandestinidad impuesta durante tantas décadas, en las que se mantuvieron tan alejados de los medios como pudieron. Es imposible saber de sus planes, de sus preparaciones para el futuro, de su postura oficial precisamente sobre esos ataques sectarios contra cristianos o de la reciente matanza de agentes policiales en el Sinaí.

Lo único a lo que podemos recurrir los periodistas es a contar las cosas tal y como los vemos, a hablar con la gente, a transmitir nuestras impresiones, sin más. Un golpe es un golpe, y una matanza es una matanza. Las quemas de iglesias son atrocidades sectarias. Y las cosas en Egipto no son en blanco y negro, sino en una turbia escala de rojos, que avanza confusa, dejando atrás los hechos, solo los hechos.

martes, 20 de agosto de 2013

Comida (17) 'La surconsommation'



La surconsommation désigne un niveau de consommation situé au-dessus de celui des besoins normaux ou d'une consommation moyenne. (El sobreconsumo o consumismo designa un nivel de consumo por encima de las necesidades normales o de un consumo promedio.) 

Seis inquietantes minutos de imágenes que hablan por sí solas de en qué hemos convertido nuestra alimentación y el trato con los animales, seres emocionales y sufrientes, que sirven de comida a una humanidad voraz que lo consume todo. 

viernes, 16 de agosto de 2013

Animales (25) El olinguito

Su nombre es olinguito, mide 35,5 cm, con una cola de 38 cm y pesa unos 900 gramos, come principalmente frutos, insectos y néctar, de gustos nocturnos y solitarios, vive en los bosques de niebla de Colombia y Ecuador y el protagonista de un importante descubrimiento científico al tratarse de la primera nueva especie de carnívoro que se identifica en el hemisferio occidental en 35 años. Este nuevo miembro de la familia de los prociónidos (la misma que los coatíes o los mapaches) fue presentado en Washington este jueves por el hombre que lideró la investigación, Kristofer Helgen, un zoólogo del Museo de Historia Natural del Smithsonian, que alberga la colección más grande de mamíferos del mundo. Según el Smithsonian, esta es una criatura misteriosa que ha sido víctima de una identidad equivocada por más de 100 años. Tras una década de investigación, expediciones y análisis, Helgen logró el reconocimiento de este carnívoro como nueva especie. El viaje para descubrirlo llevó a los científicos desde las profundidades de un museo en Chicago a los bosques de niebla de Sudamérica y de ahí a laboratorios genéticos de Washington. En este video de BBC Mundo su descubridor nos habla de ello. Damos pues la bienvenida a la ciencia humana a este peludo y lindo animalito que hasta ahora estaba muy bien sin ser conocido y deseando que pueda seguir viviendo libre en su amenazado hábitat,  como siempre ha hecho. 


miércoles, 14 de agosto de 2013

Planeta Tierra (11) La respiración del planeta

Este espectacular y sencillo GIF tiene un efecto poderoso al secuenciar todo un año de cambio climático en apenas un instante. El año apenas una inhalación y una exhalación que cubre y descubre de nieve y vegetación. Basándose en datos de la NASA, John Nelson visualizó “el pulso anual de la vegetación y el hielo”, una hipnótica repetición que nos dice en su simpleza una enormidad de cosas. Sin duda una de las mejores formas de imaginar que la Tierra es también organismo, que respita y palpita de la misma manera que lo hace cada ser. EcoIsla


sábado, 20 de julio de 2013

Corrupción y Fraude (10) 'F for Fake', de Orson Welles


Ya en nuestro primer post sobre los fraudes abordábamos el fraude financiero (con el caso de Bernard Madoff on fire), el fraude en la guerra (en ese caso, la guerra de Irak, puro fraude desde el comienzo, además de otras cosas), en el fútbol (con el por entonces presidente del Real Madrid Ramón Calderón) y también en el arte, donde hablábamos de Henricus Antonious van Meegeren o Elmyr D'Hory. Este último es uno de los protagonistas del documental "F de Fraude" ("F for Fake", 1973) del genialoide cineasta Orson Welles, un apabullante ejercicio metacinematográfico sobre el fraude propio (aquella memorable ficción radiofónica "La guerra de los mundos" que aterró Estados Unidos en 1938) y ajeno, un laberinto que combina documental, ficción y apariencia de ambas. Muy recomendable. 

"Obra maestra (...) el maestro mezcla ficción y realidad para soltar un discurso sobre las falsificaciones y el arte que sigue siendo igual de válido que cuando se montó (nunca mejor dicho, la edición de la película sigue siendo impresionante)." Toni García: Diario El País

'F for Fake'

Texto: Miquel (FilmAffinity)

Obra singular, escrita, protagonizada y dirigida por Orson Wlles. Se rodó en Ibiza (España), EEUU, Toussaint y otras localidades de Francia. La acción principal, la del narrador, se desarrolla en 1973, en localidades de Francia, Irlanda, España y EEUU. La narración contiene una lúcida reflexión sobre los límites, imprecisos y complejos, que separan la verdad de la mentira, la realidad de la ficción. Tras el elogio a la magia, se explican fraudes célebres por su trascendencia, autoría o ambigüedad. Se refiere a Elmyr de Hory, pintor especialmente dotado para la imitación de grandes maestros, como Modigliani, Matisse, Van Dongen y Picasso; a Clifford Irving, autor de la falsa biografía de Howard Hughes; a las falsedades que jalonaron la vida de Howard Hughes; al programa radiofónico, de 1938, sobre el falso ataque alienígena a la tierra; y a otros fraudes.

La película combina fragmentos documentales y fragmentos de ficción, en un relato que contiene una interesantísima exploración de la combinación de verdad y mentira, certezas e incertidumbres, que se da en la vida, la realidad social, los relatos y biografías e, incluso, en el arte. La expresión más elevada de la acción humana, el arte, se apoya legitimamente en la ficción para provocar goce espiritual y emoción estética. La falsedad de la pintura se basa en el uso de pigmentos de escaso grosor, que producen imágenes que evocan realidades (perspectiva, profundidad, movimiento) que no están en el cuadro. Los actores dramáticos crean la ilusión de unos personajes que no están en el escenario. En el mundo nada es sencillo, ni siquiera el fraude. El autor exalta el valor de la ficción, acepta la complejidad de la verdad y rechaza el fraude basado en afanes de lucro ilegítimo. El mayor mérito de Elmyr de Hory, presunto falsificador, consistió en quebrar la creencia en la infalibilidad de los expertos en arte, dictadores de la autoría de grandes pintores. El mayor mérito del arte consiste en que "es una mentira que nos hace descubrir la verdad".

La música, de Michel Legrand, refuerza el relato con melodías coloristas, brillantes y variadas. La fotografía adopta el formato documentalista con filmaciones de los actores y del narrador. Éste, mientras pasea por un parque otoñal, sirve imágenes de singular belleza, que evocan una atmósfera grata, pero ambígua. El guión tiene la complejidad y la riqueza de la reflexión que se propone. Los interrogantes, las preguntas y las dudas, golpean con fuerza el ánimo del espectador. Los actores tienen intervenciones acertadas, pero breves frente a la omnipresencia de Welles, actor y narrador. Su intervención, pausada, es magnífica. La dirección, en plenas facultades, exhibe maestría, inteligencia y originalidad.

La película plantea un tema trascendente, similar en parte al de "Rashomon", de Kurosawa. No apta para mentalidades simples, afectas a verdades absolutas y opuestas a la complejidad y relatividad de las cosas.