jueves, 20 de octubre de 2016

Miedo (7) El miedo en tiempos de ETA

Hoy que se cumplen cinco años del anuncio del fin de los atentados por parte de la banda terrorista ETA conviene que no olvidemos lo que muchas personas tuvieron que sufrir durante demasiados años en Euskadi. El miedo, un miedo que se metía en los huesos de tantas personas amenazadas de muerte por su profesión, por lo que decían, por lo que pensaban, por el 'algo habrá hecho', miedo porque les vieran tener miedo. Una época terrible en la historia de nuestro país, una época que aún es una asignatura pendiente en el País Vasco. 

Viviendo con los etarras


Recuerdo de pequeño un miedo de otra época, el pánico nuclear, aunque siendo niño era como un juego. Te daban tebeos de Protección Civil con dibujos que explicaban qué era un hongo atómico y cómo debía ser un refugio, aunque por supuesto no conocía a nadie que tuviera uno. Viví en Caracas en los noventa y era considerada una de las ciudades más peligrosas del mundo. También las he pasado putas alguna vez en la montaña, porque hacía alpinismo. Es donde conocí el sentido de la expresión cagarse de miedo. También estuve una vez en un curso de exorcistas. Pero si lo pienso bien donde más miedo he pasado yo ha sido en Bilbao, cuando vivía allí. Tenía miedo de que me mataran.


Cuando alguien te puede querer matar sin conocerte, sin haber hecho nada, es una sensación muy desconcertante. En mi caso, porque me dieron trabajo en un periódico, El Correo, que para estos chicos de ETA era parte del bando enemigo. No se preocupen, no voy a hablar del «conflicto», quería describir cómo te funciona la cabeza cuando tienes miedo. Cuando sales de casa cada mañana y automáticamente enciendes todas las alarmas. Miras a derecha e izquierda, te aseguras de que no haya nadie extraño. Te haces especialista en mirar con el rabillo del ojo, a esas sombras que se mueven a tus espaldas. Una amiga que hacía meditación, rollos budistas y cosas así, me contaba que con la práctica llegabas a desdoblarte, a verte a ti mismo desde fuera, y que el punto exacto era detrás de ti, a la altura de nuca. Pues bien, en el País Vasco muchos lo lograban a pelo, sin meditación, que para eso algunos eran de Bilbao. Te veías siempre desde atrás. Tu nuca te llegaba a obsesionar, sentías una sensación constante, porque es donde disparaban. Tu nuca era lo que veías mientras caminabas por la calle, como con una cámara que te siguiera, y es lo último que vería tu asesino, si un día llegaba, antes de pegarte un tiro.

Se te ocurrían más cosas raras, razonabas de forma muy particular. Por ejemplo, llovía y decías: «Ah, mejor, porque el asesino no se querrá mojar, es un incordio, esperará a otro día que haga bueno, hoy puedo estar más tranquilo». Empezabas a hacer memoria para recordar si había habido atentados en días de lluvia y lo valorabas como un factor de disminución de riesgo. Pero siempre recordaré la imagen del cadáver de José Luis López de Lacalle, cubierto con una sábana, con el paraguas abierto al lado. Fue el 7 de mayo de 2000, en Andoain. Era un columnista de El Mundo. Había pasado cinco años en la cárcel con Franco y luego aún tuvo que seguir aguantando fascistas en su pueblo.

Lo peor era coger el coche. Aunque peor era a veces tener que caminar por la calle y usar los transportes públicos, mezclarse entre la gente. Eras más vulnerable, porque entre la gente podía esconderse alguno de ellos, así que el coche era el mal menor. Cada mañana tenías que llevar a cabo un ritual incomodísimo: mirar debajo del coche. Porque no es tan sencillo, te tienes que despatarrar por el suelo o hacer un ejercicio de contorsión una vez sentado al volante. Yo tampoco entiendo de coches y la parte de abajo me parecía siempre un amasijo extraño de hierrajos. ¿Cómo narices iba yo a distinguir una bomba? No, no, te decían, si la hay la ves de inmediato, canta mucho. Yo miraba y remiraba y al final me decía: «Bueno, parece que hoy no hay nada».

Estabas seguro, pero en el momento de girar la llave cada mañana siempre te quedaba un hilo de duda, por la posibilidad de haber mirado mal, de que hubieran inventado un nuevo tipo de explosivo que se veía menos, lo que fuera. Nunca estabas seguro. En ese instante te pasaba por la cabeza, pero casi como de lejos, la idea de que quizá en el siguiente instante fueras a morir, y pensabas a toda velocidad una secuencia de reflexiones fugaces de lo más inconexo, irracional y a veces simplemente estúpido: ¿Qué me voy a perder?-¿Cómo ha sido mi vida?-No me he despedido de nadie-Me gustaría volver a ver a no sé quién- En el fondo da igual todo-Joder, hoy no me viene bien que tengo que ir al médico-Qué chorradas digo-Si da igual todo-No, cojo el autobús-Es que llego tarde-A la mierda. Clic. Al segundo siguiente oías el motor y ya se te olvidaba. Volvías a pensar en tus cosas. Pero sin ningún énfasis existencial especial, era la normalidad. Un delirio. Luego leías, por ejemplo en febrero de 2002, que un chico casi de tu edad y de Bilbao había recorrido diez kilómetros con una bomba lapa pegada en su coche, sin enterarse, hasta que estalló y le dejó sin una pierna. Era Eduardo Madina, militante socialista, que hacía prácticas en una empresa y era jugador de voleibol.

Arrancar el coche, además, tenía también su responsabilidad con los que te rodeaban. No quiero ni pensar lo que debía de ser para quien llevara los niños al colegio. Yo, tras asegurarme de que no había bomba, esperaba por si acaso a que no pasara nadie, no fuera que sí que hubiera y la jodiéramos y encima matara a una pobre señora que iba a por el pan. Bueno, yo no, la matarían esos hijos de puta, pero qué me costaba a mí estar atento, etcétera. Insisto, un delirio. Cogías costumbres que luego ya no te abandonan, como dónde sentarte en un restaurante y olisquear el correo y los paquetes, a ver si olían a almendras amargas. Decían que ese era el aroma del explosivo, aunque nunca he logrado saber cómo huelen las dichosas almendras, y encima amargas. Todavía lo hago por deformación y mi mujer me mira como si estuviera loco.

Pero lo más demencial era que el mero hecho de mirar debajo del coche era en sí otro factor de riesgo. Es decir, si alguien te veía mirar debajo del coche se quedaría con la mosca detrás de la oreja: «Uy, ¿por qué mira este debajo del coche?». De inmediato comprendería lo que pasaba y pensaría que yo era algo. Algo, es decir: policía, magistrado, político, profesor, periodista, electricista, lo que fuera pero, en resumen, amenazado. Formabas parte de una subespecie o grupo social perseguido. Si te iba bien el vecino podría pensar que pobrecillo y ahí se quedaba la cosa. Pero si era alguien de los otros, y de los malos, podías darte por jodido. Se quedaría con el toque, podía comentarlo, se acabaría sabiendo en el barrio, la voz quizá llegaría a oídos de alguno de estos cabrones y a lo mejor te echaban el ojo. Es decir, se daba la diabólica paradoja de que podías no estar amenazado y de que nadie supiera quién eras, pero el solo hecho de tomar precauciones podía llegar a convertirte en sospechoso. Como andabas con cuidado —y aquí aparece una de las frases míticas de la época—, pensaban: algo habrá hecho. Tenías miedo de que te vieran tener miedo.

Para mirar debajo del coche simulabas que se te caían las llaves, pero claro, que se te cayeran todos los puñeteros días era inverosímil. Por la noche, cuando volvía del periódico o de tomarme unas copas, solía buscar sitio para aparcar en calles poco frecuentadas, para que al día siguiente fuera más fácil mirar. Pero es que en mi barrio lo de aparcar era un drama y si tenías la suerte de encontrar un sitio no podías hacerle ascos. Más de una noche he estado ahí parado con el coche, en medio de la calle y cayéndome de sueño, pensando qué hacer: ¿aparco o no aparco? A tomar por culo, y aparcabas. Al día siguiente volvías a coger el coche, pasaba mucha gente por allí y te maldecías: «Joder, tenía que haber aparcado en otro sitio». Y vuelta a empezar.

Lo que más me fastidiaba, de todos modos, era que el trabajo, donde te pasabas horas, se había llegado a convertir en el lugar más confortable, porque era seguro, había controles, vigilantes, cámaras, te sentías a salvo. Como en casa. Lo malo era ir de uno a otro sitio, los desplazamientos, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Era como correr de refugio en refugio.

Cuento todo esto pero en realidad entonces hablaba poco de ello, lo tenías interiorizado, asumido, estas preocupaciones no se compartían mucho. Hablabas de vez en cuando con los colegas, pero lo evitabas para no aumentar las preocupaciones. Y no se confundan, yo era el último mono, con un riesgo muy marginal. Y en una ciudad grande, en un pueblo pequeño lo llevabas claro. Y tenía veintipico años, era más alocado, era soltero. Me comería el coco una millonésima parte de lo que lo hacía alguien con familia, con niños, con nietos, un policía, la mujer de un guardia civil, un magistrado, un militante del PP o del PSOE o alguien que hubiera aparecido en las listas. Aparecer en las listas. Era otra expresión de esos años: «Fulanito ha aparecido en las listas», te decían con gravedad, como si le hubieran diagnosticado un cáncer. Ocurría cuando desmantelaban un comando o detenían a un etarra con papeles encima con listas de objetivos. A veces eran simples enumeraciones de nombres, pero allí podías estar tú, sin saber por qué. A veces sacaban los funcionarios mecánicamente de los nombramientos del BOE. Que yo sepa yo no aparecí en ninguna lista, aunque me citaron en algún libro como responsable de la «criminalización de la juventud vasca» por un artículo que hice, siendo becario, sobre la kale borroka. Sí aparecieron en las listas compañeros míos. Sí mataron e intentaron matar a compañeros míos. Todos mis directores han ido siempre con escolta y con amenazas muy serias de atentado. Ser director de un periódico a mí ya me parece una locura. Con escolta, no quiero ni pensarlo.

Quien iba con escolta era una especie de apestado. Si te cruzabas con uno por la calle notabas cómo la gente se apartaba disimuladamente, no sea que le cayera a él un tiro. Acercarse a estas personas era como ponerse a tiro, físicamente, entrar en una zona de riesgo. Si comías con alguien amenazado, con la escolta apostada en la puerta del restaurante, no podías dejar de pensar, con un egoísmo instintivo, que si pasaba algo a ti te pillaría en medio. Luego te alejabas de ese campo magnético infernal con un alivio culpable, sintiéndote un cobarde, y dejabas ahí solo al ser humano que vivía dentro, siempre así, cada día. Profundamente solo, pero sin poder estar solo ni un minuto. Una pesadilla. No solo eso, es que encima se les miraba mal. Yo he visto cómo se dejaba de invitar a un familiar con escolta a un bautizo porque parte de los parientes, abertzales, no quería esa gente con pistola por allí, estropeando la fiesta. El propio escolta, de por sí anónimo, era otro ser despersonalizado en la imaginación colectiva. Y también morían, como en Vitoria, el 22 de febrero de 2000, con la bomba que mató a Fernando Buesa y su escolta, el ertzaina Jorge Díez.

Años después, en junio de 2008, pusieron una bomba en la rotativa de mi periódico. Esta fue la reacción de solidaridad del lehendakari, Juan José Ibarretxe, del PNV: «Los medios de comunicación no siempre aciertan a presentar sus respectivos relatos informativos. Pero sean cuales sean las valoraciones que todos tengamos sobre la veracidad con que se presentan las noticias, los que creemos en la democracia estaremos siempre radicalmente en contra de quienes utilizan la violencia». Con amigos como estos quién quiere enemigos. Pero este tipo de estupideces entonces salían gratis, y hablamos de 2008, antes de ayer. El PNV también ordenó a sus afiliados, por carta, ahí está escrito, que no compraran mi periódico, El Correo, ni insertaran publicidad, porque éramos el enemigo. Era septiembre de 1996, yo acababa de llegar a Bilbao y creía haber aterrizado en Corea del Norte. Son cosas que hoy parecen inconcebibles. Lo malo es que entonces ya lo eran, pero no recuerdo especiales muestras de solidaridad. Mucha gente sensata del PNV luego, obviamente, hacía lo que le daba la gana y te contaba su contrariedad, pero en privado. Entrabas en un despacho oficial y tenían el diario escondido en el cartapacio de la mesa. Pero luego había orden en todas las instituciones de colgarte el teléfono, incluidas las oficinas de prensa. Fueron, en la jerga de entonces de la redacción, los meses del boicot. Pero lo cierto es que subieron las ventas, se les pasó la tontería y aquí no ha pasado nada.

Fue justo en esa época, meses después, en julio de 1997, cuando llegó uno de los momentos de mayor angustia con el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, de veintinueve años, concejal del PP en Ermua. Significaba que podían matar a cualquiera con un mínimo de valor simbólico. A eso quedabas reducido, a una especie de logotipo con piernas. Bastaba tener relación, por débil que fuera, con alguna de las manías de los etarras. Miguel Ángel Blanco, otro chico más o menos de mi edad, era un chaval que se había metido a concejal en un pueblo. Tocaba la batería en un grupo. Le secuestraron cuando bajaba del tren para ir a trabajar. Nosotros pensábamos lo mismo: si quieren matar a un periodista, para lanzar un mensaje —quedabas cosificado como papel de avisos—, a lo mejor no van contra uno de los jefes, que llevan escolta y son más difíciles. No, vendrán a por uno de nosotros. Esta era otra constatación esencial: iban a lo fácil. Si te vigilaban y veían que lo tuyo presentaba alguna dificultad, porque a lo mejor tomabas precauciones, pasaban a otro. Cuántas veces he imaginado yo a mis hipotéticos perseguidores para intentar meterme en su cabeza y prevenir tácticamente sus movimientos. Otro delirio: ¿si yo me quisiera matar a mí mismo, cómo lo haría? Pensabas dónde podía ser más fácil, a qué hora del día, de qué manera. Era un juego diabólico. A veces incluso pasabas el rato, sin darte cuenta, planeando tu propio atentado.

Era una atmósfera de terror sutil y cotidiano muy difícil de explicar, que a mí me parece un material dramático de primer orden y, sin embargo, he visto utilizar poquísimo en España en películas o libros. Habrá algunos casos que no conozco y hay excepciones, como los magníficos cuentos de Fernando Aramburu, pero creo que aún no se ha contado bien. Y se debe contar bien, porque si no es como si no hubiera pasado. El humor ha estado bien, los ocho apellidos vascos y demás, para aliviar la tensión acumulada, pero hay que ir más allá, porque no solo era ridículo, por encima de todo era trágico. Aún hoy, cuando voy al País Vasco, me asombra cómo se la cogen algunos con papel de fumar para hablar de los años del terror, el uso políticamente correcto de una semántica rebuscadísima para no ofender a unos pero tampoco a otros, las presuntas dificultades retóricas para contar lo que ha ocurrido, cuando todo está bastante claro.

El País Vasco era un régimen perfectamente mafioso, y sé de lo que hablo porque vivo en Italia y sé un poco de la Mafia. Todo el mundo tendía al anonimato, a la neutralidad, a no destacar, a que se supiera lo menos posible de ti, de lo que pensabas. Para señalarse, bastaba eso, decir lo que pensabas. Así que la gente procuraba no pensar demasiado. Suicidarse era fácil: bastaba hablar en voz alta contra ETA, en el bar y no digamos ya en la tele. Pero casi todos hablaban en voz baja, o no hablaban. Por eso había poquísimos famosos vascos que hablaran del tema. En eso no tenían opinión. Reinaba un gran silencio. Hoy puede chocar, y no estoy tan seguro, y espero que algún día lo haga, pero se miraba para otro lado mientras mataban gente en la calle todos los días. Qué sé yo, los jugadores del Athletic de Bilbao o de la Real Sociedad, ídolos de los niños, con su prestigio social para las obras benéficas y la defensa de los valores, condenaban la violencia en el fútbol, pero lo otro no, era política. Les comprendo, si uno hubiera abierto la boca le habrían hecho la vida imposible. Era mejor no meterse en líos. O pagar en silencio el impuesto revolucionario, para que no te quemaran el negocio.

El año pasado en Bilbao, en la presentación de mi libro sobre la Mafia, me preguntaron exactamente eso: que si no he pasado miedo con eso de hablar de la Mafia. Contesté esto que he dicho ahora, que en realidad yo había pasado más miedo cuando vivía en Bilbao. Se produjo ese silencio de «uyuyuy lo que ha dicho». Todavía hoy, era 2014. Y al salir una señora, una conocida, va y me dice con retintín que no sabía que yo había pasado tanto miedo cuando vivía en Bilbao. No te jode, pensé, es que algunos no os enterabais de nada. O no se querían enterar. Quien tenía una profesión segura, militaba en un partido seguro, tenía opiniones seguras, vivía muy ajeno a estas paranoias. Son ya célebres las palabras de Ibarretxe ante la cama de un hombre que se había salvado de milagro de un tiro a bocajarro en la cara: «Hombre, que en el País Vasco se vive muy bien». Se lo decía, para quitarle hierro al asunto, al hijo del herido, que vivía fuera y se quejaba de la situación. Era septiembre de 2000. El hombre que yacía a dos metros con el rostro destrozado era José Ramón Recalde, profesor universitario, que con Franco pasó un año en la cárcel y fue torturado. Luego, en democracia, también le tocó seguir soportando fachas.

Realmente a muchos en el País Vasco, viviendo tan bien, ni se les pasaba por la cabeza que les pudiera tocar a ellos, porque tenían una especie de inmunidad. Solo se arriesgaban con la lotería de que te pillara un bombazo pasando por allí, pero paciencia, las probabilidades eran bajas, y de todos modos sería una trágica fatalidad. Habría sido sin querer. De ahí el desconcierto de algunos cuando en agosto de 2000 ETA asesinó a Jose María Korta, presidente de la patronal guipuzcoana y de ideología abertzale. «ETA ha matado a uno de los nuestros», dijo entre lágrimas de rabia el diputado general de Guipúzcoa, Román Sudupe, del PNV. Pasaba el tiempo y cada vez la línea roja de seguridad era más pequeña. Quedaba más gente fuera que dentro. En enero de 2001 mataron, por ejemplo, a un cocinero, Ramón Díaz. Cocinaba en la comandancia de Marina de San Sebastián.

Que te odiara gente que ni te conocía a mí se me hacía rarísimo. No tenía ningún sentido. A mí lo abstracto es que me da dolores de cabeza: te veían desprovisto de humanidad, como un símbolo o una categoría a eliminar. En ese sentido era una especie de genocidio, pero muy curioso, porque era contra su propia raza y su propio pueblo. Los documentos y comunicados de ETA son una cosa de tratado de psiquiatría. Doctrinas majaras como la de «socializar el sufrimiento». Por lo visto, idealmente, cuando mataran a todos, como Pol Pot, con los cuatro que quedaran aquello iba a ser el puto paraíso en la tierra. Si en Euskadi ya vivíamos bien no quiero ni imaginar lo que iba a ser para entonces, un musical de Broadway con boinas y camisas de cuadros de leñador.

¿Por qué? No había una respuesta comprensible. Y con las que te daban ellos te meabas de risa. La represión. Uf, vivían reprimidísimos ellos. Los que les jaleaban podían pasear felices por la calle, estaban tranquilos. En cuanto a los que no se querían enterar, también ellos te desprendían de tu humanidad por no ponerse en el lugar de su vecino. No era su problema. Por eso sigo pensando que la sociedad vasca, con toda su salud económica y su bienestar, es una sociedad muy enferma. Lo primero es reconocerlo, como en alcohólicos anónimos. Muchos no veían la carne que sufre, solo construcciones mentales.

A veces recuerdo esos adolescentes que en vez de pensar en sexo, como cualquiera de su edad, andaban maquinando conspiraciones y como momento culminante de su vida tienen una noche en que quemaron un autobús con cócteles molotov durante las fiestas patronales de su pueblo. Qué emoción, se sentían como Robin Hood y juraría que hasta veían por ahí al sheriff de Nottingham. Y luego, hala, a chuparse cinco, seis años de cárcel, el corazón de su juventud. Y toda esa gente pudriéndose entre rejas por una especie de alucinación colectiva. No sé qué pensarán ahora de su vida y de cómo la cagaron. Desde luego no lo dicen.

Sobre el desinterés, debo decir que yo, en principio, me sentía muy ajeno a toda esta movida. Mi familia es vasca, pero llegué a Bilbao de fuera y ser de un sitio o de otro, presumir del cocido de tu pueblo, el patriotismo y las banderas, me traen absolutamente sin cuidado. Así que figúrense una bandera que se inventó un señor a finales del siglo XIX con un dibujo de cruces en un folio. Tampoco quise hacer la mili ni la prestación social sustitutoria. Me fastidia que me obliguen a hacer cosas, por principio. Bueno, me emociono en Casablanca en la escena de «La Marsellesa» ante los nazis. Pero es que ante un nazi, como con ETA, uno sí toma partido, como Rick. Si te obligan, por llevar la contraria, te pones del lado del perseguido. Y por favor, repito, que no me vengan con la represión. Sí, sí, no se preocupen, añado a todo correr que me parecen muy mal las torturas, por supuesto el GAL y, faltaría más, el franquismo. Pues claro, como a cualquier persona normal.

Hay problemas reales y problemas imaginarios. Bastante tenemos con los reales como para marearnos con los imaginarios. Si encima te marea otro con los suyos, peor. A mí me da igual la independencia de Euskadi, tengo otras cosas en qué pensar, pero si a alguien le entusiasma, por mí estupendo, como si se la machaca. Estos no solo se la machacaban, todo el día con su paranoia, sino que encima te volvían loco a ti y si te iba mal hasta te pegaban un tiro. Etarras, majos, no solo es que fuerais unos paletos y niñatos asesinos, es que fuisteis un auténtico coñazo. Ese sí, soberano.

martes, 18 de octubre de 2016

Océanos (16) Mala pesca: la depredación pesquera en Chile


¿Por qué nuestra costa es tan rica en peces?; ¿Cómo hicieron sus imperios, las familias que hoy controlan la pesca?; El Estado, ¿también les pasó plata?; Crímenes en alta mar y mentiras en los muelles y pesqueras ¿Quién fiscaliza?; ¿Por qué, gente como Eduardo Frei, Ricardo Lagos, los Hermanos Andrés y Adolfo Zaldivar y Pablo Longueira, pueden ser considerados criminales de lesa humanidad?; ¿Por qué debemos comer pescado? (...) ¿Por qué el mar debe estar para nuestras necesidades y no para el enriquecimiento de unos pocos? Para nuestra civilización los océanos no son más que una fuente de recursos y un basurero de residuos que pensábamos utilizar para explotar indefinidamente.  Nos equivocamos, hoy asistimos al colapso de todas las pesquerías del mundo, y justo frente a la costa chilena se agota la última de ellas.

'Mala pesca' es un documental chileno del año 2012 que denuncia la brutal sobrepesca que han sufrido las aguas chilenas en las últimas décadas, así como la codicia de los grandes grupos económicos y empresariales del país y también internacionales, que han depredado sus aguas en perjuicio de la flota artesanal. Mala Pesca es una expresión que bastantes pescadores y trabajadores de la pesca artesanal ocupan recurrentemente y que tiene como telón de fondo la extinción de los recursos marinos. 

Para los trabajadores del mar, cada vez es más común tener que internarse más tiempo en las aguas buscando pesca y para la comunidad, el pescado cada vez se aleja más de su dieta, como si fuera una paradoja para quienes viven con una inmensa costa, que se supone está bajo su soberanía.

Es de recalcar que la industria pesquera chilena está concentrada en diez familias que controlan casi el 80% de toda la pesca en la costa chilena, pagando míseros impuestos por el saqueo que cometen. Todo ello ha provocado que especies como el jurel, sardinas y anchovetas hayan prácticamente desaparecidos en las otrora llenas de vida costas chilenas. Trillones de seres engullidos por la codicia y gula humanas, que han llevado al borde del colapso los ecosistemas marinos a lo largo de los más de ocho mil de kilómetros de la costa del Pacífico chileno. 


martes, 4 de octubre de 2016

Mujeres (17) 'Él me llamó Malala', de David Guggenheim


Un íntimo retrato de la Ganadora del Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, que fue señalada como objetivo por los talibanes y sufrió graves heridas por arma de fuego cuando regresaba a su casa, en el Valle de Swat (Pakistán), en su autobús escolar. La entonces adolescente de 15 años fue señalada, junto con su padre, por manifestarse a favor de la educación de las jóvenes. El ataque que sufrió provocó la protesta de quienes la apoyaban en todo el mundo. Sobrevivió milagrosamente y es ahora una destacada defensora de la educación de las jóvenes en todo el mundo, como cofundadora de la Fundación Malala. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Memoria (26) 'Un día vi 10.000 elefantes': una memoria de Guinea Ecuatorial


 
 
"Fantástico ejercicio de memoria y de negror nostálgico (...) aliñado por una lírica y finísima crítica al colonialismo, (...) Película muy curiosa e ilustrativa" Oti Rodríguez Marchante: Diario ABC

"Es un interesante acercamiento al colonialismo en Guinea (...) parte de un cierto onirismo para alcanzar una memoria crítica en las antípodas de la nostalgia." Javier Ocaña: Diario El País

"Hermosa e inclasificable opera prima alumbrada tras más de quince años de investigación histórica y formal (...)" Sergio F. Pinilla: Cinemanía

En  esta película, dirigida por Alex Guimerá y Juan Pajares en 2015 en la que Angono Mba, un octogenario guineano, rememora desde el salón de su casa la expedición en la que hizo de porteador para el cineasta madrileño Manuel Hernández Sanjuán y su equipo, que los llevó entre 1944 y 1946 a recorrer la Guinea española, documentando la vida en la colonia y buscando un misterioso lago, donde según contaba una leyenda africana, se podían ver 10.000 elefantes juntos. 

Narrativamente, la película está a caballo entre el relato histórico, la ficción y el documental y formalmente, combina la imagen real, la fotografía y la animación para componer una velada crítica a la injusticia flagrante del colonialismo y una nueva y original perspectiva a algunos de los problemas que pervierten nuestras sociedades actuales como las desigualdades sociales, la xenofobia y las hirientes diferencias entre primer y tercer mundo.

De  la obsesión del cineasta español por encontrar aquel lago, de las aventuras propias de una expedición por aquel lugar desconocido y de los sentimientos contradictorios de ambos personajes, surge esta fascinante historia de pasión por África, el pasado y la memoria. 
 
 
 
Making of 'Un día vi 10000 elefantes'


jueves, 8 de septiembre de 2016

Planeta Tierra (22) 'Terra', de Yann Arthus-Bertrand


'Terra' narra la historia de la vida. Yann Arthus-Bertrand y Michael Pitiot nos revelan la formidable epopeya del vivir. Desde los primeros líquenes hasta los bosques gigantes, empezando por los monos de la jungla y hasta llegar a los grandes animales míticos de la sabana. En apenas 10 000 años, la vida terrestre ha sufrido un profundo cambio a causa del formidable desarrollo de la humanidad. La actual sociedad de los hombres se encuentra cada vez más sola en la Tierra. ¿Qué podemos apreciar aún del mundo viviente que nos rodea? ¿Cómo han evolucionado en él las relaciones? Terra es un viaje dentro de la historia del ser vivo, ahondando en la búsqueda del animal que llevamos dentro. Es, sin duda alguna, el encuentro de la propia humanidad. 

Terra no es un documental animal, ni un film de investigación militante. Terra es un ensayo, en el sentido literario de la palabra, sobre la especie humana y su vínculo con todo lo que cobra vida. Proponiendo reanudarse con el respeto hacia la vida salvaje, TERRA pretende ser una oda a la especie humana, una película humanista y voluntariamente positiva, para mostrar que la humanidad es aún capaz de “recuperar la esencia”.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Agua (16) La aventura del agua

'La aventura del agua' es una estupenda miniserie documental francesa de tres episodios dirigida por Pierre Bressiant en 2015 que narra la odisea del ciclo del agua sobre la Tierra. En el contexto de su ciclo biológico, descubrimos la ancestral relación que une al agua con el hombre, cómo cuidamos de este escaso y valioso bien y cómo intentamos gestionarla de forma sostenible. 

Para las sociedades humanas la posesión y gestión del agua es uno de los problemas más importantes del nuevo siglo y sin embargo esta milenaria comunión se ha deteriorado considerablemente por la acaparadora y derrochadora acción del hombre que ha distorsionado el fundamental ciclo del agua, contribuyendo con ello a la desertificación y el cambio climático. 

La aventura del agua

'La aventura del agua' (Water: H2O Stories) es una serie documental que repasa la historia del agua en el planeta Tierra. Comenzando con el ciclo biológico del agua, se puede entender mejor la importancia de este elemento mal conocido y comprendiendo la intrincada y compleja historia que une al hombre y al agua a través de los siglos. Una unión que el hombre ha dañado gravemente pero que algunos pretenden restaurar. Se trata de una serie francesa realizada por la productora Terranoa. Compuesta por tres capítulos de algo menos de una hora, utiliza imágenes reales, gráficos 2D y 3D, endoscopia, escenas time-lapse, fotografías de archivo retocadas y otras técnicas informáticas para informarnos de todo lo relacionado con el líquido elemento.

1. El agua y su planeta

Este episodio muestra el funcionamiento del planeta y del ciclo del agua. Un fascinante viaje desde el nacimiento del agua hasta su rol dentro del cuerpo humano. El capítulo es además un íntimo retrato de nuestro planeta azul, de una Tierra a la que le pertenece más el agua que a nosotros mismos. (...) El agua transporta todos los elementos que están disueltos en ella y los dispersa por tierra y por mar para alimentar a todos los seres vivos de la cadena alimentaria, que necesitan que les llegue la energía y los nutrientes ya elaborados por complejas simbiosis químicas y microbianas.



2. El hombre y su agua

¿Cuáles son los síntomas de la crisis del agua en la Tierra? ¿Cómo pudo el hombre meterse en el ciclo del agua y empeorar el funcionamiento de este proceso? El agua no es un recursos puesto a disposición de nuestra especie. El agua es un ciclo. A veces le hombre se olvida de la naturaleza salvaje del agua que puede golpearnos con fuerza. (...) La sobreexplotacion de los recursos del agua mediante la urbanización, la agricultura intensiva y la deforestación, modifican su ciclo natural, con consecuencias impactantes en el medioambiente que provocan tormentas e inundaciones sin precedentes.



3. El agua y su hombre

Cuando el agua sigue su curso natural protagoniza grandes aventuras. Pero cuando el hombre decide tomar el ciclo en sus manos le impone su ritmo, acelera el agua, la retine…, cambia a su antojo su misión para que esto líquido tan valioso sirva para producir y ganar, también, mucho dinero. ¿Es posible reconciliarse con el ciclo del agua?

El hombre es capaz de lo peor y ¿será también capaz de lo mejor? ¿Cómo puede introducirse en el ciclo del agua ajustándose a él? ¿Qué soluciones, adaptadas a la biología de nuestro planeta, puede proponer hoy la humanidad? El hombre necesita reconciliarse con el ciclo del agua, pues su destino depende de la buena gestión que se haga de ella y del respeto al medioambiente. El primer paso es la toma de conciencia del calentamiento global, el segundo, rectificar las prácticas erróneas que lo han hecho posible.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Animales (49) Luchando por los animales 5 'Racing Extinction', de Louie Psihoyos


"Nunca hubo un tiempo más importante en el mundo que el que vivimos, ya que las decisiones que tomemos en los próximos años afectarán a la Tierra y sus especies durante millones de años" Louie Psihoyos

En el documental 'Racing Extinction', del año 2015, el director Louie Psihoyos y el equipo responsable del documental ganador del Oscar 'The Cove' (que ya publicamos hace tiempo en nuestro blog) reúnen a un equipo de artistas y activistas para emprender nuevas operaciones encubiertas que tienen como objetivo mostrar al mundo el infame tráfico de especies protegidas, denunciar el coste ecológico de los actuales niveles de consumo de carne de animales en peligro de extinción y mostrar la lucha de los conservacionistas para prevenir las extinciones masivas que amenazan a numerosas especies animales por todo el mundo. 

Psihoyos y sus colaboradores muestran los dos mundos que conducen a la extinción a través del globo, dando como resultado la potencial pérdida de la mitad de todas las especies. El primero de ellos es el comercio internacional de vida salvaje y el segundo se trata de un mundo que las compañías de petróleo y gas no quieren que veamos. 

Usando tecnología de última generación el equipo de 'Racing Extinction' expone estos dos vectores depredadores en una inspiradora afirmación para preservar la vida tal y como la conocemos. Recorriendo el planeta para infiltrarse en los mercados negros más peligrosos y recurriendo a nuevas tecnologías para documentar y obtener pruebas de la relación directa entre las emisiones de CO2 y las extinciones, el documental muestra impresionantes imágenes inéditas que buscan que cada vez más gente, más empresas, más organizaciones humanas tomen conciencia de estos problemas y cooperen para intentar revertir las amenazas que acosan a muchas de las maravillosas especies animales que alberga nuestro planeta. Su página web es Racing Extinction, por si quieren visitarles. 

Corrupción y Fraude (30) La corrupción portátil

La corrupción portátil


La regeneración de Ciudadanos, esa de nosotros no estamos aquí para que sigan gobernando los mismos y no apoyaremos a Rajoy como presidente, ha ido mutando discretamente en una regeneración lingüística. No se trataba tanto de desbrozar la política como de desbrozar la RAE. Y el fantástico moonwalkejecutado después de las últimas elecciones, ese paso de baile en el que Michael Jackson parece caminar hacia delante mientras se dirige hacia atrás, ha depositado a Albert Rivera en su última posición de fortaleza: separar al PP de la corrupción. Como era de esperar, ha optado por lo más sencillo: mover la corrupción. Si Mahoma no se va de la montaña, movamos la montaña; total, Mahoma está encima de ella.


Así que corrupción ya no es lo que era antes, sino algo mucho más delicado, casi un jarroncito chino, que azarosamente se acomoda al Partido Popular. Es un paso trascendente para que el PP y Ciudadanos lleguen a un acuerdo, al fin y al cabo la distorsión de la realidad ha sido el mejor programa de Gobierno de los últimos cuatro años. Cuando las palabras significan lo que el poder dice que significan, y hasta los números tienen sensibilidades distintas según su uso, el Gobierno es inatacable.

Por eso estas negociaciones de absorción ideológica están siendo tan excitantes. El maestro instruye al alumno en contorsionismo y no será porque el alumno no haya llegado aprendido; toda la campaña de Rivera ha sido un ejercicio de ambigüedad amparado en una palabra: regeneración, que ni siquiera es lo que era antes. Teniendo en cuenta dónde han acabado sus pocas afirmaciones contundentes, casi mejor la indefinición. Si Rajoy ha ganado dos elecciones sin moverse, a veces hasta desaparecer entre las cortinas de palacio para que el Rey no lo encuentre, lo último que podía esperar Ciudadanos es cambiar un espíritu, el de la corrupción, tan arraigado en el PP que hasta con todos los tesoreros imputados y las siglas en el banquillo es capaz Rajoy, en cada último escándalo, decir “hasta aquí hemos llegado”. Cuando llevan allí, en ese lugar exacto, desde los noventa.

En eso anda metido Ciudadanos, en la negociación con un partido que convierte en “concesión” que la persecución de sospechosos de corrupción alcance comunidades y Ayuntamientos. Una red de trampas tan burdas como fabricar una fecha de terceras elecciones y responsabilizar al PSOE de ella. Nada que no vaya a tener éxito, como está demostrado. Si no hay nada peor para un paranoico que tener razón una vez, tampoco se va a apear el PP de la victoria: la amenaza del apocalipsis, el inmovilismo, el bertinismo social y, respecto a la corrupción, el estamos poco casados. De ahí el esfuerzo de Ciudadanos en el pacto de Tu cara me suena: aparentar un trasplante de corazón cuando en realidad le están poniendo bótox.

jueves, 18 de agosto de 2016

domingo, 14 de agosto de 2016

Asesinato (15) 638 maneras de matar (o no) a Fidel Castro


Hoy que es noticia que el dictador cubano Fidel Castro ha cumplido 90 años queremos publicar el documental '638 ways to kill Castro', dirigido en 2006 por el británico Dollan Cannell, sobre la gran cantidad y variedad de las intentonas de asesinato que la CIA y los exiliados cubanos han tramado desde que la revolución cubana que Castro encabezaba terminó con el corrupto gobierno de Fulgencio Batista en 1959. De hecho la muerte de Castro ha sido planeada hasta en ¡¡638!! ocasiones aunque, obviamente, ninguna tuvo éxito. Estos fueron algunos de los métodos ensayados:

El puro explosivo: El más conocido de todos los intentos, cuya misión era la de volar por los aires la cara de Castro. 

Moluscos explosivos: Conociendo la fascinación de Fidel por el submarinismo en las costas de Cuba, la CIA decidió invertir una gran cantidad de dinero en un inmenso número de pequeños moluscos caribeños, con una cáscara lo suficientemente grande como para contener una cantidad letal de explosivos. Estos serían pintados con colores llamativos para captar la atención de Castro. 

Traje de buzo infectado con hongos: Para provocarle una enfermedad crónica y debilitante. Bolígrafo-jeringuilla: Un agente de la CIA debía clavarle dicha jeringuilla, curiosamente, el día que murió Kennedy. 

Amantes 'a sueldo': La CIA contrató a una antigua amante del Comandante, proporcionando a la mujer unas píldoras venenosas que ésta debía ocultar el las cremas faciales que Castro se daba. Veneno de bacterias: La CIA trató de pigmentar las servilletas de té de máximo mandatario cubano con un veneno letal. Explosivos bajo el podium: El más reciente de los intentos, el que se produjo en 2000, durante la visita de Castro a Panamá, donde cuatro hombres, incluido el antiguo agente de la CIA Luis Posada Carriles, denunciado por el propio Fidel en 2001, tal y como publicó BBC , fueron detenidos por el equipo de seguridad personal del Comandante, cuando trataban de colocar 90 kg de explosivo bajo el podium donde el dirigente cubano iba a dar un discurso. Otros intentos destacados son, por un lado el de un antiguo compañero de clase de Castro, que planeó matarle al estilo mafioso, pegándole un tiro en plena calle, o la de un franco-tirador, que fue detenido en la Universidad de La Habana, cuando trataba de atentar contra Castro en una visita de éste a dicho centro.

El documental '638 maneras de matar a Castro' indaga en la relación entre Estados Unidos y Cuba durante las décadas siguientes a su toma de poder en La Habana a la vez que van relatando los numerosos atentados contra el dirigente cubano, cada cual más estrafalario. Testigos presenciales de ambos bandos, tanto aquellos que intentaron materializar el magnicidio como los que se ocuparon de frustrar los atentados nos describirán estos complots y las torpezas y errores que los llevaron a fracasar uno tras otro. 

Un film que invita a la reflexión y revela mucho sobre los Estados Unidos contemporáneos y los del pasado y cómo distintas administraciones USA a lo largo de la segunda mitad del siglo XX llevaron a cabo una intolerable e hipócrita guerra sucia para proponer o deponer gobiernos legítimamente elegidos para proteger sus propios intereses. 



viernes, 12 de agosto de 2016

Leopardo (11) Los leopardos de Sri Lanka


Una pareja querida por el Juez Roy Bean se va de vacaciones a Sri Lanka y una de sus visitas será al parque nacional de Yala, un paraíso natural hogar del leopardo de Sri Lanka (Panthera pardus kotiya), una de las subespecies más grandes de leopardo -junto con la del leopardo del Amur- y una de las cinco en peligro de extinción. En Sri Lanka el leopardo es el mayor depredador natural, en la cima de la cadena trófica. 

En el documental 'Nightstalkers leopards' (National Geographic, 2011) que publicamos seguidamente un grupo de científicos siguen la vida fundamentalmente nocturna (y también social) de estos espléndidos animales gracias a un sofisticado equipo de visión de infrarrojos, con lo que han podido observar su comportamiento en la oscuridad de la noche ceilandesa.

P.D. Suerte con los gatitos, chicos!


domingo, 7 de agosto de 2016

Fundamentalismo (16) 'Going Clear: la Cienciología y la Prisión de la Fé', de Alex Gibney



Documental de HBO realizado por el director de cine canadiense Paul Haggis (autor de grandes películas como 'Million dollar baby', 'En el valle de Elah' o la genial 'Crash') sobre la llamada Iglesia de la Cienciología, un delirante culto pseudo-religioso surgido alrededor del escritor de ciencia-ficción L. Ron Hubbard. 

La Cienciología tiene uno de sus pilares mediáticos en las celebridades que ha logrado atraer a sus redes, como John Travolta o el inquietante Tom Cruise, quienes se han implicado personalmente en su difusión de esta creencia que en Estados Unidos es reconocida como una religión. Como cuenta el documental, este reconocimiento fue logrado tras una masiva campaña de presión contra la IRS, la agencia gubernamental estadounidense que debía (o no) determinar ese reconocimiento, del que dependía la supervivencia económica de la Cienciología.

En 2013 el escritor Lawrence Wright, premio Pulitzer, publicó 'Going Clear: Scientology, Hollywood and the prison of faith', un libro en el que revelaba los pecados que la Cienciología cometía. En él, numerosos testimonios relataban las inquietantes malas prácticas que llevaba a cabo esta Iglesia. Manipulaciones o trabajos forzosos son sólo algunos de los aspectos de los que se hablaba en el libro y que ahora son recogidos en este documental, dirigido en 2015 por Alex Gibney. 




El documental cuenta la historia de esta peligrosa secta a través del testimonio de varios ex-miembros que pasaron muchos, demasiados, años de su vida dentro de la organización y la amplia variedad de manipulaciones y torturas psicológicas que allí practicaron y experimentaron en carne propia y cómo una vez lograron salir de su nefasta influencia fueron presionados y coaccionados para no testificar contra ella. Puro, tóxico y muy peligroso fundamentalismo que se va extendiendo por el mundo y que ya ha llegado a España, concretamente a Madrid, a cuya sede acude una periodista de Vice y cuya experiencia de un día publicamos después del docu. Vean y estremézcanse. 



En la iglesia española de la cienciología


“Si quieres hacer poco dinero, escribe un libro. Si quieres hacer millones, funda una religión”. Se rumorea que esta frase es de Ron Hubbard, el escritor de ciencia ficción que antes de morir nos dejó la cienciología y la dianética; y con ellas la solución a los problemas de todas las personas con crisis de autoestima.

No pasaron ni dos minutos desde que entré en la sede de la Cienciología en Madrid, y una señora pelín demacrada y con anillos de oro me estaba adulando. En un edificio del barrio de Las Letras casi más imponente que el Congreso de los Diputados al que losscientologists llaman “la org”. Les dije que iba a por información de la iglesia, porque tenía una depresión grave y mi psicólogo me había recetado medicinas para controlarla. “¡Ni se te ocurra!”, respondieron, porque la única solución está en mí misma, a través de la dianética -un método que indaga en la mente- y ellos son los únicos que me pueden ayudar.

Las siguientes tres horas las pasé enterrada bajo exámenes psicológicos, vídeos introductorios, imágenes que lavarían el cerebro de cualquier desequilibrado mental; y muchos halagos de mis capacidades, virtudes y personalidad, que aquella mujer que acababa de conocer se sabía al dedillo. El test de personalidad fue lo que me garantizó que estaba adentrándome en algo muy raro. Entre las doscientas preguntas había unas cuantas que me llamaron la atención por su especificidad. Tipo ¿Tienes un timbre que varía cuando hablas o es estable?. ¿A dónde querrían llegar con esto?

Más ejemplos en esa línea: ¿Sientes espasmos musculares repentinos? ¿y cuándo sufres disgustos? ¿Piensas que la gente habla mal de ti a tus espaldas? ¿Temes perder tu dignidad? Si estás invadiendo un país ¿sentirías empatía por sus ciudadanos si se rehúsan a pelear la Guerra contigo? ¿Temes hacerle daño a los animales, animalitos o peces por medio de la caza o pesca? ¿Si hay un animal sufriendo le aliviarías ese dolor? ¿Te sientes insegura al hablar? ¿Participas en las conversaciones en grupo? ¿Hay cosas que te produzcan odio y tensión? ¿Estás cómodo cerca de niños?

A mi vera un hombre angustiado se quejaba de que su mujer no quería hacer el curso que le había recomendado el auditor (el que dirige una de las técnicas que llaman auditación o terapia de reparación de vida). En cuanto acabé mis deberes, otro miembro llevó mi test a analizar, mientras me paseaban por salas con pantallas. Tuve que tragarme muchos vídeos. De cómo una parte de mi cerebro guardaba mi dolor y desesperanza, de mis traumas de pequeña y mil cuentos más que decían afectaba mi comportamiento. Prometían que con sus técnicas podría ser más feliz, inteligente, amable, creativa y si hacía más preguntas me garantizaban ser más poderosa. Admito que empecé a valorar unirme a ellos.

Lo estaba considerando sí, pero entonces me dieron los resultados. Al parecer sufro de altibajos emocionales, irresponsabilidad aguda e incertidumbre constante. Pero, losscientologists saben cómo curarme. De pronto la señora me abraza y, con mucha tranquilidad, dice: “Aquí no prometemos nada que no podamos cumplir. Tenemos las herramientas y la tecnología para aliviar esto que vives. Tú tienes que hacerdos terapias de auditación. Las vendemos cada una en un pack de doce horas y media intensivas por 1.500 euros.” Han visto todo lo que hay en mi interior pero se les ha pasado un detalle: sólo soy una estudiante y becaria de la redacción de Madrid y tendría que ahorrar un año para conseguir esa suma.

La mujer insiste. “Hoy puedes pagar un cursillo más barato, que también tienes que hacer, sobre los altibajos. Así entiendes qué tienes para poder analizarlo tú. Los scientologists nos enfocamos en el ser, porque somos thetan. Pagas hoy esto que son 45 eurillos y ya mañana las sesiones de terapia”. Eurillos, ¿eh? Lo siento pero esto huele demasiado a chamusquina y no soy Jon Sistiaga. Amo el periodismo de investigación pero casi mejor me invento una excusa para pagar “otro día”, recojo mi análisis y me largo. Lo más rápido que pueda.

lunes, 1 de agosto de 2016

Justicias e Injusticias (16) 'The thin blue line', de Errol Morris




Hoy publicamos un clásico documental del subgénero rocambolescos juicios estadounidenses, 'The thin blue line' (La delgada línea azul) dirigido y guionizado en 1987 por Errol Morris y con una estupenda banda sonora de Philip Glass. 



Basado en hechos reales, relata el arresto y condena (en un juicio lleno de irregularidades) de Randall Adams, sentenciado a muerte por el asesinato de un policía de Dallas una noche de noviembre de 1976. Gracias al documental se consiguió reabrir el caso de Adams. 



La forma es que se van presentando los hechos recuerda al filme de Akira Kurosawa 'Rashomon', donde los implicados en un delito van contando cada uno la versión del mismo desde su punto de vista y sus propios intereses creados, con la diferencia que aquí son los testimonios de las personas reales relacionadas con aquel juicio por la oscura muerte del policía. 



De esta manera al espectador se le van presentando las distintas y contradictorias declaraciones de los acusados, policías y testigos del crimen para que vaya haciéndose su propia interpretación de lo que realmente ocurrió aquella oscura noche de invierno.

<IFRAME SRC="https://www.flashx.tv/embed-xi88xn819z8i.html" FRAMEBORDER=0 MARGINWIDTH=0 MARGINHEIGHT=0 SCROLLING=NO WIDTH=853 HEIGHT=480></IFRAME>



Documental Social – The Thin Blue Line de Errol Morris




Errol Morris nos presenta en este documental un nuevo género o estilo que es un Film Noir documental. En ella utiliza elementos de ficción combinado con el documental que resulta en un nuevo estilo. Randall Adams y David Harris son posibles culpables del asesinato de un policía. El caso está cerrado, Randall está en la cárcel. En los testimonios de la película se culpan uno al otro, pero ¿quién está diciendo la verdad?



Este documental utiliza varios recursos para lograr sus objetivos. Primero utiliza entrevistas, que son muy importantes porque la historia se cuenta a través´de estos testimonios. Es por eso que Morris tiene una técnica para entrevistar en la que no conoce al entrevistado para que no haya prejuicios.



Otro recurso importante y efectivo son los reenactments. Formalmente es como un programa. Estos se enfocan en detalles, cosas, objetos que funcionan como un recuerdo visual que va de la mano con el momento del que se está dando testimonio. Por ejemplo, si el entrevistado dice, estaba fumando, la primera imagen que viene de ese recuerdo probablemente no es un full shot de esa persona fumando, sino el cenicero. Durante el reenactment evita mostrar las caras. Esto es muy efectivo porque no hay distanciamiento de si se parecen o no los actores. Los reenactments cambian con cada testimonio. También funcionan porque dan veracidad, están hechos como ficción, tienen una buena foto y es buen material visual para intercortar a las entrevistas. La única toma que me salta es una foto de una pistola que gira, la hubieran filmado, ya que sale del discurso. Una ventaja o desventaja es que se nota que hay un gran presupuesto detrás.



La estructura es casi de ficción. Se vuelve muy dramática porque los entrevistados y testigos se contradicen, provocando constantes contrapuntos. La película no es didáctica, no empieza con un argumento, el espectador lo va concluyendo. Va cambiando el punto de vista del espectador, pasa de culpar uno a culpar al otro. El espectador va viendo la película como un investigador o detective que va descubriendo la verdad.



Las voces principales son Randall Adams y David Harris. Randall actúa, sabe que se tiene que presentar de una forma. Es agradable a la cámara, pero también está resentido, ya que estaba sentenciado a muerte. David se muestra carismático. Es muy listo y cuida lo que dice. Es un personaje que no horroriza, por lo que es más impactante que sea el culpable. Cuando confiesa en la grabación, no lo hace directamente, lo dice dándole vueltas. La película no nos muestra más porqués sobre la relación entre los dos, ya que se vuelve un poco extraño su episodio, sin embargo, el género que maneja, Film Noir, el principal objetivo es resolver el misterio del crimen, por lo que no sale de su discurso.


El documental nos refleja que un sistema judicial no puede ser perfecto. Es por eso que al ayudar la película a salir a Randall de la cárcel, se volvió un activista en contra de la pena de muerte.