martes, 29 de marzo de 2011

Maldad (2) La maldad en nuestro interior

La maldad usa muchas máscaras, la mas peligrosa es la máscara de la virtud
Sleepy Hollow

-No deberías haber contado nada a la policía. No remuevas este asunto.

-¿Has visto a alguna de tus víctimas?
-No me resulta agradable hablar de esto. ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira allí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntos negros si dejaran de moverse? Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que guardase mi dinero, o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? El tercer hombre. Carol Reid


Primera parte - Evil inside

Las guerras (y las posguerras) son entornos fértiles para nuestras depravaciones, en ellas sale lo peor de cada uno y cuando a un taradete le das un fusil automático, un entrenamiento embrutecedor y órdenes deliberadamente ambiguas ocurre lo de Abu Ghraib, lo de Guantánamo o lo último del Kill Team en Afganistán. Esa "banalidad del mal" que definió Hannah Arendt.
El impagable diálogo de "El tercer hombre" entre Harry Lime (Orson Welles) y su amigo Holly Martins (Joseph Cotten) en lo alto de la noria del Prater, en la Viena de la inmediata postguerra, nos introduce nuestra segunda entrada dedicada a ese rasgo tan chungo e inequivocamente humano como es la maldad. Cuando Holly le reprocha sus crímenes, Harry trata de justificarlos intentando mostrar a su amigo lo fácil que en esos tiempos podría ser pasar al lado tenebroso, sabiendo que mucha gente que se considera normal aloja un pequeño hijo de puta dentro esperando a las circunstancias adecuadas para mostrarse.

Para comprobar cómo la guerra y las ideologías dictatoriales pueden corromper el alma de las personas digamos normales, haciéndoles ver facetas de su personalidad que no conocían, hemos escogido algunos párrafos de Las benévolas, la gran (aún con sus imperfecciones) obra del escritor norteamericano Jonathan Littell, donde el narrador, un antiguo oficial de las SS durante la Segunda Guerra Mundial (epítome pues de la perversión de la moral humana), cuenta sus vivencias en el frente ruso y el campo de concentración de Auschwitz donde se hace cargo del "controlling" del los recursos del campo, básicamente calcular cómo poder sacar el máximo beneficio con el trabajo de los prisioneros con el mínimo gasto, antes de gasearlos, en fin, un pieza. En su presentación relata:

Adivino qué estáis pensando: pero qué hombre más malo, os decís, un hombre perverso, un sinvergüenza, vamos, se lo mire por donde se lo mire, que debería estar pudriéndose en la cárcel en vez de soltarnos esa filosofía suya tan confusa de ex fascista a medio arrepentir. En lo del fascismo, no hay que confundir las cosas, y en lo de mi responsabilidad penal, no prejuzguéis, que todavía no os he contado mi historia; en cuanto a lo de mi responsabilidad moral, permitidme unas cuantas consideraciones.
(...) Que quede claro, no intento decir que yo no sea culpable de tal o cual hecho. Soy culpable, y vosotros no, estupendo. Pero, pese a todo, deberíais ser capaces de deciros que lo que yo hice vosotros lo habríais hecho también. A lo mejor con menos celo, aunque quizá también con menos desesperación, pero, en cualquier caso, de una forma o de otra. Creo que puedo afirmar como hecho que ha dejado establecido la historia moderna que todo el mundo, o casi, en un conjunto de circunstancias determinado, hace lo que le dicen; y habréis de perdonarme, pero hay pocas probabilidades de que vosotros fuerais la excepción, como tampoco lo fui yo. Si habéis nacido en un país y en una época en que no sólo nadie viene a mataros a la mujer y a los hijos sino que, además, nadie viene a pediros que matéis a la mujer y a los hijos de otros, dadle gracias a Dios e id en paz. Pero no descartéis nunca el pensamiento de que a lo mejor tuvisteis más suerte que yo, pero que no sois mejores. Pues si tenéis la arrogancia de creer que lo sois, ahí empieza el peligro.
(...) Trastornados los hay en todas partes y en todas las épocas. Nuestros tranquilos barrios periféricos rebosan de pedófilos y de psicópatas; nuestros albergues nocturnos, de megalómanos rabiosos; algunos se convierten en un problema, efectivamente; matan a dos, a tres, a diez, incluso a cincuenta personas, y, a continuación, ese mismo Estado que los utilizaría, sin un parpadeo, en una guerra, los aplasta como a mosquitos atiborrados de sangre. Esos hombres enfermos no tienen importancia. Pero los hombres corrientes que forman el Estado -sobre todo en tiempos de inestabilidad-, ésos son el auténtico peligro. El auténtico peligro para el hombre soy yo, y sois vosotros. Y si no estáis convencidos, para qué seguir leyendo. No entenderéis nada y os irritaréis sin provecho ni para vosotros ni para mí.
Sin embargo, también es obvio que también en las sociedades "civilizadas" actuales lo peor del alma humana se manifiesta todos los días. Todos los días hay maltratos recurrentes en muchos hogares, se producen violaciones y asesinatos, muchas personas abusan de otras, física y emocionalmente, mienten y manipulan premeditadamente en su propio beneficio, en su casa, en su empresa (o emponzoñan de mentiras a millones de personas en alguna tertulia de ultraderecha...), sin mayor problema de conciencia.

Hubo, seguro, muchas mentes psicópatas (malvados stricto sensu de los que nos ocuparemos en la segunda parte de la entrada), manejando desde consejos de administración los hilos del gran fraude financiero que provocó la enorme crisis que nos golpea, pero también personas normales infectadas de codicia hasta el hueso, que anestesiaron su conciencia y se dejaron llevar por la fiebre del dinero fácil.

Suponemos que la cuestión que habría que hacerse es hasta qué punto las circunstancias extremas y una ideología fuerte y "legitimadora" podrían embotar nuestra empatía por otras personas y otros seres vivos, embruteciendo nuestro espíritu hasta hacernos cometer las mayores iniquidades. Obviamente, el punto está en las circunstancias, como veremos en el interesante documental que seguidamente les ofrecemos.

En él, Eduard Punset habla con Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford y autor del famoso y macabro experimento de la prisión de Stanford, realizado en 1971, para estudiar la reacción de unas cuantas personas normales recluidas en un entorno "malvado" y sometidas a duras circunstancias. El resultado de ese experimento y algunas otras consideraciones que nos cuenta Zimbardo nos muestran cómo un entorno hostil puede llevar a muchos a deslizarse por la resbaladiza pendiente que lleva a la maldad.



Segunda parte. Psicópatas, lo puto peor

Sin alucinaciones, sin trastornos psicopatológicos que los alejen de la realidad pero también sin empatía, sin remordimientos, sin alma. Los psicópatas conforman aproximadamente un inquietante 1% de la población y aunque la mayor parte no comete delitos graves (hay distintos grados de psicopatía), sus actos perversos pueden llegar a influir de forma importante en las sociedades en las que viven y a las que parasitan, dependiendo de lo alto que lleguen, o simplemente distorsionarán con sus manipulaciones la vida de los que les rodean, ignorantes de quién es realmente su compañero, su jefe o su pareja.Suelen ser inteligentes, irritables e impulsivos y utilizan su capacidad de engaño y manipulación en su propio beneficio. La política es uno de los terrenos donde les gusta moverse, aunque no todos los políticos nefastos son psicópatas, por ejemplo George W. Bush es un arrogante hijo de puta que puso el mundo patas arriba como desde tiempos de Hitler y Stalin no se había visto pero no era un psicópata, era demasiado estúpido para serlo.

El psicópata es inequívocamente egocentrista, construye y sigue su propia moral al margen de las normas sociales aunque sí las comprenden, por lo que su comportamiento es adaptativo y pasa inadvertido a la mayoría de personas. Para ellos los demás no son más que objetos que pueden ayudar a satisfacer sus necesidades, por lo que el abuso físico y psicológico de seres vulnerables es algo bastante característico de la conducta psicótica. ¿Alguien duda que el ser repugnante que hace poco colgó un video en la web en el que torturaba hasta la muerte un cachorro de perro volcará las perversidades de su mente tarada en las personas que tengan la desgracia de cruzar sus vidas con él? De hecho el maltrato y tortura de animales, los seres más indefensos y más fácilmente accesibles, es uno de los rasgos característicos de estos errores de la naturaleza (aunque no todos los que lo hacen son psicópatas).

Otros sentimientos humanos como la felicidad también les son ajenos por lo que conducirán su vida por la frustración, rabia y deseo sexual, se creen seres superiores, perfectos, no hay terapia para curarles porque no hay nada que curar, no son enfermos mentales, de hecho las terapias de rehabilitación lo único que consiguen es proporcionarles otra forma de aprender a manipular mejor.
Según varios estudios parece que en el cerebro del psicópata existen conexiones defectuosas entre la parte del cerebro que lidia con las emociones (sistema límbico) y la que maneja los impulsos, la empatía y la toma de decisiones (el lóbulo prefrontal). Igualmente se ha apreciado en ellos deficit de neurotransmisores inhibidores de la conducta agresiva como la serotonina.

Para comprender mejor los resortes y las motivaciones de la mente psicópata nos ayudamos de otro estupendo documental de Redes, La mente del psicópata, en el que el ubicuo Punset hablará con Robert Hare, autor del libro “Sin conciencia”, quien ha estudiado a los psicópatas durante años y es el creador del PCL-R, prueba que actualmente se ha estandarizado como método para diagnosticar la psicopatía.



Psicópatas cinematográficos






Cínicos y fantasmales como el anteriormente citado Harry Lime, melómanos como Alex en "La naranja mecánica", esquizoides y parafílicos como Norman Bates, mesiánicos como el John Doe de "Seven" (Kevin Spacey), obtusos y brutales como el Henry de "Henry, retrato de un asesino", sibaritas y connoisseurs como el célebre Hannibal Lecter, sádicos yuppies multimarca como el Patrick Bateman (más chungo el del libro...) de "American Psycho", o el bailongo cortaorejas Mr. Blonde, de "Reservoir Dogs"... son algunos de los más conspicuos psicópatas que nos ha dado el séptimo arte, para quien las andanzas criminales de estos individuos siempre han resultado seductoras. Cada uno en su peculiar estilo, todos estos archivillanos han otorgado un caracter mítico a las películas a las que han dado forma, todos hemos disfrutado (eso sí, desde el cine o el sofá de casa) viendo cómo sus mentes malignas nos estremecían con sus retorcidos crímenes.


Para terminar esta entrada sobre lo peorcito del alma humana, les ofrecemos el corto que dio origen a la más retorcida saga de películas de psicópatas asesinos, "Saw" y sus secuelas, una vuelta de tuerca a este subgénero del terror, en las que el psycho-killer de turno, Jigsaw, plantea a sus victimas un dilema moral extremo si quieren salvarse de la tortura (bueno, de la tortura no se libran) y la muerte.En este corto el protagonista, un limpiador de hospital tras terminar su jornada, es golpeado por sorpresa para despertar en una extraña celda, con la mandíbula encajada en un bizarro artilugio mecánico. De repente, se enciende una pantalla y en ella, una siniestra marioneta le propone un juego macabro. Le cuenta que cuando el temporizador del mecanismo que sujeta su mandíbula ("como una trampa de osos, pero al revés") llegue a cero, éste pulverizará su mandíbula y, ya de paso, su cabeza. Y la única llave que abrirá el mecanismo se encuentra en el estómago de un compañero de celda que yace inconsciente en una esquina, al lado de un afilado bisturi. Con él y su elección les dejamos. Sean buenos.

lunes, 21 de marzo de 2011

Bosque (3) 2011, Año Internacional de los Bosques

Retomamos una de las primeras entradas de este blog cuando realizamos nuestro primer post sobre los bosques, volviendo nuestros ojos sobre un luminoso bosque indio, un lugar privilegiado, un ecosistema único en el mundo al convivir en él tres especies de grandes felinos (el tigre de Bengala, el león asiático y nuestro querido y ubicuo leopardo) y también lo hacíamos regresando a un oscuro bosque germano hace 2000 años en el que se perdió para siempre la ambición imperial romana de colonizar las tierras más allá del Rhin, lo que cambió para siempre la Historia de nuestro continente.

Dos años después, inmersos ya en el 2011, aprovechamos estos primeros días de primavera para presentar nuestra segunda entrada sobre los mismos. Este año ha sido declarado por la Asamblea General de la ONU como el Año Internacional de los Bosques, con el objetivo de concienciar a la opinión pública de que los bosques son esenciales para la sostenibilidad del planeta aunque sólo fuera por los enormes beneficios económicos, socioculturales y ambientales que directa e indirectamente nos proporcionan. Porque la situación actual de los bosques en el mundo es desoladora e inquietante.

A la imparable deforestación directa que se practica en el todo el mundo para urbanizar o dejar lugar a la ganadería y la agricultura extensivas, han de sumarse los devastadores efectos que causan en ellos el cambio climático global acarrea. Verbigracia, la sucesión casi sin precedentes, de dos terribles sequías sufridas por la Amazonia brasileña, santuario ecológico del mundo, en los años 2005 y 2010.

Cuenca amazónica

La coincidencia en apenas cinco años de dos de estos fenómenos de sequía extrema (que normalmente se daban una vez cada cien años), han provocado la emisión de miles de millones de toneladas de CO2 a causa de la muerte y putrefacción de millones de árboles, pérdida que a su vez alimentará el bucle de desequilibrios climáticos por todo el mundo.
Estas sequías masivas y pertinaces dejan los bosques vulnerables y pueden dar paso a tempestades de lluvia como las sufridas en 2005 que arrancaron 663 millones de árboles y que se prevé se sucederán en estos próximos meses. Como escribía el pasado 4 de febrero desde Rio de Janeiro el periodista del El País Juan Arias:
El temor de los expertos es que ambos fenómenos extremos -sequía y lluvias torrenciales- puedan acabar dañando definitivamente el bioma de aquella zona, uno de los más ricos del planeta, lo que supondría una pérdida irreparable. Basta recordar que la Amazonia brasileña concentra 100 billones de toneladas de carbono, la misma cantidad de la emitida por toda la Tierra en diez años.
La pregunta del millón es cuál es el motivo real de esa tragedia de sequía y tormentas sufridas por la Amazonia. Ningún científico ha sido capaz hasta ahora de dar una respuesta definitiva. Se acusa a los efectos del Niño, que actuó el año pasado y que ciertamente produjo sus efectos negativos, así como a una oscilación del Oceano Pacífico. Pero según declaraciones al diario O Globo del climatologista Marcos Heil Costa, harán falta aún muchos estudios para entender lo que está ocurriendo en la Amazonia.
La previsión, sin embargo, compartida esta vez por todos los climatologistas es que en las próximas décadas, la Amazonia, que ya sufre la mayor sequía desde hace cien años, seguirá sufriéndola, especialmente en los Estados de Mato Grosso y Pará, que ya están sufriendo una sequía persistente desde hace seis meses. Más aún, un aumento de la sequía como la que está en curso, llevaría a convertir a la frondosa Amazonia en una triste sabana. Sin vegetación, la Amazonia recibiría menos nubes, mientras que otros fenómenos como el Niño o el calentamiento del Océano Atlántico alejarían las nubes de aquella zona, fundamental para el equilibrio del Planeta.
Bosques mediterráneos. Sur de Europa
Y así por todas partes. Según un estudio del CSIC, en los últimos 20 años en el sur de Europa ha habido un significativo aumento de la frecuencia e intensidad de los periodos de sequía como consecuencia del cambio climático lo que ha duplicado la superficie defoliada en la copa de los árboles de los bosques mediterráneos, restándoles frondosidad (tienen menos hojas porque tienen menos agua), fenómeno que se ha detectado en todas las especies de arboles mediterráneos. Los expertos predicen un aumento de los impactos por sequías y olas de calor en el área mediterránea en esta zona durante las próximas décadas. Agarrense los machos pues.
Bosques tropicales. Borneo y Sumatra
También en los bosques tropicales de Extremo Oriente la situación es alarmante. Los incendios, el negocio de la pasta de papel, el aceite de palma de aceite y la madera están provocando la destrucción de los bosques y turberas de las islas indonesias de Java y Sumatra, causando más emisiones anuales de gases de efecto invernadero que toda Holanda, según alerta WWF/Adena.

Según los expertos, si la deforestación sigue avanzando a esta velocidad, ambas islas indonesias perderán por completo toda su superficie selvática en 2020.

Tanto Borneo como Sumatra cuentan, aún, con dos de las selvas tropicales más importantes del planeta. Sin embargo, en la actualidad (según datos de WWF), de toda la zona forestal que Borneo tenía en origen, queda practicable sólo la mitad; entre 2003 y 2007, la isla perdió una media de 1,15 millones de hectáreas de selva al año. En el caso de Sumatra, las cifras son igual de claras: en el período comprendido entre 1985 y 2007 se deforestaron cerca de 550.000 hectáreas por año.
Por supuesto, quienes primero sufren la traumática pérdida de su ecosistema son las especies animales salvajes que lo habitan y en estas islas es especialmente de lamentar, pues en ellas habitan algunas especies grave en peligro de extinción como son el orangután, la pantera nebulosa o el elefante y el tigre de Sumatra. Estos animales entran en conflicto directo con las comunidades humanas que los arrinconan, habiéndose dado ya varios ataques de elefantes y tigres a algunos poblados que ocupan sus antiguos territorios, lo que lleva indefectiblemente a su persecución y muerte.


Como hemos visto, la depredación humana y los trastornos climáticos que degradan los bosques provocan que estos vean reducida su capacidad y eficiencia en los procesos de fijación de carbono y merman su capacidad de atemperación del clima, lo que retroalimenta a su vez las dinámicas y los desequilibrios del calentamiento global, cuyas consecuencias golpean el mundo cada vez con más virulencia.

Es por ello que los bosques han de ser protegidos y mejor gestionados en todo el mundo, sumándonos a Greenpeace para que en este Año Internacional de los Bosques se cumplan algunas de las esperanzas de recuperación previstas.

Brasil e Indonesia esperan que su lucha contra la deforestación empiece a dar frutos este mismo año. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna (CITES) espera que en este año se puedan ver los primeros resultados de los acuerdos adoptados en la reunión de las Partes de la Convención en Doha del 2010 en materia de cooperación para conservar los bosques del mundo.

En España, donde en los últimos años se observa una clara disminución de los incendios, existe una superficie forestal considerable pero marginada en la agenda política y en los presupuestos y donde además de la conservación es necesaria una correcta gestión forestal donde además de plantar se sepa cortar, reduciendo la densidad de muchas zonas con exceso de arbolado (sobre todo del pernicioso eucalipto). Un bosque bien gestionado es una fuente de bienes de consumo como la madera, el corcho, la resina, el papel o la biomasa.

Hay que encontrar el balance adecuado en la conservación de estos menguantes reductos de naturaleza, elementos fundamentales y equilibradores de nuestro mundo que cada vez hacemos más escasos, menos diversos, más domesticados, peores para la vida salvaje que lo habita, peores para la raza humana que tanto se beneficia de ellos.

Entradas relacionadas:
Vocabulario Fundamental. Bosque (II) Bosque de Teutoburg, la tumba de Varo

martes, 15 de marzo de 2011

Periodismo y Periodistas (2) Ana Pastor

Fue en los principios de este blog cuando le dedicamos uno de nuestros primeros (y un poco arcaicos) vocabularios fundamentales al periodista Iñaki Gabilondo, por el momento apartado del periodismo activo. Hoy traemos a nuestro blog a la gran periodista de RTVE Ana Pastor (admirada por el mismísimo Iñaki desde que trabajó con ella en la cadena SER) en impagable duelo dialéctico con el presidente iraní Mahmud Ahmanideyah, respecto a la turbulenta realidad internacional de hoy en día.a

Más allá de las cínicas majaderías del dictadorzuelo persa
y el simbólico momento pañuelo que se cae, hay que resaltar la entereza y profesionalidad de la periodista madrileña para enfrentar e inquietar al archivillano en su propia casa, con sus propias contradicciones. Puro periodismo, del que cada vez queda menos. Menos en Intereconomía, claro.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Gorriones (1) Los gorriones desaparecen de Madrid

Dedicamos esta nueva entrada de nuestro vocabulario emocional básico al humilde gorrión común (Passer domesticus), este gordezuelo y simpático pájarito que aún sobrevive en nuestras cada vez más desnaturalizadas ciudades y lo hacemos dando eco a la alarma que suponen sus cada vez más menguantes poblaciones en las mismas. Las radiaciones electromagnéticas de nuestras antenas, la competencia de la tan vilipendiadas como duras palomas (auténticos marines alados que acaparan los pocos restos de comidas que vamos dejando), la disminución de zonas verdes, la contaminación creciente se configuran como las amenazas que nos van dejando sin el piar alegre y los saltos pizpiretos de estos fragmentitos de naturaleza (y la de otras especies de aves que ya desaparecieron del cielo de esta ciudad) que tanto reconfortan el alma del Juez Roy Bean y sus secuaces.

El gorrión desaparece de Madrid - 20minutos.es

En otros tiempos era habitual escuchar su piar y verles revoloteando en parques y jardines. Pero ya no. El gorrión, el pájaro más abundante de Madrid, se extingue poco a poco. Y lo que es peor, nadie sabe a ciencia cierta por qué. Un estudio de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) asegura que esta población de aves disminuye a un ritmo de 14.000 ejemplares al año en la región. Y, pese a que su número todavía es muy grande (1,4 millones), avisa: el problema es generalizado en todas las grandes urbes de Europa. En Londres o Praga, por ejemplo, ya no queda ninguno.

El coordinador del estudio, Juan Carlos del Moral, manifiesta que aún no se conocen a ciencia cierta las causas de esta extinción. Otros expertos, sin embargo, sí que mencionan algunas posibles causas, como la contaminación y el urbanismo. "Las nuevas edificaciones, planas y sin oquedades, no dejan huecos para que estos animales aniden", dice Eduardo de Juana, profesor de Zoología de la Universidad Complutense. Teo Overhuver, portavoz de Ecologistas en Acción, apunta, sin embargo, en otra dirección: "La contaminación atmosférica es uno de los principales riesgos de salud que tienen los pájaros". Otras razones probables, como este crudo invierno, quedan desechadas: "A las aves no les afecta tanto el frío mientras encuentren alimento, asegura De Juana. "La disminución de zonas verdes sí que es bastante más grave", apostilla.
 
Palomas voraces

Otras de las causas que se barajan es la competencia de las palomas. En efecto, el gorrión se ha convertido en la única ave urbana que ha registrado un descenso de su población. En contra, las palomas, mucho más voraces, no paran de ganar terreno. Crecen anualmente a un ritmo en torno al 3%, hasta el punto de que su población ya debe superar los 300.000 individuos, según otro estudio de SEO.

Especies como el mirlo siguen el mismo camino de expansión.
En la zonas no urbanizadas de la comunidad hay otras muchas aves en peligro. Este mismo martes, Ecologistas en Acción denunció que los futuros desarrollos urbanísticos de Pinto (que incluyen además un circuito de Fórmula 1) conllevarán la desaparición de una veintena de nidos de aguilucho cenizo. El último espacio de nidificación de esta ave en la zona sur y uno de los pocos que quedan en la región.

Pájaros de ciudad


Gorrión común. El ave acorralada. Pese a ser inofensivos y nada perjudiciales, en España desaparecen a marchas forzadas. En los naranjales de Valencia los descensos son superiores al 90%. Es la única ave que nos acompaña desde el Neolítico.
Mirlo común. Símbolo en la antigüedad. Crece a un ritmo del 1% al año, y su población es similar a la de las palomas, pero son menos sociables y no viven en grupo. Su color negro les ha dado un aura de simbolismo desde tiempos remotos.
 
Cernícalo primilla. Un ex vecino de Madrid. El gorrión podría seguir los pasos de este pequeño rapaz. Una especie que antes criaba en la ciudad de Madrid y que ya no lo hace. Ocupaba huecos y cavidades de edificios viejos, tejados y acantilados.

Paloma bravía. La paloma fue domesticada hace mucho tiempo por el hombre, pero en la actualidad muchas viven libres en la ciudad. Son portadoras de múltiples parásitos y un problema de salud pública.


Tórtola turca. Una emigrante de 50 años. Comenzó a anidar a en la Península Ibérica hace más de 50 años desde su zona de origen, en Anatolia. Se encuentra en plena expansión, y en Madrid habrá unas 30.000. Muy confiadas y sociables.


Cigüeña. Alcalá, ciudad de zancudas. Un ave muy protegida, pero también muy frágil, debido a su visibilidad. Alcalá de Henares es el tercer casco urbano del país con mayor número de parejas, más de 100. Suelen anidar en iglesias y monumentos.

lunes, 28 de febrero de 2011

Memoria (12) La memoria del amor

La memoria del amor. Alejandro Gándara

"Se quejaban de sentir dolor en los miembros perdidos, el fantasma dolorido de una mano o de un pie cortado. Era un truco de la mente, le explicó el escocés a Kai: los nervios seguían transmitiendo señales entre el cerebro y el miembro fantasma. El dolor es real, sí, pero es una memoria del dolor. ¿Y no le sucede lo mismo a él cuando se despierta después de soñar con ella? El vacío en su pecho, la soledad a la que se enfrenta cada mañana hasta que puede sumergirse en el trabajo y olvidar. No es amor. Es algo más, algo con una fuerza que perdura. No es amor, sino una memoria del amor.".
El párrafo ha sido extraído de una novela de Aminatta Forna: "La memoria del amor" (Alfaguara, buena traducción de Isabel Murillo), que va de ese mundo africano que, cuando respira, lo hace con el agua llegando a la nariz: gente tratando de hacer cosas normales, como trabajar, enamorarse y ganar el sustento en un medio anormal. Toda esa presunta normalidad atravesada por la arbitrariedad y el disparate, y aun así, o gracias a ello, el forcejeo de los seres por conseguir que unos días sean iguales a otros. Hay algo dramático y cargado de ternura en estas historias que nos entregan desde esas otras zonas del planeta, tal vez porque muestran una sensibilidad con las gentes y las cosas más desnuda que la que proyectamos nosotros a través de la escafandra. Quizá la lucha íntima sea muy parecida allí y aquí, y lo diferente sea la escafandra.
El caso es que creo que hay otra manera de interpretar la memoria del amor: no sólo como ausencia, como algo que pasó y recurre, el reverso doloroso. También está en el enamoramiento presente, en ese ir hacia adelante en busca de la plenitud compartida del tiempo. Ahí convergen no sólo nuestros deseos ya antiguos, nuestras viejas esperanzas de encontrar un amado, nuestros sueños infantiles, adolescentes y maduros que imaginaban una felicidad futura, todo ese pasado pequeño. Hay otras cosas que nos empujan y que son de afuera: la memoria de todos los que amaron, fijada en las crónicas, en la literatura y en las experiencias cercanas; la visión convertida en recuerdo de las carencias del ser solitario o de nuestra misma soledad; el deseo de ser otros y de que el mundo sea otro a causa de nuestro amor (aquello ya tópico de Durrell: "una ciudad es un mundo cuando alguien está enamorado de uno de sus habitantes"); el aplauso cósmico y la desorientación cósmica que uno sabe que le espera en la pasión, y de la que ha sido informado por la moral y la costumbre; la evocación de los amores incumplidos y fallidos, no exclusivamente personales, sino colectivos y vicarios... En fin, que la memoria del amor no sólo viaja hacia atrás.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Memoria (11) 23-F, memoria del golpe

Hace treinta años España volvía a encontrarse en una pesadilla recurrente desde el siglo XIX, los pronunciamientos militares, motines de espadones que quitaban y ponían gobiernos a placer y que en el XX alcanzó su terrible obra magna, el alzamiento contra la II República que originó la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, que tanto mal ha hecho en nuestra psique, en nuestra memoria colectiva. Hace treinta años, los golpistas echaban un pulso al Estado democrático y lo perdían. España terminaba así su Transición y cerraba uno de los más ignominiosos capítulos de su Historia.

martes, 22 de febrero de 2011

Demencia (4) El individuo esquizofrénico



Intro

Cuando este blog daba sus primeros y balbuceantes pasos ya
nos ocupamos por primera vez de la esquizofrenia, una enfermedad mental tan compleja como fascinante, aún rodeada de tabús, prejuicios y cierta ignorancia pues, a pesar de afectar a un porcentaje significativo de la población mundial (aproximadamente un 1% de la población, como la diabetes, con incidencia similar en todos los países) y de los numerosos estudios y experimentos realizados desde hace décadas para desenmarañar sus causas y mecanismos de acción en la mente humana, estos aún se desconocen en buena parte.

Factores genéticos, defectos en el desarrollo neurológico, infecciones víricas, consumo elevado y continuado de algunas drogas (como la cocaína o las anfetaminas) o la alteración química del cerebro (desequilibrios marcados en la concentración de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina) podrían ser los causantes de algunos de los síntomas de la enfermedad. De esta forma, una concentración elevada de dopamina en ciertas partes del cerebro como la vía mesolímbica (que afecta a órganos cerebrales como el mesencéfalo, amígdala, núcleo accumbens y cortex prefrontal) puede ocasionar alucinaciones y delirios, síntomas que suelen denominarse síntomas positivos de la esquizofrenia, (aquellas manifestaciones que el paciente hace o experimenta y que las personas sanas no suelen presentar), mientras que concentraciones anormalmente bajas de dopamina en esas zonas suelen asociarse a algunos de los llamados síntomas negativos de la esquizofrenia como apatía, falta de energía, anhedonia, pobreza afectiva o insociabilidad.

La esquizofrenia es un desorden mental complejo de efectos psicóticos, es decir distorsiona la percepción de la realidad por parte de quien la padece, que tiene grandes dificultades para distinguir lo real de lo imaginado, viendo afectado su tono afectivo, conducta y forma de relacionarse con su entorno. Su etimología (del griego, schizo 'división' o 'escisión' y phrenos 'mente') la ha hecho ser frecuentemente confundida con el trastorno de identidad disociativo (o "trastorno de personalidad múltiple" o de "doble personalidad").

La enfermedad suele presentarse por primera vez en la adolescencia o juventud temprana, es más precoz en los hombres que en las mujeres y tiene en nosotros un curso más deteriorante. Muchas veces es una condición que persiste toda la vida de una persona, pero también hay quienes se recuperan de la mayor parte de sus síntomas gracias a los tratamientos con antipsicóticos y la rehabilitación psicoterapéutica. Sin embargo, la medicación actual funciona para aliviar las alucinaciones y la distorsión de la realidad de los pacientes pero en cambio fracasa casi siempre a la hora de que puedan realizar actividades normales que requieren enfocar la atención como trabajar, estudiar o las relaciones personales, lo que les inhabilita laboral y socialmente. Recientemente se han descubierto las causas de esta incapacidad para la concentración.En un estudio realizado por científicos de la Unidad de Psicosis e Investigación del Benito Menni (Sant Boi), estos han comprobado que el cerebro de una persona con esquizofrenia no logra desconectar lo que los especialistas llaman la red neuronal por defecto, algo así como el piloto automático cerebral que se mantiene activo cuando no se piensa en nada. En personas sanas, cuando se hace algo (leer, hablar, estudiar, conducir) se desconecta esta función para concentrarse en la tarea. En los esquizofrénicos no, lo que les impide focalizar su atención en cualquier actividad de ese tipo.

Una vez dada esta aproximación conceptual nos aproximaremos a la vivencia de esta enfermedad les ofrecemos varios encuentros con las terribles experiencias vitales de algunas personas que la padecen o padecieron. En primer lugar conoceremos a Mariluz Corcuera, una enferma de esquizofrenia que nos cuenta el curso de su enfermedad a lo largo de su vida y las experiencias límite que tuvo que sufrir hasta que aprendió a convivir con su mal.Es decir, detrás de cada caso hay una persona, un individuo, que sufre sus propios síntomas y su propia incomunicación con el mundo que le rodea y que reacciona ante ella de acuerdo a sus propios talentos y facultades intelectuales. De esta forma, en segundo lugar nos aproximaremos al art brut, arte marginal y primitivo, propio de los enfermos mentales a través de la pintura de Martin Ramirez. El año pasado pudimos ver en el museo Reina Sofía la muestra "Marcos de reclusión" que albergaba por primera vez en suelo europeo la obra de este artista mejicano, un emigrante en Estados Unidos en los tiempos del crack del 29 que fue diagnosticado (quizás erroneamente) sucesivamente de esquizofrenia, depresión aguda, catatonia y psicosis y encerrado en una institución psiquiátrica hasta su muerte en 1963.

Su traumático choque con una cultura a la que no se adaptó (además era sordomudo) potenció su incomunicación y aislamiento en si mismo
que derivó en un empeoramiento de sus síntomas a lo largo de los años. Sin embargo su mente halló un escape plasmando sus vericuetos en toda clase de papeles y envoltorios, logrando un arte impactante, inquietante, abismal, que recoje las obsesiones de una mente sufriente y ensimismada.

Finalmente les ofrecemos el documental Uno por ciento, esquizofrenia, de Ione Hernández donde varias personas con esta enfermedad nos hablan de sus delirios, sus soledades y de, a veces, su miedo a sí mismos.



Primera parte. "Cuando pierdes la cabeza, sobra lo demás"


Mari Luz Corcuera convive desde hace más de 30 años con este trastorno mental. «Haciéndote fuerte por dentro no te vienen las paranoias de fuera», asegura.

Ainhoa Iriberri
. Suplemento Salud El Mundo


Mari Luz Corcuera tiene un día a día muy atareado. Se levanta temprano, pasea al menos siete kilómetros cada mañana, practica yoga, lee y participa en un programa de radio de la Asociación en Lucha por la Salud Mental y los Cambios Sociales (ALUSAMEN), a la que pertenece desde hace más de 10 años. Excepto porque tiene una incapacidad que le impide trabajar, esta mujer de 64 años hace una vida prácticamente normal. Sin embargo, le ha costado mucho llegar hasta aquí.

Mari Luz pertenece al 1% de los españoles que padece esquizofrenia, una enfermedad psiquiátrica que está considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una de las 10 patologías más invalidantes que existen. «Trabajaba de maestra en un colegio religioso en Madrid, tras haberme salido de monja después de más de 15 años de servicio. Eran los últimos años del franquismo y yo era muy revolucionaria, la que llevaba al colegio las consignas del movimiento de enseñanza. En esos tiempos, animé a mis compañeros a ir a la huelga. El director del centro llamó a un comisario de policía que me dijo: 'Ya puedes irte a trabajar lo más cerca a Canarias, porque te voy a hacer la vida imposible'.Desde entonces, cada vez que veía un policía, y había muchos en la calle a finales de 1974, pensaba que venían a por mí», relata sobre los inicios de su enfermedad. De esos primeros tiempos recuerda el miedo. «Notaba que me perseguían. Me quedaba en casa para estar a salvo y me entraba agorafobia [pánico a los espacios abiertos]. Pensaba que me iban a disparar desde cualquier ventana y tenía lo que yo llamo pensamiento transparente, creía que los demás tenían acceso a mi mente y sabían lo que estaba pensando».

Al principio, no era consciente de su dolencia. «Creía que lo que me pasaba era verdad; fui al médico porque mis amigas se pusieron muy pesadas. La psiquiatra me dijo directamente que estaba como una cabra y que, si quería que me tratara, tenía que ser en el hospital».

No recuerda bien qué fármacos le recetaron en aquella época, pero sí que no los consumía con mucha disciplina. «No era consciente de que estaba enferma. Para un esquizofrénico, aceptar la patología es media curación. Dices, ¿qué me va a hacer un psiquiatra, si a mí lo que me pasa es que me están persiguiendo?».

Sus experiencias hospitalarias le llevaban a alternar periodos de baja y alta laboral. Tenía el apoyo de familiares y amigos, pero el día a día en el colegio era duro. «Además de las paranoias, el antipsicótico que tomaba entonces -sólo de vez en cuando- hacía que se me fueran los ojos continuamente a las luces. También notaba pérdida de memoria».
En 1981, seis años después del diagnóstico, llegó la incapacidad laboral. El pronóstico que figuraba no podía ser más crudo: esquizofrenia paranoide con imposibilidad de recuperación.

A partir de entonces, deambuló por alrededor de 15 hospitales, probando diversos tipos de terapias. «Fui a un psiquiátrico privado en Palencia, porque una amiga monja se había curado allí; pero no nos dejaban entrar en la habitación, nos hacían trabajar y, además, eran todas de derechas y yo no comulgaba con sus ideas».
Uno de sus peores recuerdos es un centro en Marruecos, donde fue a parar a causa de un brote psicótico que sufrió en el transcurso de un viaje organizado. «Tenía los colchones de paja, la comida era horrible. De la rabia, tiraba los platos al suelo; además, nadie de mi familia sabía donde estaba, mis hermanos tuvieron que remover cielo y tierra para encontrarme».

De entre las experiencias más positivas, destaca una clínica privada en Madrid donde le hicieron una cura de sueño. «Se me olvidó todo. ¡Qué liberación!, no me perseguía nadie».
El momento clave que cambió el curso de su enfermedad se produjo hace 20 años, cuando tomó conciencia de su problema y de la necesidad de tratarse farmacológicamente. «Un amigo vasco me dijo 'no seas ignorante, que el cerebro es química. A tí te falta algo y lo tienes que tomar'».Paradójicamente, él fue el origen de una de sus paranoias más impactantes. «Hablabamos mucho de la situación política en el País Vasco. Me empecé a obsesionar y pensé seriamente que ETA me había elegido para matar al Rey, porque al estar loca no me iba a pasar nada». Esta obsesión recurrente fue la causa de su último ingreso hospitalario hace ya más de cinco años.Desde entonces, ha aprendido a convivir con su enfermedad a base de trabajo. «He salido de lo más profundo que uno se puede imaginar y ahora estoy encantada con la vida. Voy a yoga, a talleres, leo libros de autoestima. He orientado mi vida a tener la cabeza amueblada». Comparte piso con una amiga que también padece esquizofrenia. El contacto con otros enfermos es constante, la mayoría de las veces a través de ALUSAMEN. Fue precisamente en una fiesta de esta asociación, donde se atrevió a recitar por primera vez unos versos que había escrito: «Nadie sabe lo que sufre un enfermo mental, cuando pierdes la cabeza, sobra todo lo demás".


Segunda parte. Martín Ramírez, arte más allá de la esquizofrenia


Del psiquiátrico al Reina Sofía

Susana Gaviña - Diario ABC

En el plazo de cincuenta años, los dibujos de Martín Ramírez (Jalisco, 1895-Sacramento, 1963) pasaron de colgar en las paredes de una estancia del DeWitt State Hospital, una institución psiquiátrica de California -donde recluían a locos y tuberculosos-, a hacerlo de los muros del Museo Reina Sofía. Entre estas dos fechas, apenas nada. Tan sólo el reconocimiento o la curiosidad de algunos artistas, y el empeño del Dr. Tamo Pasto, profesor de psicología y arte, que visitaba de manera asidua a Ramírez y que vio en su obra algo más que la expresión visual de alguien a quien habían dado por loco (teoría que hoy se tambalea). Pasto fue el responsable de salvar parte de su obra, casi medio millar de dibujos, de las llamas del fuego (el pegamento que utilizaba Ramírez en algunas de ellas contenía saliva y las enfermeras pensaban que podían ser causa de contagio), y de intentar darla a conocer tras la muerte de este artista autodidacta.

Sofisticación formal

Ramírez, emigrante, víctima del crack del 29, vagabundeó por las calles hasta ser encerrado, a los 37 años, en una institución mental. Entonces, decidió recluirse también en su propio mundo, el arte, un arte «de una gran sofisticación formal», del que Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, destaca «su manera de reflejar, a través de sus dibujos, el juego entre el afuera y el adentro». Ese interés por mostrar otros enfoques de la historia del Arte -«para que exista un centro tiene que haber una periferia»-, es lo que ha llevado al Reina Sofía a dedicarle esta retrospectiva -la primera en Europa- a Ramírez. Bajo el nombre «Marcos de reclusión», la muestra, comisariada por Brooke Davis Anderson, que ya coordinó otra exhibición de este artista en 2007 en el Folk Art Museum de Nueva York, aclamada por la crítica, reúne ahora un total de 62 dibujos procedentes de coleccionistas privados y públicos.

Todas sus obras encierran las referencias vitales del artista. Desde su México natal, con sus dibujos de vírgenes y de iglesias; a California, donde emigró en los años 20 para trabajar en el ferrocarril. De ahí brotaron sus jinetes, túneles y trenes. Ilustraciones que aparecen encerradas por líneas y curvas repetidas hasta la obsesión, creando un clima inquietante, claustrofóbico, símbolo quizá de su propia incomunicación.

De técnica inicialmente muy primitiva, «Ramírez utilizaba cualquier papel que tuviera a mano, a veces lo fabricaba él mismo o lo sacaba de la basura, y robaba los lápices a los celadores», explica Anderson, con el tiempo, logró que aquellos que le visitaban le facilitaran mejores materiales. «Con ayuda o no de su entorno, Ramírez logró crear un vocabulario visual diferente».La muestra que se puede ver ahora en el Reina Sofía abarca los últimos quince años del artista, «las obras no están ordenadas de manera cronológica, pues no están fechadas, aunque sí las hemos reunido por temas», matiza.
Arte marginal

El artista mexicano nunca dejó testimonio escrito alguno sobre el significado de su obra. Lynne Cooke, subdirectora del Reina Sofía, afirma que «tampoco esto es lo que más nos interesa sino el discurso que crea a su alrededor». Y recuerda que los artistas outsiders han sido centro de atención en numerosas ocasiones. «Max Ernst y Klee fueron los primeros en volver la vista hacia los artistas marginales». Para Cooke la interrogante es otra: el papel que deben jugar los museos en la actualidad respecto a otras formas de arte. «¿Debemos adelgazar las fronteras o reafirmarlas?» En este caso, el Reina Sofía lo tiene claro.

Martín Ramírez falleció en Sacramento el 17 de febrero de 1963. Fue enterrado solo, pues su familia no podía asumir los gastos del traslado a México. Ayer, en su entrada en el museo, estuvo acompañado por su nieta, varias bisnietas y una tataranieta.Martín Ramírez nace en 1895 en los Altos de Jalisco (México). En 1927 emigra a California. Trabaja en las minas y en el ferrocarril. En 1927 se produce la guerra Cristera en México, Ramírez pide a su hermano que cuide de su mujer y sus hijos. Tras el Crack del 29 le despiden. En 1931 es detenido y enviado a un psiquiátrico. Le diagnostican esquizofrenia. En 1935, comienza a pintar. En 1948, le trasladan a DeWitt. Muere en 1963.



Tercera parte. Uno por ciento, esquizofrenia

Borja Hermoso 06/11/2006

Setenta y cinco secos, duros, desasosegantes minutos dura 'Uno por ciento, esquizofrenia', el documental con el que Julio Medem y la directora donostiarra Ione Hernández pretenden rajar el tabú social ante un mal que afecta a 52 millones de personas en todo el mundo. Y que es ignorado por la inmensa mayoría del resto de los mortales.
La idea de poner la cámara y el micrófono delante de los enfermos esquizoides para que contaran sin rodeos la enfermedad que les afecta y cómo les afecta fue idea del propio Medem, que hace año y medio encargó a Ione Hernández la realización de la película sobre un guión coescrito por ambos. El documental fue proyectado el sábado por la noche dentro de la sección Eurodoc del Festival 100% Europeo de Sevilla.

Por delante del objetivo van desfilando Montse, Efrén, Xavi, Alberto y los demás, desgranando con impúdico y desolador lujo de detalles las sucesivas versiones de su personal via crucis. No hay trampa ni cartón -exceptuando la caligrafía que sale de la sala de montaje, manipuladora por naturaleza- en 'Uno por ciento, esquizofrenia'. Esto no es 'Alguien voló sobre el nido del cuco', sino un trozo de realidad en estado bruto.

Sólo enfermos, familiares y psiquiatras (como Juan José López-Ibor) relatando los porqués y los cómos del problema, la oportunidad o no de tal fármaco, la bondad o no de las terapias artísticas, la convenencia o no de tal terapia, la soledad del enfermo, la desesperanza y la esperanza del entorno cercano... o la tormenta interior del esquizofrénico: "Veo rayos que salen de la esquina del techo", cuenta uno; "estaba obsesionado con que me perseguían maricones", relata otro; "me doy mucho miedo cuando me dan los ataques", reconoce ante la cámara un tercero...

"Siempre me interesó mucho el tema de la esquizofrenia", comenta Julio Medem. "Me hice médico para ser psiquiatra, aunque no lo soy, por suerte; porque cuando descubrí la esquizofrenia, me di cuenta de que nunca sería capaz de ayudar a estas personas... y mira, ni siquiera he sido capaz de dirigir esta película, una película que, aviso, remueve muchas cosas, y eso es fundamental".

La coguionista y directora Ione Hernández, que firma aquí su primer largo tras haber rodado cortos de ficción, explica: "Es increíble, pero no me he encontrado a casi nadie que sepa que se haya hecho este documental que no tuviera a alguien cercano con este problema... y sin embargo, nunca lo habían comentado. En ese sentido, creo que esta película puede ayudar a hablar, a romper el tabú".
La sinceridad de los protagonistas de la película es, en su opinión, la clave: "Esa franqueza a la hora de contarlo a mí me parece una lección brutal de vida; porque son seres humanos con un problema gordísimo y nos lo están contando y, con eso, de alguna forma nos están dando su tesoro, porque nos están revelando su intimidad y su lucha... a nosotros, que en general estamos llenos de prejuicios y de miedos hacia ese tema".

Nada fue fácil en la génesis y desarrollo de 'Uno por ciento, esquizofrenia'. Todo empezó con una larga fase de encuentros preparatorios, tal y como explica la directora: "Primero les conocía y estaba con ellos a nivel de tú a tú, y luego les decía directamente lo que pretendía hacer, sin demasiados rodeos, porque los esquizofrénicos se caracterizan por tener muchísima intuición y, pese a todo, tienen como una conexión muy fuerte con lo real. Así que hablaba con ellos. Es gente que necesita atención, porque está desatendida por la sociedad, así que cuando les das atención, ellos lo perciben y te la devuelven".

El mejor piropo al resultado final de la película no le llegó, claro, de un crítico de cine... sino de un médico: "Hablé con un psiquiatra de los que participa en la película, se la enseñé y se quedó asombrado, y me dijo que, en todos sus años de consulta, él no había conseguido que le contaran en una sesión las cosas que me habían contado a mí".

Ni la idea, ni la gestación, ni las consecuencias de 'Uno por ciento, esquizofrenia' apuntan a lo que pudiera llamarse una película más. Esta vez, el cine es analgésico, es solidaridad y es ausencia de prejuicio. "Para mí fue muy duro, mentiría si dijera que no", confiesa Ione Hernández, "porque estás con ellos y te cargas de ese poso, que luego queda; es duro, es durísimo".

Pasillos de hospital, fondo negro, el sonido de gente acosada oyéndose a sí misma por dentro, la desesperanza ante los fantasmas ("no me veo bien, nada bien, y me da miedo"), la ilusión ante la mejoría ("creo que cada vez voy estando mejor, ya no estoy como cuando decía que iba a ir a pegarle tres puñaladas a uno"), la feroz evidencia de la ausencia de cura definitiva: "Supongo que me moriré sin superar esto". El uno por ciento que sufre, el uno por ciento al que sin pensar demasiado llamamos locos. El uno por ciento de la esquizofrenia.

jueves, 27 de enero de 2011

Placer (2) Orgasmo, la sublimación del placer


El orgasmo en nuestro cuerpo y nuestro cerebro

Rejuvenece cuerpo y espíritu, reequilibra internamente, favorece la circulación, hasta es bueno para el cutis. Cuando el cuerpo empieza su juego de tensiones y distensiones, de hormigueos y estremecimientos, con la dopamina y la oxitocina fluyendo en barra libre por nuestro cerebro hasta alcanzar la cima del goce con ese momentazo, el orgasmo. En él se suceden esos instantes sublimes en los que el placer toma el poder de nuestro cerebro y organismo. La petite mort, que dicen acertadamente los franceses.

Intercambiar orgasmos con alguien a quien quieres y deseas es una de las mejores experiencias más que puede tener un ser humano. Y ya no digo si le pones el turbo-boost de la marihuana... Este redactor sabe que cuando vaya a palmar y se le pase por la mente el powerpoint con los momentos cumbre de su vida, algunas las filminas corresponderán a algunos polvos gloriosos culminados por estas fugaces epifanías de placer infinito.

En fin, si se puede definir algo por su contrario existencial, digamos que un orgasmo es simplemente lo más opuesto a Esperanza Aguirre. Les dejamos con un breve video de Redes que nos explica la fisiología del asunto. Y como aquí en su blog amigo creemos que cuando una persona deja de disfrutar orgasmos con cierta regularidad algo dentro se le agosta y achica y se le frunce el carácter, animamos a nuestros lectores a darse el gustazo de disfrutar más orgasmos, a ser posible provocados por alguien a quien deseen y si no autoinflingidos, pero en la medida de lo posible, corránse amigos, córranse.

miércoles, 12 de enero de 2011

Memoria (10) Las ciudades y la memoria

Las ciudades y la memoria. 3

Inútilmente, magnánimo Kublai, intentaré describirte la ciudad de Zaira de los altos bastiones. Podría decirte de cuántos peldaños son sus calles en escalera, de qué tipo los arcos de sus soportales, qué chapas de cinc cubren sus techos; pero ya sé que sería como decirte nada. No está hecha de esto la ciudad, sino de relaciones entre las medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia del suelo a un farol y los pies colgantes de un usurpador ahorcado; el hilo tendido desde el farol hasta la barandilla de enfrente y las guirnaldas que empavesan el recorrido del cortejo nupcial de la reina; la altura de aquella barandilla y el salto del adúltero que se descuelga de ella al alba; la inclinación de una canaleta y el gato que la recorre majestuosamente para colarse por la misma ventana; la línea de tiro de la cañonera que aparece de improviso detrás del cabo y la bomba que destruye la canaleta; los rasgones de las redes de pescar y los tres viejos que sentados en el muelle para remendar las redes se cuentan por centésima ves la historia de la cañonera del usurpador de quien se dice que era un hijo adulterino de la reina, abandonado en pañales allí en el muelle.

En esta ola de recuerdos que refluye, la ciudad se embebe como una esponja y se dilata. Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.

Las ciudades y la memoria. 4

Más allá de seis ríos y tres cadenas de montañas surge Zora, ciudad que quien la ha visto una vez no puede olvidarla más. Pero no porque deje, como otras ciudades memorables una imagen fuera de lo común en los recuerdos. Zora tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de las calles, y de las casas a lo largo de las calles, y de las puertas y las ventanas de las casas, aunque sin mostrar en ellas hermosuras o rarezas particulares. Su secreto es la forma en que la vista corre por figuras que se suceden como en una partitura musical donde no se puede cambiar o desplazar ninguna nota. El hombre que sabe de memoria cómo es Zora, en la noche, cuando no puede dormir imagina que camina por sus calles y recuerda el orden en que se suceden el reloj de cobre, el toldo a rayas del peluquero, la fuente de los nueve surtidores, la torre de vidrio del astrónomo, el puesto del vendedor de sandías, el café de la esquina, el atajo que va al puerto.
Esta ciudad que no se borra de la mente es como un armazón o una retícula en cuyas casillas cada uno puede disponer las cosas que quiere recordar: nombres de varones ilustres, virtudes, números, clasificaciones vegetales y minerales, fechas de batallas, constelaciones, partes del discurso. Entre cada noción y cada punto del itinerario podrá establecer un nexo de afinidad o de contraste que sirva de llamada instantánea a la memoria. De modo que los hombres más sabios del mundo son aquellos que tienen en la mente a Zora.

Pero inútilmente he partido de viaje para visitar la ciudad: obligada a permanecer inmóvil e igual a sí misma para ser recordada mejor, Zora languideció, se deshizo y desapareció. La Tierra la ha olvidado.

Italo Calvino. Las ciudades invisibles